En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

La unión de dos caminos.

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La unión de dos caminos.

Mensaje por Alys el Vie Mar 16, 2012 11:56 am

Había corrido tanto, tanto que ya ni cuenta se había dado de que el inicio del día paso y la noche cayó de nuevo. El bosque de Tasmus ofrecía una protección total del sol, y la noche misma esta vez había sido su aliada en su maratón para huir. Alys solo por diez segundos había sido consciente de la masacre que hizo con el sabueso de Tasmus, diez seguros en que volvió a ver el mundo tal cual era sin ser afectada por sus delirios. Era tan o quizás más aterrador del mundo que ella veía. Y mas allá de que no sentía culpa de haberlo matado, puesto que había sido en defensa propia, se había aterrado de su accionar. ¿Cómo había llegado a realizar eso? Sus recuerdos eran un tanto difusos, pero mas que difusos, confusos. En realidad recordaba todo perfectamente, pero ella había matado a un hombre lince, no a un… Gato gigante. Ella había destripado a un asesino en una arena de combate, no a un animal en medio de un bosque. Aunque los hechos eran certeros con lo visto. Su corazón, porque increíblemente aun tenia uno, palpitaba con fuerza. Debía detenerse, quería recobrar el aliento. ¿Se había detenido el tiempo? Lo ultimo que vio de su encuentro, era como las cortinas negras eternas del cielo se deslizaban suavemente al acolchado de algodón azul allá en lo alto. Ahora, las veía de nuevo. Se paro en seco, mientras su boca le ayudaba a tomar aire de nuevo. El lugar en el que se encontraba ya no era como hace tan solo unos segundos en su mente estaba. El bosque, los increíbles robles de altura impresionante y su cortina de hojas rosáceas con forma de corazón habían desaparecido. Allí solo había una alfombra gigante, una alfombra de cabellos verdes altísimos y duros. El sol resplandecía de manera burlona sobre sus ébanos cabellos. Alys respiraba aun agitada, mientras pensaba en la tortuosa sed que en su boca había saltado tan de repente.

Aunque no todo parecía tan desolador como podría creer. Más allá del sonido del viento, lograba oír algo. Algo que corría, fluido, era… ¿Un río? Sus ojos recorrieron el lugar casi perdidos entre la vegetación, siguiendo esa sinfonía que acompañaba un silbido de origen desconocido. La alfombra verde por la cual caminaba empezaba a ser cada vez mas impenetrable para la joven que con esfuerzo se abría paso. ¡Detestable, le estaba cansando! Sacando su espada Vorpal de su vestido que ya había vuelto a su estado normal o clásico, es decir, un vestido azul con delantal blanco y empezó a cortar con gracia y velocidad increíble cada hoja verde que se erguía. Una luz resplandecía entre las hojas que caían, una luz verde y algo rojiza. No era más que el reflejo del sol conjugado con la sangre seca y las fibras vegetales que sobre la cuchilla empezaban a quedar. Cortó más y más, intentando ver si lograba dar con esa sinfonía de lluvia corriente. Finalmente, la vio, reconfortante, como si sirenas nadaran en ella y las náyades otorgaran pureza a la misma. ¿Náyades? Entonces debía de ser respetuosa con las criaturas de allí. Se acerco, lenta, muy cansada cayendo arrodillada a su orilla. Primero que nada acerco sus manos al río y las mojo, limpiándolas un poco. Era tan refrescante esa sensación, hubiera deseado meterse totalmente pero no era ocasión… Ahora, más calma, improvisando un pequeño pocillo con sus manos, rescato un poco de agua que alivió casi con magia angelical la sed que partía su garganta. Por la comisura de sus labios se deslizaban unas gotas de agua dulce que reavivaban de nuevo ese bonito tono rosáceo que pintaba su cara, el único tono sano que en toda su endemoniaba y pálida piel llevaba.

Todo era tan calmo, la tormenta de violencia había pasado. Alys disfrutaba un respiro mientras se quería observar a través del agua, que aunque turbulenta, era clara y la reflejaba. Se vio, como hacia mucho tiempo no hacia. Su rostro parecía cansado, serio y… ¿Triste? ¿Por qué se veía de ese modo cuando lo peor en teoría había pasado? Escapando de un pasado tortuoso, aunque le perseguía, ella huía a una tierra prometida cual su ubicación no conocía, pero en donde encontraría la felicidad, y seria feliz. ¡Felicidad era su meta! Como la de cualquier otro ser que caminara por ese amplio mundo, en ese sentido no era distinta a los demás. Intento sonreír, puesto que suponía que esa era la clave de su nueva vida. Arrimándose mas al río, quiso acomodar su cabello que algo desacomodado estaba. Sonrío, para si misma, intentando parecer simpática. Pero había algo a su lado, algo que también la observaba. Sus ojos ladearon lentamente al reflejo, el reflejo que el agua develaba la identidad de su acompañante borrando inmediatamente su sonrisa.

-Guau.- Dijo un perro inmenso, sin pelaje de a partes, con huesos y músculos expuestos, pero de mirada calma, casi dolorosa. Su intención no era hacer daño alguno, pero que apareciera tan de repente hizo que Alys blandiera su cuchilla intentando alejarlo de si. Este solo salto, mirándola cabizbajo para luego huir. ¿Qué demonios había sido eso? No entendía demasiado, pero… ¡Podría ser un monstruo rastreador de Golajab!¡Debía de atraparlo inmediatamente! Se levanto fugaz, persiguiendo el rastro del perro demacrado. Le era un poco difícil ver mas allá de su nariz, considerando que no era alta y el sol empezaba a debilitarla de a poco, pero encontraba fuerzas escondidas para cortar todo aquel molesto follaje verde para seguir con su carrera. Dio vueltas, muchas vueltas, y el lugar empinado no ayudaba en lo absoluto. El animal parecía jugar con ella, que a pesar de ser rápida no podía atraparlo bajo ninguna circunstancia. Su rostro empezaba a mostrar un semblante serio, casi molesto mientras corría de nuevo cuesta arriba. ¡El momento llegaba, estaba muy cerca de atraparlo! Pero cuando pudo rozar la punta de su cuchillo el perro volvió a doblar en veloz corrida perdiéndose en aquel laberinto sin paredes.

-¡Barnabás!- Grito, molesta pero quedando helada al segundo. ¿Cómo podía saber el nombre de aquella bestia…? Inmediatamente un dolor enorme embriago su pecho hasta que inclusive le quitaba la respiración. Intento seguirlo rápidamente, a pesar de que su consciencia o lo más parecido que podía tener estaba lejos de ese plano físico. Ni siquiera reparo en ver donde pisaba, y fue el mismo pastizal que había desmembrado en su frenética carrera, el causante de un resbalón que tiro a Alys rodando cuesta abajo hasta que logro detenerse. Varias pequeñas heridas sobre sus brazos se marcaron tras el descenso producto de piedras, heridas que no habían permanecido ajenas a su rostro. Sentía que su mejilla derecha le ardía, pero no mas que su brazo izquierdo. Se había cortado accidentalmente con su cuchillo al rodar. Levanto su mirada un poco viendo como su cuerpo había marcado un sendero improvisado aplastando la hierba. Su sangre escurría, mas no le importo demasiado. Lo que ella sentía sobrepasaba el pesar del dolor y el sufrimiento físico. Su agonía residía en su alma, en su mente. Dueña absoluta de esa locura que la mantenía atada a un eterno mundo de ensueño que rápidamente se convertía en pesadillas. ¿Por qué sabia el nombre de esa bestia, y porque el haberlo dicho le traía un extraordinario dolor a su atormentada alma? Unas silenciosas lágrimas se escurrieron por sus mejillas, tirandose de nuevo al piso. Estaba cansada y no tenía voluntad para seguir cortando aquella alfombra vengativa. El sol además, le quitaba las energías que sobre su cuerpo quedaban. Deseaba mas que nunca poder comer unas galletas de vainillas, aunque lo dulce nunca había sido algo que adorase.

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Siegfried el Dom Mar 18, 2012 11:22 am

Caminar me ha servido para reponer mi ánimo. Esa presencia ha estado cerca de hacer que perdiera la cabeza y fuera directo a las sombras por solo pelear contra alguna cosa. Me decía que peleara, que dejara toda mi sangre y mi alma en ese lugar, que si muriera valdría la pena, y que sin importar lo que hiciera, ese era el destino que me esperaba. No tengo problema en morir luchando, pero si voy a morir, quiero morir por algo que sea valioso de verdad. Dar la vida que tanto vale por solo querer chocar espadas contra algún bastardo que no me parece diferente de Fafnïr no era parte de mi historia en ese entonces. Tanto la espada, como mi propio instinto me trajeron a este sitio. Creo que he estado caminando en círculos, o me he desviado demasiado. Al menos ya estoy tranquilo, el peso de mi arma ya no es estorbo ni mis brazos están temblando de ansias por destrozar a quien quiera que haya sido el que tenga esa capa de oscuridad sobre él.

El andar hace que se olviden las cosas. Lamentablemente, recuerdo tan poco del pasado, que no tengo mucho en que pensar como para alejar eso de mi mente. Ha sido lo más grande que me ha sucedido desde que desperté en estas tierras. El pensar en ello me pone de mal humor, y a la vez me hace reír por alguna sensación que no se cual será. Es parte de la maldición que tengo tan mala suerte y me pasan rarezas como esas, pero las puedo dejar de lado por ahora con el olor del bosque, la verde copa de los árboles y la sombra que dan de los rayos del sol. Si hay algo que debo agradecer, es que no ha estado nublado en los sitios donde he estado. No tengo problemas con eso tampoco, si bien me gustaría ver algo de nieve, porque todo por aquí parece ser bastante tibio y... No me acostumbro del todo.

Los sonidos de la naturaleza misma me dicen que no estoy siendo alejado por ella. Al contrario, estoy siendo ignorado y eso creo, lo cual es suficiente... Que me dejen pasar es lo que quiero. Mantuve una sonrisa conforme con cada paso que daba, concentrado en cualquier sonido, la rotura de una rama o el ruido del agua cercana... O el olor a sangre. No pude estar aparentando paz con algo así, esa aroma que se cuela por mi olfato y que señala peligro... Pero mi instinto esta vez me dice algo diferente, por eso empiezo a seguir ese rastro inconfundible. No es sangre derramada por batalla, no hay ningún rechinar de espadas golpeándose, ni siquiera hay aroma de metal. Esa sangre es de alguien que ha sido atacado, o de un animal que ha caído presa de un cazador; pero no... No puedo detenerme, entre curiosidad y oportunidad de conseguir a alguien en este extraño mundo.

Corrí y corte toda la maleza que se atravesaba frente a mí, comprobando como me acercaba a un sendero que ya había sido recorrido, y con prisa, por lo que veo. Un rastro de sangre por una bajada de piedras filosas me mostró también a quien pertenecía. Una mujer... No, no se ve tan mayor, parece una niña. Bah, eso no importa ahora, lo que importa es que esta herida, y si bien puedo irme y dejarla morir aquí sola, nunca haré tal cosa con alguien en desventaja... Nadie merece estar solo. Salté desde el inicio de la caída y aterricé al lado de la muchacha, no pareciendo tan mayor, tampoco tan menor si la veo desde aquí. Plenitud de la juventud, es lo que la ha dejado sobrevivir, por suerte su cabeza está intacta, pero su brazo se ha llevado la peor parte de todo. Estando de rodillas a su lado, regresé a sonreír para no dejarla llorar. La tranquilidad ajena puede calmar la propia angustia.

- Hey, nada de llorar, que lo malo del asunto ya ha pasado. - En un tono bromista empecé a reír, tomando la vaina enorme de Gram y poniéndola sobre su cuerpo; claro está que estoy sosteniendo un extremo, no voy a dejar caer sobre ella todo el peso de esto y más si esta herida. - Vaya golpe te has dado, pero viéndolo por el lado amable, sigues viva. - Dejando mi arma a un lado seguí concentrado en la chica. Tal vez estoy muy concentrado en sanarla con La Inscripción del Mundo, o solo quiero ignorar a la Hoja Asesina de Dragones, que ha empezado a resonar al igual que si estuviese frente a un monstruo, y de los más despiadados y locos que hay. La naturaleza no se equivoca cuando habla, pero el corazón menos lo hace cuando está convencido de algo, como ahora que prefiero no hacerle caso a la razón.

- No vayas a moverte, tus heridas sanaran pronto. - No quiero que se sienta intimidada, es lo menos que necesita ahora. Por eso la veo directo a los ojos, sin pensar por ahora en el color de estos, o en las lagrimas que brotan.

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Alys el Dom Mar 18, 2012 11:40 pm

Sus lágrimas caían ahí silenciosas, a la vez que la sangre seguía filtrándose. Mientras tanto en su mente seguía la interrogativa que había traído de nuevo el pesar a su alma. ¿Cómo es que ella conocía el nombre de ese animal que con tan fantasmagórica aparición se había hecho frente a ella? Cerró sus ojos, intentando escapar de la luz que sobre sus orbes esmeraldas se adentraba y tanto le molestaba. Pensó entonces, que quizás era mejor olvidar aquello. Olvidar que había corrido por ese prado y que ese perro de mirada dolida y venido casi del inframundo se apareció sobre ella. El pasado que tenia, no era algo que tampoco recordara con claridad, y al parecer, no era demasiado feliz. Tenía una meta clara en ese nuevo mundo donde caminaba, batallando no solo contra los monstruos que en frente se lo ponían. Ellos solos serian un enemigo externo de los cuales estaba seguro jamás se libraría. Pero tampoco antes los cuales pensaba caer. Debía realizar una batalla consigo misma, y lograr superar ese dolor que la hacían sentir enferma. Ese dolor que aparecía de tanto en tanto sobre su camino, tan solo como ecos lejanos pero con tanta potencia que la tiraban al piso y lograban hacerla llorar como si una niña pequeña e indefensa fuera. Y aunque la verdad, o su verdad, no era algo mas lejos que lo que su apariencia simulada. Una demon, una demon que quizás hasta su misma creación la hacían particular entre los suyos. Diferente en cualquier sentido de la palabra, Alys siempre solía salir de lo que los estándares de lo normal aun en lo sobrenatural marcaban. Si, no le quedaba otra más que seguir intentando alcanzar esa meta que se había propuesto. No sabia nada, no conocía nada, no tenía ni la minima certeza de que aun a pesar de hacer una cruzada con un total imposible serviría de algo pero… ¿Qué más podría perder? Ella ya lo había perdido todo.

Ahora solo debía de pensar como levantarse e irse de ese lugar. Intento moverse, pero aun se sentía débil. Deseaba descansar, y deseaba liberarse de esos rayos de luz que le quitaban ganas de respirar. No era muy amiga de la luz, pero no es algo que ella hubiera decidido, sino que su especie la condicionaba. Suspiro, intentando refrenar esas lagrimas que aun caían por su rostro sin su autorización cuando oyó algo a lo lejos, algo que se acercaba. ¿Quedar quieta era lo mejor? Si, después de todo, ni ganas ni voluntad tenia de iniciar un combate. Solo lo haría si no quedaba otra salida que esa. Y sin mencionar que tenia hambre, y debería ahora volver al río, no solo a limpiarse la sangre que por su brazo caía, sino de beber un poco mas. No había terminado de recuperarse cuando la carrera en contra de esa aparición comenzó. Lamento, quedándose quieta esperando que el tiempo corriera rápido y alejara a su visitante. Atenta a cualquier sonido que le dieran una advertencia. Pero sus planes no salieron parecido ni en lo mas mínimo que su mente había trazado. Cuando cualquiera hubiera apostado a que con tanta disposición de mantener en ese momento una actitud calma y tranquila no pasaría nada, un fuerte sonido que hizo temblar al suelo cerca suyo la hizo casi saltar del piso. Abrió sus ojos con sorpresa, y cierto desconcierto a encontrarse lo que tenía en frente. ¿Seria peligroso…?

Un hombre increíblemente grande, y aunque para Alys todo el mundo solía ser enorme, el lo era con justas razones. Con una gran armadura, que lo cubría entero, haciéndolo resplandecer más con la luz a su espalda. ¿Un ángel? ¿Dónde estaban sus alas, o es que las habían arrancado? De cabello plateado que resplandecía tal cual su cuchilla Vorpal cuando estaba limpia, cabello que caía sobre sus ojos de una manera un poco desordenada, y de allí... ¿Qué se levantaba sobre el? Extrañada del todo, trato de dilucidar mejor. ¿Eran cuernos u orejas lo que sobresalía de su cabello? Tenían el color de su piel, pero lo puntiaguda de estas le hacía dudar. Pudo observar más, terminando de confirmar la presencia de cuernos, cuando este se arrodillo frente a donde ella estaba, sonriendo afable. Aun así, Alys de su rostro no borraba esa sorprendida mirada de en sus enormes ojos de esmeralda. El le hablaba con casi con dulzura y simpatía increíble, demasiada para ser uno de los demonios que Golajab habría de mandar para buscarla, pero aun así no confiaba en sus palabras. Las apariencias engañan. ¿Por qué habría de confiar en alguien tan luminoso? Después de todo era su mayor debilidad, la luz. Fue cuando noto como desenfundaba su espada. ¡¿Planeaba matarla?! Su rostro se lleno de desesperación cuando bajo su brazo derecho sobre su delantal a buscar su cuchilla, pero observo que retiraba la espada, dejándola a un lado… La respiración de la pequeña muñeca de porcelana empezaba a acelerarse, mientras mas oía hablar a su nuevo acompañante… ¿Le pedía quedarse quieta y no moverse? ¿Realmente planeaba sanarla? Quería, realmente creer que seria así, su mirar casi lastimoso quería creer en sus palabras. Sin embargo, la “ayuda” o cualquier acto de bondad para con ella, era algo que Alys no conocía de buenas manos, y no como podría de esperarse. Y este caso no era la excepción, más allá de lo bondadoso que se veía este hombre que parecía vestir con el esqueleto de un dragón.

Cuando la funda de aquella espada que era mas grande que lo que la pequeña Alys media, empezó a hacer su magia, algo malo paso. Alys sentía como sobre su espalda ardían los peores infiernos que su ya trastocada mente podía imaginar. Un grito ahogado lleno de dolor pudo escapar de sus labios, mientras alejaba la funda con un rápido movimiento de su espada Vorpal, haciéndola a un lado. ¡Era suficiente para saber que el no intentaba ayudarla! Debía alejarse de el, y no es que no intentara hacerlo. Queriéndose levantar, quiso esfumarse en mil mariposas, pero los mismos rayos de sol tocándola fue suficiente para su cuerpo en tan poco. Desplomándose de nuevo, esta vez buscando refugio en la sombra que la alfombra vengativa daba, dirigió una mirada llena de molestia e inclusive odio para su “salvador”.

-Tsk… ¿Desde cuando Golajab tiene servidores con el don de la luz…?- Le pregunto casi escupiendo su pregunta, con desprecio, pero sin mostrar debilidad en su voz, aunque su cuerpo temblaba. Su respiración seguía agitada mientras intentaba de algún modo recuperarse rápido. Deseaba ahora caer en el río y refrescar su cuerpo que ardía, tal como si una lamina de fuego hubiera pasado tan cerca de su piel, que había hecho que esta se enrojeciera, tanto como la sangre.

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Siegfried el Mar Mar 20, 2012 10:58 pm

Raros son los caminos que hacen al mundo, y más rara es la gente que se consigue en ellos. Tan diferentes somos hasta para los que nos parecemos, o quiénes somos iguales. Orejas de zorro, sombreros y capas, cuerpos hechos de sombra, o chicas con un vestido y de brazos sangrantes. De todo puedes conseguir si dependes de las piernas, y a todos puedes conocer si te acercas a tender una mano a quien este en apuros. La ventaja de ser fuerte es no temer a los bandidos que quieran tender una trampa, pero eso en caso de que no sea alguien como esta niña. No puedo decir que es una niña del todo, pero eso no es tan importante como decir que necesita ayuda, y para fortuna de ella, puedo dársela. A nadie le falta la ayuda cuando la necesita, y menos se la puedo negar si la encuentro llorando como está.

No es extraño que esta sorprendida después de caer a un lado de ella y empezar a sanarla sin decirle nada, al menos hubiese estado bien que le hubiese dicho "Hola" al principio, pero no creo que mi obra sea como para levantarse así con cuchillo en mano. Puede que no lo haya notado, pero esta sanada, sin importar mucho que por lo visto la luz llega a lastimarla. No hay problema alguno, lo peor ya ha pasado, me queda sonreír por la gracia que me causa su actitud tan salvaje, sin temer a meterse en un problema, pero como un animal indefenso se refugió en las sombras. Que curiosa muchacha, armada, ensangrentada, y con los ojos de un lobo herido dispuesto a morir peleando. No puedo pedir más, es el tipo de persona que me cae bien apenas la conozco.

- Hey, que no ha sido tan malo, mira como ya te puedes poner de pie. - La señale con la diestra antes de darle la espalda y tomar la espada del suelo. Se puede notar lo anormal que está actuando, quiere decir que la Luz a ella debe causarle un dolor bastante grande, por suerte Midgard puede curar cualquier herida sin tomar en cuenta que la victima sea alguien de Oscuridad. - Sal de ahí, que no soy ningún enviado de ese sujeto que dices, ni siquiera lo conozco, ni sé si de verdad es un hombre o mujer o un monstruo. - Golajab... Si he escuchado el nombre, no me suena de nada... No puedo decir si le conozco o haya escuchado de él, o eso. De cualquier modo, esa chica no parece conforme con esa persona, como para llamarme su siervo y apartarse así, seguro que está deseosa de clavarle su cuchillo en la cabeza al primero que haga alarde de ser su amigo.

Envainando la espada me acerco a ella, dejando los brazos a los costados y mostrarle mis manos vacías y una sonrisa que denota nobleza. Me detengo cuando ya quedan solo cinco pasos de diferencia entre nosotros, y es cuando flexiono las rodillas para ponerme a su nivel. Dejo la espada a un lado por señal de confianza y en que mi palabra no es falsa. La mejor forma de convencer es con las manos vacías, y si bien puedo ignorarla e irme por donde vine, no me convence ese modo de pensar. Si yo creo miedo, yo disiparé ese miedo, con la muerte si lo que siento es odio, o con las palabras si lo que siento es desinterés. - No tengo ninguna comida que pueda ofrecer si de casualidad tienes hambre, pero quiero remediar el mal rato que te hice tener. - Tal vez me esté desviando de mi camino un tanto, sin embargo no me importa en lo más mínimo. La venerable habrá aprendido a cultivar la paciencia, se ve que es mas lista que yo.

- ¿Que dices? ¿Sales de ahí y hablamos un rato?

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Alys el Miér Mar 21, 2012 10:17 am

Temblaba aun, mientras esperaba alguna respuesta de quien tenía en frente. Se sentía mejor ahí, sola, entre las sobras que de algún modo la refrescaban. Su piel gradualmente empezaba a dejar aquel tono rojizo propio de las blanquecinas carnes al exponerse a luces o temperaturas fuertes. Ella ignoraba el propio dolor físico, como siempre lo había hecho, ignorando también el hecho de que su brazo yacía sano como así todos los raspones y pequeñas heridas que se provoco al caer sobre aquella empinada de alto verde. Y no es porque fuera distraída, sino porque toda su atención se centraba al hombre de cabellos plateados que frente suyo estaba. Su rostro había quedado con algo de sorpresa ante su reacción, pero no era algo ajeno a Alys. Ella aun seguía sorprendida, y hasta extrañada podría decirse de como el le seguía sonriendo, de manera bonachona. ¿Cuándo fue la última vez que alguien había tenia un trato así con ella? Nunca, era la respuesta, o no lo recordaba. Le confundía de cierto modo aquella actitud, y como podía esperarse de alguien confundido, y el temor afloraba por la inseguridad del que podría pasar. Es por eso que la pequeña aun se mostraba con mirada bastante brava.

Pero aquel titiritar en su cuerpo se calmo casi instantáneamente cuando le hablo de nuevo. Le mencionaba el hecho de que podía ya ponerse de pie, y que aunque había intentado hacerlo, si había caído era por la luz. ¿Era verdad entonces que su ayuda fue real? Con algo de indecisión, porque de su mirada no se apartaba de los zafiros ajenos, llevo su diestra que aun empuñaba un cuchillo sobre su brazo izquierdo, constatando con sus yemas que la herida estaba cerrada. Sus ojos se desviaron segundos hacia su brazo, aun no creyendo lo que sucedía. Solo las rosas de sangre dibujadas en el, que marcaban la presencia sangre ya seca, era lo único que quedaba. Debía, después de todo haberla curado. Si bien era una demon, y su umbral del dolor era altísimo, como la velocidad de recuperación de heridas increíbles; ese corte con su espada no se habría ido al menos hasta que las inmensas cortinas de color negro con luciérnagas incrustadas cayeran sobre su cabeza de nuevo. Sus ojos observaban aun su extremidad ya sana, a la vez que su piel retomaba ese color endemoniadamente blanco. Ella ahora estaba mas calma, aunque su mirar se afilo de nuevo al escuchar la nueva respuesta que daba a su interrogativa anterior. El negaba toda relación con quien era hasta ese momento, el único causante de su padecer, es mas, negaba conocerlo o saber que era. Habría deseado gritar que si, era un monstruo, un demonio, su odio mas grande, su causal en ese mundo de pesadillas que no terminaba de explicarse y… Su meta a derrotar, cuando fuera suficientemente fuerte, derrotar la demencia que corrompía a su ser. Pero antes deseaba ser feliz, lo deseaba mas que nada. Conocer la felicidad, como así también acababa de conocer la amabilidad, o de algún modo algo tan parecido a ella en ese ser de armadura que rugía silenciosa cual dragón roncando.

Intento calmarse ahora. No había razones por la cual temer por su vida en ese instante, y una suave brisa que recorría el lugar levantando el aroma que solo podían tener los naturas se hacia presente. Ese aroma a hierbas frescas con rocío, aunque el sol implacable hacia lo suyo, el rió era tal vez causante de que el perfume de ese pastizal con vida propia estuviera aun. Los labios de Alys habían quedado sellados por segundos, mientras observaba como el desconocido guardaba su espada con total confianza. Se había acercado prudentemente a ella, pero no tan próximo como para que le incomodara la distancia. También había tenido la amabilidad de arrodillarse a su altura, puesto ella aun seguía en el suelo, y aunque Alys se hubiera puesto de pie, estaba segura que de ningún modo llegaría a verlo a los ojos de frente sin levantar su cabeza. Dejando su espada a su lado, le sonrío afable, con nobleza, con una luz que hasta ahora en su mundo no conocía. ¿Ese hombre conocería la felicidad que tanto decía iluminaba el rostro de las criaturas? El podría saber donde hallarla, cuando se lamento por no poder invitarle nada al estomago, pero le ofrecía a la vez una charla en compensación. ¡Que criatura benévola tenía al frente, a pesar de que su sombra tenía forma de un terrible dragón! Pensó quizás devolverle la sonrisa, esa que había practicado en el río, ya que el todo el tiempo había mantenido la suya inalterable para con ella. Pensaba hacerlo, cuando lo vio de nuevo. El perro cuyo nombre conocía detrás de el, sentado, observándolos de manera alternada. Sin embargo el viajero no parecía siquiera sentirlo.

-Confía en el.- Dijo el animal, con voz gruesa pero sin abrir sus fauces desgastadas por la muerte que encima suyo tenia. –Hazme caso Alys-. Añadió, casi con sabiduría en su hablar. O el eco que producía al menos.

-¿Pero porque habría de confiar en ti…?- Susurro con aflicción, viendo al animal cuyo nombre trataba de evitar. Lo conocía, pero a la vez no. Su corazón chocaba con su pecho de tan solo observarlo, pues algo en esa presencia le punzaba en lo más profundo. –No se nada de ti ni te conozco…- Añadió, en ese susurro, como intentando privatizar su charla del hombre de ojos de zafiro.

-Pero yo te conozco a ti. Y te cuide hasta donde cuerpo pudo… - Agrego la fantasmagórica voz, tirando su cabeza abajo, pero volviéndola a erguir. A pesar del estado del animal, y de que pareciera que en cualquier momento su cuerpo caía colapsado al piso, continuaba. - Confía en el, es lo único que puedo brindarte ahora. Verdad dudosa, pero verdad al fin. – Termino de decir, poniéndose de pie y partiendo entre la hierba que parecía tragárselo, desapareciendo como una sombra, tal cual apareció.

-¡Espera!- Pidio con cierto enfado, dejando caer su cuchillo al suelo mientras su brazo se extendía, como si intentara agarrarlo antes de que escapara, pero sin éxito alguno. Su rostro se mostró desolado de nuevo, a la vez que dirigía su mirada a su único acompañante ahora. ¿Debía de hacerle caso…? El decía haberla cuidado, más nunca antes sintió protección alguna, o ayuda. Al menos hasta ese día. ¿O acaso ese animal, Barnabás según su inconsciente, había convocado al joven dragón…?

-¿Lo vio verdad…? ¿Lo vio Joven Dragón? ¿Lo escucho al menos? - Le pregunto, casi rogándole una respuesta, aunque de las sombras no se apartaba. Pero a decir verdad, el parecía estar ajeno de todo lo que había acontecido, con una sonrisa inmutable. Suspiro, con cierto hastío, casi con esfuerzo. El había sido claro, tenia que salir de ahí si quería hablar. Tomando su cuchillo y guardándolo en su delantal, se arrimo hacia fuera de las frondosas cortinas verdes, pero aun donde estas podían ofrecer algo de sombra. -Gracias…- Le dijo, mirándolo fijo con sus esmeraldas. Esperaba no haberlo espantado con su actitud tan bipolar de a ratos; era consciente que tenia altas y bajas en cuando a su pasividad y su agresividad. Pero simplemente no podía controlarlas, como no podía terminar de saber que era real o no de todo lo que veía.
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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Siegfried el Jue Mar 22, 2012 9:38 pm

Vida... Es la oportunidad de tener los pies sobre la tierra, sin arrastrar cadenas o la impotencia de no tener carne y sangre con la cual disfrutar del mundo que la ha dado. Vida encontramos y elegimos que hacer con ella; matar al indefenso o tenderle la mano para que se ponga de pie. Robar al herido o sanar sus heridas y ayudarle en su venganza. Rescatar al caído o dejarle morir en la deshonra. Todo aquel que se considere un Guerrero de verdad, por muy barbárico y sanguinario que sea, no permitirá que alguien pierda su honor o muera sin redimirlo. El peor de los enemigos, el canalla más grande, todos a excepción del cobarde y del traidor, merecen una segunda oportunidad... Merecen que sus vidas sean salvadas si alguien es capaz de hacerlo. Y si es alguien que no puede pelear, que no sabe cómo usar una espada, pero con tanta solemnidad puede llorar... Alguien así no debe encontrar su final tan pronto... Ni de esta manera.

Ojos verdes, cabello oscuro, mirada filosa y poco expresiva... Parece una muñeca muy bien hecha, tanto por ropa como en sus rasgos, su piel blanca, pero no blanca como la piel humana... Es como el color blanco. Es imposible verla como una Heres normal, pero si puedo comprender su miedo como persona. Lo que me queda es sonreír, cuando lo más normal sería irme y olvidar que esto pasó, pero eso no es algo que se llama imprudente... Sino algo peor. Irme y dejarla a su suerte después de como la acabo de encontrar, es decir que no tengo ni la menor pizca de respeto por la vida que acabo de curar. Soy un extranjero en estas tierras, y al llegar mi hambre fue calmada y mi cansancio aliviado por la guardiana del Templo al Zorro... Lo menos que puedo hacer, es pagar en este lugar un favor parecido... Y también, porque quiero hacerlo. Por eso estoy atento y trato de infundir confianza, no tengo ningún interés en que vea más sufrimiento del que ya tuvo hace un rato.

No tengo mucho que decir, por eso preferí silencio y escucharla hablar si quiere hacerlo. Las sombras son buenas bajo la lluvia, pero incluso cuando sea dolorosa la luz, mantenerse mucho alejado de ella no da protección, sino que al contrario, hace que la dependencia a la oscuridad sea mayor... Esa forma de pensar, despierta a esa voz que vive en mi mente. Violencia, o frustración, sea mía, o de otro...

- Ironico que digas eso, Sieg... Tú que tanto te aventuras a las tinieblas y eres incapaz de reconocerlas... - Esa voz de nuevo. Ha encontrado gusto en hablar desde mi cabeza y hacer que chasqueé los dientes y aparte la mirada por puro enojo momentáneo. Esta vez me contuve de actuar así, eso se puede malinterpretar, prefiero ignorar esa risa profunda y macabra que sé que he escuchado en alguna parte anteriormente. No sé qué quiere de mi, o si quiere de verdad algo que no sea molestarme con sus inoportunas frases. No me aventuro a las tinieblas, pero no temo hacerlo si es parte del deber hacerlo. No me importa, ni es momento para pensar en eso... No hay momento para pensar en cosas que no significan nada...

Por suerte, que es algo que no me ha estado sonriendo, la chica se ve mejor que como la encontré. No pude entender a que se refería con que esperara... ¿Esperar que? No me voy a ninguna parte, ni he hecho algo que pareciera que tengo intención de irme. Alcé la diestra intentando calmarla, si es que está alterada, o eso es lo que parece. Más extraño ha sido la forma en que me ha llamado, y como con insistencia si he visto o escuchado algo que parece estar en mente. Vaya, si que se parece a mí, también escucha cosas raras y locas, deberé hablar un tanto más y convencerla de que lo que ha visto es casi seguro que no haya sido real. Acorte la distancia y deje la espada sobre la tierra, frente a ella, señal de que estoy desarmado y no intentaré nada peligroso.

- No vi nada, ni siquiera lo he escuchado. No te preocupes, a veces en mis oídos suenan voces que no vienen de algo que los demás puedan percibir. - Una hoja cayó del árbol que proporcionaba sombra, cosa que se posó sobre mi hombro y me dio un perfecto ejemplo de lo que quiero decir. - Hay veces en que ni nosotros mismos percibimos cosas que nos involucran, o tenemos al menos la remota idea de donde vienen, y si sabemos de dónde vienen, no podemos decir que quieren. La única verdad es que estamos viviendo en este mundo, lleno de locura y engaño. - Entregué la hoja en su mano, intentando que comprenda el simbolismo... Una hoja caída la hace distinta del resto, como los locos podemos llegar serlo. Su ánimo ha mejorado con su salud, creo que ya podré hablar con ella.

- No agradezcas, puede que si yo hubiese estado en un momento igual, alguien me habría ayudado. No me costó nada hacerlo, pero pido disculpas por no pensar en detalles como el dolor. - Una sonrisa de vergüenza se muestra en mi cara, sin saber cómo compensarla de verdad, teniendo preguntas seguidas de mi excusa. - Pero dime... ¿Cómo supiste lo de la Sangre de Dragón? O más importante, ¿Como terminaste tendida en el suelo de esa manera? Parecías una víctima de un asalto, con la única buena parte que debiste haberte defendido con ese cuchillo. - Hice notar el interés en su arma, su única defensa aparente, y puede que algún tipo de instinto que le diga sobre la naturaleza de los demás...

Joven Dragón... Es la primera en llamarme así sin tener que decirle que estoy maldito...

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Alys el Sáb Mar 24, 2012 2:36 am

Escucho la respuesta del joven dragón, después de su disculpa. Su rostro se veía un poco extrañado, mientras negaba haber visto cualquier cosa. Intentaba calmarla con su mano, pero ya era tarde, Barnabás se había ido. Pero algo le traía de nuevo esa sensación de melancolía inexplicable.

Era chocante, no había tenido a nadie cerca suyo antes, no que recordara… Sin embargo se le hacia de manera tan familiar esa manera de explicarle que lo que había visto no era real. De todos modos, no era que le fuera ajeno totalmente a su mente. Era consciente de que quizás no todo lo que veía era real, pero… Ya hacia tanto tiempo que no podía diferenciar realidad de ilusión que todo le parecía lo mismo. Y no es que pudiera hacer demasiado. Vivir sumergida en un mundo de ilusiones donde todo es lo que se le antoja y deja de lucir cual es, inevitablemente la llevaban a aceptar ese mundo surreal como el normal, el común de su vida, en el que debería moverse de ahora en mas. Después de todo, si se lastimaba en su mundo de eternas fantasías, sentía el dolor y veía su sangre. No podría alucinar algo así por más que lo quisiera. El dolor era real, era la única certeza que tenia de todo ese sueño sin fin el que se encontraba atrapada. Sin embargo, la voz del hombre quien en frente tenía era innegable. Su presencia le había hecho daño con esa luz cegadora, pero la había curado mas rápido de lo que su cuerpo podría regenerarse. Como así también, le hablaba, con una amabilidad y suavidad increíble, como si tratara una niña pequeña. La pálida muñeca no pudo evitar sonreír muy débilmente… ¿Alguna vez había sido ella pequeña? No recordaba si tuvo infancia, o en realidad que edad tenia. Pero no venia al caso torturarse con algo que no recordaba, o con algo que efectivamente no estaba. El perro se había ido, pero el guerrero aun estaba presente. Escuchaba atenta, desde las sombras la respuesta de este. Noto también como se había acercado un poco, comentadote que el también solía escuchar cosas sin origen aparentemente. Sus ojos de esmeralda de abrieron cual lechuza, observándolo con mas atención que hacia segundos. ¿El también estaría torturado por su mas acérrimo enemigo? ¿El acaso también sufría la demencia del Señor de las Pesadillas? Aun así, sonreía, mantenía una luz indescriptiblemente pura. Todo un ejemplo a seguir para la pequeña Alys…

Aunque tanta reflexión sobre la identidad de su acompañante de orbes de zafiro la tomo por sorpresa, cuando este tomo extendió la hoja de un árbol con la que había estado jugando para explicar su situación y su visión del mundo. Ella aun con algo de desconfianza, se acerco, retirando el pequeño pétalo verde de su diestra. Lo observo por unos segundos, para inmediatamente guardarlo en uno de los bolsillos de su delantal. Un recuerdo, o eso quería pensar. Finalmente un tesoro que atesorar después de tanta sangre derramada… Su mirada volvió a posarse entonces en el, cuando pidió primero disculpas por el dolor ocasionado para su sanación, pero así también, solicitándole explicaciones. ¿Es que tan raro le parecía al guerrero que lo identificaran como un dragón? Alys enarco una ceja algo extrañada, memorizando cada pregunta en el acto, para responderla en orden. Vaya que había resultado algo curioso este viajero de afable mirada y bondadosa sonrisa.

-¿Por qué te extrañas tanto? Lo primero que vi de ti son esos dos cuernos que tienes en tu cabeza. Parecían de cabra, pero lo descarte con tu altura… - Menciono, mientras su diestra señalaba la cabeza del extraño. Aunque claro, donde Alys cuerno veía, cualquier otro vería… ¿Aire? No había nada allí, solo cabello mas abajo, abundante cabello plateado.

-Tu armadura, tu armadura habla… Produce como un ronquido silencioso de un dragón durmiendo… Además…- Añadió Alys, guardando después unos segundos de silencio, en donde su mirada desfilo por el cuerpo del joven dragón hasta sus pies. Ahí estaba, en su sombra, la verdad de todo. –Mira tu sombra… Ahí veo un dragón… Vaya… Ahora que lo noto mejor… Si que parece un verdadero monstruo…- Concluyo con su primera pregunta. El era un dragón, de algún modo los delirios de Alys lograban develar la naturaleza del extraño. Aunque nadie debería de extrañarse. Las sombras, las mejores aliadas de un demon no podrían mentirle jamás. Ahora, ya dejando de lado su mirada curiosa, una pequeña risa salio de su boca, un poco mas altanera, e inclusive podría decirse que arrogante.

-¡Y Ja! No me hagas reír. Nadie se atrevería a atacarme, no al menos alguien en sus cabales. No, no me asaltaron ni nada por el estilo. Estuve persiguiendo….- Explicaba con fluidez, hasta que lo recordó. Siegfried no lo vio, y según el, no era real el perro cadavérico que se aparecio frente a ella y que causo toda esa carrera sin frenesí para atraparlo. ¿Para que mencionarlo entonces? No lo entendería. –…Por torpe tropecé y caí rodando por esta colina… Y me lastime con mi Vorpal…- Concluyo sus explicaciones, desviando su mirada hacia un lado. Esta sin duda era muy orgullosa, pero la situación en la que se encontraba develaba que su orgullo estaba algo herido. También que se encontraba muy confundida por los sucesos recientes...

-Tsk… Tantas preguntas. ¿Podría preguntarte yo porque me has ayudado? Estoy segura que te has dado cuenta de que no soy una joven común… ¿O supuse demasiado rápido?- Pregunto ella ahora, cruzando sus brazos, sin terminar de apartarse del todo de las sombras. Le llamaba sin duda la atención aquel hombre, que por alguna razón, le había caído bien. No podía negar que esa sonrisa pintada le parecía simpática, y inclusive, contagiosa.
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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Siegfried el Lun Mar 26, 2012 9:32 pm

Una de las ventajas que tengo en comparación a muchos, de lo cual puedo estar aliviado, es que mis cinco sentidos funcionan mejor de lo que podría pedir, y eso me permite conocer el ambiente y saber cuando algo no está en orden. Encontrar una persona herida o un animal moribundo esta en esa percepción, lo que sigue luego ya es cosa mía. Puede ser que la chica ha tenido suerte y no fue grave, ya lo dije antes, pero no lo digo por arrogancia o para felicitarme a mí mismo, es tal vez la idea de saber que en mi camino no encontraré solo monstruos y peleas; no es malo eso, ni nunca será aburrido, pero puedo pensar bien que las piedras filosas son algo certero y las caídas sobre ellas causan más daño del que se pueda pensar... Me gusta saber que puedo ayudar a quien sufre esa desdicha, sabiendo que si un cuchillo está de por medio el riesgo de apuñalar el propio corazón es tan grande como el cielo mismo.

Una muerte como esa... Es una desgracia.

Hubiese sido una suerte de piedad para ella. No la conozco lo suficiente y se que ya tiene suficiente dolor en su alma. - Tal vez, sin embargo no es razón para el abandono. No creo ninguna palabra de voces que vienen de mi cabeza, todos son impulsos de la interminable sed de sangre que solo quiere continuar con la masacre; nunca llegará por mi mano mientras me quede algo de razón, cosa que prefiero usar en asegurar mi vida. Las ganas no me faltan, pero escuchar el movimiento del mundo me hace recordar un principio que debo mantener, o no tendré derecho de matar a nadie ni a nada de nuevo. Permitir el desangramiento de alguien no es lo mío... Prefiero ver morir a alguien asesinado que por culpa de un accidente que le dejara en agonía.

Pero esa caída no fue hecha por un asalto según ella me ha dicho, se ha resbalado y cayó por la colina llena de piedras. Vaya destino, casi como un monstruo invisible planeando la caza de su alimento...

Por supuesto, Sieg... Ese monstruo se llama Destino... Elimina a los débiles.

¿Que si ella es débil? Alguien débil hubiese muerto en soledad, no hubiese sobrevivido si de verdad su Destino era morir.

- No te enfades, no es normal encontrar chicas sangrando... Al menos no para mi, creo... - Y no creo que sea una costumbre por estas tierras, o presiento que me llevaré mal con sus habitantes. - Pregunto todo porque no sé nada, esa es la mejor razón que tengo, también como es la razón de que te he ayudado... Porque estabas herida. ¿No es suficiente eso? - Mirándola con varias preguntas más en mi cabeza, solo tuve en mente decir eso... Y algo más que decidí añadir, uno de los principios de la vida misma.

- ¿Y no eres común? No sé lo que es ser común por aquí, pero a mis ojos te ves como una persona, eso es común. - La cara de duda que pude haber tenido se fue por una sonrisa de confianza a la chica, mostrando que no tengo ninguna intención en especial, más que ayudarla en un problema que ha tenido. - Pero si es increíble lo que dices... ¿Cuernos en mi cabeza? Yo no siento nada... Ni tampoco escucho nada desde mi armadura, o puedo ver la imagen en mi sombra... Pero no te equivocas, en mi fluye la sangre de un dragón, y que tú puedas verlo y yo no si me parece asombroso.

Levantándome del suelo, la miré con esa misma sonrisa de antes, la prueba de confianza, lo único que puedo hacer como prueba de que no quiero lastimarla. Quiero pensar que he salvado su vida y lo he hecho para bien... Y de ser posible, quiero que ella lo sepa también.

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Alys el Mar Mar 27, 2012 1:48 am

Alys espero su respuesta, atenta a sus palabras, clavando sus esmeraldas casi como puñales sobre él. Realmente le causaba curiosidad tan extraño personaje, y como sonreía de esa manera tan permanente. Si, su sonrisa parecía pintada o realmente este hombre dragón llevaba la felicidad en su alma. ¿Pero hacia falta ser feliz para sonreír con tanta inmutabilidad? Ella no podía contestarse algo tan profundo, porque su verdad era que su mente la mantenía siempre en un estado inalterable de seriedad casi melancólica. ¿Seria entonces feliz quien tenia al frente? ¿O solo aparentaba con simpatiquísima mueca algún pesar que ella no era capaz de ver? Su mirada volvió a su sombra, mostrando como el dragón que dibujaba la silueta tenía un aspecto salido de una pesadilla. Tenía cierta oscuridad encima, y sin embargo, no permitía que esta lo consumiera. Porque debía de ser sincera con ella misma, veía oscuridad en el, pero a su vez veía una luz que resplandecía con la pureza de un ser celestial, casi nociva para su alma. Era una luz atrapante, que la atraía como a las hadas la miel. Ese dragón de armadura susurrante tenía muy posiblemente la respuesta de lo que ella buscaba, a donde debía ir, como conseguirlo.

Aunque, divagar tanto solo la alejaba de donde en un inicio en su mente estaba. Este generoso viajero que se veía casi hecho de plata, desde su cabello hasta los pies contesto finalmente. Alys lo miro extrañada, ladeando un poco su cabeza mientras sus labios se fruncían algo incrédulos, pero en un ademán algo gracioso, inclusive tierno. El le hablaba con casi una paciencia infinita, y una bondad de no creer para la demon, la paciencia lo envolvía. La ayudaba porque si, porque simplemente lo quería. ¿Habría hecho algo así la muñeca de porcelana? Lo dudaba, porque como sabría seguramente como ayudar a alguien en un primer momento. Curar a los demás era algo que no podía, lastimosamente su existencia por esos parajes lo único que podía causar era daño y derramamientos de sangre, y ella, lo sabia mejor que nadie. Una ligera, muy ligera sonrisa entonces pudo ser arrancada de su rostro. ¿Qué no tenia cuernos? ¡Ahí estaban! Ella los veía claramente, y si se hubiera atrevido, los habría tomado para demostrarle, aunque el decía no sentirlos. O bien podría ser que se acostumbro demasiado a ellos, o simplemente los ignoraba. Si, tenía la tentación de agarrarle de los cuernos, pero debía guardar algo de respeto a su salvador. O algo por el estilo. Siguiendo un poco sus respuestas, negaba también la presencia de un susurro, como así de ver la verdadera naturaleza de su sombra. Bien, esto empezaba a ponerse interesante de algún u otro modo, y había que admitir que Alys tenía la curiosidad de un gato. Claro, un gato que sabría defenderse para evitar cualquier inconveniente. No tenía nueve vidas, solo una a la que preservaría de ajenos, del modo más violento y sanguinario que su cuerpo le permitiera.

Noto entonces como el extraño se paraba, aun con esa sonrisa inmutable en su rostro. ¿Hacia cuanto tiempo que no veía a alguien sonreír? No lo recordaba, no recordaba nada, pero teniendo en cuenta todo el tiempo que este sujeto le había sonreído, capaz que el destino le había compensado la carencia de algún modo. Es mas, hasta inclusive podría tomarlo como que el sonreía por ella, al menos en esa forma amable y encantadora.. Y ahora que lo veía mejor, aun desde el suelo, realmente era enorme, demasiado alto para su gusto. Seria una deshorna para ella seguir sentada, cual invalida sin poder cambiar su destino. Le molestaba además de que diera la sensación de parecer tan delicada, y ahí, oculta entre las sombras seguramente era lo que aparentaba. Sin dudar más, con decisión, se puso de pie, enfrentándose de nuevo a algunos rayos de sol que lograban tocar su cabeza. Los toleraba, mejor que hace rato, casi ignorándolos mientras sacudía su vestidos del polvo que había juntado al estar en el suelo. Se sentía reanimada de algún modo, pero su curiosidad seguía implacable. Tenía un dragón en frente suyo, y ese dragón era al menos de rostro lo que ella anhelaba.

-Definitivamente mis ojos son muy distintos a los suyos. Bien veo cosas que usted no, pero no podemos dar certezas de quien ve lo que realmente es. - Dijo, mientras seguía sacudiendo su vestido azul y su delantal blanco. La calma entre ambos era ahora una verdad indiscutible. Una leve brisa que envolvió el lugar hizo silbar a las inmensas cerdas verdes de aquella alfombra interminable y altisima. Un viento lo suficientemente calmo y pacifico que hizo emerger una mariposa luminiscente de Alys. Escondida tras su cabeza, seguramente era un cabello que de ella se había desprendido, y que por alguna razón tomando vida propia, siguió con su camino. Una mariposa azul que brillaba, que volaba libre frente a los ojos de quien en un tiempo fue parte de su cuerpo, y que ahora revoloteaba hacia la frente del guerrero. Ella solo observo con algo de desden a el insecto que llevaba consigo su escencia. Libertad conseguía, de algún modo parte de ella, pero no la más significativa. Su alma aun era prisionera de la tierra en la que permanecía atada. La mariposa, sin embargo, nada de malos sentimientos consigo llevaba. Movía sus alas, las batía delicadamente sobre la frente ajena, hasta que finalmente voló de nuevo, llevaba por el viento a quien sabre donde. Alys, la siguió con la mirada hasta donde pudo, ahí se iba ella, de algún modo.

Una vez que concluyo, miro de nuevo al joven dragón, constatando lo que hacia ya minutos había imaginado. Si quería establecer contacto con aquel par de zafiros, debería levantar su cabeza para hacerlo. Su pequeño cuerpo al lado de aquel joven dragón realmente la hacía lucir como una muñeca, aunque no era un calificativo que le gustara. Una muñeca, un juguete, un esclavo de la diversión de alguien que era responsable de todo el dolor y el padecer que sobre su misteriosa existencia llevaba. Su rostro por un segundo mostró cierto fastidio, pero mermo sus ánimos, volviendo a su característica inexpresividad. Sus esmeraldas se desviaron por segundos hacia un lado, mientras sus labios se abrían, como intentando hablar.

-¿Podría saber el nombre de mi salvador? Decirle joven dragón a secas, no me parece muy agradecido de mi parte. - Expresó, mientras su diestra tomaba su brazo izquierdo, con algo de pena quizás. No le molestaba decir gracias, pero le incomodaba por lo raro que se le hacia hacerlo. Y es que a Alys normalmente nadie la ayudaba, lo normal en su vida es que pusieran piedras, y pozos y cualquier cosa que la perjudicara en su andar sin rumbo, en busca de un sueño que quizás, jamás se haría realidad.

-Pero para no ser grosera, si le pido su nombre, antes le doy mío. No tengo la oportunidad de decirlo muy seguido pero… - Pauso, mientras suspiraba, casi con pesar. Le producía cierta angustia en lo mas recóndito de su alma, porque su nombre parecía estar maldito, su compañía en si misma. Esperaba no arrepentirse de lo que pronto haría y que el destino de quien estuviera en frente no se viera truncado por alguna pesadilla que destrozaran a tan bondadosa criatura tan solo por conocerla. –Encantada, mi nombre es Alys.-

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Siegfried el Lun Abr 02, 2012 12:31 am

Como parte de una verdadera prueba, está el hecho de sufrir durante el tiempo de vida, ya sea por algo causado naturalmente o por la mano de otra persona, con o sin razón. El mundo fue hecho bajo ese concepto como una ley de vida bastante justa, está claro que el fuerte vive y el débil muere... Pero ni el que sea llamado Fuerte entre los Invencibles es completamente invulnerable. La espada de menor tamaño puede romper al hacha mas maciza del herrero, tal como es la determinación del pequeño lo que lo convierte en un gigante. Sin embargo, hay un valor importante en lo que es llamado fortaleza, de espíritu y de actitud, y es saber que poseer poder no sirve de nada si no es utilizado, y cada oportunidad de usarlo debe ser tomada en cuenta, mas si con ello se puede lograr algo favorable.

Nada escapa de los cielos ni de la dama suerte, todo será puesto según ellos quieran, por muy malo que suene. Quiero pretender que no estoy sobre un mundo con creencias, pero hasta yo mismo me veo en la necesidad de creer en algo tan simple como la voluntad de los espíritus terrestres, de la misma consciencia de lo más natural, en que es la vida misma quien busca dañar y premiar a la vez, demostrándolo con la compañía que se puede tener bajo el sol, bajo las nubes. Una armadura que suena como un dragón dormido o un par de cuernos que salen de mi cabeza, cosas tan poco normales para mí, pero ella las describe como señales que dicen lo que soy... Por no mencionar que mi sombra debe ser la de un monstruo, tal cual los que he matado en veces pasadas.

Si me comparara con ella, se ve mucho más lista que yo, pudiendo ver cosas que tal vez sean locura, o sea yo quien soy muy ciego para notarlas. Solo se me ocurre sonreírle, su porte que mezcla inocencia, curiosidad y algo más que no se con claridad, me hace pensar que no es el tipo de chica que este acostumbrada a la calma, por no contar su desafiante tono de voz de hace un momento, parecido al que tendría un fiero luchador que aun sin brazos está dispuesto a seguir peleando a mordiscos. Ella... No sé si pueda ser parecida a alguien que conozca, pero de algo estoy seguro, y es que me parece agradable... Eso es todo lo que necesito saber.

- Tienes razón... De hecho, no estoy seguro si todo lo que veo y escucho es real o no... A veces quisiera que no lo fuera y que todo terminara como un mal sueño... - No es mentira, por mucha determinación que pueda tener, no dejo de extrañar lo que tenía. Era lo más preciado, era mi vida, una vida que de verdad me hacía feliz y en la que podía hacer todo lo que decidiera. Caminar sobre la nieve y competir amistosamente en duelo o en quien capturaba al monstruo más salvaje y fuerte, que luego sería usado como piezas de equipo para la armadura del ganador. - Pero, creo que eso no puede remediarse. Continuar es lo que queda, y luego de ello seguir continuando... ¿Qué más da si es real o no? Es nuestro mundo, no se puede hacer mucho por él si ya ha sido moldeado así, solo queda caminar.

La brisa agitó nuestros cabellos, y también llevó a una mariposa que parecía estar oculta entre las hebras oscuras de esta mujer, dejándola libre como prueba de mis palabras. Señalé al insecto que se alejaba moviendo sus alas, volando tan lejos como un dragón, pero pacifica como una flor. Ella ahora desafiara al mundo de nuevo, como creo que ha encontrado una breve prisión, se le da una nueva libertad... Una que siempre podremos tener mientras se tenga en mente, y en alma. Fue cuando su voz me hizo devolver la vista a ella, mirando como estaba sujetándose el brazo herido. No puedo saber que piensa, pero se ve en parte contrariada. ¿Algún efecto de la luz? No lo sé, pero no creo que tanto pueda ser el daño que causé para hacer que aun este la sensación de ardor. Solo pude fijarme en eso, y en como inútilmente intento buscar detalles en ella que expliquen la razón de su forma de ser... Siendo ella tan normal a mis ojos, como lo sería una persona. Más misterioso aun... Es esa manera de cómo ha preguntado mi nombre, y esa pesadez con la que se ofrece a dar el suyo.

- Así que Alys... Un nombre del que deberías estar orgullosa. No hay razón para suspirar así, incluso si ha sido por estar agotada, Es la prueba de que estas viva y existes. - Alentando a ese tono que he escuchado en ella, proseguí con la siguiente parte de la presentación.

- Soy Siegfried, Sieg será suficiente para llamarme. Sin querer parecer atrevido, te preguntaré ahora una cosa... ¿Qué tan lejos está un poblado? Quisiera que tomaras un descanso de verdad en un lugar adecuado aunque ya estés curada. Eso si estás de acuerdo... - Estreché la mano a la chica, a una persona sin un rango divino, a alguien más en estas tierras que puedo decir que es una habitante común.

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Alys el Mar Abr 03, 2012 12:52 pm

¿Qué no se podía hacer nada por el mundo si ya estaba moldeado así? Que palabras mas pesadas para Alys, tanto que posiblemente no las podría olvidar en mucho tiempo. O peor aun, que las recordaría para siempre como una ironía de alguien distinto a ella. Si, el mundo estaba moldeado a base de los deseos de los dioses, de esos dioses que en su momento la habían tirado a su suerte. ¿Qué gracia tenia crear algo y luego descuidarlo de manera tan despreciable? Ni en su verdadera vida ella había escapado de ese capricho de los inmortales todopoderosos. ¿Acaso los dioses crearían vida simplemente para divertirse viendo como estas luchaban en un mundo donde lo peor siempre era una amenaza latente? Definitivamente, en ese sentido cada ser vivo era un condenado, que consciente o no, era un peón más de un juego que jamás entendería. Y aunque Alys lo era en ese sentido mucho mas que el resto, por su condición como alma resucitada para ser un juguete exclusivo del Señor de las Pesadillas, ella contaba con algo mas. Si, el mundo estaba moldeado, pero tenia la habilidad de deformarlo a su antojo. Los sueños eran pesadillas, y las pesadillas podrían convertirse en fantasías épicas a través de sus ojos. Podría sufrir, podría llorar, podría sentir cualquier cosa que proviniera de ese mundo real pero a la vez invisible para ella, pero eso solo parte era su realidad. Ella se movía en su propio mundo, y eso era algo que mas allá de la locura, era un atrevimiento casi ofensivo a los dioses. Si, ellos crearon al mundo, pero Alys lo había reconvertido en algo en donde estos no podrían ejercer sus ideas. Les gustara o no, ella era la diosa de su propio mundo, esa eterna visión que solo la pequeña demon era capaz apreciar.

Aun así, Alys no era consciente de ello. Y solo le quedaba el consuelo que pregonaba el joven dragón. Si solo le quedaba caminar, caminaría hasta redimirse y encontrar la felicidad y la paz. Ambas cosas para ella, era un tesoro, que en algún momento, hallaría o se lo ganaría tras una batalla. La disposición por obtenerla era lo mas grande y poderoso que en ese momento cargaba consigo la pequeña de ojos esmeraldas. Más fuertes que su sangre demoníaca, que su Vorpal que todo podía cortar y su Hobby Horse que cualquier cosa podría partir. Si, definitivamente este hombre de armadura susurrante había sido un gran hallazgo en su camino, más allá de cualquier inconveniente al comienzo. Habiendo tenido de por si el atrevimiento de parársele en frente, la bondad de ayudarla y una entusiasta sonrisa siempre, no podía sentir menos por el, que un mínimo aprecio. ¿Seria posible? No recordaba haber sentido algo así por alguien, y quizás era porque todos los que se encontraban en su camino terminaban de algún modo mal. Muertos o asesinados, como si su compañía fuera de por si una maldición para cualquier ser viviente. Era por esa razón que le había costado dar su nombre a este hombre de sonrisa brillante. ¿Estaría marcado de ahora en más por la parca? Oyó finalmente su respuesta a su presentación, que casi le arrancaba una sonrisa irónica de sus labios.

-Solo podemos dar garantías de nuestra propia existencia. Después de nadie más.- Llego a mencionar Alys antes de que el joven dragón prosiguiera. Sus ojos aun se mostraban curiosos, pero también permanecía una seriedad inmutable en las facciones de su rostro. El le pedía que no suspirara, pero el no podía entenderla. ¿Podría siquiera imaginar que ella atraía a los derramamientos de sangre? La compañía de la parca era una constante demasiado obvia en su vida como para pasarla por alto, más aun cuando era esta era parte responsable de su eterna soledad. Pero si, era obvio que jamás podría saber eso, cuando siguió con su presentación, dando a conocer su nombre. El joven dragón se llamaba Siegfried, un nombre con presencia, y a pesar de ello le pedía que le dijera Sieg, que sonaba más amigable. ¿Por qué no? Después de todo, quien al frente tenía era poseedor de una presencia realmente impetuosa y hacia muestra indiscutible de una simpatía que seguramente prestaba a hacer muchos amigos. Aunque la sorpresa llego mas que nada cuando el tomo su mano, estrechándola en plena confianza. La mirada de Alys por un momento se agrando, mostrándose casi con miedo, aunque era sorpresa más que nada. Una desmedida e indisimulable sorpresa. Definitivamente no estaba acostumbrada al contacto ajeno, mucho menos físico y de un modo tan cordial. Cerrando sus ojos por un segundo, intento componerse y aceptar el saludo. La mano que estaba estrechando era definitivamente calida, y fuerte. La pequeña, por cuestión de orgullo, hizo saber también que no era alguien débil, devolviéndole ese saludo con la misma fuerza. Ahora, ya más calmada, y con una mirada también, más pacifica, tiro un vistazo al par de zafiros que por sobre de encima de ella se asomaban.

-No creo que sea necesario un poblado para que pueda descansar en paz. - Respondió, sin querer llegar a parecer descortés, aunque su tono de voz tan orgulloso a veces se confundía con el de alguien muy arrogante. Pero lo que decía era verdad. Dormir, comer inclusive eran cosas que Alys podría hacer, como tranquilamente no. Si lo hacia, solo era por una costumbre que de su vida pasada había quedado. Su verdad era que su cuerpo era sostenido por la fuerza de Golajab, muy a su pesar.

-Aun así, lamento decirte que no se donde habrá un poblado. No conozco este mundo, de hecho, eres el primero con quien hablo, o al menos eso recuerdo... – Aunque de recordar, pobre Alys, ella en realidad no recordaba absolutamente nada. El único registro que quedaba en su alma era un pesar agobiante, pero que estaba dispuesta a disipar en algún momento. Aunque quizás, eso volvería más interesante el asunto que ahora entre ambos empezaba a tejerse. Dos desmemoriados, acosados por voces y visiones. ¿Qué historia fabulosa podría surgir de ambos? El destino era impredecible, mas aun con dos personajes que parecían escribir su propio futuro a costa de la voluntad de los dioses.

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Siegfried el Sáb Abr 07, 2012 12:37 am

Crucé los brazos cuando la brisa volvió a agitar las hojas y la tierra. Un buen encuentro no es nada mas donde dos personas se matan, mejor que eso es saber si esa persona está dispuesta a ponerse de pie. Por mucho peso que haya sobre los hombros, es admirable ver al que se levanta sin soltar su carga, o el que al menos se arrastra para llegar pronto y olvidarse de eso. Quien se dispone a seguir caminando y acepta el destino, es quien es considerado guerrero de verdad. Por eso el viento nos da una aprobación con la suave corriente, eso es un lenguaje natural, algo que ha aceptado la presencia de nosotros como dos viajeros. Sin rumbo fijo, me llevó mi voluntad hasta ella, igual que a ella se le hizo esperarme. No puede ser coincidencia, ella estando sola y sin conocimientos, justo como yo.

- No es necesario conocer un poblado, si con solo ir a cualquier dirección bastará. Ni tu ni yo conocemos nada por aquí, quiere decir que adonde vayamos siempre será algo desconocido. - Hay algo que estoy olvidando, algo que no puede faltar antes de empezar cualquier viaje. - Eso, si quieres venir conmigo. ¿Qué dices? Mejor que caminar solo, es caminar con alguien que pueda vigilar mientras duermes. Con quien compartir la cacería, detenerse si uno tiene hambre o sed. No tengo prisa, pues no tengo a donde ir, ni nadie me espera. Si no tienes un lugar, no veo problema hacer este viaje en compañía. - No tengo que añadir que estaba sonriendo en ese momento, me sentí afortunado de conseguir a alguien que puede estar en una situación parecida, eso quiere decir que con más razón, este es un viaje para encontrar el pasado perdido, y saber que voy a hacer con mi presente.

- Ya que podemos solo asegurar nuestra vida, no veo por qué no confiar en alguien para eso. No solo es más fácil, sino que te hace más fuerte. - Empecé a avanzar al frente, sin saber si es norte o este, no hay problema. El sujeto de sombrero y capa esta por estas tierras, y lo conseguiré en el camino mientras siga moviéndome. - Por mi parte tengo a alguien que encontrar, un pequeño favor que debo cumplir. No es algo inmediato, pero si no tienes nada que hacer o donde ir, no pierdes nada con buscar a esa persona conmigo. Hey, puede que la venerable te de una recompensa a ti también. - No está de más intentar dar motivación, y esa mujer con cuerpo de niña del templo de los zorros no es mala persona; no me ha pedido nada muy complicado, sin embargo no puedo contar con que acepte que lleve a alguien a mi misión... Pero, la verdad, no me importa. El mundo es de los que son hijos de la tierra, los dioses solo están para guiar.

Si... Todo sobre la tierra pertenece a quienes más vivimos en ella. Un espíritu solo pone pruebas o cambia los andares según su humor, su ánimo, su palabra, y somos nosotros quienes terminamos caminando sobre los pastizales, sobre los bosques, sobre el desierto o la nieve. No vivimos en soledad, porque de algo estoy seguro y la prueba de eso está en todas partes... - El mundo... Fue hecho para ser caminado, y nosotros fuimos hechos para caminarlo. Somos muchos... Porque se supone que debemos caminar en compañía. - Asentí a los cielos, y a la prueba de que mis palabras son ciertas, una corriente de aire proveniente del norte, del sur, o de donde quiera que haya venido, hizo mover nuestra ropa y cabellos. Es señal de que acepta la naturaleza mi desafío, y que nada más la aprobación de Alys se necesita para empezar a viajar triunfantes. - Así que, Alys, debemos ir a buscar todo lo que queramos. Confío en ti, y demostrare que puedes confiar en mí. - Sin más que decir, empecé a andar.

No sé cómo tomará esta propuesta, no sé si ha de aceptarla, o no sé si está convencida que un desconocido hable así... Pero no se hablar de otra manera, y de esa manera veré al mundo. A partir de este momento, si no es que desde antes podía verlo tal cual ahora.

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Alys el Dom Abr 08, 2012 11:11 pm

¿Era posible lo que oía? No, quizás no terminaba de escuchar bien, o sus alucinaciones esta vez le habrían estado pasando una muy mala jugada, haciéndola oír palabras que nunca habían escapado de la boca del joven dragón. Una propuesta atrevida de su parte, aventurera y muy valiente. ¿Quién en su sano juicio habría hecho semejante invitación a la muñeca de porcelana de ojos esmeraldas? ¡Pero claro, el había aclarado que era como ella! Loco, sin recuerdos, sin rumbo fijo. Su mirada no terminaba de salir en su duda, y era algo irónico la situación que en ese momento. En menos de media jornada, había llorado, reído con ironía, intentado sonreír sinceramente, hablado con pesar y ahora esto. Una cara que parecía atónita, como si hubiera visto desfilar frente a sus ojos pájaros de patas y cuellos largos, de color rosa, con sombreros y bastones, bailando una melodía bien alegre y viva producida por una guitarra que era tocada por una rana gigante. ¡Bizarro al extremo, pero esa era su sorpresa! Nunca le habían ofrecido una compañía de ese calibre. Alegre, sin ser cínica. Dispuesta a ayudarle, a curarla si se veía herida, cuidarla si es que por algún motivo necesitaba ser cuidada, pero sobre todo… Sonreírle, de esa manera tan candida y sincera, a pesar de saber que era un monstruo en ese mundo.

Llevo su mano instintivamente a su pecho, en ese lugar donde debía de estar su corazón. Lo que debería de responder, no solo debía ser mera respuesta de su mente, que quizás con tanta paranoia encima tendía a decirle que respondiera “no” a los gritos y luego que huya. Para nada, porque su corazón, su alma, y esa alucinación según Siegfried, que ella había bautizado como Bárnabas, le decían con total seguridad que podía confiar en el, su devaluada vida. La mirada de Alys caía sobre el suelo ahora, casi llegando a ver la punta de sus botas sobresalir por esa abultada falda de color celeste cielo que tenia, manchada con un poco de sangre. Como odiaba verse llena de sangre, no le gustaba, pero siempre tenía algo de eso sobre ella. Su mirada se afilo a la vez que sus ojos se cerraban, intentando calmarse, calmarse solo como ella podía. La frase “todo mejorara” era una mentira recurrente en su cabeza para su realidad tan decadente. Pero… ¿Eso que estaba sucediendo frente a sus ojos era malo acaso? Relajando sus facciones, que eran tenuemente acariciados por sus cabellos caoba que caían a un lado de sus mejillas, lo pensó mejor. Una pequeña y casi imperceptible sonrisa se dibujo en sus labios. Una sonrisa sincera, como esas que había estado practicando en el rió. De pronto, las manchas de sangres que sobre su vestido estaban, desaparecieron como si nada. Nunca habían estado, y el recuerdo de ellas en ese día donde el sol empezaba a erguirse con seguridad sobre la cabeza del peliplateado, haciéndolo brillar con intensidad, desaparecía de las memorias de la pequeña demon.

Escucho entonces con absoluta calma sus palabras, con atención. Hablaba de una búsqueda, pero mucho más fácil a su parecer. Un hombre, una mujer quizás. ¿Qué tan difícil podría de ser? Era una persona, podía dejar rastros, inclusive incrustarse en algún poblado o lugar que con techo se sintiera segura. No era nada, ella tenía una eternidad para buscarlo si es que la parca no respiraba por su nuca antes. Ella podría encontrarlo, el tiempo no era un impedimento. Además, sin duda una persona era más sencillo de reconocer, que algo como la paz y felicidad que ella, en su búsqueda personal, intentaba hallar. Ambas cosas seguramente eran fugaces, invisibles, valiosas. No por nada el propósito de la mayoría de los seres que por sobre esas extrañas y desconocidas tierras, era ser felices. Solo variaba su forma, su sentir, su fin en cada uno de ellos, pero siempre en busca de la satisfacción eterna. Escuchando también que había una recompensa por si hallaban a esa persona, solo dejo escapar un suspiro un tanto irónico de sus labios. ¿Recompensas? No, ella no buscaba recompensas. Si Siegfried quería obtener un tesoro, bien por el, le ayudaría. Alys lo único que esperaba de cualquier travesía en la que pensara embarcarse era redención para su alma tan corrupta.

Fue así como entonces observo a Siegfried comenzar a caminar. Caminaba sin saber a donde, pero con valentía y decisión. Con visión a un futuro y totalmente determinado a cumplir su cometido. El, entonces, dijo algo que calo demasiado fondo en la pequeña que estaba aun perpleja. “Confío en ti Alys”. ¿Confiabas en la pequeña de mirada traumada y con actitud asesina? Si, confiaba. ¡Que responsabilidad y honor cargaba consigo en ese momento! Sin esperar más, adelanto su paso, pero no como podría esperar a su lado. Ella iba junto a el, pero en donde su sombra se proyectaba. El joven dragón era lo suficientemente enorme como para brindarle una sombra que envolviera a la joven de rostro pálido como la nieve. En ese momento, ella estaba cerca de el, a un paso de distancia.

-Aun no creo que diga esto…- Anuncio como premisa. –Pero acepto ir contigo Siegfried… Confías en mi, y algo en mi dice que yo también lo debería hacer. Solo te anuncio que dentro de tu sombra me moveré. Si ella esta detrás de ti, cuidare tu espalda, mas si esta delante, tu cuidaras a la mía. Si va aun lado, estaré ahí, y si desaparece, solo te pediré que tengas la paciencia de controlarme para que no huya de ti. – Peticiono como única condición de acompañarlo. No necesitaba nada, solo resguardar el primer regalo que ese inentendible mundo le daba. La confianza de alguien, y una persona en la cual confiar.
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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Siegfried el Vie Abr 13, 2012 6:53 pm

El poder de verdad son los lazos que se crean. La palabra de un aliado importa más que el ataque de una fiera, y ni cientos de bestias son capaces de igualar la fuerza de dos compañeros. Mucho más lejano de lo que las estrellas están, o lo que puede hacer una flama de un dragón, es la simple oportunidad de tener a alguien que pueda estrecharte la mano cuando estés cayendo de un precipicio, o tener a alguien que vigile tu espalda... Pero, pasa algo que nunca me ha convencido sobre eso. Cuidar la espalda, seguir al otro durante el viaje... Eso significa muchas cosas. Vienen a mi mente imágenes borrosas, partes de lo que me queda de cordura y memoria... Visiones de antaño que he perdido, o mejor dicho, están en algún lugar de mi cabeza.

Partes de una tierra que una vez caminé... Nieve, ventiscas heladas, lobos y sangre. Era la vida que quería tener, y la vida que me tenían permitida, no había nada diferente a ello, todos tenían que ser fuertes, o ser devorados por débiles. No está mal para quienes nacen con el deber de pelear, mejor cuando nacen con la voluntad de hacerlo, y aun mejor cuando nacen y crecen juntos. Ese es el significado de hermandad... Compartir un campo cubierto de nieve, pelear y no dejar de hacerlo, construirse una reputación y el derecho de vivir. No es algo que haya olvidado, es algo que siempre he sabido, y siempre esta ese recuerdo ahí, cuando cierro los ojos o cuando sopla el viento... Cuando la luz del sol hace brillar la armadura, o cuando se que estoy pisando suelo firme. Esa imagen de antes de sus muertes, cuando todos estaban vivos, estábamos juntos...

- Esa es la clave de ser compañero, Alys. Estar con una persona a su lado, por una aventura, por un viaje, por una locura, por lo que sea. Estar junto alguien que comprenda tu locura, por ser también alguien que no esté cuerdo, es un buen comienzo si no tienes a nadie. Déjame ser ese loco, y a cambio te puedo decir que no importa lo que suceda... La única cosa descabellada que no haré, es abandonarte o traicionarte. Esas son las reglas de la vida. - No me detuve para decir eso, no es necesario, ya puede seguirme el paso y con eso estoy satisfecho. Deje los brazos descansar a los lados, y mantuve la vista en alto, porque los cielos serán los que conozcan lo que pasará de ahora en adelante. Si cae la lluvia, si se muestra el sol, o si amenazan los relámpagos.

- Una cosa debo decir. No estoy en desacuerdo con caminar detrás de ti, o que seas tú quien vigile mi espalda... Pero no lo veas como una necesidad, ni tampoco pidas paciencia. - Una amplia sonrisa es lo que muestro, sin quitar mi vista del frente, del propio firmamento. - Porque a un compañero no debes dejarle atrás en ningún momento. Si no hay sombra que mi cuerpo produzca, entonces voy a desenvainar mi espada y la clavaré al suelo, la haré brillar y me sentaré frente a ella... Con eso, tendrás una sombra para descansar a mi espalda, y esperaremos al anochecer para seguir moviéndonos. Si la debilidad no te deja mover las piernas te llevaré en mis hombros, y si quedo herido en una batalla, arrastraras mi cuerpo y con eso nos mantendremos vivos. No hay nada que pueda hacer que el miedo, o la desesperación, me hagan cambiar de idea.

Siendo suficiente de que hablar, y sin mucho que saber sobre ella o sobre mí, el mundo se ha hecho más pequeño de lo que ya era antes... Con cada persona que lo recorre, se conoce una historia más que lo completa. Conoceré mi historia, mi parte de este mundo, y así yo haré también al mundo más pequeño de lo que es...

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Fatus el Dom Abr 15, 2012 4:08 am

Maerapius Chimaera:
Nombre: Maerapius Chimaera [No posee un nombre vulgar]
Tipo: Quimera
Nivel: 1
Elemento: Tierra
Particularidad: Reproductor. [Habilidad de reproducirse rápidamente, en gran cantidad y en casi cualquier ambiente]
Ataque físico: Extremidades, dientes y fuerza bruta.
Ataque proyectil: Ácido.
Talento mágico o psicológico: Inmunidad psíquica.
Dieta: Carnívoro
Hábitat: Cálida
Terreno: Bosques - Desiertos y Llanuras
Organización: Enjambre y solitario
Ciclo activo: A toda hora
Valor: 8 Piedras
Amo: Tagirion

48 ojos son los que observan desde las penumbras a aquellos que olvidaron su pasado y que por culpa de esa ausente identidad están intentando vivir su presente sin siquiera pensar en el futuro, ambos condenados, ambos buscados por la voluntad que todo lo rige y controla. Son meros prófugos de esencias y a su vez conocen exactamente que llevan en su sangre. Malditos por siempre y para siempre, pero como el había dicho estaban juntos...No son algo muy diferente a los esclavos de los Tiranos del otro lado, eso si, ellos eran consciente de eso y lo tomaban casi como una rebeldía. ¿No lo entendían verdad? No se puede escapar una vez que se entró, es imposible evadir algo que controla las acciones y los pensamientos. Muertos estarán a su merced, vivos eran parte de un juego universal. El deseo de vivir es impresionante y eso es bastante respetable, incluso para más de una criatura consciente lo es...Pero no para los protagonistas de esta encrucijada que comenzaba e las orillas de un tranquilo río, en un desnivel. Lágrimas, sangres, sonrisas y hermosas palabras esperanzadoras.

Ironía que con este sujeto, de brillantes palabras y buen corazón, también vinieran los más recientes horrores de una de las criaturas más odiadas y terribles de todas, Tagirion. El que le enseña tanto a mortales como inmortales a odiar sin compasión.

no se hicieron presentes aquellas terribles alimañas sin nombre alguno y sin verdadera razón para existir ya que eran una anomalía con todas las letras, pero se escuchaba muy cerca de allí, entre los árboles y la vegetación naciente un muy molesto zumbidos, como si fueran mil colmenas atormentando la frágil carne de un incapacitado hostigador, ese estilo tan retorcido de justicia, iracunda y perfectamente eficaz. El aletear de un dragón, el chillido psíquico de cualquiera de las bestias mundanas que alguna vez ambos enfrentaron, en caminos muy separados. Ahora que están siendo observados por una entidad inteligente, que instintivamente fue guiado a aquellas extrañas excepciones ¿Que harán? Era obvio que algo malo andaba cerca, ningún fenómeno natural era capaz de generar ese tipo de sonidos agudos y amenazadores. ¡Ah! Y el asqueroso olor que provenía de todas las direcciones...Era obvio y dentro de los que conocían a esas bestias [que no eran ellos] que estaban preparando entre sus piezas bucales una aterradora lluvia de ácido que tiene la capacidad de carcomer carne, huesos y vestiduras. Describir dicha composición química era como estar nadando entre cadáveres putrefactos, encadenados a comida en terrible estado y de por si ya el amargo sabor de alguna que otra alteración en el cuerpo, la muerte la tenían a su disposición...Y era peor si con ese olor impregnado alguna bestias los perseguía, muy irritante, pero a su vez provocador de una furia interminable en aquellos que tienen poco raciocinio. Sabuesos de Tamsus , que ejemplo más perfecto y que masacre si de la nada llevaban ambos esclavos del mismo señor...Y las posibilidades, existiendo el sol, son bastantes probables.

Todos sus sentidos , o la gran mayoría, les advertían que no eran pocos y menos amigables. Algunas hojas de los robles caían debido a la fuerzas del viento que se generaban con su constante vuelo bajo, ruidos desconocidos, chillidos punzantes y el constante zumbido de esas membranas grises perfectamente ocultas en la frondosidad del bosque...Cerca no estaban pero tampoco tan lejos para no causarles un terrible dolor de cabeza, o incluso la muerte. Son elaboradas máquinas de guerra que esperan por ellos y una decisión muy mal tomada, si ellos se movían entonces aquellas criaturas también, pero si salían corriendo no habrá chances de que los persigan, mucho aventurero va al río y esos monstruos lo suficientemente pacientes de que siempre tendrán alimento. Si no son ellos son los seres naturales del mundo, y si tampoco lo son entonces será el cadáver de alguno o sus huevos. De cualquier forma no los ata ningún tipo de moral, solo alimentarse, reproducirse y arrasar con lo que haya más cerca.
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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Alys el Lun Abr 16, 2012 8:45 pm

-Espero solamente, Siegfried, que no sea necesario llegar a arrastrarte. No me gustaría llevar por donde valla, el cadáver del primero que confío en mí como recuerdo. – Llego a mencionar, sin cambiar su expresión que parecía congelada y en ese pseudo humor negro que solo ella entendería y le encontraría gracia, pero sin demostrarlo. Si, su rostro era muy serio, confundiendo a uno por si se encontraba molesto o triste. Sus orbes rodeados de esas aureolas negras, que solo eran producto de la imagen que en su primera vida tuvo, delicadamente delineados de negro y adornados por un poco de maquillaje rosa melocotón para alegrar su mirada tan melancólica eran complicados de leer. Guardaban dentro de esa mirada lastimera, cierto halo de molestia, con la vida quizás, con ella, con los dioses. Apuro un poco entonces su paso, mientras caminaba a su lado, muy calma y tranquila. Le costaba los primeros segundos, puesto que sus piernas eran cortar a comparación de las de su acompañante, y por cada paso que daba el joven dragón, eran dos para la blanquecina muñeca de porcelana. O el debería de alentar su caminar, o ella apurarse, pero como era orgullosa, prefería acelerar que perder tiempo en consideraciones a su tamaño. Además, pareciera que ya se habían acostumbrado demasiado a mantener un ritmo muy veloz, casi apurado. Alys desde que llego se había visto obligada a hacerlo, en combate, o huyendo de aquello que hacia luego de batallar, puesto se horrorizaba de su instinto. Huía así del sol cuando era mediodía y sus rayos de luz, que eran como flechas impiadosas que atravesaban su cabeza y reventaban a sus ojos con dolor. Pero no importaba en lo absoluto eso ahora, porque caminaba al lado de su caballero ojos de zafiro, y la sombra que proyectaba la envolvían entera, cual velo que la llenaban de seguridad.

Caminaron... ¿Cuánta distancia pudo haber sido… dos o tres metros? Cuando la premisa de desgracia a la cual estaba sujeta la pequeña de falda pomposa se empezaba a cumplir. Y en el mejor de los casos, a escuchar, porque el sonido natural que había en el lugar, que envolvía a ambos con ese susurrante corres del agua y esos cepillos verdes de gran altura, se veían totalmente opacados por lo que se acercaba. Sonaba como las cuerdas de una guitarra cuando se la estiraba mucho y quedaba, en su movimiento, temblando, haciendo un ruido extraño hasta que se detuviera. Sonaba exactamente así, pero como si la cuerda se moviera a velocidades increíbles, y fueran muchísimas guitarras las que sufrían esa suerte de puntada. No es que recordara algo concreto la pequeña Alys, porque simplemente no recordaba absolutamente nada. Pero algo que El Portero no supo suprimir en su alma cuando la dejo volver a este mundo de mortales, era justamente los sentimientos que algunas cosas le causaban. Y esa vibración que empezaba a perforarle los oídos, sencillamente le causaba cierto nerviosismo y ansiedad de empuñar su arma. Algo que ciertamente no tardo en hacer, al buscar rápidamente de su bolsillo su cuchilla Vorpal y empuñarla con firmeza. ¿Había ya acaso nuestra pequeña, tenido un encuentro con esos monstruos que se avecinaban en alguna ocasión en su mundo anterior? No solo una ocasión, una temporada entera, donde no solo los que se aproximaban eran sus enemigos, sino un ejército de bichos voladores y rastreros. Insectos sacados de las peores pesadillas. Si, la pequeña ojiverde ya había tomado la costumbre inconsciente de aplastar a insecto que viera luego de aquella ocasión. Pero sin recordar aquello, no sabría explicarse el porque de su afán de asesinar sin miramientos a cualquier sabandija que se le cruzara.

Fue entonces, como a pesar de tener una contextura casi enfermiza y delicada, hizo demostración de la fuerza que poseía con su zurda, al tomar del brazo a su acompañante, haciendo que detuviera su caminar, casi empujándolo hacia atrás. Su mirada se afilo, adelantándose con valentía un paso, mientras que su cuerpo empezaba a prepararse para la batalla. Desde sus cabeza, una pequeña línea de luz azul bajo desde su cabeza hasta sus pies, transformándola entera, aunque ella no se enterara. Dejando una diadema de metal sobre su sien, y transmutando su vestido celestino en uno de color gris oscuro, casi negruzco, pareciendo delicado, pero cocido con fibras de metal, siendo aun así, suave y cómodo, porque no ponía resistencia a adaptarse al movimiento de su cuerpo. Mientras que, con su delantal blanco, paso a estar hecho de cuero duro, duro como el sabueso de Tasmus que su fin supo dar en el bosque. Guantes y botas también de cuero negro, que envolvían sus extremidades adornadas con hebillas era lo último que terminaban de acondicionarla. No se vería más que extravagante con esas pintas, pero seria la armadura que en esta batalla pensaba vestir.

-Te pido disculpas de antemano si batallo por mi cuenta y me cuesta cubrirte si lo necesitas... Entenderás que es la primera vez que me toca enfrentar algo… Con alguien.- Dijo, volteando ligeramente su rostro hacia atrás, buscando que el par de zafiros se encontrara con sus esmeralda. Mirarlo a los ojos era una señal de que era completamente sincera en sus disculpas. Alys no hubiera deseado que una situación así se diera tan rápido, pero el destino actuaba de manera muy rara, mas en ese mundo donde todo parecía tan extraño y a la vez tan familiar. Pero no era momento de lamentaciones, puesto que su sangre empezaba a fluir por su cuerpo extasiada ante la próxima batalla. La violencia de un combate afilaba su mirada buscando ver a su enemigo aproximarse, haciendo que su diestra temblara impaciente. La Cuchilla Vorpal deseaba ser alimentada con la carne o lo que fuera que pudiera cortar en ese momento. Cerro los ojos por unos segundos, intentando controlar su turbada naturaleza. El sonido del enemigo empezaba a acercarse, denotándose en el zumbido que surcaba el aire se volvía cada mes audible. En esas alturas era imposible no darse cuenta, que cualquier aberración que fuera, tenia alas, y las agitaba con la velocidad de una joya voladora del bosque, o colibrí a los ojos menos dementes.

-Deberemos pagar derecho de piso para seguir nuestro camino…- Logro mencionar, mientras esperaba que la matanza diera comienzo. Si el precio era la sangre de alguien mas que no fuera la del ojiazul o la suya, no tendría reparo en pagarlo, o es mas, hasta de dar propinas muy dadivosas. Solo deseaba que el sol presente no le hiciera tener un mal rendimiento en esa danza de espadas y quien sabe que mas. No quería bajo ningún modo mostrarse débil o alguien incapaz frente al guerrero de armadura susurrante.

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Siegfried el Jue Abr 19, 2012 12:02 am

¡Ja! Tuve que presionar los dientes y el estomago para no reír por esa advertencia, por eso solo le respondo asintiendo, pensando en que aun tenemos que saber sobre como pensamos acerca de varias cosas. Lo que dice es verdad, no es bueno convertirse en peso muerto tan rápido, solo que tendré que decirle un par de cosas de las que nunca deberá preocuparse, pero esa es historia para cuando tengamos un animal muerto frente a nosotros y empecemos a hablar mejor de lo que hemos visto hasta ahora que podamos recordar, y lo que pensemos que puede haber. Estando ella de pie, al lado mío, y yo teniendo que bajar la vista a un lado para poder apenas ver sobre su cabeza, me hace notar una sensación que nada tiene que ver con compadecer. Esto es... Si, esto es lo que es estar caminando con un compañero, lo que está siendo cargado en el alma, es el sentido de la seguridad, de la verdadera fortaleza.

Un sentido que no puede opacarse por nada ni por nadie, pues la vista de uno es la del otro e igualmente, mi sombra la cubre de la luz que la lástima, y ella de noche será mejor que yo, que solo puedo ver claramente durante el día. Claro está, que sea oscuro o claro el cielo, el ruido es igual en todos lados, dentro de las cavernas o bajo las nubes, sea sobre un árbol o a las faldas de la montaña, recostado en el pasto o caminando entre peñascos, nada de eso hace cambiar al ruido tanto para decir que no puede ser escuchado. Como ahora, el mismo ruido de aquellos bosques, esa sed de sangre que lo que busca es una presa, de una manera tan poco agradable que ni pareciera instinto de supervivencia, sino intento homicida. Eso es lo que se respira alrededor de estas cosas... Las ganas de matar por solo querer hacerlo.

No tengo problemas con pelear, pues es una de las mejores maneras de conocer a alguien y ganarte su amistad y confianza. Pelear, salvar, y compartir una bebida es lo que construye a los guerreros, y eso es lo que diferencia a alguien que nace para pelear de alguien que sin pensar busca masacrar... Esa es la diferencia de quien es Fuerte de verdad, y quien es sin duda el más débil de todos. Antes, me retiré de esa presencia porque tras haber ganado a alguien que si demostró ser un buen oponente, no estaba en condiciones para combatir algo extraño... Pero ahora es otra historia, ya no estoy solo en presencia, porque Alys me recuerda que ya mi andar deja no un par de huellas sobre la tierra, sino que a su lado hay otro camino de marcas. Su mano detiene la mía, aunque en si ya me había detenido. Nuestras miradas se encuentran, y con otra advertencia que vino después de una disculpa, la respondí yo con una sonrisa desafiante.

Ella está lista para la batalla... Y yo también. Mi diestra empuña el mango de Gram, tomando esa arma sin desenfundarla, que sin mucho comparar es más grande que la propia Alys. No necesito usar el filo brillante de esta espada para acabar con una peste como esta, más que su brillo solo hará que sea una molestia para la chica que ha cambiado de ropa. Cosas de magia, que denotan su seriedad.

- Si... El derecho de pasar, se gana con la victoria. Lástima, que estas cosas no merecen tanto respeto. - Insectos, un montón de extraños bichos enormes, que con notar nuestro deseo de pelear, se lanzaron con sus ansias de matar sobre nosotros. El primero, atacando desde mi derecha, encontró su final siendo aplastado por el peso de Gram sobre su cuerpo. No fue más que mover la espada de manera vertical sobre su cuerpo, manteniendo la postura y dejando caer el arma con todo y funda, para triturar casi todo el cuerpo de esa cosa contra el suelo. - Alys... Nada de que disculparte, si esta es la primera ver peleando junto con alguien, ¡veras que hay pocas cosas que son más divertidas que estas! - La primera sangre es para nosotros, y ellos ni tendrán el placer de llevarse siquiera una muerte... Pues no permitiré que maten a Alys... Y, por supuesto, que no tomen mi vida.

- Alys, lamento que mi mala suerte te traiga estos problemas, pero piensa que es una oportunidad de saber lo incomparable que es pelear junto un compañero... - El siguiente ataque de mi espada golpeó a dos que venían desde la izquierda, cosa que incentivó mas al resto a cargar juntos. Ahora si empezaba lo complicado...

... Esto es... La emoción de la batalla...

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Fatus el Dom Abr 22, 2012 5:32 am

Rastreadores inhumanos persiguen almas condenadas, saltando entre los viejos robles de Tamsus. Aunque fueron aquellos aventureros los que se dieron cuenta que su destino podía condenarse en ese mismo instante; miles de ojos negros imponen su maldición y su perjuicio en los que visten placas y portan relejes mágicos. La sangre en torrenciales caudales promete corromper los desperdicios de Nueva Leone, ciudad que se puede observar desde esa misma posición, entre miles de robles esmeraldas.
Brillante, como un noble grifo que virtuoso contempla los azulados cielos de este mundo perdido. Bien aventurados son aquellos que sueñan con tocar este eterno firmamento, pero lo que no saben es que ahí no se encuentra el edén, la tierra prometida no existe y no se acostumbra a diferenciar entre mártires y cobardes.

¿Que pasaría con ellos si acaso el Señor del Infinito deseaba matarlos? ¿Caerían como su pretérito en el olvido eterno? No había que olvidarse que ella había escapado, por morbo de un tercero, a su mundo verdadero mientras que el otro portaba a su peor enemigo dentro suyo. Cierto que nobles y rufianes nacen y mueren en el mismo lugar ¿Pero quienes desenterrarán sus tumbas? ¿Serán aquellos que les enseñaron a amar, o serás sus eternos perseguidores? El viento susurra que ellos no deben de padecer, que sus almas no tienen que entregar a Tagirion, No habría vuelta atrás...No habría siquiera razón para tener piedad en seres un par de entes tan débiles que caen rendidos sin más en las siniestras manos de los que gobiernan el más Allá. Tiranos fundidos en sueños rotos y lágrimas de agrio sabor.




Membranas negras velozmente avanzaron a su posición, pero manteniendo una distancia lo suficientemente segura para que ni siquiera la más larga alabarda pudiera alcanzarlos, a unos escasos seis metros de distancias. Era una instancia claramente defensiva pero estas criaturas no tenían verdadero interés en destrozar a sus presas con sus largas y desnudas extremidades de ave rapas, sus ojos negros reflejan el fuego psíquico que las conecta, un nexo invisible, una simple mente de enjambre que los ayuda a cubrir el flaco que otro individuo no pudo o no supo cubrir, estos monstruos están más allá del instinto, ellos son la perfecta especie para sobrevivir y consumir el mundo y a todos sus habitantes. ¡Ellos debían de impedir que ese brillo furtivo amenazar la carne que constituye este planeta de nombre y proveniencia desconocida, a fin de cuentas se había convertido en su verdadero y único lugar al cual podrían llamar hogar.

A aproximado el metro noventa de distancia con el suelo estas quimeras de amarillo y rojo volaban con sus membranas de colibrí, filosas como una espada y con la capacidad de provocar una tormenta de hierbas e insectos extraños. El aire quebrarse, las agudas enfurecidas...Todo lo que es natural es lastimado el silbido infernal que esos artesanos del terror generan. Estos igual de formidables son, pero para peor, seguramente sabían absolutamente todo de como ellos luchaban...Es decir ¿Que habría de anormal que estuvieran repartidos de manera aleatoria por el bosque? Estos monstruos habían seguido y hasta habían hecho huir al guerrero de respetable porte y ardiente espíritu, y si había algo que aprender de este hombre es que su fuerza era suficiente como para hacer frente, no fácilmente pero si a casi igualdad de condiciones que la de uno de estos. La estrategia contra el había sido relativamente pareja a con la otra, de cual el único conocimiento que obtuvieron es que podía transformar la realidad de alguna forma u otra, huele como el elemento absoluto pero dudaban que estuviera despierto del todo...Incluso aberraciones aparentemente rabiosas tenían un cuidado casi exquisito con su enemigo. Para empezar, a Tagirion no le agradan de todo las derrotas, y sentir que uno de sus esclavos muere a manos de un mortal simplemente es como insultarlo y escupir su cara, para luego huir entre risas. En su eterno cometido debían de reproducirse más y más para ganar terreno, el fin y la consecuencias son cuentos viejos que hasta el más inocente de los Natura podría relatar.

Con esa convicción estos monstruos se lanzaron al ataque, divido en tres grupos, el primero en moverse era el encargado de sobrevolar las aguas del río para arrastrar a la perdición al extraño de armadura, el ejemplar más grande sobre la derecha mientras que otros dos que muy apenas eran reducidos en tamaño por la izquierda.

Rápidos como las fechas de una ballesta estos seres salieron disparados, era atípico pero ese aletear había transformado su ritmo a un aún más frenético que el que llevaban, describir la rapidez con la que sus cabezas rojas fueron víctima de una rápida finta para cubrir sus flacos era delirante, pero real, Y cuando estuvieran los tres metros cumplidos para el del lado derecho la historia tendría un final bastante más insólito. Su cercanía era suficiente para que el guerrero aprovechara tener una baja, pero esa criatura había optado por fulminarlo a quema ropa con el digestivo ácido que había preparado entre sus piezas bucales. Con la capacidad de quemar la piel y arruinar las armaduras, y claro, corroer el alma ¿había un bien que pudiera detener su efecto? Sería más difícil si concentrado en un gran bolo verde, de olor nauseabundo, se materializaba. Y es que fue tan fuerte su disparo que aprovechó que desvirtuó con un ráfaga seca de sus alas ese cuerpo amarillento hacia atrás, tomando dos metros de distancia sobre su lateral derecho luego de expulsar dicho ácido directamente a la cara. Si no era rápido...Bueno, dejaría de tener una expresión clara. Quemaduras y malformaciones era lo de menos, simplemente podía morir si por alguna razón tragaba o exhalaba ese digestivo con entusiasmo. ¡Pero había otro problema! Había dos ejemplares del otro lado y estos de manera muy peligrosa dividieron su función. Uno de ellos directamente atacaría su espalda pero no con su extraño aguijón de garfio sino que utilizando sus extremidades intentaría aferrarse a sus hombreras, entre esas placas de restos vivientes que alguna grieta deberían de poseer, o no, simplemente esas afiladas garras negras se engancharían con dificultar a él para intentar hacerle perder control de su estabilidad al comenzar a jalar al mismo hacia el suelo, demostrando la fuerza que empleaba en revesar, casi como si fuera una grúa, pero que deseaba derrumbar para así acabar con su aventura. Caído no le quedaría nada en esta vida, garantizar era la función de ese espécimen, que también tenía lista una carga de ácido, pero que decidió no desbordar, para no perder la carne de ese espécimen. El último de estos simplemente intentaría quitar el equilibrio del guerrero con una fuerte embestida con todo su rugoso y muy extrañamente sólido cuerpo, tanto que no crujía como un insecto, sino que era una réplica de un arma bélica. Cubierto por una coraza, el peor de los males es que la misma lo lastimara, pero su función principal es hacerlo caer.




Ahora bien, el otro espécimen más "débil", la demones. La primera ventaja es que era de día, el sol es fuerte y se filtra entre los robres que las afiladas alas que estas criaturas poseen, estos monstruos no sabían realmente lo que ella era, pero aprovecharon el digestivo ácido que poseían para atacarla de una forma más elaborada que a su compañero.
Debían separarlos,a toda cosa, les ganaban en número y realmente solos no podrían hacer nada contra seis esclavos del otro lado, aunque fueran la base de la pirámide. La estrategia para separarlos sin embargo era muy extraña, y hasta podría decirse que afectaba casi directamente al guerrero de imponente armadura y contextura.
Ese ácido corrupto se manifestaría en forma de lluvia, gruesa lluvia que saldría disparada de manera horizontal y hacia la opaca figura de la mujer, impulsada por el viento físico de las alas de las criaturas, disolviendo plantas y algún que otro insecto, eran como tres cañonazos líquidos que no irritan sino que perforan la piel. A seis metros de distancia y disparados a la misma vez era como un caudal paralelo, y es que había una trampa allí, deseaban que abandonara su posición de alguna forma u otra. Al hacer esto, y posicionados uno a un lado del otro, el del extremo izquierdo había decidido hacerse más para su posición mientras que le derecho terminó por adelantarse a los 4 metros de ellos, estando estáticos y en su posición inicial, como terminaría la otra criatura que de ser todo perfecto harían una sincronía simplemente explícita.
Como el ácido no reaccionaba al cuerpo quimérico de ellos simplemente lograba otra desventaja. Y si todo era lo suficientemente claro en su primer movimiento entonces la batalla parecería terminarse ahí. Simplemente porque las distancias eran menores, y la rapidez de prácticamente cualquier usuario se podía resumir a un salto o unos muy pequeños segundos.

Como detalle, ambos ataques se realizaron al mismo tiempo, aunque cada uno había sido "Pensado" para cada individuo en particular. Trazando una estrategia distinta con cada uno.



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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Alys el Dom Abr 22, 2012 10:34 pm

Un temple serio logro inundar completamente el rostro de la muñeca cuando hoyo las últimas palabras de su compañero, segundos antes de que las bestias aladas hicieran su aparición. El, tan entusiasta, sonriente, se disculpaba por esa suerte de ni bien empezar sus caminos como uno, el destino los intentaba golpear con insectos sacados de alguna horripilante pesadilla. ¿Seria acaso una metáfora de que los dioses los veían como tal, pequeños, insignificantes, que ni siquiera merecían mandar a una verdadera bestia contra ambos? Era muy probable, aunque los Dioses serian mejores testigos que nadie, que la cosa mas pequeña puede ser el peligro más grande. Inclusive los Heres, que en su mortal existencia lo entendían perfectamente. Podría una simple musaraña robarles el ultimo aliento de vida, sabían que no todo era lo que parecía, y las cosas mas inocentes solían estar cubiertas por esa apariencia de bondad, para ocultar a las criaturas mas maléficas y dañinas que uno podría conocer. Pero el hecho de que su caballero de armadura susurrante se adjudicara la mala fortuna instantánea sobre las cabezas de ambos, era definitivamente demasiado. Si, bien era cierto que la castaña desconocía el pasado del guerrero que tenia al lado, mas allá de que este era tan borroso como para ella, pero de algo estaba segura. Que ella tenía sobre su alma y su cuerpo la maldición de ser el juego preferido del Señor de las pesadillas, y que por eso mismo siempre estaría de algún modo, sobre un tablero de juegos, donde ella era una pieza. Y no, no solo ella ahora, puesto que arrastraba a Siegfried a ese mundo del cual deseaba escapar. Si hubiera tenido mas tiempo en ese momento, quizás Alys le habría respondido ese comentario diciéndole que no era necesario justificarse por sus pecados. Que también se sentía culpable por el hecho de que mientras el le ofrecía su confianza, ella solo podía darle el constante acoso de los enviados del otro lado, y que no le gustaba en lo absoluto que el se viera envuelto en eso, ya que la luz que irradiaba merecía, por lejos, un mejor destino del que ella podría llegar a aspirar. ¿Pero de que servia que ambos se disculparan por eso? Eran guerreros, su razón de vivir estaba en exterminar aquello que los atacaban, y por más culpa que tuvieran ambos, si la compartían siempre seria menos. Eso era la ventaja que daba viajar en grupo, aunque la pequeña no lo entendiera del todo. El compañero que te ayuda, las penas que se dividen, y la victoria que se multiplica. Siegfried intento decirlo en su momento, pero recién ahora, y si salían airosos de esa situación, lo comprendería.

Noto entonces, con velocidad la cantidad de enemigos que en frente tenían. Seis abominaciones que le causaban una punzada sobre su cabeza, como un recuerdo doloroso, que le producía un sonido entrecortado vinieran con el zumbido que producían esas deformaciones al volar. Irónicamente, la mente de Alys se tomo la libertad, perezosa quizás, de no darles una nueva imagen a estas criaturas, mas que el ponerles una burlona sonrisa, entre esas mandíbulas partidas con colmillos que poseían. ¿Se reían de ellos solo porque eran mas, o que estos eran muchísimos mas grandes que la pequeña Alys? Malditos insectos, si algo que tenia la pequeña de ojos esmeraldas, era orgullo, y demasiado. ¿Verse ridiculizada por un enemigo tan desagradable como lo eran ellos? De ningún modo, por lo que estaba muchísimo mas inspirada en exterminar a todos ellos, demostrándole de paso su Joven Dragón, que a pesar de la miseria que pudiera atraer en su andar, ella sabría enfrentarlas. Quería cuidar esa confianza que se le había depositado con todas sus fuerzas, el primer tesoro que hallaba en ese mundo tan distorsionado y violento. Aunque en ese momento, sus acciones podrían haberse visto algo contradictorias a lo que por su mente pasaba de un modo fugaz y táctico, calculadora como solo ella podía ser. ¿Su primer movimiento? Una obvia retirada, pues como esas criaturas guiadas en masa lo pensaron, no se habían equivocado en su primer movimiento estratégico. No podría hacer demasiado desde su posición, ni para ella, ni para el compañero que estaría dispuesto a ayudar con recelo. Un segundo, un instante ínfimo en que la muñeca dejo de verse tal cual era y se convirtió en un maremoto azul de mariposas luminosas que volaban rabiosas hacia atrás. Quizás lo último que se había podido observar en las facciones de Alys era una mirada con cierto asco, producto del olor desagradable y nauseabundo. No había otra idea de en la mente de la pequeña que debía de eliminar esas criaturas y corregir la corrupción que emanaban, materializada en esa peste repulsiva. No sabia si realmente sus ropas lograrían salvarla de ese acido pestilente, pero no se quedaría a averiguarlo, y esperaba de algún modo, que la armadura de su compañero, susurrante y mística, supiera tolerarlo.

Ahora, ¿Cual seria su movimiento después de convertirse en tantas bellezas voladoras, para escapar del acido con el que era rociada? Muy sencillo, y era como en su primer momento prometió a su Joven Dragón, que seria cubrirlo en su espalda. Alys había notado la presencia de un abejorro demoniaco detrás de ellos, pero su ataque definitivamente venia destinado a quien el cabello plateado y largo poseía. De ningún modo, si lo notaba así. El choque entre las mariposas que se movían endemoniadamente en un remolino danzante de alas, se termino en el mismo instante en que se encontró cara a cara con una de las quimeras. Si bien estas bestias eran rápidas con sus alas zumbantes, la pálida joven no se quedaba atrás. Aunque tanto atormentada por su naturaleza, ser un demone le daba una velocidad sobrehumana, mas allá de lo normal, y ni para que mencionar la fuerza que sus delgadas extremidades podrían llegar a tener. Esta avispa se dirigía con sus dos garras delanteras, como si ganchos fueran. Por poco le recordaba la manera en que el gato cornudo que supo aniquilar épicamente atacaba, con sus zarpas por delante, pero esta criatura, a pesar de verse más grande, debía por lo tanto ser más liviana que el toro felino que supo levantar con una mano. Aprovechándose de esa premisa, plantándose en esas milésimas llenas de frenesí, un remolino de viento conformado por plumas y mariposas impulso firme a Alys en un salto que hizo alcanzar al primer enemigo. Frunciendo su ceño con rabia, tomo una de las patas, momento en que dio gracia tener guantes para evitar el contacto de su piel con aquella escamosa y peluda, para arrojarlo con fuerza sobre el suelo. Efectivamente, su peso era muchísimo mas liviano que el gato cornudo, explicándose de ese modo que pudieran volar.

Pero eso no seria todo lo que haría. Porque ni bien caía de nuevo a la tierra, la cuchilla Vorpal que llevaba en su diestra, y que hasta el momento se había mantenido pasiva en la lucha, trasmuto hasta tomar la forma de lo que ella normalmente le diría Hobby Horse. Aunque este no era ni remotamente parecido a lo que la última vez fue. No quedaba nada de la imagen de ese caballito de aspecto barnizado con mirada redonda e inclusive inocente. Transformado estaba, en un cetro esplendido de metal aparentemente, de empuñadura torneada, sobre la cual se erguía la cabeza de un caballo carmesí, de mirada molesta, y de melena cuadrada pero filosa. Metal puro, incorrosible, y que con mucha puntería estaba dispuesto a hacer explotar a la cabeza del monstruo con el cual combatía. Y de ser así, no dejaría el cadáver de manera respetuosa. ¿Alguna vez había mantenido respeto por el cadáver de un monstruo? Simplemente nunca, porque jamás alguno se había ganado su respeto. Toda su vida había sido como un morboso juego del cual, supo aprenderse las reglas y jugar como la mejor, invicta de la muerte y cualquier cosa demente y retorcida que por delante de ella se interpusiera. Lo que pensaba hacer Alys ni bien explotara la cabeza de esa monstruosidad, era levantaría del piso usando a su Hobby Horse como una espátula, liberándola al aire para posteriormente golpearla con su arma, cual piñata. Y transformándose así, en una pelota de carne de aberración pura, con la cual intentaría golpear a alguno de sus pares que aun cabeza poseían.

Alys en ese momento tenía fríamente calculada esa jugada, por lo que al menos su primer movimiento de su estrategia seria perfecto, como el del enjambre seguro lo fue. Lo que viniera después, era cuestión de suerte o habilidad. Y por mas que la primera no la favoreciera, ella tenia tantas matanzas encima que definitivamente no se dejaría intimidar por un numero tan pequeño, y más en compañía... Más con esa aura de violencia sin limites y rechazo subconsciente, que deseaba aniquilar esos insectos. La guerra en si misma era un juego, el cual estaba acostumbrada a jugar. Tendría desventaja en número, pero estaba por primera vez acompañada. Y ansiaba de manera insoportable el saber que era ganar con alguien a quien sonreír con seguridad, después que las armas terminaran de cortar el último pedazo de carne.

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Siegfried el Lun Abr 23, 2012 10:02 pm

Una vez un hombre caminó sobre la tierra nevada, y al ser atacado por las bestias, no sabía hacer otra cosa más que defenderse. Sin armas diferentes a sus propias manos, sin armadura que no fuera su propia carne y piel, sin fuerza sobrenatural capaz de superar la voluntad sin final de vivir. Supera a los monstruos enormes que son tan altos como arboles antiguos que dan sombra bajo el sol, o tan salvajes que son capaces de desencadenar avalanchas. Nada es más peligroso que el deseo de la victoria cuando eso significa continuar viviendo... Peleando. Esa es el propio significado de la vida, la pelea sin fin para lograr algo, sea pasar una prueba, derrotar a un rival, encontrar el alimento o poder complacer a la persona importante. Cuando se es consciente de esto, la espada no la portan los brazos, sino el espíritu. Lo que determina la dignidad y la fuerza, lo que hace que un mandoble derribe gigantes o proteja el hogar...

No hay que temer ni al dragón, ni al kraken, ni la hechicería del loco ni los gritos despiadados del Rey de los genocidas... Hay que temer a quien sabe lo que significa combatir, y a quien sabe cómo se debe combatir. Quien sostiene su arma sin miedo y conoce las penurias y felicidades de lo que significa pelear. La violencia es inevitable y la victoria una obligación, pero suficiente hay con la humillante derrota del enemigo y la gloria de ser superior. Quien no puede entender un principio así, no es apto para ser llamado siquiera peleador. No es más que un vil insecto que no conoce otra cosa que no sea matar y cazar, y aun los insectos son mejores, pues sus enjambres devoran para sobrevivir y expandirse... No creen en el exterminio sin razón, todo obedece a la supremacía de la especie, al igual que los lobos, los osos, y los Heres hacen.

Sieg... Quienes pensaron de este modo yacen muertos en los campos helados que yo azoté con mi flama. Yo terminé con la barbárica búsqueda de gloria, y con la vida de caballeros que por muy valientes, no podían superar una verdad sin punto de comparación... Ellos, ¡ERAN DÉBILES! ¡TU BIEN SABES LO QUE OCURRE A LOS DÉBILES ANTE EL FUERTE! ¡El camino del débil es la debilidad, llevando al final prematuro, a ser devorado por su incompetencia! ¡A SER LA PRESA DEL FUERTE! ¡Quien está dispuesto a vivir, está dispuesto a matar! ¡Muéstrame Sieg! ¡Muéstrame a mí, tu Karma, tu Alma, tu Propia Sangre, que mereces ser llamado Dragón! ¡Qué mereces ser llamado Monstruo entre Monstruos!

No debo pensar mucho para saber que esa cosa esta rugiendo desde el propio centro de mi espíritu. Sabe que si muero él también lo hará, por eso su fuerza se transmite a mi cuerpo al igual que las maldiciones y favores de los Dioses pasan a través de los huesos y se hunden en los hombros. No es diferente de ser apuñalado en la espalda por una espada, que atraviesa el pecho y hace pensar que se está a punto de morir... No es necesario pensar demasiado, pero con todas sus fuerzas quiere mover mis brazos y piernas de forma que con un movimiento rápido bloquee ese asqueroso disparo que iba directo a mi cara usando a mi arma cubierta con la funda sagrada Midgard. Nada puede mellar ese acero, ni siquiera la caída de la pata del Gran Espíritu sobre su cuerpo, menos podrán hacerlo unos monstruos que intentan compararse con verdaderos guerreros. El instinto, o el peso propio de quien grita dentro de mi sangre, me hizo girar con suficiente velocidad, tal cual sería la zarpa furiosa de un dragón, para poder poner la funda frente a mí y detener la línea de bolas llenas de peste.

Alys al haberse apartado del camino de ácido de alguna manera, defendió mi espalda de uno que pensaba atacarme desde ese punto ciego. Su velocidad y tamaño le permite competir mejor contra esas cosas... Pero me dio una idea con ese movimiento tan repentino, y con eso creo que puedo defenderme y atacar a la vez. Lo primero, blandir mi arma con suficiente fuerza para sacudir lejos el ácido de la funda de Gram, no siendo una molestia para cuando deba sostenerla cerca de mi compañera. Para continuar, lo que puedo hacer es encargarme del que ha quedado libre después de que la chica lanzara uno contra la tierra, por lo que usando la espada para dar un golpe en un punto, golpee debajo de lo que parece ser la mandíbula del insecto, obligándole a mantener la maldita boca cerrada, dando oportunidad para aplastar con mi arma sus alas, y de paso someter todo su cuerpo contra el suelo, justo como hace ella con esa alabarda que no puedo ver bien. Es muy rápida, más que yo.

- Si pudiéramos quitarles la coraza... - Para rematar al animal bajo Gram, empuje la espada por uno de los espacios de su armatoste de insecto, protegiendo que no salieran de ese liquido raro cuidando con la propia punta del arma que no se expandiera, dejando que la fuerza de Fafnïr aplastara a este hasta que dejase de moverse. Poco tiempo tengo para ver morir a un desgraciado, pero pude arrancar una de esas placas que tiene alrededor del cuerpo. Sé que esta cosa es toxica, pero me es suficiente si puede bloquear uno que otro ataque de ellos.

... No tengo nada que mostrar a un lagarto que ha muerto por mi mano... Ni mucho menos mientras pienses así. Es cierto, el fuerte aplasta al débil y nunca cambiar eso, es una de mis verdades; pero el débil no debe serlo por siempre, por lo que el fuerte está destinado a ser aun más fuerte de lo que es... O caer por la voluntad de quien antes él llamaba inferior. Es por eso que el número no importa, ni las intenciones, ni la estrategia. No estoy dispuesto a ser nada... ¡A excepción de ser el vencedor!

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Fatus el Vie Abr 27, 2012 1:31 am

Es impensable ver como el plan de los Dioses funciona en todo su esplendor. ¿Será verdad que cada segundo es medido a ojo de águila por estos nefastos entidades? Debe ser aterrador saber que son solo dos experimentos, que veinticuatro ojos habían absorbido toda la información necesaria, y que estos seres vacíos , a pesar de no poder sentir terror, obedecían a una consciencia superior y esta les había ordenado algo, una simple palabra, seguramente una de las pocas que podían entender. "Huir".

El primero de aquellos en morir, en manos de la muñeca de tinte deprimente, había contaminado los eternos jardines de la gran bestia, que con su mirada inquisitiva parece revivir aquella frustración proveniente del karma que muchas personas creen poseer al ver morir todo a su alrededor, y es que ciertamente le mundo entiende el dolor de los Heres y que tan cruel es el Destino para enviar cobardes sin nombres a carcomer la sangre de los inocentes. Y es cierto, nadie lloraría a Alys, nadie sentiría pena por Siegfried, pero la llama de la existencia es vital en ellos. Ambos escapando de lo inevitable ¿Como se sentirán que lo totalmente impredecible escape de ellos? Observar como ese líquido verdoso se derramaba a los pequeños pies de esa figura delgada, como esas membranas negras caían al suelo con pesadez mientras que esa roca de gran peso que era aventado contra un ejemplar agresivo que atacaba al Gran Guerrero del hielo por su flanco, no había llegado a embestirlo, la precisión había sido buena y justamente ese pedazo de ámbar impacto contra el amarillento y podrido sacrilegio que funcionaba como cuerpo vacío a esa maquina débil pero numerosa de guerra, ambas por la fuerza del impacto caerían al salvaje río, o en realidad a sus orillas, terminando siendo demasiado peso para ese zángano el cuerpo de un compañero claramente inútil que no tuvo la rapidez de matar a su enemigo. Pero fue un glorioso experimento, el grito psíquico que produjeron fue suficiente información para que las tres destinadas a atacar a la muñeca retrocedieran...No, terminaran escapando a toda velocidad al ver a sus compañeras morir, por sobre el río, donde los rayos del sol y el verde esmeralda de los robles son cómplices del cobarde.
Y es que el honor, el respeto y la supervivencia no existen para los esclavos ¿Sobrevivir a qué? ¿Si estos seres no son más que cuerpos vacías programados para cumplir un cometido? Son los ojos de los Grandes Señores y para ellos tanto un Heres como una quimera tienen el mismo valor. Fueron descartados, como quien bota a un despechado y un exiliado. En ese punto aquellos dos habían ganado, habían triunfado porque sus depredadores huyeron en medio de su tarea. El recuerdo hubiese significado extrañes, pero como ambos habían perdido su pretérito, solo un pequeño detalle que se perdía en el cielo azulado de la estrella blanca.

Alys había destrozado a ese ejemplar con una morbosidad bastantes conveniente. Utilizando los restos de esa criatura para dejar a otro individuo retorciéndose al no poder hacer fuerza para levantarse. Sus extremidades no servían para levantarse, sus alas están aprisionadas contra el rastro de algunas piedras, sin mencionar que están húmedas como su cuerpo que genera un extraño zumbido agónico, pero no lastimero, sino que estaba rabioso, como si se tratara de una convulsión. Por su parte el gran caballero de tierras heladas habían hecho su trabajo con eficacia, había escapado de una dolorosa muerte con cierta habilidad, y cuando su ejecutor intentó poner sello final este simplemente terminó por destrozar su cabeza de ocho abismos para así aplastar su quebradizo cuerpo sólido. Cuando Gram se impulso entre sus gigantescas alas negras lo que sonó no fue un exoesqueleto crujir, parecía haber golpeado un fuerte lingote de plata, aunque claro, tanta presión, que luchaba contra la fuerza de esa criatura terminó por aplastar todo el sistema nervioso , como también las glándulas ácidas que era su cuerpo. Las quimeras al morir se transforman en su elemento, dura, descolorida y desolada. Es tan exagerada su manifestación de la violencia que al ser aplastada su anatomía sus ocho ojos negros reventaron en una mezcla desagradable de pus y ácido que se carcomía a si mismo. Y es que la fuerza de ninguno es suficiente como para aplastar ese cuerpo, solo su cabeza y lograr la presión suficiente para reventar toda glándula existente. Así es como se le arrebata la "vida" a estos títeres vivientes.

Sin otros depredadores que atacaran, con solo el recuerdo del zumbido anterior solo quedaba una especie de estos seres viva, atrapada en un laberinto físico en el cual no podía escapar. La extremidad de su abdomen rompía las pequeñas piedras y rasgaba el barro a su vez que recortaba el césped parasitario de la orilla. El resto de sus extremidades no podían tomar alguna grieta de lo que era su compañero, o quizás si, pero boca arriba, humedecido, iracundo y ciego...Como mucho podía escupir y escupir ácido hasta ahogarse a si mismo, cosa que parecía dudosa ¿Acaso ese monstruo respiraba? Sabrán sus creadores si lo hacía o no, pero al menos el mal había acabado..Por el momento.
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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Alys el Sáb Abr 28, 2012 3:29 am

El asco que la joven de piel de porcelana sentía por los insectos era indescriptible. El crujido que oía cuando los aplastaba, dejando libre a sus entrañas que parecían una pasta gelatinosa, le daban ganas de vomitar. No faltaría el caso de que los insectos a quienes le diera fin, fueran apestosos, y libraran un olor vomitivo aun muertos. Olor que justamente supo impregnar su nariz, haciendo que la arrugue, y contuviera con toda su voluntad el deseo de vomitar. En el mismo momento en que azoto su Hobby Horse contra la cabeza de aquella quimera alada, cuya imagen era la de una avispa monstruosa, fue el momento en que borro completamente esa sonrisa partida y burlona que tenia. Es más, inclusive fue tanta la fuerza y la bronca con que lanzo ese golpe, que el mismísimo cetro se lo recrimino en un momento, relinchando. Su arma hablaba, y hablaba como lo que lucia, un caballo. Aunque, era muy probable que el quejido del arma no solo se debiera a como estrello su trompa contra el suelo, sino por haberse impregnado de ese liquido purulento que brotaba de las entrañas de ese monstruo repulsivo. Pero, no era lo que en ese momento importaba. Parte de su asco y deseo de matar a cualquier insecto que tuviera al frente, había sido aplacado, pero no del todo. Había más insectos, y le erizaba la piel con grandes deseos de destrucción el saber que seguían vivos. Por esa misma razón no reparo demasiado en las pequeñas gotas de ese liquido apestoso que salpicaron sus botas, y parte de su delantal. No dejaría pasar mas segundos, sabiendo que había varios monstruos mas por delante, y por sus costados, no solo con intenciones de causarle mal a ella, sino de que tenían el atrevimiento de intentar lo mismo con su caballero de armadura susurrante. Y eso era algo que simplemente no permitiría, porque de algún modo, el hecho de que alguien depositara confianza en ella, y la ilusión de que ella podría realizar lo mismo con esa persona, la llenaban de emoción. Quería dejar de deambular sola, y anhelaba con muchísima fuerza el seguir teniendo esas sonrisas tan llenas de confianza y paciencia que el peliplateado le brindaba con tanta paz. Aun a sabiendas de que su compañía, significaría compartir con el su mala suerte de atraer desgracias, quería demostrarse en ese mismo instante, el saber si era bueno seguir con el o no. ¿Qué sucedería de no poder llegar a protegerlo del mal, en ese momento? Con dolor, quizás mas que el que le producían esos fantasmas de un pasado inexistente, daría fin al combate, y cabizbaja huiría del lugar. La luz de Siegfried era demasiado divina como para que por su culpa, fuera eclipsada por alguna desgracia.

Y fue por esa misma razón, que ingeniosamente actúo apenas termino de matar a ese insecto. ¿Darle un uso útil en la vida? Claro, podría asemejársele, porque de por si su existencia era el ser un engrane mas de lo que era una maquina de matar, lo dignificaría al fin, si realmente matara cosas que debían de ser muertas. Lo había planeado, pero la velocidad con la que movió sus brazos, al ver que al frente habría un insecto que estaría en un lugar muy comprometedor para su compañero, ni siquiera se paro en medir distancias ni tener en cuenta técnicas. Con su Hobby Horse de nuevo en el aire, apuntando a instinto, movió sus brazos cual péndulo, golpeando el cadáver de la abominación, arrojándolo con una fuerza y una velocidad monstruosa hacia uno de sus compañeros aun vivos. Ella quedo entonces parada, inmóvil, tratando de recuperar el aliento sobre su ser. Empezaba a sentir cada vez mas sobre su cuerpo, los efectos del sol y estos no eran en lo absolutos livianos o tolerables a aquella altura del partido. Se había lastimado rodando por esas colinas verdosas, sufría el sol desde que por esos parajes llego, más la luz de la vaina de la espada de Siegfried, que incendio su piel, aunque curando sus heridas. ¿Hacia falta mencionar la batalla que ahora mismo libraba? Estaba bajo demasiada presión en ese momento, y su respiración pesada con su mirada un poco difusa, se lo advertían de manera amena. Era demasiado en tan poco tiempo.

Sin embargo, Alys no era una criatura que se rendiría por el cansancio. Era terca y muy orgullosa para sucumbir ante una sensación como lo era esa. Lucharía sin importar las consecuencias, o hasta que su cuerpo se revelara y la tiraran al piso sin poder hacer nada al respecto. Fue por eso que su mirada quedo fija para constatar el éxito de su ultima jugada. Y como ella pretendía, todo había salido de acuerdo a sus planes, pero no de manera completa. Aun así, debía darse un poco de crédito, y llenarse un tanto de alivio. Siegfried supo defenderse de aquel vomito corrosivo con el cual lo dispararon, haciendo uso de su gigantesca y descomunal espada, sin desenvainarla. Además, también pudo observar a través del caos que tras los primeros momentos de batalla, que los tres avispones que la atacarían a ella en un primer momento, se retiraban cobardemente, seguramente aterrados por el trato con el que sus compañeros habían sucumbido. Una completa lastima, porque realmente deseaba aplastar sus gigantescos cuerpos con su adorable y mortífero caballo de juguete, pero, no podría ser por esta vez. ¿Aunque que era aquello que no había salido tal cual como esperaba? Era que aun escuchaba un zumbido por entre las hierbas, y cerca del agua en la cual supo verse reflejada. El rostro de Alys se lleno de un fastidio indisimulable, haciendo que sus entrecerrados ojos se afilaran mas, y su boca se torciera con hastío. Iba a darle fin a este asunto, de una buena vez por todas.

Cargando de nuevo con su cetro sobre sus manos, dio cinco pasos hacia la dirección donde el sonido rabioso de unas alas que no podían levantarse provenían. Dando cinco pasos en los que parecían unos grandes brincos que querían ahorrarse el caminar de más, pero sin perder gracia alguna al desplazarse. ¿Cómo podría parecer bruta esa muñeca, si lucia tan delicada desde la punta de sus pies hasta la última hebra de sus cabellos? Se acerco lo suficiente, como para dar paso de nuevo a esa nebulosa azul luminiscente con forma de mariposas, irónicamente, el único insecto que no despreciaba. Estas se movieron, en perfecta sincronía de un caos meticulosamente ordenado, acercándose a donde el prisionero de la muerte, vibraba con horror y bronca. Se detuvieron entonces, por detrás de este, donde su cabeza y su acido vomito pestilente no pudieran tocarla. Un mirada por sobre su nariz, con desprecio termino de notar que yacía la quimera atrapada por el compañero con quien supo planear su intento de homicidio en ese lugar. ¿Ironía cruel, que fuera el cadáver de su compañero, ahora su cómplice para terminar de concretar su muerte? El insecto sufría estando allí, esperándose lo inevitable. La joven de mirada esmeralda, no retrasaría mas la carnicería. Tomando su báculo, esta vez con más tranquilidad y técnica, lo alzo por encima de su cabeza, dejándolo no solo caer por la gravedad, sino por la fuerza misma que sus brazos ejercían sobre sus victimas. Un primer golpe seco, lo suficientemente fuerte para no solo atravesar las entrañas del primer cadáver, sino también del aun vivo que permanecía debajo de el. Y si no fuera este golpe suficiente, un ligero giro en sus pies, cual trompo, haría levantar de nuevo al Hobby Horse por encima de la cabeza de cabellos castaños, estrellándolo nuevamente contra su moribundo enemigo. Un acto lleno de gracia, habilidad y velocidad, que solamente una espiral roja que correspondía al cetro se podría haber visualizado de verlos, como un color esfumado al aire que tomaba consistencia al final.

De momento, el peligro estaba muerto.

El sonido de agua salpicándole tras pasos débiles se hizo presente luego de eso, y era nuestra pequeña muñeca de porcelana que retrocedía en contra de la dirección donde el agua corría, alejándose de esos insectos que acaba de dar fin. Su mirada se mantenía cabizbaja, e inclusive sus pasos parecían cansados. El Hobby Horse volvía a transformarse en su Cuchilla Vorpal, a la vez que esta era depositada casi de manera automática en uno de los bolsillos de su delantal, que aun mostraba manchas de entrañas insectoides. Una vez que estuvo a distancia prudente, se arrodillo entre el verde pastizal que le otorgaba una refrescante sombra, pero sin alejarse demasiado del agua. No se la veían muy bien del todo, y es que el olor nauseabundo de la sangre de las bestias, finalmente la había descompuesto. Su piel no estaba más pálida porque simplemente no podía serlo, pero aquellas ojeras bajo sus ojos se remarcaron con bastante claridad. Su estomago se revolvía, no solo de los deseos de vomitar, sino del hambre que tenia encima. Y así, hasta que no pudo más, y en una pequeña arcada que la obligo a sujetarse de su abdomen, escupiendo el agua que ni bien llego al lugar, bebió. Tembló por unos segundos, intentando componerse antes de querer salir de su escondite del sol, para hacer eso que deseaba desde el inicio del combate. Sonreírle ligeramente a su compañero, por la victoria que habían acabado de conseguir. Pero no podía.

Necesitaba descansar en la sombra, y en lo posible, despejar su mente por unos minutos de cualquier sentimiento de ira. Sus planes habían sido truncados, y eso le hería en el orgullo de manera profunda. No quería verse tal como estaba, ni mostrarse tan indefensa ante Siegfried. Sencillamente, no quería saber nada con que fuera ella la primera asistida en esa alianza que acababan de formar. Suspiro con pesar, antes de escuchar que el se acercaba alli…
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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Siegfried el Dom Abr 29, 2012 1:13 am

Y ese, fue el final de esta fase de la estrella blanca. Podrá seguir aun en el techo de todo, brillando como el único tesoro que nadie tendrá jamás, pero que la sola idea de poseerla o llegar tan alto como ella, lleva a un camino de gloria sin igual. Se construye esa torre con cada prueba de vida, cada imposición de la fuerza, o de la propia ira que es convertida en poder. Formas de eso son difíciles de encontrar, y cuando se presencia un espíritu tan radiante como ese, se puede notar el hervir de la sangre propia, por admiración o inspiración, no tengo idea, y la verdad no la necesito. Tanta fiereza viniendo de una persona, me hace mirarle con orgullo. Puede combatir tan bien como puede hablar, ser una chica que aprovecha cada parte de su energía y sus virtudes, trayendo la muerte a quienes no merecen vivir más de un minuto.

Solo puedo pensar en rabia verdadera, la que invade la mente y la nubla por completo, la misma que hace que el hombre o la mujer que sea débil, tenga la fuerza de un ejército entero. Es lo que hace que no se piense, que no se decida otra cosa más que la destrucción. Estoy impresionado, debo decir que no espere eso. Por mi parte no hubiera volteado la vista al que quedó entre los árboles, ya es suficiente con saber que es capaz de sentir miedo, o tener razón para tratar de escapar. Alys, no pensó lo mismo, y le dio un final que yo no podría hacer ni con todo el entrenamiento que todos los maestros y dioses me pudieran dar. Creo que de haber sido yo, habría aplastado al animal junto con los arboles, y eso ni serviría para decir que ha quedado muerto de verdad.

Me hace pensar en mucho sobre ella... No con lastima ni nada cercano a ello, ni siquiera desde el principio al encontrarla derramando lagrimas sin hacer ningún llanto, con heridas abiertas y sobre las rocas. Por como menciona cosas que no soy capaz de ver... Y por como habla como si hace un minuto fuese una chica diferente. Tanto que decirle, tanto que escucharla, y para mi suerte, ha aceptado mi compañía. Estoy feliz de encontrar una persona así, quien pueda defenderme y yo igual con ella, viendo un mundo diferente al mío, con eso no me aburriré y siempre tendrá algo que ver. Ella ha sabido que no soy un heres normal, y puedo saber que ella no es como las personas suelen ser. Soy afortunado, ya no estoy solo...

Mi bota metálica pisa el cadáver del insecto, apoyándolo al suelo como lo merece y poder quitar a Gram de su espalda. Por asegurarme, deje caer con suficiente fuerza la espada sobre su cabeza, desfigurando a este animal al igual que pretendía hacer conmigo usando su maldito veneno, aunque ya antes había quedado deforme cuando sus ojos brotaron junto con su porquería, y no era diferente ahora de un pedazo de piedra. Estas cosas son unas de las muchas que hay sobre la tierra que no merecen respeto... No puedo evitarlo, los veo... Y me recuerdan a una criatura que atormentaba en vida, y sigue haciéndolo en la muerte... ¿No es así? No callaras ni siquiera mientras duermo, y te aseguraras por todos los medios que no pueda olvidarte, a ti, de tantas cosas que he perdido de mi mente, y sea justamente tu voz algo que escucho a diario...

¿Molesto? ¿Después de haberte dado la furia infinita para aniquilar a estas alimañas? No te retractes de lo que hablas o piensas, tarde o temprano serás devorado por esa misma estupidez. El no aceptar lo que eres, terminará haciéndote caer en el mas horrendo y repugnante de los abismos; y seré yo quien me asegure de que eso ocurra, Sieg...

No le escuché en lo absoluto, solo quité del medio a esa cosa pateándola a un lado, y fui en dirección a quien si debo dedicarle atención. Estando cerca de ella, cerca del agua, tengo mejor vista y me siento de nuevo en paz. Seguro que quiero detenerme un momento, estoy caminando desde hace una noche... Pero ella se ve peor, y este bosque rodeado de bestias como esas no es buen lugar para hacerlo. Ella es mi compañera, debo protegerla como lo que es... Lo más invaluable que he obtenido desde que he llegado a esta tierra.

- Hey, eso fue impresionante. Sabía que podía contar contigo. - Desde que aceptó caminar conmigo lo supe, y eso es porque de ella no proviene nada que sea maligno, y no importa que Gram piense lo contrario. Creeré en ella, porque quiero que ella crea en mi. - Ha sido mucho en tan poco tiempo, de nuevo pido disculpas; esas cosas debieron seguirme desde el bosque. - Sonreí queriendo remediar lo que hice, al mismo tiempo desaté la cadena que une a Midgard, la funda sagrada, con una capa lo suficientemente grande como para cubrirla. Ya tuvo suficiente daño, parece la luz es un problema para ella... Razón principal por la que no desenvainé a Gram. Lo segundo, esas cosas no necesitaban del filo de esa hoja para encontrar su final.

- Perdona que haga esto, pero no puedo dejarte aquí. - No pensé en otra cosa, y me disculparé y aceptaré todo reproche de ella después. Usando esa capa oscura, cubrí su cabeza y su cuerpo con cuidado, lo suficiente para que el sol no la moleste. Con eso, pude tomarla con cuidado entre mis brazos y empezar a llevarla con seguridad a alguna parte donde pueda decir que estamos fuera de peligro. - La estrella blanca pronto cambiara de posición y ese árbol no será suficiente sombra. Llegaremos a algún lugar donde no haya tanta luz, y cuando te sientas mejor, te permitiré caminar. Por ahora, espero no lastimarte con esto. Y no digas que te sientes bien ahora, no es necesario probarme que eres fuerte más de lo que ya lo has hecho - Manteniendo la sonrisa por haber vencido en nuestra primera batalla, llevo a la guerrera que tuvo todos los honores de llevarse la ultima muerte.

... Es solo el principio de muchas otras que vendrán... Batallas... y Victorias.

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Re: La unión de dos caminos.

Mensaje por Alys el Dom Abr 29, 2012 11:12 pm

Un leve viento mecía los cabellos verdes de aquella alfombra casi interminable, mientras que el sonido que producía el arroyo que a sus pies se encontraba, daba la ilusión de su susurro que cantaba una canción de cuna, arrullando a la cansada alma que sobre su rivera permanecía. Nadie jamás hubiera sospechado que en ese lugar, que lucia tan tranquilo y calmo, hasta solo unos minutos se había desatado una batalla bastante morbosa. Solo los cadáveres de los derrotaros era la única evidencia visible de tal suceso, claro, obviando el olor nauseabundo del cual aun estaba impregnado el lugar, aunque el la brisa parecía querer levantarla. Si uno hacia volar su imaginación, cosa que Alys hacia de manera natural, vería a los espíritus del aire revoloteando por sobre sus cabezas, mirando la escena, y discutiendo con algo saña quien seria el primero en que intentaría levantar ese aroma de corrupción, puesto a que hasta a ellos mismo les llenaba de asco. Claro, en el caso de que ella pudiera levantar la cabeza, pero eso implicaría mirar directamente a la luz, y en ese momento era algo incapaz de hacer. Su respiración estaba muy lenta y pesada, pues el cansancio y las flechas impiadosas de la estrella que iluminaba el firmamento celestino allá en lo alto, no habían sido piadosas de su cuerpo. Aun así, no se quejaría en lo absoluto, no en ese momento. Supo ganar la batalla, y con eso, estaba un paso más cerca de su redención, de su paraíso. Si el lugar donde se hallaba la paz, estaba así de iluminado, por esa calida sensación, aprendería a soportar al dolor, a aceptarlo nuevamente en una de sus tantas facetas, que en esa ocasión se lograba manifestar sobre ardor sobre su piel, para hacerse de aquello que llamaban felicidad…

Aunque la pequeña cancioncilla de la naturaleza supo ser interrumpida, mas no opacada por el paso de una armadura que se acercaba. No acertar ese sonido era casi imposible, puesto que el acero rozándose entre si, entre el suelo, entre las armas era ya algo tan conocido para la pequeña guerrera, a pesar de que entre sus ropas no había nada que se asemeje a algo así. Era imposible dudar entonces, de que el único presente allí, era su nuevo compañero de camino, el guerrero de la armadura susurrante, el sujeto que tenía una sombra con forma de dragón, el bonachón que con una angelada sonrisa supo ofrecer su confianza para recorrer ese mundo tan incierto y confuso. Lo escucho entonces, comentándole con gracia y entusiasmo inclusive, halagándole ese modo en que pudo aniquilar a sus enemigos. ¿Irónico? Jamás hubiera esperado una felicitación por algo así, algo que lamentablemente, era lo único que sabia hacer. Matar, aniquilar, destruir… Pero lograba verlo de forma positiva. Una ligera y casi imperceptible sonrisa termino de dibujarse en el rostro de la muñeca de porcelana, luego de escuchar el segundo comentario, aunque no era algo que se pudiera ver desde su posición. Ella aun miraba al suelo, y comparando las alturas de el, erguido, parado como un verdadero héroe, y ella arrodillada, como si pidiera perdón al destino. Después de todo aquello, el seguía pidiendo disculpas, excusándose de que todo lo que acababa de pasar, era únicamente su responsabilidad. Bien, a esa altura Alys ya empezaría a considerar que ambos eran unos imanes para atraer algo, que normalmente se le conocerían como “desgracias”. No conocía absolutamente nada de que había sido de su vida anteriormente, ni siquiera un día antes, pero aparentemente, no la paso tan bien. Ella tampoco. Seria un alivio muy grande el saber que la responsabilidad de las desgracias caía sobre ambos. Pero tenia que hacerle entender, que no debía de disculparse de ser así. Tampoco lo haría la pequeña de ojos esmeraldas. Aunque antes de que siquiera pudiera expresar palabra alguna, sintió como algo caía sobre ella, cubriendo su cabeza, y el resto de su cuerpo. Una manta roja, o bordo podría decirse, como la sangre cuando finalmente empieza a secarse. Pero más allá de su color, no lucia más que como una manta común la cual era tan gruesa, que impedía que la luz sobre su cabeza llegara a su piel. Una formidable sombra la cual la lleno de alivio en ese mismo instante. Sus palabras habían sido acalladas en ese momento, olvidándose por un segundo de hacerle el pertinente reclamo a su compañero sobre las responsabilidades de lo que en frente se pusieran. Sus dedos algo curiosos se levantaron del suelo, acariciando la tela que ahora encima llevaba, sintiéndola no suave, pero tampoco áspera. Una extraña sensación de vacío invadió su mente, ignorando completamente que era lo más cercano a paz que sentía en ese momento, hasta que algo sucedió. Tal como un inocente infante arrancaba una flor del suelo para llevársela a su madre, Alys fue levantada del suelo, despertándola de ese estado catatónico en el cual se introdujo por unos segundos. Sus ojos que hasta ese momento se encontraban semicerrados, se abrieron con violencia, cual lechuza durante su caza nocturna.

-¿¡Qué…. Que estas haciendo!?- Llego a reclamar, con obvia sorpresa y en un tono bastante molesto. No hacia falta que le respondiera, porque sabia perfectamente que la había cargado en brazos, tarea que difícilmente le seria complicado a Siegfried, considerando que parecía un hombre capaz de levantar una montaña con solo un empujón. Intento forcejear por unos segundos, para que la devolviera al suelo, pero de algún modo se había enredado lo suficiente con esa manta roja, que ahora poseía propiedades malignas a sus ojos. Si seguía intentando caer en el suelo, lo haría, pero seguramente también lograría que Siegfried lo hiciera, y nadie le aseguraba que no caería sobre ella. Su segunda opción era convertirse en mariposas azules que le permitieran huir de esa actitud caballerosa, pero que lastimaba su orgullo como una joven totalmente independiente. Solo estaba el inconveniente de que hacer eso, seguro ya terminaría de caer inconsciente sobre el piso, una vez que su transformación se termine. Y de seguir haciendo lo primero… No, ni pensarlo, no quería morir aplastada. No por el momento. Muy a su pesar se calmo, pero realmente con gran consternación. Su caballero de armadura susurrante mientras tanto, trataba de animarla con pacientes palabras, inclusive aun mas que cuando acababa de rescatarla, y ella supo reaccionar con bastante violencia. ¿Pero no estaba haciendo lo mismo en ese momento? Tendria que dar las gracias por rescatarla de la incesante luz que la debilitaba. Ciertamente Alys debería empezar a trabajar en esa actitud si quería acompañar al caballero, y Siegfried debería de asumir que estaba confiando en una joven que tenia un orgullo muy duro y difícil de roer. Aunque lo mas probable era que el segundo ya se había dado cuenta de ello desde un primer momento, aceptándolo con normalidad inclusive.

-Gracias Siegfried….- Logro decir, con un tono de voz mas calmado que el de hace unos segundos, pero no del todo feliz. Se podía detectar cierta molestia y fastidio, pero aun así, se podía percibir que lo que dijo era sincero. Realmente estaba agradecida con el gesto de llevarla protegiéndola del sol, aunque eso era un completo golpe bajo a su honor. Suspiro, sonoramente, como si quiera de su boca escapar su alma, que por mas cansada estaba. No se podría haber sabido si Alys en ese momento estaba ligeramente sonrojada de la rabia o de la vergüenza, pero tampoco era relevante pensarlo. Ella no podía verse, y tampoco Siegfried lo haría por la manta roja que la cubría. Finalmente se decidió a aclarar una de las tantas cosas que deseaba decirle, pero que en ese momento no se podría discutir de manera seria. Parecía un pan envuelto, y no era lo idóneo para establecer términos de relación.

-Solo que nunca menciones esto… A nadie. – Aclaro, de un modo muy tajante y directo. Lo que le decía no era una petición, era una orden que llevaba de manera implícita una amenaza. Algo irónico, porque ni siquiera podía moverse. ¿Arrancaría alguna carcajada del gigante de mirada de zafiro?

Una gran historia empezaba a escribirse, con sangre, pero no de sus protagonistas. A lo lejos, fuera de la vista de ellos, alguien los observaba con alegría a pesar de su destruida fisonomía. Sentado, movía su rabo que contenía los últimos pelos que sobre su cuerpo con carnes y huesos exhaustos tenia. Y lo movía con felicidad. Su pequeña le había hecho caso, y podía descansar de momento en paz, porque alguien más la cuidaba.

-Que tengas una larga y feliz vida, Mi Pequeña y adorada Alys….- Logro decir, en un eco inaudible para quien estaba destinada, pero con el deseo mas altruista que un ser viviente o no, podría dar. Barnabás, el perro de Alys mientras viva como una Heres estaba y supo cuidarla aun luego de muerto en un fatídico incendio, al fin encontraba paz al ver que alguien mas, después de tanta agonía, velaba por ella.

Desapareció entonces en el aire. Como un héroe anónimo. Como un ángel.
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