En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

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Inexorable destino.

Mensaje por Alys el Miér Feb 22, 2012 1:25 am

Un día un poco inusual. Las carrozas de fuego que traían al amanecer habían salido con bastante tardanza a quemar las inmensas y sin fin cortinas azules que cubrían a lo que una vez, en su memoria ella habría llamado cielo. Los mismos botones de plata y luciérnagas encerradas en jaulas aclamaban una explicación a porque su vida se prolongaba mas minutos de lo esperado. Minutos eternos en los que el silencio de la incertidumbre de cuando morir y cuando agraciar a la vida de un caminante se hacían sentir. ¿A que hora piensan matar a las luciérnagas? Ellas sabían a que horario llegaban su fin, mantenerlas mas tiempo vivas, sin saber de su destino, era algo innecesario, sin mencionar que sádico. Mientras por su parte, los botones temblaban sin saber a que momento caerían, puesto que como todos sabían (o al menos Alys así lo pensaba), los botones de plata podían saber a que mano de algún hombre, mujer o niño desdichado caerían en sus manos, para que con pesar ser intercambiados por un plato de alimento. Alimento que no solo calmaría el hambre que en sus estómagos a gritos ácidos y con clara determinación, sino que traería una fugaz felicidad a la vida de muchos, que con certeza sufrían su falta de poder económico. ¿Pero porque la preocupación de los botones de plata? Porque si caían mas tarde de lo previsto, podían terminar posando sobre las manos de algún hombre que en su necesidad de tenerlas no corría mas que por una insana ambición de riqueza.

El temple de la bella Alys empezaba a ser un poco mas sereno de lo usual. Su mirada de penetrante esmeraldas que normalmente se abría de par en par cual lechuza durante la caza, estaba ahora entrecerrada, escondida por esos parpados de oscura tonalidad adornados por una sombra de rosa melocotón. Su fina nariz apuntaba la dirección donde su caminar apuntaba sin mucha prisa, y con evidente cansancio. Sus labios yacían pegados tras el largo tiempo en el que ni una palabra, quejido o exclamación había articulado. Esos hermosos y carnosos labios rosas, en ese momento estaban algo secos y con claro deseo de agua o una pequeña lamida de la lengua de su dueña, aunque ninguna de las dos pronta llegaría. Así fue, como paso a paso, en un tambalear un tanto rítmico en el cual parecía en que la joven de poca consciencia del mundo, bailaba sola un vals de acordes y sinfonía un tanto desequilibrada y poco armoniosa, haciéndola llegar bajo la sombra de un roble de imponente e increíble altura.

Fue así como Alys levanto la mirada, observando de nuevo el lugar. Un bosque en efecto, que se retorcía agonizante en el sepulcral silencio puesto que ni el trinar de un pájaro trompeta o un gorrión silbato había oído. ¿Dónde andarían esas criaturitas cuyo silbido despertaban a los atletas para correr y hacían marchas de guerra o funerarias? Se extraño mas de momento, tan solo recordar el detalle de las cortinas eternamente negras azulinas aun no se terminaban de correr del todo. Todo era tan incompatible a lo que normalmente se había acostumbrado, puesto que aun dentro de su locura, había un estándar de cosas que eran normales. Cosas que estaban minuciosamente milimetradas a un reloj biológico que le impedían dormir de noche, o mientras el sol no saliera aun. Si, sufría del cansancio de manera desmedida, pero no porque su cuerpo de demone tuviera el dolor del desvelo en su piel. Nada aun mas lejos de la realidad artificial creada por Alys, porque la brutalidad del cansancio jamás se haría sentir en este tan curioso personaje que, solo Golajab sabría cuanto tiempo la torturo haciéndola luchar con sus pesadillas. Si la pequeña Alys sentía deseos de dormir, era solo por el hecho de que su naturaleza original lo hacia. Solo por eso, y nada más. Y si solo lo hacia, cuando el benefactor sol iluminaba todo a su alrededor, era por el temor y el hecho de que conocía, que había menos monstruos cuando los dorados rayos del rey astral tocaban la tierra que cuando su consorte de pálido rostro estaba.

Cayo entonces, sentándose de manera pesada sobre la base de un gran árbol, cuyas hojas se abrían cual flores rosas, pintando así de un color mas alegre a ese bosque, sin saber que el rosa solo era restos de toda la sangre que ahí pudo haberse derramado, mezclada con las lagrimas de las nubes que solían llorar al ver las cosas que mas debajo de ellas sucedían. ¡Que triste resultaba ser el mundo para la pobre Alys! Aun así, se conformaba de que al menos no era una nube que todo podía verlo, aunque… Allí, a lo lejos y fuera del alcance de los demás, más seguras que ninguna podían estar. Lo pensó un poco más, y llego a la decepcionante conclusión de que si las nubes lloraban, era por el hecho de que ellas no tenían problemas, entonces se apenaban por el resto del mundo. Entonces sin mas, frunció el ceño, con bastante molestia. Definitivamente no era una joven que quisiera la lastima de nadie. Y aunque bien consciente era de que su mundo era caótico y lleno, abrumado de dolor, la lastima jamás le había correspondido dentro de sus ideas. Si ella estaba ahí, era para enfrentar al mundo y demostrar que no era una persona que se dejaría pisotear. Que lucharía contra cualquier monstruo que impidiera su meta. ¿Pero cual era la meta de la joven alma corrompida que ahora cargaba con una identidad que solo alimentaba mas a las eternas pesadillas que la atormentaban? El demostrar que era inocente de todo aquello que la culpaban. De que no era solo una demone, sino que en su interior guardaba algo mas. Que la insania que consigo llevaba, no necesariamente la hacían peligrosa, y que no por eso, debían encerrarla hasta que su cuerpo se pudriera. Porque su alma aun estaba viva, y deseaba de algún modo, reparar el daño hecho. Pero… ¿Qué daño había hecho que con culpa cargaba en su ser…? Simplemente no lo recordaba, aunque no por eso, dejaría de tratar de reparar el pecado cometido.

Y aunque el caos dentro de su mente podía visualizarse tan fácilmente a través de sus ojos, había tantas cosas que ella a pesar de todo, no podía exteriorizar. Ni tampoco se atrevía a pedir, a pesar de que fuera la única cosa que quizás a su alma y mente pudieran calmar. Con algo de pesadez y muy seria, se animo a cerrar un poco sus ojos, dispuesta a descansar por unos minutos. Y no más, porque pronto como empezaba a caer en la etapa más profunda de su sueño, un pequeño ruido de arbustos la despertó violentamente. Sin dudarlo un segundo, de su delantal saco su cuchilla de Vorpal, blandiéndola con firmeza, poniéndose en pie de manera recta, a la vez que su mirada se dirigía filosamente hacia donde el sonido se había producido. No se acercaría más de lo deseado, porque la experiencia le había enseñado a que nunca se debía atacar a alguien que no se podía ver. Además, ¿Cómo asegurarse de que no se trataba de algún inocente jugando sin culpa ni miedo en ese bosque de espantoso encanto? Espero, paciente como la buena estratega que era. Pero su sorpresa hizo que su temple duro y severo se deslizara suavemente a uno más tierno y calido. ¡Un pequeño conejo había saltado del arbusto! Y vaya que era bonita la pequeña bola de pelos color marrón claro. Alys por un momento guardo su cuchilla, agachándose para llamar al pequeño con sus manos y su bonita mirada.


-Ven pequeño… Ven, daño no te haré…- Dijo con suavidad en su voz, con tanta suavidad que el terciopelo y la seda solo eran burdas telas que podían ser tan suaves como el suelo pedregoso de un camino montañoso abandonado. Sonrío entonces, sinceramente al ver como el pequeño animalito a su lado saltaba, aunque nada duro demasiado. Su paz era demasiado volátil como para darle más de un minuto de superficial felicidad. Y tal como podía esperarse, todo comenzó a deformarse de la manera más horrenda que uno podría imaginar. El pequeño conejo, como ni bien se paro al frente, abrió su boca lanzando un chirrido escalofriante, mientras caía convulsionando al piso, y de todos sus orificios sangre coagulaba. Alys solo se puso de pie, dando un paso atrás. Empuñando de nuevo su cuchilla, mirando sorprendía e indignada al espectáculo. Quizás podría haber sido una alucinación mas en su mundo de surreal, o tal vez no. Lo que si sabia, es que si algo así había sucedido tan súbitamente, ese lugar no era seguro para descansar, mucho menos estar…
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Re: Inexorable destino.

Mensaje por Fatus el Miér Feb 22, 2012 5:35 am

Crueltauro:
Nombre: Crueltauro [Sabueso de Tamsus - Cabeza dorada ]
Tipo: Bestia
Nivel: 1
Elemento: Tierra
Particularidad: Piel dura [La particularidad de poseer una piel tan dura que es difícil de cortar y más de atravesar]
Ataque físico: Garras, mordidas y cabezazos
Ataque proyectil: Ninguno
Talento mágico o psicológico: Rastreador de almas [Capacidad de rastrear a las personas por su alma]
Dieta: Carnívoro
Hábitat: Cálido y Templado
Terreno: Bosques - Llanura - Montaña
Organización: Jaurías y muy pocas veces en solitario
Ciclo activo: Diurno.

Un poco antes de que el alba se afirmara como tal muchas de las criaturas del bosque de Tamsus salían a recorrer sus vidas monótonas, a alimentarse de sus habituales presas, de congeniar en gran pero a su vez simple sociedad y esa sociedad a veces demanda una crueldad bastante anormal en el resto de los animales que con mucho gusto escapan hacia los asentamientos. Seguramente los que eran naturalmente depredadores se volvían presas cuando había pasos gigantes que quedaban marcados sobre la tierra de Tamsus. Seguramente, un leñador o un cazador sabía de antemano que si había marcas de garras que podían llegar a cubrir toda la corteza de un roble o había restos de seres anónimos sobre un suelo mojado entonces debían de alejarse de allí antes de que esos sientan el alma de uno. Sin embargo también es escalofriante el hecho de saber que existe un ser con un olfato tan desarrollado para poder sentir las esencias de las personas que incluso pasando los 400 metros se puede diferencia entre una y otra, sin equivocarse en la gran mayoría de las veces.

Con el paso mudo de una noche que va muriendo lentamente la paranoia comenzaba a hacerse presente en los rasgos menos civilizados de quienes habitan el bosque. Los centinelas, sus cazadores y protectores se dedican en realidad a mantener el margen a estas bestias. Y realmente entre la guardia del Valle esmeralda y Nuhl y con la ayuda de los Natura estas bestias atípicas se mantenían tan al margen que muchas veces se mudaban a lo alto de las montañas donde muchas de las criaturas hostiles existen, esperando la oportunidad de atacar de una vez por todas a los seres vivientes de allí abajo, y no era por rencor, sino porque simplemente en sus corazones no había más que maldad absoluta, porque en sus cabezas alocadas se escuchaban cientos y cientos de voces que transformaban su instinto de supervivencia en uno asesino ¡Y eso era la particularidad de este mundo! Todas las razas estaban en guerra contra estas criaturas, y los individuos que no entonces se les unen, aunque claro, para los monstruos del otro lado siempre será mejor utilizar y traicionar a que ser fieles a una sola convicción e ideal. Por naturaleza se detesta a los nativos, por instinto se los quiere echar de sus tierras, sin antes claro dibujar un hermoso genocidio.

Ese instinto iba a parar a ese sitio, donde la paranoia se respira. La oscuridad y densidad de los robles, el suelo a veces desnudo a veces repleto de esa suave hierba que se mancha de sangre, no ayudan en nada a la silueta que según aquel monstruo la veía como una suerte de ondas apenas tejidas que parecían gritar clemencia por una inexistente paz. Despedía un aroma hermoso, demasiado tentador como para dejarlo pasar de largo. ¿Que se formulaba la consciencia de la bestia? Simple "¿Tan deliciosa sería arrancar de raíz su pescuezo? ¿Como se sentiría su llanto? ¿Y sus gritos? Siempre va a ser mejor probar y hacerse adicto a un nuevo mal" Con la extremidad de esa tranquila mente asesina ante su espalda y manteniendo una notoria distancia de veinte metros se presentaría, con un gruñir demasiado sonoro como para no recordarlo en las pesadillas, una gigantesca figura de color avellana, de un pelaje fruncido y sucio, pegado a una carne tensada y siempre abundante, fibrosa como las de un león. ¿Cual era su altura? A cuatro patas este monstruo llegaba al metro sesenta y un poco más variaba en cada uno. Como bipode llega incluso a los tres metros de altura, aunque por generalmente no necesitan de tanto recurso ya que no hay criatura que fuera más grande que este ser, por lo cual no le cuesta nada aplastar si se abalanza contra alguien. Sus garras negras desgarraban las cortezas y la carne de una forma monstruosa su hocico siempre fruncido revelaba una dentadura feroz, haciendo principal fuerza en sus colmillos, un rostro remarcado en odio y unos ojos de color completamente negros reflejaban como en un espejo el alma a cazar y lo que le daba su verdadero nombre, una orejas paradas que eran duras, extrañamente duras como cuernos y filosas como espadas. Eso, ese terrible ser era un Crueltauro, un sabueso de Tamsus, un ser que generalmente estaba en jauría y si era porque se había quedado parado en su posición, moviendo su cola rabioso a la vez que separando sus patas delanteras eran el marco de una ventana de una clara espuma densa y amarillenta. ¿Que males tenían sus fauces? Si esos sonidos guturales no eran suficiente como para que ella se mantuviera atenta entonces lo averiguaría antes de enterarse.

Por el momento y a su alrededor no había nada, simplemente soledad. ¿Pero sera su mirada fiera lo suficiente como para destrozar el hermoso y frágil cuerpo de esa muñeca de porcelana que deseaba ese monstruo mutilar para comerlo en soledad, sin que se enteraran los suyos? Se estaba por ver.
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Re: Inexorable destino.

Mensaje por Alys el Jue Feb 23, 2012 9:49 pm

Siguió observando entonces la muerte del pequeño animal, como su agonía parecía no terminarse, como el suelo era manchado con su sangre, su pelaje ultrajado por su misma escencia vital, a la vez que sus espasmos cada vez iban de lo mas violento a lo calmo, casi deteniéndose. Todo así, hasta que finalmente llegaba al fin de su vida. Porque a fin de cuentas, así era la vida para la joven Alys. Violencia incesante hasta que el cuerpo de uno no pueda resistir, hasta que nuestra misma alma se escapara de nuestras bocas como gritos de auxilio y susurros llenos de cansancio clamando piedad y un final. Hasta que nuestras lagrimas tiñeran de rojo los rostros de quien condenados a sufrir estaban, por el simple hecho de estar vivos. Aunque, aun así, la sentencia de muerte que se firmaba al nacer, solo era una estación de descanso mas para lo que la eternidad podía ofrecer a cada alma. Infierno y el paraíso celestial, sufrimiento y dolor eterno en contraste con la promesa de… ¿La paz y descanso eterno? No, Alys no conocía ni una cosa ni la otra de lo segundo. Ella solo había existido para ser claro ejemplo de lo que la decadencia de los vivos podían llegar a ser. Aunque su caso era ciertamente extremo, no la hacia sentir mejor. Lo excepcional de su vida solo era un recordatorio mas de como el resto de las criaturas, de los caminantes por el mundo podían llegar a palpar lo que banalmente se conocía como la “felicidad”. De como a pesar de que su cruzada fuera mas grandiosa, sufrida y mártir que la de cualquier otro héroe que pudo haber pisado al mundo, solo quedaría como una sombra mas de lo que formaba el manto de oscuridad de aquello que era desconocido. Porque ella era la representación de todo aquello que era malo, y no importaba que tan dispuesta estuviera a demostrar que su alma era algo mas que una simple etiqueta de maldad. Cualquier hazaña que en bajo su nombre estuviera, seria ignorada. Pero no era algo que estaba dispuesta conscientemente a aceptar, porque compensaría sus pecados como fuera.

Y era por eso mismo que ella permanecía ahí parada, inmutable a su deseo de seguir con su camino. Porque a pesar de que su encuentro con el pequeño conejo fue demasiado fugaz, este una sonrisa le había logrado sacar. Y quería retribuírselo de algún modo, dándole un entierro, algo que honorificara su trágica vida. Seria horrible pensar que alguna alimaña se acercara a seguir denigrando su tan maltrecho cuerpo devorándolo hasta dejarlo hecho jirones. Ya cuando estaría dispuesta a agacharse para allí mismo cavar su tumba, un sonido gutural profundo y no muy amigable se hizo resonar por entre los gigantísimos robles que a su alrededor se encontraban. Parándose inmediatamente, empuñando su cuchillo con más firmeza que nunca, su rostro se puso firme y observo al horizonte con sus orbes totalmente despejadas de cansancio y deseos de dormir algunos. Un olor un poco repulsivo llego entonces a la joven de tez pálida enfermiza, cortesía de una brisa que paso por allí, levantando algunas hojas y sacudiendo las copas de los árboles en una sinfonía que daba a entender que pronto una batalla sangrienta y seguramente violenta ocurriría. Donde los instintos más bajos de cada participante saldrían a flote. Fue cuando finalmente lo vio, asomarse de entre las sombras que la vegetación proveía. Unos rayos de luz del alba iluminaban a la bestia, que aparentemente tendría la altura de Alys y quizás mas, un buen reto sin duda alguna. Su cuerpo era hecho de puro músculo, remarcado por su piel de color arena. De fauces enormes de la cuales chorreaban espuma amarillenta que parecía acido o la misma saliva de un demonio, acentuando esas grandes orejas puntiagudas, que de no haber sido en otra situación, habría considerado simpáticas, en conjunto con aquella cola peluda que se mecía de un lado a otro, ansiosa, como en ese momento estaba la joven demon.

-Prrrr prrrr…. Ven gatito, ven… Te prometo que daño no te haré…- Dijo esta vez, casi repitiendo como un rezo sus palabras anteriores, aunque algo notoriamente había cambiado esta vez. Alys lo había dicho con una amplia sonrisa afilada en su rostro, y con un extraño brillo violáceo en sus ojos normalmente esmeraldas. Un aura llena de violencia invadió el cuerpo de la peregrina sin rumbo. Y es que ese gato superdesarrollado que tenia al frente, quería comerla o hacer que sabe con ella. Pero Alys no permitiría tal cosa, menos de un animal que lograba encontrarse tan tierno a comparación de los monstruos que durante sus sueños podía ver.

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Re: Inexorable destino.

Mensaje por Fatus el Vie Feb 24, 2012 1:51 am

Los ojos de abismos de aquella criatura se encendieron a tal punto de entrar en rabia. Teóricamente estas pequeñas orbes eran conformadas en totalidad por esta ausencia de color absoluta, pero al entrar en un estado alterado en medio de esas esferas se formó una pequeña pupila blanca que era ardiente como el fuego e inestable como la salud mental de lo que tiene en frente. Su voz y solo el sonido de su voz lo había interpretado como un chillido que alteraba la estabilidad de su marchito cerebro. ¿Pero que era exactamente lo que tenía esa muñeca de porcelana machada por la sangre ajena? Su olor era tan exquisito que era imposible ignorarla pero había algo en ella que no cuadraba, que por alguna razón despertaba un instinto aún más inestable que el de antes , y era fácil saberlo, la criatura había comenzado a agitar su cabeza apenas la primera sílaba escapara de sus labios, refregando con mucha violenta sus fauces contra la tierra, dejando así los rastros de aquella espuma para finalmente destrozar toda calma con un rugido tan aterrador que todos los animales alboreados escaparon con tanta rapidez que parecía la brisa quedarse corta ante el aleteo de los pájaros ciegos y los cantores mudos, insectos escondidos bajo tierra para que sus pasos no aplastaran su alma y toda por aquella muchacha de sangre y aura escarlata.

Las patas delanteras dieron un pequeño salto para que las traseras ejercieran el impulso final que desgarró tanta tierra y hierbas del bosques que una pequeña sanja dejó en esa explosión física. Melena sucia y pelada, músculos reforzados que comenzaban a traspirar adrenalina y odio puro por su víctima, era un recorrido recto, perfectamente directo que a los pocos pasos debió de cambiar de curso, ya que la aceleración del animal era grande y la velocidad que era capaz de alcanzar también.
No fue exactamente al par de pasos, pero la criatura había llegado a calcular una suerte de presagio sobre sus propios pasos. Al estar a los dos metros de distancia, con respecto a su cuerpo y el hocico de la bestia, el envión de este monstruo cambió de manera radical, guiando su cola y aferrando sus garras para que su cabeza hiciera de timón hacia la derecha, dirigiendo así todo su cuerpo a esa dirección para nuevamente cambiar en su siguiente paso hacia la izquierda, donde en teoría se crearía la silueta de la carne pálida. Al encarar hacia la izquierda su velocidad disminuiría y así esa explosión dinámica emergería nuevamente desde sus patas traseras para finalmente atacar a aquella figura escuálida con las feroces fauces de marfil. ¿Su mordisco? ¿Su mecanismo de triturar la carne y los huesos? La criatura había intentado rebajar su altura, debido a la escasa estatura ajena, para poder llegar a como mucho su hombro, aunque claro, seguramente por su propia brutalidad seguramente termine o embistiendo o en el peor de los casos, para ella, llegar a alcanzar su cabeza con sus dientes.
La criatura en esa carga había hecho una suerte de salto que por un mal movimiento ajeno podía terminar en una cruel embestida y para peor, encontrarse con los cuernos, que eran sus orejas, que poseía dicho animal. Si la piel pálida no tuviera la característica de no ser Heres seguramente con un golpe hubiese terminado el combate.

El ataque era demasiado directo como para alterar su propio curso o ver alternativa demasiado alteradas. ¿La posible ventaja? Era su piel endurecida como una terrible armadura la que absorbería el aparente indefenso cuchillo que con confianza llegó incluso a ignorar. Un terrible error por su parte, del cual sus retorcidos amos no dudaban siquiera de aprender para que el futuro en ella se vea más cruel y desolador. ¿Mas como sería la reacción de la ajena? Sin dudas se tomó ese desafío con una confianza bastante aterradora...¿Sería por esa misma razón y por la sangre de sus enemigos que tal bestia se volviera frenética? Los del otro lado siempre experimentan, incluso cuando uno cree escapar.
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Re: Inexorable destino.

Mensaje por Alys el Sáb Feb 25, 2012 12:38 am

Su sonrisa se volvió mas amplia, con excesiva sorna mientras veía como el animal que fácil podría usarlo de montura se abalanzaba sobre ella, a gran velocidad, como si pensara que comería un bocadillo rápido y fácil de hacer. Pero claro. ¿Qué podría saber esa bestia que Alys, a pesar de lucir tan frágil y delicada, llevaba un grueso historial de asesinatos? ¿Qué lo mas probable que sobre la hoja de su cuchilla Vorpal se había deslizado mas sangre que toda aquella que en sus colmillos durante su vida recolecto? De criaturas como el, mas espantosas, grandes, fieras, que eran producto de su demencia y la de su dueño que, seguramente de haber estado mirando lo que pronto acontecería por esos parajes del bosque Tasmus, habría sentido gozo por ver lo que su juguete era capaz de hacer en un mundo que no pertenecía. Aunque sabia, que a pesar de su increíble confianza que se reflejaba en su rostro, que no había que dejar de tener cierto cuidado con el minino que se le avecinaba feroz. Algo muy dentro de ella le advertía, que terminara rápido con el asunto, tan rápido como su velocidad le permitiera y la venida de la muerte fuera posible. Pero algo irónico era, que cuando ella justamente necesitaba la muerte cerca, tan cerca como su sombra, jamás venia, se hacia esperar, desear, y finalmente cuando llegaba, se volvía tan malditamente innecesaria que provocaba el total arrepentimiento de aquellos deseos expirados.

En fin, había perdido demasiados segundos divagando entre sus pensamientos, cuando vio al fin como tenia la bestia en frente suyo, pero sin inmutarse demasiado. La criatura de orejas puntiagudas se veía torpe y en exceso bruta, por lo que su primer ataque había sido auto boicoteado por su tamaño, deslizándose mas allá de donde debía llegar. Pero ni tan lejos como cualquiera alguna alma indefensa podría haber llegado a rezar para que estuviera. Dos metros capaz, a dos pasos del infierno. ¿Para quien? Alys sonrío de medio labio mientras volteaba a ver su contrincante cuadrúpedo, que nuevamente arremetía contra su integridad con ira en sus ojos. Si, sus ojos demostraban ira, y es que ya no eran negros como la sombras del mismísimo abismo que llevaba al infierno. No, eran blanquecinos, sin nada que demostrar, sin alma como habría de esperarse de tal asesino, y es por eso que Alys subconscientemente abrió más sus orbes al recibir el ataque. Para que el pudiera ver sus esmeraldas, las pupilas que en ella estaba y se dilataban otorgándole los verdaderos ojos de una muñeca. Para demostrarle que se hacia falta mas que violencia y bestialidad pura para perpetrar lo que el quería. Darle su fin, engrandecería como heroína a Alys, de un modo tan diminuto e imperceptible, pero que le daría momentánea paz. Porque no toleraba bajo ninguna circunstancia la presencia de un ser corrupto, un ser que existía y no debía estar. Podría decirse que se describía a ella misma con esos calificativos, pero demostraría que era distinta. Que a pesar de sobre su cuerpo había escurrido tanta sangre y corrupción, podía llegar a ser pura. ¿Pero como mostrárselo al mundo? Sabia la respuesta y como debía proceder.

Sonrío, de nuevo, con seguridad, antes de que el toro con cuerpo de gato se pegara con la gran sorpresa de que su bocadillo se había desintegrado frente a sus ojos. Alys había desaparecido, bueno, no del todo, porque en realidad se había convertido en decenas de mariposas azulinas luminosas, que revoloteaban entre ella de manera tan caótica, que inclusive golpearon el rostro del desconcertado animal, esfumándose pronto como nacían. Un enjambre de mariposas, que se movían rápido pero con destino. La consciencia de la demon en ella estaba, y sin perder más tiempo, envolvió a la bestia, aturdiéndola con tanto azul, con aquellos bellísimos insectos que imposible darles muerte era. ¿Cómo matar al aire? Porque se convertían en suspiros de amantes decepcionados, suprimiéndose de la existencia ni bien llegaban. Aunque la burla no terminaría en ese instante. Ya mucho había evitado la batalla, y la cuchilla Vorpal reclamaba la sangre de aquel animal que tan fiero lucia. Sin perder más tiempo, las mariposas se agruparon sobre el lomo de este, regresando a Alys al plano mas normal que ella podía verse. Como una joven, como una Heres de mirada acusadora y algo desquiciada. Y ciertamente algo debía de estar, para hacer lo que planeaba en ese instante.

¿Dónde yacía Alys en ese entonces? Donde mas, si no era en la espalda del mínimo superdesarrollado. Con un sentimiento que pasaba cerca de la diversión, amarrándose con una mano de las orejas, que para su sorpresa eran duras como hueso. Mejor para ella, puesto que le daba un agarre seguro mientras sobre el animal estuviera. Tampoco temía que una cornada la golpeara en la cabeza con lo bien posicionada estaba, la misma musculatura del gatito era tan grande que dudaba que pudiera inclinar demasiado su cabeza hacia atrás. Ahora, sin más, levantando su cuchillo y sujetándose también con increíble fuerza con aquellas tan visualmente delicadas piernas, arremetió contra la cabeza del animal. Fue así, como con violencia, la hoja de la cuchilla sobre la cuenca derecha del animal se introdujo, chocando con el hueso de su cráneo. Pero un golpe no bastaría, y no importaba cuanto ese león de inexistente melena gritara y corcovara, Alys no se detendría, porque revolvía el cuchillo como si buscara algún tesoro dentro de su cráneo. Ya, a los ínfimos segundos, lo extrajo de allí, pero sin intenciones de terminar con la ofensiva. Ese monstruo se había presentado ante ella para una lucha, y ella se lo daría la lucha de su vida, la ultima en lo posible. Antes de retirarse de su espalda, un certero cuchillazo se dio con toda la fuerza y velocidad que su ser le permitía. Esta vez, dentro de lo que era el oído derecho del animal. Una zona que seguramente seria blanda a pesar de lo duras que eran sus orejas que pasaban por cuernos. Retirándola luego de tan punzante herida, Alys se soltó de la bestia. Ahora levantando sus brazos y elevándose en el aire, mientras algunos giros daba, impulsada por las mariposas que anteriormente se había trasformado, a la vez que su cuchillo alguna que otra gota de sangre arrojaba. Su peso era el aire, y ella el momentánea jubilo de la victoria.

Era así, como la muñeca de porcelana volaba, impulsada por unas azulinas mensajeras de la primavera. Dando giros, mientras que bajaba de nuevo, guardando precavida distancia de la alimaña que de seguir viva, la atacaría con más bravura. Solo esperaba, que el daño sobre su oído, hubiera sido lo suficientemente efectivo como para que su torpeza aumentara. Que se inundara de deseos de vomitar tras cada paso brusco diera, cada vez que sus fauces se abrieran para dar un destellazo. Y que así mismo, el cuchillazo en su cuenca alguna parte de su cerebro hubiera tocado, lobotomizandolo en lo posible. Porque después de tantas eternidades luchando, Alys sabia donde debía atacar, y mas aun en una criatura cuya estructura rozaba tanto a lo que era algo normal y “razonable”.

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Re: Inexorable destino.

Mensaje por Fatus el Vie Mar 02, 2012 6:21 am

Elegido de Tagirion por su odio y ahora por su insensatez. Sus marfiles sangrantes se cerraron con tanta fuerza que parecía estallar una gran cantidad de pólvora sobre sus fauces, peor increíblemente había fallado. ¿Como era posible que alguien aparentemente débil, sin posibilidades de hacerle frente físicamente desapareciera tan repentinamente? Esa tormenta azulada reflejada en sus cristales perla lo había aturdido lo suficiente como para que al azar comenzara a lanzar pesadas mordidas, estático en ese propio lugar que había sabido desgarrar con las afiladas garras que ahora enlodadas, y por un lodo seco, arrancaban la corteza de la bendita tierra mientras rugidos iracundos escapaban en forma de vómito desde lo más profundo de su garganta acerada y habitada por mil y un microbios emergentes de quien sabe que infierno. Mas algo era obvio, si ella se veía como un Heres, aunque su olor y su alma no fueran exactamente las de uno, entonces debía tener debilidades como las infecciones mortales con las cuales propagaba la muerte...Pero eso no sería seguramente un problema para aquella que se había transformando en un nubarron vivo que intentaba alejar con tanta mordida y bramidos emergentes de aquella especie de hocico donde la sarna le hacía propagar un aliento fétido y asqueroso sobre ese Caos verdadero que terminaría por humillarlo con tantas alas que lo golpeaban sin compasión..Y esas miles, para más desconcierto del rastreador desaparecían como la misma brisa de un inexistente alba. Su mirada híbrida entre el odio y la incertidumbre la buscarían por todos lados...Más la sorpresa se la llevaría pasado el parpadear de un hombre en la villa del Nuhl. ¡Se había desplazado con magia!

Solo en ese momento la bestia entendió que ella no se había borrado del universo material sino que todo su cuerpo se había aferrado al propio con una fuerza sobrenatural. Agarrada de sus cuernos, que a su vez eran sus orejas, sin permitirse caer y aún algo impresionada aquel monstruo conocería la consecuencia de prejuzgar a un alma perteneciente a Golajab, señor absoluto de la locura y las pesadillas que se alimentan de las fobias de los Heres y los Colluvio.
Dicen que Tagirion no posee ojos porque esta ciego de rabia y demencia, ahora su esclavo estaría más cerca de ser como su señor, y el dolor que le produjo una acción tan bestial...Digna de una corrupta que parecía excitarse con el sonido de su pequeño ojos mutilarse sobre la propia cavidad, siendo revuelta como una lujuriosa penetrada por su amante de turno. Es exquisito como la retina se envolvía en un abismo amargo por el filo inmundo de aquella cuchilla que fragmentaba todo el globo ocular, sus músculos que lo mantenían firme y por supuesto el nervio. Dolor puro y húmedo, donde la sangre y la secreción en conjunto de un bilis que nacía a través de las enfermedades que llevaba consigo, un muy mal herido rugido que se escuchó absolutamente por todo Tamsus, una locura producto del dolro que intentaba dejar pintado, movimientos violentos de su cabeza que incrustan y desgarran toda su cavidad sangrante, regando con su propio carmín corrupto el suelo sagrado de la Gran Bestia, marfiles que se ahogan en una espuma nociva, la mujer había desencadenado un terrible mal, tan brutal que habían dilatado y deformado su rostro fruncido y ciego de demencia.

Aquel monstruo tenía una sola chance de defenderse y antes de que pudiera incluso su instinto actuar habría de ejecutar aquella movimiento que casi por debilidad emergía de su abismal corazón.
Antes de que pudiera retirar su cuchillo, tras haber jugado de manera tan morbosa con él, aquella mutación extraña de animales se paró sobre sus dos patas traseras, quedando como bipode por unos segundos para así terminar cayendo, con ella sostenida, sobre el desangrado y duro suelo donde mas de mil criaturas caminaban de forma abstracta. El terrible peso de esa bestia que caía de espaldas rápidamente, que se tropezaba en su propia locura y que con ella arriba o no rodaría y se retorcería sobre su lugar tendría que ser la clave para no solo golpearla sino romper los huesos con los que aparcaba en su lomo. Su espalda, sus piernas y con suerte su cráneo. Y es más ¿Quién decía que no podía perder su alma al estar enredada en un movimiento de carne, que también se desprendía como hilos de su cavidad ocultar, y violencia por parte de ambos? Solo hacia atrás y hacia sus laterales, aquella criatura cedería ante el dolor...Y si ella era inteligente y rápida, escapando de esa prisión suicida, entonces tendría la muy clara oportunidad de acabar con ese monstruo que había tuerto y ciertamente aturdido por su propio instinto traicionero, el sabor del alma de ella que no pararía de ser amenazada por sus causales fauces que siempre daban fuertes mordiscos y por sus cuernos - orejas, que al caer también podrían comprometerla. Golajab sin embargo no estaría muy de acuerdo en perder a su juguete tan rápido...Suerte a quienes le pertenecía no le faltaba, a través del mundo irreal se comunica y tortura y a pesar de que ella no era única si había estado del otro lado, conociendo los horrores del universo y a su vez tenía la desgracia de estar consciente de la asquerosa mierda que podía llegar a ser el reinado vivo y real de ellos.

Si la mujer quedaba atrapada y el azar era terrible con ella entonces serían sus partes más gruesas las que perjudicarían su resistente columna osea. Su cabeza no podría estar descubierta de cornadas improvisadas y dependiendo de como termina ella sus dientes la amenazarían con la mutilación, aunque claro, era su peso el que más guerra le haría a la de los perturbados ojos esmeraldas. Ahora...¿Sería tan experimentada para usar su magia de vuelta o su ataque fue a pura traición? El valle esmeralda no se caracteriza por poseer criaturas demasiado poderosas...Pero sin cuidado uno también podía morir, sin importar lo fuerte que fuera.
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Re: Inexorable destino.

Mensaje por Alys el Lun Mar 05, 2012 3:03 am

Todo parecía salir perfectamente bien. La espada Vorpal parecía relucir cada vez mas con cada cuchillazo que daba, a increíble velocidad dejando una estela de fulgor roja en sus movimientos. ¿Qué mas podía ser si no era la misma sangre de la bestia que brillaba con el emergente e incontenible poder demoniaco que por el cuerpo de Alys fluía? Ella sonreía, porque aunque no quisiera admitirlo, había aprendido de cierto modo a divertirse cada vez que su movía su cuchillo con aquella increíble gracia irrepetible. Pero más que diversión, era la única manera en que podía desahogarse después de tanto sufrimiento. ¿De que otro modo podría vengarse de su creador y dueño si no era destruyendo cada maldito demonio que le mandaba al frente? Aunque sabía que era solo parte más de la sádica diversión del mismo, no dudaba de que ella pudiera de ese modo hacerse más fuerte. Tan fuerte que no se atrevería a molestarla de nuevo, siendo así consciente de que la muñeca que el mismo había armado, podría hacerle frente. Aunque claro… ¿Podría algún día esta desquiciada victima de la total corrupción competir por el trono que llevaba puesto Golajab? ¿Podria tener tal nivel de insania dentro suyo? Claro… Todo y nada era posible en ese desdichado mundo lleno de esperanzas y sueños rotos.

Pero, la batalla no parecía terminar en ese lugar. Un nuevo quiebre en la mente de la ojiesmeralda sucedió en ese mismo instante en que la bestia corcoveaba. Escuchaba muchísimas voces, voces que gritaban de manera desaforada un lenguaje que se la hacia muy conocido… Hasta entendible ¿Dónde demonios estaba ahora? Miro a su alrededor con cierto terror por el salto dimensional que en su cabeza había dado. Los bosques de Tasmus, ya no estaban más allí. No quedaba nada de las flores rosas que pintaban todos los árboles de inmensa altura, ni ese ambiente semi-oscuro que podría proporcionar las grandes cortinas del cielo y las copas de ramos de flores de un enamorado a su amada. No, todo había desaparecido mágicamente mientras que alrededor suyo solo había mosaicos negros de piedra pulida, y más allá donde su vista lograba divisar, grandes paredes que se elevaban como si fueran una jaula de la que no podría escapar fácilmente. ¿Qué había arriba de ellas? Una tribuna de animales humanizados, aunque mas bestias que humanos, que gritaban entre chillidos, ladridos, rugidos y demás, entremezclados con el idioma que ella conocía, y utilizaba la mayor parte de los Heres. Se los veía completamente excitados, mientras levantaban sus brazos y exigían diversión. Un momento… ¿Diversión?

Todo sucedía en cuestión de segundos, y cuando Alys volvió la mirada al gran minino cornudo que hasta hacia milésimas acuchillaba con afán, se encontraba con un hombre con apariencia de gato, subida en sus hombros como si su cría se tratara. Claro, una imposible cría porque ahora ella una suerte de conejo. Una suerte, claro estaba porque su fisonomía seguía intacta, salvo por sus ropajes que se habían transformado aunque ella jamás lo habría notado. Su vestimenta siempre había sido una falda de color blanco, con una chaqueta roja, galera con orejas y zapatos de pies de conejo… Alys era un conejo en contra de un lince cornudo de deformado rostro, que ahora intentaría tomar revancha en el combate.

No dudo más, y tampoco lo pensó demasiado. De caer sobre ella esos cuernos atravesarían su pecho clavándola al suelo. Pero no era algo que estaba dispuesta a sufrir, más aun cuando podía salir perfectamente ilesa de aquella situación. Retirando su espalda Vorpal de la carnicería que cometía en ese momento, se soltó del cuerno izquierdo de su improvisada montura, materializándose de nuevo en esa hermosa tormenta de azul luminiscente que se evaporaba y aleteaba furiosa hacia un mejor destino, o por lo menos uno muchísimo mas seguro. Las mariposas volaron en perfecto caos dos metros hacia atrás, casi tres, devolviéndole rápidamente su presencia física a la muñeca de porcelana que empezaba a dejar caer sobre el suelo algunas gotas de sangre de su recién liberada victima. ¿Seria eso suficiente? ¿Por qué estaba ella ahí en ese momento? Su rostro recorrió de nuevo todo rápidamente, mientras el pánico empezaba a apresarla por el hecho de que no sabía como es que había llegado a ser no solo el espectáculo del Dios de la locura misma, sino de aquellas bizarras criaturas que gozaban. Sus bellos labios se torcieron en un momento llenos de ira, pero logrando visualizar a lo alto una mujer. La única criatura con rostro de niña que carecía completamente de rasgos animales, de entre todas las malditas abominaciones que allí mismo estaban. Una reina por sus ropajes y la obvia corona que sobre su cabeza llevaba.

-¡Entrégame su cabeza! ¡Quiero su cabeza! ¡La cabeza del derrotado! - Exclamo con una voz de pesadilla, que se transformaba a una aguda a una muchísimo mas gruesa en cada palabra que pronunciaba.

¿Podía ser posible? A los ojos de la bella demon, esa batalla había terminado. Y no había posibilidad alguna de que el hombre de rasgos felinos con cuernos de toro pudiera levantarse. ¿Con que necesidad querría la cabeza del vencido? Cortarla era demasiado, aunque un favor para el caído. Su rostro yacía deformado, pero solo por el castigo de haberse animado a atacarla e intentar convertirla en su bocadillo. Sonrió de medio labio, mientras sus ojos dedicaban una afilada mirada. Su cuchilla Vorpal instantáneamente se había transformado en un cetro con la cabeza de un caballo. Bastante simpática, hasta podría parecer el juguete de un niño por los colores pasteles con que estaba pintada. Pero para nada inocente.

Alys no había escapado del mismísimo infierno para hacer caso a una tirana igual de malvada. Levantando su “hobby horse”, se abalanzó con claras intenciones de terminar de destruir a su captor. La humanidad que hacia unos segundos había nacido de ella había desaparecido. Después de todo, aquella bestia tenia en sus intenciones despellejarla, y ante el ataque frustrado, aplastar sus huesos para darle una agónica muerte. El precio por su atrevimiento, seria que ella misma molería su cráneo con aquel mazazo que estaba apunto de darle.

¿Qué quedaría para la Reina? La clara respuesta de que Alys no estaría bajo las ordenes de ninguna corona que fuera tan maldita como para decretar la muerte en un espectáculo como aquel. Y su respuesta se vería reflejada en los restos de masa encefálica que quedarían totalmente dispersos por el lugar en ese mismo segundo, cuando Alys posaba con espantosa fuerza y velocidad su querido cetro sobre quien hacia unos minutos intentaba darle la muerte.

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Mensaje por Fatus el Miér Mar 07, 2012 11:18 pm

Sus garras flaquearon al primer intento, ahora deformado y tuerto Cruelcuerno observaba mal herido como su ejecutora había despertado de la realidad. Esa mirada de horizonte blanca se había cegado en rabia, no estaba muerto y no moriría hasta que literalmente esa criatura se volviera polvo, como la gran mayoría de las bestia que morían al carecer de alma. Fauces de marfil que se entreabrían con el odio de quien gobierna su instinto. ¿No lo había pensado no? ¿Acaso no llegaba incluso hasta este punto la constante guerra entre los monstruos del otro lado? Ella, juguete exclusivo de aquel que puede crear nuevas pesadillas en las generaciones futuras, no un enemigo pero siempre una riña por parte del ciego de ira es aceptable en un mundo anarquista y suicida. Esa misma esencia refleja la mirada frustrada y densa de la criatura a quien se le bajaba el pulgar. Pero la demencia no es suficiente para destruirse a si misma.
Había un último esfuerzo, un gigantesco impulso emergido de sus patas traseras que desprenderían una gran cantidad de tierra seca, como si fuera un gigantesco motor a vapor que solo tenía un cometido, ella. Su piel tosca y dura era suficiente para amortiguar su propio peso al caer y realizar tan violento giros, sin nadie con el, ya que la misma había tenido la prudencia de utilizar aquel don azulado nuevamente. Pero en esta vez, en esta chance el instinto destructor de la bestia se había dado a entender como golpe de gracia, quizás por su mal funcionamiento luego de esa asquerosa apuñalada o simplemente por ese constante enojo en su inexistente karma...Y no, no habría siquiera un segundo más para pensarlo, ya que en ese solo segundo terminaría siendo nada más y nada menos que una suerte de masa de huesos, carne, músculos y polvo...Si el Portero tenía que decidir su futuro y el señor de la decadencia su muerte...Entonces que sea bañado con la sangre de su enemigo.

El rugido de mil bestias eran vomitados sobre el alma ajena. Las patas delanteras con cierto temblor se alzaron contra aquella criatura de misma altura que le había deformado la cicatriz de la vergüenza. Su honor, si, por alguna razón en la consciencia de esas bestias existía el significado del respeto, en este caso siendo forjada a través del terror. No interesa como o cuando, lo único que importa es que su cuerpo pálido quede marcado y dolorido por las marcas de una bestialidad enferma que solo espera existir luego de muerto. ¿Y quien sabe? Su amo podría buscar verdadero conflicto con Golajab, podría quedar su odio remarcado en los infinitos archivos del tiempo y el espacio. La infinitud, donde todas esas emociones se proyecta con forma de horrores indescriptibles. No podría faltar la "piedad" de sus señores para tomar venganza, porque era inminente que ella era su asesina, se había transformado por capricho del Destino en el gigantesco peso que lo haga desangrar, que quiebre la dureza de su piel, que sea su estructura ocia la que remplazara la fuerte corteza de los robles. Encontrar la muerte, lanzado literalmente el último aliento hacia primeramente su abdominal, aunque sería como objetivo final nuevamente su cuello. Derribar a esa pequeña muñeca de porcelana, desgarrar su traque o incluso llegar a su torso, o su brazo...O su pierna. ¡Debía herirla! ¡Si es capaba aquella bestia tomaría su tiempo para volverse a poner en pie! Era matar...Y sentirse asesinado tras la mordida sarnosa de un monstruo que desde ese momento era a la única a quien odiaba.

El suelo, porque sería inevitable, se mancharía de un rojo fuerte. Todos sus órganos saldrían disparadas por todo el escenario, asquerosa bilis que mantiene firme todo tipo de bacterias y gusanos que destruyen lo más parecido al sistema digestivo. Carne de cobre, huesos amarillentos que desagradablemente se destruyen y se hacen polvo. Algún chillido de agonía sufrida, porque su tiempo de vida había terminado, porque su alma sería seguramente alimento de "Él oscuro"...Si, aquellas criaturas no existirían si no fueran por su rencor. ¿Habría sido buena idea cruzar el Bosque de Tamsus para intentar llegar a la Villa esmeralda? Por alguna razón sentía la Gran Bestia que podía respirar.
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Re: Inexorable destino.

Mensaje por Alys el Vie Mar 09, 2012 11:26 pm

El espectáculo en teoría debía de acabar, puesto que su golpe bajo sus cálculos terminaría de una vez por toda con aquel minino de mal carácter que se había atrevido a atacarla. ¿Podrían creerlo? Sentía lastima en su interior porque realmente no le gustaba mucho lastimar a animales, pero… ¡Pero ese animal se lo merecía! Poco podía importarle el instinto de la bestia, cuanta hambre tuviera o lo que había hecho con su ojo. No, para nada, porque si había algo que ella quería mas que a los animales, era esa falsa sensación de seguridad que cargaba encima. Esa seguridad que la mantenían caminando sin sentir dolor, o al menos no demasiado. Porque en definitiva la interminable marcha que nuestra querida Alys había iniciado solo era una carrera sin fin ni destino visible para escapar del dolor que era estar viva. Consciente o inconcientemente ella sufría por el hecho de que su alma jamás conocería la verdadera paz, por las condiciones en que su destino se había desarrollado. Porque al fin y al cabo, el destino y todos aquellos que en frente suyo alguna vez se habían interpuesto, habían sido unos grandísimos hijos de perra. ¿Los muertos zafaban de este calificativo? ¡Por supuesto que no! ¿O como no recordar las alucinaciones de su hermana recriminando su muerte aun estando viva? Mas inexplicable cuando esa mujer aparecía en estos tiempos, produciéndole una culpa y desesperación inexplicable, porque ni siquiera recordaba quien era o que hizo o que demonios había sucedido para que se sintiera así de miserable.

La situación era así. Alys, la pequeña Alys, quizás era uno de los seres mas sufridos que sobre la faz del mundo habían caminado. ¿El mas demente quizás? Muy posiblemente, no por nada ella había terminado como el juguete favorito de Golajab. Sin embargo, era muy probable que también era de los seres que mas fortaleza supo demostrar, a pesar de toda la miseria que por sobre la historia de su vida había. Porque aun se daba el gusto, la falsa esperanza de pensar que podría encontrar un mañana mejor, olvidar el sufrimiento. Saber lo que era aquello tan abstracto y tan imposible de conseguir que se solía conocer como “felicidad”. ¡Si, es así Alys! ¡Hay razones para pensar que mañana podría ser mejor! Es decir… ¿Podrían las cosas ir peor de lo que ahora iban? Ser recapturada en el otro lado ya poco importaba, aunque no permitiría que eso sucediera. Moriría antes, y quemaría su alma en algún rito que destruyera toda escencia que su existencia había dejado.

Pero, como habría de esperarse siempre la vida o lo que fuera que fuera, se encargaba de darle sorpresas. Y como un regalo repetitivo, no eran de aquellas tan hermosas que hacen a uno estremecerlo hasta sonreír. El golpe que perfectamente planifico para terminar con todo había fallado, pero llegando a destino al fin al cabo. A pesar del sonido de la tribuna lleno de bizarras criaturas, había logrado escuchar claramente el ruido de algo rompiéndose, y por más loca que fuera, sabia que era imposible que su hobby horse fuera el afectado. He ahí la sorpresa, ver al muerto levantarse y seguir luchando. Un digno guerrero del mismísimo infierno se erguía disimulando muy bien toda la violencia que por parte de la coneja recibió. ¿¡Era posible!? Ese apestoso gato cornudo había logrado sacar fuerzas de un lugar desconocido, no solo para evitar su ataque, sino también, para atacarla. El rostro de Alys mostró un claro asombro que pronto se transformo a una impresión total de molestia. Su entrecejo se fruncía, haciendo que su nariz se arrugara, haciéndole afilar su mirada. Eso no quedaría así, y tampoco permitiría que aquella bestia tan cabeza dura y determinada le hiciera prejuicio alguno a su bonita figura. No había duda alguna de que estaba totalmente decidido a devolverle el favor que ella hizo, al lastimarlo hasta que quedara desfigurado.

-¿Cómo es posible…?- Pensó aun anonada la perturbada muñeca que, aunque demente, tenia limites de lo que era posible e imposible dentro de su cabeza. Los mismos limites que la ayudaban a discernir de era bueno y que era malo. Y más allá de eso no, porque ni siquiera podría saber si en realidad era o no castaña, podría ser rubia y ella jamás haberse enterado por lo alucinado que veía al mundo y sus alrededores.

Sin dudar un segundo mas, empuño su hobby horse con firmeza, que algo manchado de sangre había quedado sobre el hocico del cetro. El color blanco estaba ahora muy prolijamente adornado con sangre dándole mas color y vida a este. Analizo la situación rápidamente, y llego a la conclusión de que no tenía tiempo para realizar alguna ofensiva. Lo mejor era retroceder, era lo mas inteligente que podía hacer. Fue así como dando un pequeño salto hacia atrás, salio casi despedida hacia los cielos, impulsada por las mismas mariposas en que podía convertirse, pero sin llegar a ser ellas. Eran las mariposas, que dejando un bello rastro de plumas color esmeralda como sus ojos, la llevaban a los cielos, haciendo que su vestido se abriera como una campana por la brisa que debajo de este pasaba. Aunque quizás, no había sido lo suficientemente rápida. Una fuerte presión sintió sobre su pie izquierdo, que cuando lo elevo un poco para verlo, una marca de garras allí estaba. ¿Sangraba? No, pero había sido lo suficientemente cerca como para dejar pelada aquella zona. E inclusive, a través de la luz roja que matizaba el ambiente de aquella arena de combate, podía ver algunos pelos revoloteando en el aire, mientras el humanizado gato cornudo le gruñía desde abajo, impotente por como su coneja había logrado escapar de nuevo. Una pata de conejo que le daba suerte, aunque fuera una bota con forma de una, mas que nada.

Ahora, un poco más segura, con más impulso, las mariposas arremetían furiosas haciéndola mover hacia atrás, al menos cinco metros de manera veloz. Segundos muy rápidos, lo suficiente para saber que estaría a salvo de su enemigo, porque pensando… ¿Seria ingenuo el considerar que aquel minino bípedo tendría mas fuerzas escondidas? Claro que no, pero su velocidad no se comparaba a la de un comienzo. Desapareciendo entonces las mariposas que la mantenían flotando, Alys cayo rápida sobre el piso, con mucha gracia, cual minuciosa felina era a la hora manejar sus movimientos. Fue entonces cuando se puso de pie, posicionándose firme, mientras sujetaba su hobby horse. Las tribunas llenas de animales gritaban eufóricas ante tal movimiento, y seguramente por como las cosas se habían ido desenvolviendo hasta ese momento. El muerto que se levantaba del mismo abismo del infierno y como la muñeca de porcelana había sido tocada por primera vez. Las inmutables ganas de continuar con el combate hasta que fuera la mismísima muerte quien dijera basta. Porque Alys no pensaba morir ni en ese lugar, ni por esa bestia, habiendo sabido demostrar que ella era de quien tenia que tener cuidado. Quizás derramar sangre de impuros era la razón de su vida, irónica, siendo ella también un alma corrupta, y lastimándose sola a si misma de vez en tanto, cuando la desesperación la visitaba.

Ahora esperaría el ataque de su enemigo, aprovechando de paso la distancia para analizar en que condiciones el mismo se encontraría. Después de todo, parecía tener más resistencia que la que hubiera imaginado. Pero, de no encontrar aun suficiente motivación, sonriendo con sorna dijo de nuevo.

-Ven gatito ven, juro, prometo, que daño no te haré…-

Claro, no le haría daño. Pensaba definitivamente matarlo. ¿Qué mejor presente que la bendita muerte, al deforme que tenia enfrente, podía darle? Había que admitir, de algún modo morboso y sádico, Alys era toda una santa.
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Re: Inexorable destino.

Mensaje por Fatus el Mar Mar 13, 2012 10:59 am

Su sucio y descuidado pelo volaba por todo el aire contaminado de la guarida de Tamsus. Los sabuesos que protegen su letargo, descendiendo de un infierno donde no tiene poder o autoridad, eran la amenaza más comunitaria de todas, sin embargo no eran los seres más débiles exactamente en el mundo. De piel resistente, casi inmune al filo de las rojizas espadas de los guardias. Ágiles para otorgar una muerte rápida y desalmada. Marfiles tan peligrosos que contenían miles y miles de infecciones provenientes de los prados de la incertidumbre, garras que con mucha furia podían zarpar uno de esos gigantescos robles que servían de gigantesca sombra para que no fueran las estrellas las que pudieran observar esa masacre rutinaria que ocurría entre los de su propia especie o con las ajenas. ¿No eran acaso esclavos del Oscuro? Por supuesto y era la excusa perfecta para matarse y devorarse sin siquiera otorgar beneficio de la duda. Siempre habrá razones para evitar la mirada omnipresente de aquellos que se sientan en los tronos metálicos que se alzan en montañas, no, valles de cráneos que emergen como archipiélagos en medio de océanos sangrientos. Ella, eso y todo lo que pisara estas tierras contribuye a la causa; circulo vicioso donde todo el universo se recrea en múltiples ocasiones...¿Como no terminar tan demacrado entonces? Caer en el otro lado es como ahogarse en una piscina que oxida la piel. Ella sufriría mil veces su tormento a grados inexplicables, eso terminaría por volverse uno con su retorcido señor, ya que en algún momento sus ojos negros alguna vez portaron con la ingenuidad.
Ese mismo aire, que era recortado por un hermoso brillo esmeralda, le pesó tanto a esa criatura que sus patas flanquearon al punto de tocar ese sucio suelo de savia abultada, manchada todavía por ese carmín que poco a poco se resecaba por debajo del in detectable lagriman de ese monstruo que casi ciego había quedado ante el propio tumor sobre su hocico, y el resto de su siempre iracundo gesto. Ese golpe seco que sacudió ese gran alfombra de cuero quemada afectaría desde ese punto el resto de la inexistencia aparentemente efímera de eso. Y no, ni siquiera pudo sentir el rozar de sus negras garras con la frágil y blanca piel de la muñeca poseída.¿Como darse cuenta de su diminuto éxito si estaba tan cegado por la frustración? Prácticamente había caído de una manera patética,esa sensación de no sentir, porque el cuerpo era ligero y la garganta ardía mientras se atragantaba con su propia rabia. Desde su propio infierno, rencoroso como el pobre que es degradado ante las riquezas del más afortunado. Orgulloso se condenaría a si mismo por amor a su culto instintivo.

Ella parecía una mística deidad que descendía con un gracia perturbadora. La magia que corría por sus venas claramente no pertenecía a este mundo, una de las pocas coincidencias a con esa hermosa imagen de santa luciferina, pero no por su imagen "benévola" esa criatura de tosca carga mostraría siquiera la cautela del temor. Joven e imprudente, pero recio a encontrarse con la muerte. El suelo zumbaría sobre su cavidad ocultar, un rugido desesperado que agitaba su cabeza con una demencia impensable, como si miles de cuchillos se clavaran sobre sus encías. Y entre ellos había cinco malditos metros que le daban a ella la capacidad de sonreír de manera provocativa, burlándose seguramente de esos rastros de tierra quedaban ante la ondulante carrera de eso que estaba más muerto que vivo.
Las bestias siempre lastimarían al Gran Espíritu, sus largos pasos siempre eran capaces de desgarrar la realidad no obstante su debilidad resaltaba, las heridas sobre su cráneo ,debido a agitar de su propia cabeza, habían terminado por afectar toda la funcionalidad de esa bestia ¿Sería imposible que pedazos de huesos se incrustaran sobre su materia gris? No, no lo era y llegando al Destino de lres metros y medio recorridos esa bestia utilizaría sus patas traseras para impulsarse contra esa mujer de cabellos azabaches y esmeraldas desorientadas.Ese pequeño conejo que debía ser presa del colluvio felino que utilizaba sus patas delanteras para intentar alcanzar cualquier espacio superficial de ella, un sato que roza el cielo, que supera claramente su posición bipode, un verdadero puma que esperaba desmembrar todo, pero su exagerado esfuerzo fue en vano, primeramente porque su peso se inclinaría hacia su propia derecha, haciendo girar su propio cuerpo en plena inconsciencia...Su esfuerzo aparentemente lo había matado en pleno salto.

Hilos de saliva, segregación espumosa y ámbar. Su rugido decayó en el abismo mientras su cuerpo aparentemente inerte tomó la fuerza de un muñeco de trapo. La oscuridad para ese monstruoso espécimen fue absoluta, desalmado de cuerpo vacío ese ser no se había transformado en nada más y nada menos que en una bolsa de huesos rotos que podrían matarla de caer en un punto inconveniente.
¿Hasta donde llegaría su nivel de locura? ¿Encontraría realmente el placer de la muerte o sería su decisión la clemencia de la inseguridad? Había perdido ese monstruo ¿Pero ella había ganado?
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Re: Inexorable destino.

Mensaje por Alys el Jue Mar 15, 2012 12:11 pm

Su sonrisa se mantenía intacta. Todo había pasado ser de un escenario de guerra en un coliseo de animales que buscaban diversión, a un auditorio lleno de silencio. El tiempo se deslizaba de manera lenta ante sus ojos que se abrían como los de una lechuza hecha de esmeraldas al observar, como la bestia aun se animaba a levantarse de la mismísima muerte para atacarla. Como hacia mucho tiempo la sonrisa de Alys dejaba mostrar mas allá de aquellos hermosos y carnosos labios rosáceos curvados parte del interior de su hermética boca. ¡La muerte era tan excitante cuando se la conjugaba con la ira! La mirada del animal, o al menos el único ojo que le supo perdonar dejaba de brillar con cada paso, y es que alguien mas sobre su hombro estaba. Nuestra hermosa muñeca de porcelana era quien podría ver, como las pequeñas hadas mensajeras de la muerte revoloteaban a través de sus oídos tocando su cuero manchado de sangre. No podía ser de menos, eran esas las encargadas de llenar el oído de los prontos habitantes del mas allá, de burlas o halagos dependiendo el fallecido. ¿Lograr escuchar que podían decir esos diminutos seres blanquecinos envueltos en un jirón de seda negra? Solo una débil risa que se extinguía fácil en el silencio que su mente había creado. Era la impiadosa burla al ser muerto por Alys y el blandir de su cuchilla Vorpal. Nadie de momento se había salvado del fatalista destino de conocer el filo de esa arma, y en ese instante el record se seguía manteniendo intacto ensanchando su logro. Y aunque el hobby horse había hecho parte de ese trabajo, solo era un vestido más de aquel cuchillo, un vestuario más como los tantos con los que el juguete favorito de Golajab solía lucir de tanto en tanto.

Fue así como pleno vuelo de su enemigo hacia el fin de su vida, noto cierta desviación que era aquella señal que en todo momento había estado esperando. Una leve sombra curvada que pasaba a la velocidad que nos invaden las penumbras al momento en que uno pierde la consciencia. Era el gran verdugo que con su hoz corto el hilo, el fino hilo que mantenía a la criatura atada a este plano astral. ¿Pero podía ser así? ¡No, que diablos estaba sucediendo! ¡El portero se estaba robando su obra, su acción, su oportunidad para coleccionar puntos en el camino a la redención de su alma! No podía quedarse con los brazos cruzados, porque simplemente no podía terminar así. En ese preciso instante, algo comenzaba a apoderarse en lo más profundo de la joven, algo que le impulsaba a concluir bien aquel trabajo. Siempre había tenido conflictos internos con la muerte, la idea de morir, de que mueran a su alrededor. Pero el hecho de que ahora esta fuera un nuevo impedimento, una ladrona de sus batallas para ganarse el perdón del ser supremo, y conocer la felicidad la habían tocado en una de las fibras mas sensibles de su ser. Detestaba en su lógica solo facilitarle las cosas a la muerte. Que viniera como si nada el verdugo de los mortales y se llevara el alma del destinado sin siquiera mancharse un dedo. ¡Mientras ella se llenaba el delantal de sangre! Aunque no permitirá ser una herramienta de nuevo, no, en lo absoluto. Si ella mataba, ella seria de ahora en más la parca. ¿Un medio mas para hallar la muerte? No, la muerte misma con ojos esmeraldas.

Un aura violácea rodeo a la joven que con mirada furiosa ahora demostraba gran agilidad al saltar cual coneja era, contra el cuerpo de aquel felino humanizado que se deslizaba ya por el aire apreciando sus últimos suspiros. Un rastro de mariposas luminescentes verdes agua se desprecian para darle impulso a ese gran brinco, mientras su brazos se extendían con su hobby horse en ofensiva. Y en menos de lo que restaba un segundo, la cabeza del caballo cetro se hundía sobre las costillas del hombre felino que era disparado con la fuerza propia de un demon hacia un lado. Su cuerpo repiqueteo dando cinco vueltas sobre la piedra pulida, dejando un sendero de sangre antes que este se detuviera. Alys por su parte descendía con gracia, suavemente, ayudada por sus mariposas y su revoloteo protector. Pero terminar con todo en ese momento, era demasiado temprano. Y no es que quisiera brindar un espectáculo para las bestias que hace rato en su mente ya no se oían. A su alrededor ya nada era como hacia unos minutos, puesto que solo quedaba aquel coliseo cubierto de montañas de huesos de quienes sus espectadores eran, en los asientos donde se mantenían. Solo la Reina conservaba aun su carne, aunque también muerta, podrida pero con la mirada bien abierta, como si aun la viera. Ella se mantenía en reposo en el cetro donde anteriormente había exigido la cabeza del minino de Tasmus. La luz rojiza que iluminaba todo empezaba poco a poco a hacerse más blanquecina. Alys miraba algo catatónica hacia donde su fatal victima se hallaba. Finalmente, el silencio daba paso a algo que la relajo… ¿Era música? ¿Era una sinfonía…? Las voces de las hadas oscuras que alrededor de su mente andaban. Pero no podía verlas, más si escucharlas.

-Ofrece algo a la luz. A la luz…- Dijo una voz en su cabeza. Alys respiraba agitada, desesperada. ¿Seria su anhelada oportunidad? ¿Por eso la había puesto en ese campo de batalla? ¡Estaba segura de haber podido demostrar su valía! ¡De que era digna de vivir feliz, de ser buena, de redimirse! Pero la ofrenda no estaba, las hadas insistían en esas notas que su misma cabeza fabricaba. O más seguramente rescataban de un entrañable y hasta ahora olvidado recuerdo de su vida pasada como heres.

-Ofrenda, ofrenda…- Susurro mientras corría ligera por el sendero de sangre marcado hacia su victima. Su mirada lo recorrió entero, a ese cuerpo que por mas castigado estaba, el único lugar donde profanado con sangre estaba era su rostro. Su piel era impura, y sus ojos nada podían ver. Solo quedaba ofrecer lo que ella terminaba casi siempre rescatando de sus victimas, y era precisamente el cofre de su alma. Levantando de nuevo su hobby horse, lo estrello con fuerza increíble, haciendo que el mismísimo caballo relinchara indicando la fuerza del impacto. Porque por mas ilógico que “sonara” el hobby horse relincharía cuando se lo estuviera usando con desmedida fuerza, el se sentía mal de tanta violencia. Sus pupilas pintadas se voltearon hacia atrás, en un acusadora mirada a su dueña. Ella simplemente ignoro aquel gesto, desvaneciéndolo. Hasta luego hermoso caballo, pero era la Espada Vorpal quien ahora mismo debía aparecer. Solamente con ella podría lograr lo que ahora por su mente recorría.

Arrodillándose ante la bestia que aun mantenía forma humanoide, Alys clavo sin miramiento alguno sobre el pecho del animal, que sin llegar a perforarlo, si logro abrir su piel. Bien, eso era su objetivo. Ahora, deslizándolo desde su esternón hacia abajo, fue haciéndose camino a través del cuero. Una línea limpia hasta su abdomen, y luego solamente los jirones que ella daba sobre la piel para que se desgarrara del músculo. Cual experta sanguinaria, la pequeña sabia donde ejercer presión para que la piel se desprendiera del animal, y toscos y sonoros rasguidos de la piel separándose del resto del cuerpo daban fe de ello. Los pelos del cimarrón empezaban a volar por el aire mientras que la carne expuesta se llenaba de suciedad del ambiente. Entre sangre, tierra y cabellos todo se volvía cada vez mas sucio e impuro, porque ni los mismos asesinos hacían su trabajo de manera tan improlija. Ahora, ya teniendo de sus dos costados la piel separada, debía de terminar el trabajo, y poniéndose de pie mientras sostenía un pedazo de cuero, como si un truco de quitar el mantel sin tirar los vasos de la mesa, sacudió el cuerpo del muerto, que a pesar de ser más grande que ella, esta logro moverlo sin reparo alguno. La fuerza de los demons se atestiguaba en sus delgados brazos que con tan simple movimiento hacían de nuevo rodar por el aire al cadáver cayendo otra vez al piso, salpicando sangre que sus músculos expuestos aun conservaban.

Sonrío contenta ante la victoria de ese momento. Un gran pedazo de cuero que correspondía absolutamente a todo el torso del enemigo yacía entre sus manos. Aun calido, calido por la rabia e ira con la que murió, e inclusive podría pensar por la fiebre que la infección de la mortal y lenta herida en su ojo que le había otorgado. Pero debía continuar, porque el cuero no era realmente lo que en el muerto buscaba. Acercándose de nuevo con su espada Vorpal, contemplando ya la carne del extinto, lo clavo, desgarrando sus músculos y encontrándose con sus órganos que aun gozaban de color saludable, exceptuando algunos lugares donde su hobby horse había impactado. Los pulmones del mismo yacía colapsados, y tanto liquido solo eran un estorbo mas. Hurgando en el cuerpo, cual caja de juguetes, Alys tomo aquel órgano esponjoso y sin mas, lo arranco arrojándolo hacia un lado. No buscaba eso, y eso le impedía mejor visión. ¿Dónde estaba, donde estaba lo que quería en sus manos? Si no lo encontraba de buenas a primeras, vaciaría al cuerpo hasta hallarlo. Tomando las vísceras sin asco, arrancaba los intestinos y demás órganos tirándolos detrás de ella. Estomago, hígado, páncreas, uno que otro pedazo de carne y costillas rotas. Poco a poco se iba acumulando a un lado todo aquello que una vez supo hacer mover al sabueso de Tasmus, hasta que finalmente lo tuvo entre sus manos. ¡El corazón del villano! La primera parte de su ofrenda estaba lista, y mientras acomodaba el pequeño tesoro sobre el cuero que había doblado, se limpiaba un poco en su falda blanca. ¿Acaso le importaba la sangre? En lo absoluto, pero tampoco era que le agradara en exceso. Solo eran una razón mas para vivir buscando lugares con agua para limpiar su cuchilla.

Ahora si, finalmente se encontraría con lo que seguro aceptarían como ofrenda. Y no es que lo supiera con ciencia cierta, pero el mito del cuento y lo real no tenían diferencia para Alys. Gateando ahora a la cabeza del mínimo, la observo por unos segundos sin mostrar arrepentimiento alguno. Abriendo entonces con una mano la mandíbula de muerto que aun no estaba rígido, observo con cuidado los dientes de estos. Amarillos, desgastados… ¡No podían ser una buena ofrenda para la gran hada cumple deseos! Esperaba al menos que su tamaño fuera compensación, por lo que sin mas, comenzó a apuñalar la encia del cadáver. Golpe tras golpe, cuidándose de no lastimarse sola. La saliva grumosa y espesa empezaba a mezclarse con sangre, haciendo el hedor de esta más terrible de lo que era. Alys mostró una mueca de asco, pero tenia que seguir adelante. Había visto cosas peores y en si, muchas veces algo mas normal podía llegar a repugnarla más que aquello. Finalmente, empezaron a salir. Primero un colmillo, luego el segundo, los de abajo… La sangre aun chorreaba, pero era preferible ver más a la sangre que a la misma saliva del animal. Ahora se preguntaba mientras limpiaba un poco los puñales de marfil sobre la poca piel que quedaba sobre la bestia ¿Tenían suficiente valor los demás dientes…? No parecían muy lindos a sus ojos. Así que en conclusión, ya era todo lo que necesitaba. La ofrenda estaba lista.

Parándose, tomo el cuero del animal, los dientes y su corazón, y mientras afilaba mas su oído buscando de donde provenía la música que las hadas producían para guiarla hasta su Dios Benévolo, paso sin darse cuenta sobre muy cerca de la pila de órganos desechados. La sangre chorreaba, y alguna que otra sustancia resbalosa. Tan resbalosa que hacer resbalar a Alys cuando sin cuidado había pasado sobre ella. Un resbalón que hizo que su pie se fuera hacia adelante, tropezándose con ella misma, mientras intentaba salvar a las ofrendas de su caída, pero airándola a ella de espaldas y golpeando su cabeza con fuerza. ¡La bestia, o sus restos habían tomado venganza! Un golpe seco, directo y doloroso inclusive. Las orbes verdes de la muñeca habían quedado paralizadas mientras miraban más allá, en el cielo que se volvía negro. Este después se volvía rosa y finalmente verde oscuro. Veía al bosque de Tasmus tal cual era, sin más aderezos de su imaginación. Se sentó lentamente con esfuerzo, temblando mientras observaba su alrededor con sorpresa, casi con pánico. Ese… Ese horror. ¿Era ella responsable? ¿Era responsable de esa carnicería de allí…? Se quiso levantar rápido, cuando algo de su falda cayo. El corazón, inerte, muerto. Su imaginación volvió al ataque, aunque débil., haciéndolo latir por segundos, con furia. Fue suficiente para terminar de horrorizarla. Ella no era un monstruo, solo un monstruo seria capaz de hacer algo así… Aunque, ¿Se había defendido verdad…? Intento calmarse, mientras huía de ese lugar. Corría incansable mientras el viento de su carrera quitaba las últimas gotas de sangre de su Vorpal. Necesitaba agua, necesitaba lavarse la sangre. La sangre despertaba en ella un deseo homicida, y no era lo que buscaba. Podría lucir como alguien que no era, y no quería verse así a los ojos de su inexistente salvador.

-Esto no puede ser real…- Logro únicamente pensar. Y es que así, solo así podía pensar uno cuando la última porción de lucidez empezaba a acabarse en lo que era el mar perdido del delirio.

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