En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

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Mensaje por Karel Stark el Jue Dic 19, 2013 12:59 am

El Caballero Negro... Así lo llamaban. Pocos conocían realmente quién era. Pero poco importaba.

Las largas jornadas de viaje habrían sido agotadoras para cualquier guerrero, sin embargo, el hombre que portaba aquella armadura no parecía mostrar la más mínima traza de cansancio. Su paso firme y su porte regio indicaban, a cada paso que daba, que no era la clase de hombre que mostrase debilidad, miedo, o dudas... Muy al contrario, más bien parecía que nada hubiese en aquel mundo que pudiese atormentarle. Y, sin embargo, en sus ojos, donde la mayoría mostraban la seguridad, la fuerza, el espíritu de una vida que sólo acababa de empezar a brillar, había otra extraña sensación, la llama de un hombre que había vivido la tortura como una parte de su ser, una profundidad insondable, negra como un abismo, pero al mismo tiempo refulgente como las estrellas en el firmamento. Todo en él era una contradicción viviente. Las ropas de viaje, ligeramente ajadas, la espada que llevaba a su espalda envuelta en vendajes que, seguramente, ocultasen una regia vaina. El rostro al descubierto, mientras la capa de viaje cubría todo el resto de su cuerpo con un manto incapaz de superarse. Los pasos firmes, pese a estar metiéndose de lleno en la boca del peligro.

Pero nadie sabría las razones de que allí estuviese.

A pesar de llevar poco tiempo allí, Karel ya había marcado su próximo objetivo. Las noches pasadas en tabernas y calles de aquella región no habían sido del todo improductivas: Si bien era totalmente cierto que no había sido capaz de encontrar una lid que estuviese a su altura, los rumores habían arrojado cierta esperanza en su búsqueda de un rival con el que probar su verdadera capacidad. No es que fuesen rumores claros, a decir verdad, pero todos coincidían en que en lo más profundo de aquel bosque, más allá de donde ningún hombre o mujer, o Dios, se había aventurado, residía la clase de monstruo que estaba buscando. Un ser capaz de hender la tierra con su sola presencia, de reducir a jirones su misma existencia con sólo desearlo. Un apocalipsis andante que amenazaba con su mera existencia la estabilidad del mundo. La clase de monstruo que sólo un héroe podía aspirar a enfrentar. La clase de bestia que sólo él podía aspirar a derrotar.

Pero Karel no era uno de esos inconscientes guerreros que se lanzaban a la boca del lobo sin preparación. No, era consciente de sus habilidades. Sabía que en aquel lugar posiblemente no hubiese guerrero que se le equiparase, que incluso el más poderoso de todos ellos sería presa fácil con que se tomase la lid mínimamente en serio... Era una realidad amarga, pero a la que se había acostumbrado, la realidad de vencer siempre incluso contra aquellos que se habían labrado una reputación de ser héroes para la tierra. Había buscado durante mucho tiempo al rival capaz de ofrecerle un combate interesante, pero más allá de la traición y la cobardía, no había conocido jamás un solo obstáculo que mereciese llevarlo a sus límites. Había acabado aceptando que posiblemente jamás encontrara el desafío que andaba buscando. Le molestaba, pero era, en parte, su sino. Había encontrado el significado de su existencia sirviendo a otros, pero su sed de gloria jamás se había saciado con un combate digno. Ni siquiera cuando aquel escuadrón de la Sacra Alianza lo llevó al borde de la muerte sintió que estuviera en verdadero peligro. Y eso era lo más peligroso de todo: El pensamiento inconsciente de que nada ni nadie podría llegar a vencerlo jamás.

Con la ausencia de un rival a la altura, incluso sus magníficas habilidades estaban llamadas a erosionarse y convertirse en cenizas. Lo único que podía considerar verdaderamente suyo, su habilidad para el combate, dejaría de existir si no era capaz de encontrar algo, o alguien, que le forzase a ir más allá de sus límites. Y eso significaría que, cuando surgiese alguien que ni siquiera él pudiese derrotar, entonces nadie sería capaz de proteger a los débiles y los inocentes. Eso era algo que no se podía permitir. Y, sin embargo, sabía perfectamente que enfrentar a aquella bestia cara a cara era, de momento, un suicidio... Incluso él, que había nacido para vencer, no era nada ante un enemigo capaz de desgarrar el tejido mismo de toda existencia con un solo pensamiento. Incluso aquel que había nacido con la grandeza como destino nada podría hacer contra aquel que era capaz de poner fin a toda existencia con un capricho. Ni siquiera él podía desafiar al Apocalipsis. No todavía.

Pero eso no significaba que no pudiese encontrar alguna semblanza de desafío en aquellos lugares.

De hecho, la razón que le había llevado allí era doble: Por un lado, quería comprobar hasta qué punto era poderosa la criatura de la que se hablaba. SI tan fuerte era como decían las leyendas, entonces era inevitable que sintiese su presencia casi tan pronto hubiese puesto un pie en las cercanías de su guarida y, aunque no pretendiese desafiarle de momento, poder sentir hasta qué punto era poderoso bastaría para encender en su corazón de nuevo la llama del desafío, una motivación que le haría alzarse para poder seguir persiguiendo su destino. No sólo le serviría para darse cuenta, de nuevo, de cuán insignificante era en realidad contra los grandes poderes del mundo, arraigando en su corazón el miedo y la humildad que todo héroe debía poseer y superar para poder ser considerado como tal, sino también le ayudaría a la hora de saber hasta qué punto debía mejorar para poder tener alguna esperanza. Mirar al abismo infinito, hallar la desesperación, para que la esperanza pudiese devorarla. Una de las muchas lecciones de su padre que sólo ahora conseguía comprender.

Y la segunda razón era, precisamente, empezar a recorrer el camino que le llevaría a ser capaz de destruir a aquel que era capaz de poner fin a toda existencia. Quizá no fuese lo bastante poderoso para enfrentar al gran rey de las bestias de momento, y quizá no hubiese ningún rival individual que pudiese equipararse a él en justa lid... Pero había escuchado los rumores. Aquel bosque estaba plagado de monstruos, bestias sumamente poderosas, seres que harían que un ser humano normal quedase completamente sobrecogido, con el corazón encogido en un puño y un nudo en el estómago impidiendo la respiración. Uno solo de ellos quizá no fuese un desafío, pero eso sólo significaba que debía enfrentar a varios de ellos al mismo tiempo. Quizá así pudiese sentir la sangre corriendo de nuevo por sus venas, quizá así pudiese sentir, de nuevo, que era merecedor del favor de la Diosa. Después de todo, nada había hecho por esas gentes que fuese digno de mención, y ya llevaba demasiado tiempo allí.

Era hora de dar a los habitantes de aquellas tierras un motivo para la esperanza. Ese sería un buen primer paso. Destruir a cuantas de aquellas bestias fuese posible, de modo que su nombre fuese conocido, y los habitantes tuviesen un motivo menos del que preocuparse. Con un poco de suerte, quizá, sólo quizá, consiguiese batirse en duelo con el líder de aquellas bestias y derrotarlo, obligando a sus siervos a abandonar para siempre aquellas tierras, permitiendo que las nobles gentes pudiesen volver a andar por esos bosques sin que el temor y las dudas convirtiesen en piedra sus corazones.

Anduvo durante largo rato pero, finalmente, consiguió llegar al punto justo. Sacó su espada y la observó, la giró en su mano derecha durante un instante, la balanceó... Y, tras un giro de muñeca, la clavó en el suelo, cruzándose de brazos acto seguido. Podía sentir los ojos clavados sobre su porte, la sensación de peligro en sus venas. El desafío había sido lanzado.

Sólo quedaba esperar la respuesta.
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Re: Desafiando al Sino [Tema libre]

Mensaje por Fatus el Vie Dic 20, 2013 2:38 am









Nivel: 1  

-Tipo: Bestia  -Elemento: Tierra

Crueltauro es una raza de criaturas extremadamente frecuentes en todo Tzión, todas o la gran mayoría bajo el mando de un Terrible Alfa que dirige a consciencia del Oscuro Tagirion. La raza de Tamsus se destaca por su salvajismo, su abundancia y el terrible daño que está causando en la región. Razas enteras han destruido, muchas personas han muerto bajo sus fauces e incluso una ciudad enorme como Nueva Leone se ve amenazada por una cantidad interminable de una masa de músculos cegada por la locura.
El Crueltauro es ciego y en muchos casos estúpido y auto-destructivo. Sin embargo posee herramientas como una fuerza legendaria, una velocidad y un armamento como Cuernos y Fauces que luchan contra el acero mejor templado. Una piel que no puede ser atravesada ni por armas ni por municiones y una capacidad para rastrear almas increíble.
El Crueltauro es una raza rencorosa y un enorme problema en todo el mundo, un gran cáncer que solo desea la destrucción de Tzión y cualquier cosa que se mueva.



-Dieta: Carnívoro
-Hábitat: Cálido y Templado
-Terreno: Bosques - Llanura - Montaña
-Organización: Jaurías y muy pocas veces en solitario
-Ciclo activo: Diurno.
-Valor: 16 Piedras











"Una gigantesca figura de color avellana, de un pelaje fruncido y sucio, pegado a una carne tensada y siempre abundante, fibrosa como las de un león. ¿Cual era su altura? A cuatro patas este monstruo llegaba al metro sesenta y un poco más variaba en cada uno. Como bipode llega incluso a los tres metros de altura, aunque por generalmente no necesitan de tanto recurso ya que no hay criatura que fuera más grande que este ser, por lo cual no le cuesta nada aplastar si se abalanza contra alguien. Sus garras negras desgarraban las cortezas y la carne de una forma monstruosa su hocico siempre fruncido revelaba una dentadura feroz, haciendo principal fuerza en sus colmillos, un rostro remarcado en odio y unos ojos de color completamente negros reflejaban como en un espejo el alma a cazar y lo que le daba su verdadero nombre, una orejas paradas que eran duras, extrañamente duras como cuernos y filosas como espadas.Eso, ese terrible ser era un Crueltauro, un sabueso de Tamsus"

Primera aparición

Ha sabido muy bien que era observado quién es el supuesto elegido de la Diosa de la Victoria, preciado hijo y campeón de algo que no es más que una voz susurrante agonizante dentro de aquella magullada esperanza que imponen no los que son Dioses, sino señores del Destino Inevitable de los hombres. ¿Un Héroe? ¿Alguien que debe ser venerado por seres que poseen su misma carne y esencia? La silueta de ese Heres no merece ser concebida como la de un insigne bajo ningún punto de vista. Llamativo por el simple hecho de que no puede dejar de gritarle al mundo que se encuentra allí, desesperado por actos que ni siquiera en la muerte le serán recordados, usurpador de alabanzas que Ellos pueden transformar en llantos extasiados por el irremediable desconsuelo.
Su percepción sobre lo inevitable entonces se vuelve un hecho implacable, él los buscó pero fueron ellos quienes lo enterrarían como su presa. Solitario lobo, guerrero de armadura negra; El carmín será lo único que brillará al final de sus días, y no lo será la putrefacta y ardiente linfa de sus cancerberos sino que la propia, aquella que él desea reconocer como tal. Las blancas promesas se mancharán con la suciedad de la derrota, porque no son otros que los esclavos de la guerra los que lo interceptarán, esclavos del maestro que forjó con odio el arte que él supone dominar.

El azufre comienza a carcomer el oxígeno de las profundidades del bosque de Tamsus; Satánicos bramidos rasgan la corteza de los árboles, la misma del rencor entonces impactara fuerte sobre su armadura debido a ese sentir que ata a los perros de Tagirion. En este mundo jamás podrá reconocer un sentimiento tan lastimero como aquel que respirará, muchas personas sienten una enorme pena al enmarcar el odio a un hermano, pero están aquellos que se contagian de furor y comienzan a contaminar sus pulmones con el roer del metal sobre el propio, la imaginación de concebir chispeantes colisiones, la llamada viva de la sangre derramada en una guerra que nunca más podrá terminar; Es la verdadera esencia que esconden los ojos de aquel hombre de negros cabellos y muy fiable andar. Los engendros del odio pueden comprender la inmoralidad en su espada como también en su honor, no son realmente débiles sino una hambruna lo que terminará él por saciar, todos han comenzado así y todos han sido víctimas del virus rabioso que transmite el talento para matar. Aquellos ojos negros y vacíos han penetrado en su alma y buscan distorsionar sin piedad la misma; Manosear sus entrañas con sus fauces es un concepto muy pequeño para lo que su instinto les demanda.
Y así, nacidos de la misma calma rompieron el silencio y sin dar un previo aviso estas monstruosidades dieron carrera hasta su objetivo que ya desde muy lejos pueden presenciar; Oh elegido de la Diosa de la Victoria, no desean competir aquellos esclavos de la demencia, desean matarte, porque todo lo bueno y altanero aborrecen, porque nadie para ellos es un guerrero más bien un pedazo de carne protegido por una armadura que no significa nada para sus fauces.

El bosque calló; las pisadas en todas las direcciones se manifestaron, la espada en el suelo temblorosa por enormes pasos advirtió, gritos de locura se manifestaron en el aire cual hienas del tártaro.
Cuatro enormes especímenes de Crueltauro entraron a por su esencia y por sus huesos. Rápidos porque sus músculos impulsados por el odio están no le deseaban dar siquiera una respuesta o advertencia real, sus patas traseras excitadas daban dirección a esas zancadas que arrancan la tierra y las raíces de su lugar. Más rápido que los mandobles de cualquier mortal las bestias arribaron por su diestra y sin siquiera pensarlo dictaron la primera acción ofensiva, arriesgada seguramente por parte de sus demenciales instintos pero que de no corresponder terminarían por transformarse en un prólogo a una inminente masacre.

Las patas traseras del cual más se adelantó dieron un salto espectacular que buscaba no solo derribar sino de ser posible triturar el rostro ajeno con una cornada directa y cercana a su rostro. Sus patas delanteras se extendieron para desear sus hombros tocar y desmembrar, entre sus prendas y hombreras encontraría final si el mismo no ha de moverse. Sin embargo son aquellas fauces siempre fruncidas las que también resulta una terrible amenaza incluso para él que porta una armadura eficaz y de dotes sagrados. Esa aura puede lastimar pero jamás hará retroceder a una criatura ya fuera de sí, no puede percibir la misma el dolor y se denota esa predicción con las constantes volteretas que dan sus cabezas al sacudirse mientras espuma y sangre vomitan constantemente.
El erguido de la victoria podrá entonces encontrar una fuerza que le está haciendo competencia pura a él, que de decirse poderoso entre Demones jamás pudo presenciar entonces la potencia de una criatura que no está viva pero tampoco muerta, de un ente que es hueco y que lo único que puede contenerlo y por instantes es la matanza de sus semejantes como también de los habitantes de este mundo marchitado por cánceres como aquellos. Nadie en este mundo pretende siquiera hacerles frente directo a monstruos tales que con solo sus pieles reciben flechas, mandobles y hasta perdigones de cualquier índole, las suyas no serán la excepción puesto que cicatrices estos monstruos llevan en su pelaje dorado.
El salto poderoso no se da por la altura sino por la distancia que cubre y por la fuerza que hizo estallar la tierra detrás de sus motrices traseras, los veinte metros puede superar este impulso dado por una musculatura demoníaca. La criatura estaba lista para recibir lo que fuera, o incluso interceptarlo con sus fauces de ser necesario.

Más no se encuentra sola, las otras tres a su misma velocidad comenzarían a rodear cada posible ángulo que el caballero posee, el salto de la primera era más rápido que su llegada y ese simple detalle logra una coordinación exacta al momento que el solitario Heres responda a la primera agresión.  Las otras tres podrían derribar o incluso querer penetrar su peto con todo absoluto rencor de sus inexistentes almas. Sus piernas, una embestida que pueda significar postrar al mismo contra la fuerte estructura de un roble, dependerá absolutamente de su respuesta la contrapuesta de las otras criaturas que impacientes buscan utilizar al primero casi como una carnada para dar con el verdadero ataque, un golpe a traición seguramente pero esto no involucra al honor sino a la propia matanza.

Deberá de ser de todas formas un calentamiento...Las criaturas no están solas, ninguna de ellas es capaz de reproducir el azufre y mucho menos el fuego que se huele y que es proveniente de una forja maliciosa. Aun este detalle no importará, más preparado debe encontrarse aquel guerrero para el final...Puede que hasta su muerte encuentre si no reacciona con inteligencia y con una velocidad que deba de equiparar a la de aquellas criaturas enceguecidas por la locura.


Última edición por Fatus el Dom Dic 29, 2013 7:20 am, editado 2 veces
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Re: Desafiando al Sino [Tema libre]

Mensaje por Karel Stark el Vie Dic 20, 2013 11:16 am

Y así comenzaba.

La muerte... Podía oler su inconfundible aroma. El bramar de las pisadas a su alrededor, el sabor de la sangre... Rodeado en cuestión de segundos por bestias que desafiaban la imaginación, sin embargo, el Héroe no mostró mayor expresión que la simple tranquilidad, sus ojos cerrados para centrarse en las sensaciones, en los instintos. Podía sentir el flujo del combate, el requisito de la victoria y la furia de sus enemigos como si fuese el agua cálida de un arroyo en verano, podía sentir todo lo que aquello tenía lugar, con él como centro, y, por tanto, podía responder a ello.

El primer asalto fue salvaje... También descuidado. Al abalanzarse sobre él, el Crueltauro habría perdido la capacidad de maniobra que le hubiese permitido evitar un posible ataque, los cuernos por delante en una amenaza salvaje y despiadada. Cualquiera hubiese pensado que su respuesta era una locura, más el héroe se caracterizaba por intentar hazañas que el resto de mortales apenas sí se atreverían siquiera a soñar: El susurro de la victoria en su oído le guió al punto exacto en que las espadas del Crueltauro descansaban inofensivas en sus vainas y, cuando allí estuvo, le tocó el turno a manos enguantadas, negras, de decidir hacia dónde debía girar la rueda del destino. Los pies se plantaron con firmeza en el suelo, clavándose incluso en el mismo, el visor cubrió los ojos que antes habían sido la única faz del héroe, en su lugar, una línea roja oculta tras un casco de negro metal. Su aura empezó a vibrar con intensidad salvaje y, entonces, se produciría el contacto de héroe y bestia, de destino y lucha.

Sus manos agarrarían la cornamenta. Nada podría hacer un simple humano, más él había nacido de la Victoria. Su poder era mayor que el de cualquiera de sus mal llamado iguales, incluso ahora, que su condición no le permitía extraer su pleno potencial. Sus manos agarrando las armas de la bestia fueron el punto de apoyo, el resto, la propia fuerza de la bestia, su fuerza, la herramienta que le concedería la victoria: Sus pies firmemente plantados en el suelo actuaron como el firme muro que debía ser y, alzando a la bestia por encima de su cabeza con una fuerza que desmentía por completo su supuesta condición, el héroe procedería acto seguido a golpear, con colosal violencia, al Crueltauro contra aquellos que buscaban, cobardemente, una apertura en su defensa. Quizá nadie esperase aquello. Él mismo probablemente tampoco. Pero, en sus manos, todo se convertía en un arma: Una simple roca del camino, las ramas de un árbol caído, incluso un enemigo salvaje cuya razón hacía tiempo que había abandonado este mundo, quizá jamás existiendo en primer lugar.

El cuerpo de su enemigo se convirtió, pues, en su espada mientras describía un enorme balanceo. Pataleando en su agarre, sin embargo, la criatura podría llegar a liberarse. En algún momento. No lo haría. Tan pronto hubiese dado uso de su cuerpo como lo que pretendía que fuera, una porra improvisada, el caballero negro enterraría los cuernos en el suelo, dejando a la bestia vulnerable, cabeza abajo, patas arriba, como un poste. Quien diera cuenta de él sería irrelevante: Sus propios aliados en su carga salvaje y descompensada, quizá él mismo, tomando su espada para partir en dos a la bestia salvaje y poner fin a su sufrimiento, quizá el cuello de la propia bestia cediese ante la imposibilidad de aguantar su propio peso. Era indiferente. Sus enemigos eran muchos, él, sólo uno. Un momento de duda sólo podría acabar en tragedia. Pero era un bosque, y eso significaba que, para él, había un arsenal a la espera.

Eliminado el primer osado enemigo, buscaría un arma. Un tronco, quizá, en el suelo, que en sus manos se convertiría en un arma legendaria, una poderosa lanza capaz de destruir a aquellas bestias sin cuestiones. Con ella, atacaría al primero de los restantes, arrancaría su cabeza, y adoptaría posiciones defensivas para enfrentar al resto. Debían saber que él no era una víctima. Él era el cazador. Ellos, la presa. Los escenarios que le dieran la victoria se reproducían constantemente en su cabeza, todos ellos, como un torrente, como un instinto infalible, la misma Voz de la Victoria.

Entonces, sus ojos se abrieron. La primera bestia, allí estaba... Era el momento de que el escenario que se había dado en su cabeza se realizase en aquel mundo como el acto de un héroe, no, un semidios, luchando contra el propio destino. La suerte estaba echada.
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Re: Desafiando al Sino [Tema libre]

Mensaje por Fatus el Vie Dic 20, 2013 8:19 pm

El plan de aquel que era reconocido como el hijo de la victoria era una hozada maniobra que solo aquellos con perfecta precisión y valentía podían lograr, sus manos firmes como la certeza de sus pensamientos son los de un verdadero monstruo que no conoce un retroceso o la mínima intimidación ante aquellas fauces alocadas y esos ojos negros que transmiten y penetran el himen de la pureza. Jamás se vio afectado sino por su extraña procedencia que lo aglomera y ciega en una grandeza que puede resultar extremadamente traicionera en el propio caso, principalmente porque sus brazos si pudieron llegar a sus cuerpos, pero la propia criatura había previsto esto con la dichosa fuerza que él quiso tomar por ventaja, más el cuerpo de la bestia y su solo tacto era suficiente como para descargar en colapso sobre el caballero de negra armadura, abismal como la inesperada reacción de un ser que sin razonamiento fue forjado bajo el fuego de la contienda misma.

Las patas delanteras de la bestia antes siquiera de que los brazos del Heres pudieran tomar sus cuerpos habían de aterrizar sobre las hombreras mismas, rasgando entre soldaduras y telas aquellas nocturnas garras que son las portadoras de la muerte misma y con las cuales dañan y machacan la piel de la Gran Bestia, consciencia misma y salvaje de un mundo que toma recaudo en su defensa más nunca notará que aquel cruzado de grandes proezas e inexistentes cantares lucha por el equilibrio y abriga a sus desamparados habitantes del mal que siempre arrecia y que toma forma retorcidas, más diversas en la imaginación que los mortales pueden de poseer. ¿Entonces como ha de sorprender una alocada criatura catalogada como salvaje? Es que solo comparado con las entrañas creadoras estos engendros de fuertes pelajes son enviadas a un pozo descerebrado sin táctica ni destreza, más es el error de todos aquellos que enfundan sus manos y armas contra los que dicen ser nacidos del propio abismo; sabe bien que ese monstruo de poseer marcas se debe a héroes como él, que nunca desempeñan sus armas en algo tan básico y trivial, ahora su error ha de pagar.

La criatura al final no haría hora cosa sino más que abalanzarse al final, con sus patas apoyadas y una mala jugada por parte del ajeno sus cuerpo cierto son un punto vulnerable pero no cuando una enorme masa de carne que se impone con tres metros de altura colapsa en choque pleno. Existió en su momento una Demones que con una grandiosa fuerza pudo derribar a una bestia desdichada de aquellas, más ni siquiera un ser que equipara sus fuerzas iba a poner en riesgo su integridad, inaceptable desear superar la fuerza de aquellos músculos que no por la gloria sino por la matanza viven, y ahora su cuerpo en conjunto de su protección deberían de soportar el enorme peso y la descarga furiosa de energía que impuso el animal al levantar también su cabeza al momento de contactar, sus fauces furiosas su yelmo deseaban contactar, más la principal idea no era más que derribar ese manto albino y negro a un territorio del cual jamás podrá escapar.
El primero de los Crueltauro impondría en absolución todo el peso del viviente para que sea su espalda la que deba arquearse y sus piernas las que necesiten desgastarse para no terminar aplastado, cayendo al más profundos de los infiernos que es el duro de suelo de Tamsus. Piedras y pequeñas ramas no quedarían a su mano, alejado de su arma se encontraría y a merced entonces de un grupo de criaturas que no dudan siquiera en lastimarse las encías para abrir brechas hacia su piel y pudrir por dentro los caudales de su ser.

Las otras bestias en el momento de impacto alejarían su carga y entre ellas mismas se encargarían no de rodear ni tampoco intervenir en el desenlace de su accionar, sin embargo estarían más que atentas si el objetivo queda derribado o el mismo toma iniciativa y sus acciones son tomadas de rehén por incluso un par de segundos derrochados.
Cualquier lucha de fuerza contra el animal harían que una o incluso un par de las mismas embistieran con toda su potencia el cuerpo protegido del campeón, derriban así de una forma u otra su casi invencible fortificación templada a través de su propio cuerpo.
Sus piernas siempre serán una tentativa a descargar una fuerza de impacto como también
su propio torso, pero relacionar ese hecho fatídico es desmembrar un futuro incierto.

La primera de las bestias no pensó en regalar sus cuernos cuando es en realidad un intento de aplastar a su enemigo lo que busca, dejando el recursos de sus armas como una alternativa que demande una distancia demasiado cercana. El hombre incluso de querer utilizar a la bestia se encontraría con la fuerza que las patas traseras como la de la despiadada y constante rabia que sufre aquella entre enormes sacudidas y explosivos movimientos que rompen absolutamente toda guardia.
Fue y será siempre un gran error tomar a un toro por las astas cuando el mismo pretende destrozar cualquier tipo de temple y con lo cual puede jactarse incluso, más las acciones fueron dadas y ahora literalmente deberá de enfrentarse a una inevitable desesperanza.
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Re: Desafiando al Sino [Tema libre]

Mensaje por Karel Stark el Sáb Dic 21, 2013 8:36 am

FDI:
[FDI: He supuesto que el Crueltauro no me ha derribado, si es así, corregiré el post ^^]


Y fue de tal forma que la bestia cargó, buscando derribarle, encontrando sus manos.  

La fuerza de la bestia era devastadora, sin embargo, más de lo que había imaginado, y el caballero negro se sorprendió viéndose forzado a retroceder ante la fuerza del poderoso envite. No había contado con tamaño poder de una criatura tan poco regia pero, lejos de que ello le supusiese un problema, sólo sirvió para encender más el fuego de su interior, aunque su táctica tendría que verse alterada a consecuencia del nuevo descubrimiento: De modo que dejó ir a la bestia, apartándose en el último instante con la intención de que su cuerpo siguiese su camino y la propia carga la dejase vulnerable.

Era consciente de que, en una lucha contra múltiples enemigos, cualquier bajada de guardia se saldaría con un posible ataque por la espalda, de modo que su prioridad era llevar el combate a un lugar donde el número de enemigos les hiciese perder su ventaja:  Era poco probable, sin embargo, que encontrase un pasillo estrecho en las cercanías para forzarles a atacar de uno en uno, como también era improbable que pudiese hallar alguna forma de forzarlos a atacar al mismo tiempo, de modo que se golpeasen entre ellos.  Pero sí que había una cosa que podía hacer: Era evidente que esas criaturas, bestiales, eran poderosas físicamente, pero su carne tenía que ser blanda, y él mismo era un arma letal. Así que esperaría a la carga de una de ellas y, en el último momento,  aprovecharía sus manos enguantadas, afiladas como lanzas, para atravesar el cuello o el pecho, buscando cercenar la cabeza o arrancar el corazón, lo que fuese más accesible.

Por supuesto ya había visto que en un forcejeo probablemente tendría las de perder, de modo que se apartaría a un lado, atento a las reacciones del resto de compañeros, y dejaría que la propia carga fuese la que destruyese a la criatura, con su propio avance siendo lo que la destrozase.  En caso de no poder utilizar esa estrategia, sin embargo, tendría que buscar otro medio de conseguir vencer en unas circunstancias de aparente desventaja, así que esquivaría los posibles ataques aprovechando al máximo toda su agilidad y poderes hasta poder hallar algo por allí cerca que pudiese convertir en un arma, tras lo cual se defendería con ella del resto de ataques.  Sabía dónde estaba su espada, podría llamarla a su lado en cualquier momento, pero esas bestias no merecían el filo de Alondite.  No por el momento.

¿Qué habría de heroico en desatar aquel poder contra unos monstruos tan poco regios, después de todo? Nada probaría su valor si recurría a ella. Sin embargo, si la situación se volviese lo bastante desesperada, o si no encontraba nada en el entorno cercano que pudiese utilizar como un arma ofensiva, no quedaría más remedio que emplearla, si bien podía mantenerla envainada a fin de contener su magnífico poder. De todos los males, aquel probablemente fuese el menor.


Detalle de acciones:


1. Me zafo de la carga del primer Crueltauro, estando atento a las reacciones de los demás para esquivar o posicionarme mejor de ser preciso.

2. Cuando el primer Crueltauro lanza su segunda carga, aprovecho los guantes afilados de la armadura para empalar a la criatura en el cuello o el corazón, después de una acción evasiva. Gracias a mi habilidad especial, todo lo que use como arma se equipara a Alondite, de modo que debería ser eficaz.

3. Como última acción, me dedico a observar a las criaturas que aún vivan y esquivarlas o evitar sus ataques hasta poder localizar un tronco u otro objeto que pueda utilizar como arma. Como último recurso y si todo lo demás falla, tomo a Alondite para utilizar esta, pero no la desenvaino.
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Re: Desafiando al Sino [Tema libre]

Mensaje por Fatus el Sáb Dic 21, 2013 6:16 pm

El accionar del caballero fue determinante y sin dudas letal para aquella criatura que se había abalanzado contra si en esa desesperada carrera de muerte y odio que engendra del interior de su vacía alma. Sus guanteletes que eran afilados como la poderosas como la misma Alondite atravesaron la férrea piel de aquel Crueltauro, irónicamente siendo esta la mayor de las particularidades y el porque también estas criaturas son capaces de sobrevivir a las acciones más suicidas; Esa carne y ese pelaje beige parecen determinar una serie de anomalías internas que aún son desconocidas para muchos de los mortales, incluyendo a aquel que es llamado como Campeón de la Victoria. ¿Cómo no había de de esperarse que los esclavos de la locura no poseyeran ningún tipo de protección contra las fieras armas que se les confronta? La propia ignorancia es solo la mayor de las ventajas que poseen estas irremediables bestias sin sentido pero que aún así no dejan de ser monstruosidades que atentan contra todo tipo de equilibrio.

Sus dedos firmes y templados en el acero entonces podrán sentir el retorcer y perpetuo latido de los músculos que desgarran a un paso firme, la piel de estas criaturas es como arietar una enorme peto de acero frío, más su musculatura es como un enredo entre las hebras perversa de la Medusa, enormes estructuras que son un milagro de la física dan forma a un conjunto de tejidos que a pesar de ser machacado se encarga como respuesta a esta naturaleza maligna a atrapar el objeto con el cual se realizó el ataque, sus propias manos.
El corazón de un ser repleto de odio es un enorme núcleo protegido con artimañas de rencor a todo lo que se encuentra vivo, y el ciertamente pudo de retorcer sus extremidades en el principal motor de este ser, estaba allí ahora con una enorme grieta en su armazón pero el caballero de armadura templaria no resultaría entonces tan victorioso con esta forma de actual ya que la misma bestia atrapando sus manos dentro de su pecho retendría al Divino con las peores de las intenciones, había creado finalmente y apenas un par de segundos para reaccionar.

El Crueltauro agraviado sigue en juego, puesto que fue atravesado se encargó de caer con todo su peso sobre el Heres, haciendo que sus extremidades queden desestabilizadas en ese instante, completamente inútiles y que requiera de un notorio esfuerzo para liberar las mismas. Ahí, en ese solo instante fue cuando una de las otras tres criaturas reaccionó con una coordinación sorprendente. ¿Cuantos metros lo podrían separar? ¿diez? ¿quince? Las patas traseras de la bestia que respondió al agravio de su par hicieron estallar la tierra detrás de la misma para salir impulsada ahora si con la cabeza delante de todo su cuerpo contra quién es el oponente del propio Dios de la Matanza, el caballero de negra armadura.
El golpe de impacto nacería entonces a la altura de las costillas ajenas, la poderosa estampida buscaba por sobretodo que el mismo sujeto saliera despedido contra la fuerte estructura del árbol más cercano a su lado contrario ¿La intención? Claramente la criatura buscaba aplastarlo contra el centinela y que fuese su bendita protección la que terminara por acribillar la estructura de su entrenado cuerpo. El Crueltauro siempre luchaban a matar a su enemigo o morir en el peor de los casos, más ni siquiera los sentidos desarrollados del guerrero pueden responder a tan rápida explosión cuando es otra además la criatura que incrustada y adrede hecho forcejea empleando el combustible de su corazón que fue alcanzado por la mano del Heres, pero que incluso y así daría guerra hasta su último respiro.

Las otras dos quedarían expectantes no al resultado de la obra sino al creciente hedor al fuego infernal que detrás de ellos se puede apreciar. Los ojos negros de estas bestias estaban comenzando a destellar en ámbar y sulfato, rabiosa bramen y maldicen la situación...Las cuatro criaturas no se encontraban solas y bastaría que pasen unos segundos más para que la peor de ellas se muestre en escena. Sea o no necesaria su intervención para cuando el terminar de los hechos se tenga como el firme presente de la contienda.

Spoiler:
Está todo bien.  

Trabajo desde tu segunda acción, el post reacciona a esa parte.  Lee con cuidado y responde a tu criterio, sabrás ya las verdaderas limitaciones de tus habilidades acorde sobretodo al nivel
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Re: Desafiando al Sino [Tema libre]

Mensaje por Karel Stark el Dom Dic 22, 2013 10:10 am

Era una bestia tozuda... No cabía duda de ello.

El golpe alcanzó su objetivo, en parte, sin embargo, Karel no había contado con la solidez de las entrañas de la bestia, que atraparon su mano en una presa terrible. El peso de la bestia se ocupó de hacer el resto y, esta vez sí, el caballero negro quedó derribado en el suelo: Sabía que había asestado un golpe mortal a aquel ser, pero de poco importaría si el cadáver de esa bestia, viva aún cuando debería estar muerta, servía la función de una trampa, dejándole vulnerable a futuros ataques. Este no tardó en llegar y el batir de la tierra a sus espaldas dejó bien claro que otro de aquellos seres estaba más que dispuesto de unirse a la refriega para asesinar a quien estaba demasiado ocupado con su compañero. No habría esperado que aquellas bestias tuviesen honor ni muchísimo menos, pues sólo eso eran: Bestias sin sentido alguno. Pero estas bestias eran también máquinas de matar, y subestimarlas sería de una estupidez supina.

Desde su posición, poco podía hacer el caballero, pero incluso cuando había poco por hacer, la Victoria debía llegar a aquel que había sido escogido por la misma Diosa, su hijo. Lo que debía ser una desventaja debía convertirlo en una ventaja: Invocó todas sus fuerzas, hasta la última de ellas, para tratar de arrancar finalmente su mano de las entrañas de la criatura, rápidamente, para acto seguido rodar hacia un lado y apartarse con toda la velocidad que le permitían sus habilidades de la brutal carga, tratando de cortar las piernas de la criatura con sus manos en el proceso, asumiendo que le diese tiempo de hacerlo. Si el plan funcionaba como debía hacerlo, los cuernos de la otra criatura se clavarían contra aquella con la que había estado luchando hacía unos instantes, eliminando o al menos neutralizando en gran medida el rango de amenaza de las dos criaturas, lo que debería darle algo de tiempo para plantearse una mejor estrategia con la que destruir a las bestias restantes.

Si su acción evasiva tenía éxito y la amenaza de aquellas dos bestias quedaba reducida, utilizaría ese breve espacio de tiempo para recuperar su arma sagrada y, de no ser posible, aprovecharía hasta las últimas consecuencias su brevísima ventaja. Había visto que enterrar sus manos en aquellos seres lo dejaba vulnerable, pero si los decapitaba de un solo golpe debería poder acabar con ellas: Sus cuellos no eran lo bastante gruesos para presentar demasiada resistencia, siempre y cuando fuese capaz de asestar un golpe lo bastante limpio, aunque considerando las capacidades de aquellos seres, que parecían adaptarse a absolutamente todas sus estrategias a la perfección cuando ni siquiera deberían ser capaces de poder rozarle, era cuestionable que tuviese la oportunidad de hacerlo. Debía ser conservador.

Si lograba recuperar su arma para poder utilizarla, la tarea de eliminarlos se facilitaría increíblemente, pero seguía teniendo reticencias a la hora de utilizarla contra unas bestias como aquellas, a las que debía ser capaz de derrotar sin su ayuda. Pero incluso él tenía límites, y no permitiría que su arrogancia, o la mala suerte, se convirtiese en la causa de su destrucción: Si veía que una sola más de sus estrategias fracasaba, incluso si lo hacía en lo más mínimo, no dudaría en sacar su espada y utilizarla para destruir a aquellas criaturas al instante. No podía permitirse sufrir más golpes de aquellas criaturas, menos aún cuando tenía la sensación de que ni siquiera había alcanzado a atisbar aún al verdadero enemigo.


Detalle de Acciones:



1. Arrancar la mano de las entrañas de la criatura con todas mis fuerzas y esquivar la carga de la segunda rodando hacia un lado, aprovechando dicho movimiento para ponerme en pie y, de ser posible, para cortar una de las piernas de la criatura, usando para ello la mano en un golpe seco.


2. Dependiendo de si la criatura que ha cargado golpea o no a su compañero, y del éxito de la acción anterior, intento lanzar un golpe seco con el canto de la mano para decapitar a al menos una de las criaturas eliminando su amenaza, pero sólo si la oportunidad se ve clara.


3. En caso de que cualquiera de las estrategias anteriores falle aunque sea en lo más mínimo, Karel tomará su espada y la desenvainará para luchar contra las criaturas con mayores garantías. En cualquier caso, durante todas las acciones mantendrá los ojos bien abiertos, escuchando La Voz de la Victoria (su instinto y suerte sobrehumanos) para evitar cualquier posible ataque y guiarse en sus movimientos.
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Re: Desafiando al Sino [Tema libre]

Mensaje por Fatus el Dom Dic 22, 2013 7:09 pm

¡Sanguinario es el destino que les aguarda a aquellos esclavos! ¡Cruel dolor ha de correr en sus negras venas! ¡El ardor del fracaso los está torturando completamente! Ya no tendrán descanso por fallar a su propósito, lo que queda de sus esencias será tomado por el fuego de la forja Alfa, sus ojos negros quedan perplejos y sus muescas de odio se transforman en una desesperante faz de disgusto interno, la gloria entonces pertenece a aquel que es aclamado como el hijo de la victoria quién finalmente dio a entender a esas criaturas contra qué clase de ser se estaban enfrentando...No un Heres, ni siquiera un Dios; Un monstruo eres caballero de armadura negra, que la sangre de tus victimas por siempre ensucie el manto puritano que te atreviste a portar al llegar a estas tierras donde no son más que las emociones y las pasiones la que reinan sobre la misma rectitud del deber. Esta demostración de fuerza y agilidad te hacen vencedor de una dura batalla...Pero apenas y tu camino está comenzando. Ahora más que nadie mostrarán piedad a tu corazón y su juicio.

Increíble es tu técnica con la que puedes en tan poco tiempo liberarte de las entrañas de un monstruo y la vez rodar para esquivar una embestida mortal. Finalmente tu principal agresor cesó sus movimientos, aunque sean el reflejo de sus pezuñas y el material fecal que ahora caiga por detrás de su cola felpuda, menos peso posee ese ser que habrías incluso de utilizar como una trampa mortal contra quién reacciona contra tus accionares.
Tu mano es virtuosa, por eso carga la gloriosa espada de la Diosa contra el mal, rompes con esta y con una combinación letal entre tu fuerza y la ajena las piernas de quién embestía hacia tu contra, sentirás permanentemente sobre tu muñeca la fractura de los huesos de tu enemigo, esos que son utilizados para forjar las armas de los Soldados de la Guardia Esmeralda, esclavos de la tiranía de Leandros, Héroe y ahora señor de toda la región que tu pisas con fuerza haces temblar con tu imponente presencia. Serás así testigo de cómo la segunda bestia no solo tropieza de una forma tan violenta que una notoria trinchera deja en su camino, sino que por empeño a tu favor la misma clava esos peligrosos cuernos de lleno contra su rostro y finalmente ese cuerpo desesperado en rabia y locura se choca de seco contra el árbol más cercano de todos, dejando una enorme grieta en el mismo y con esto el fin de otra vida que murió no por tu fuerza sino por la propia, reconocida como una maquina sin control ni frenos.

Gran guerrero y campeón de la Victoria, ya dos víctimas te has llevado de esta guerra de odio. Aunque tus honores son la angustia de esos monstruos que entre sus ojos murieron entre lágrimas, enormes cantidades de sangre que lloran esas crueles existencias, controladas finalmente por seres que...No tienen una descripción o cabida con respecto a lo impiadosas y atroces que son. No es lastima sino repulsión lo que tu alma debe sentir, un enorme gusto amargo debe entonces de mezclarse con la sangre que inevitablemente ha caído sobre tu armadura y tus prendas...Esa esencia fue la que dio vida al fuego primordial de la guerra, en tus manos está el fervor de la necesidad de destruir al ajeno y a la vez de destruirse a sí mismo. Esa es la causa a la que sirven estas criaturas, por eso tu resultarás vencedor contra ellas, porque tu defiendes y ellos destruyen más es tal su rencor que solas terminarán por caer en la ruina inevitable.

Sin embargo el enfrentamiento todavía no hay terminado, existen dos más de ellas que te están observando, penetrando lo que hay más allá de tu carne para conciliar tu alma con su mirar. Estas sin embargo no vomitan espuma ni bilis infecciosa por su boca sino que es el gesto del nerviosismo lo que adoptan. Tiemblan no de emoción sino porque detrás de estas criaturas, y muy literalmente, se está manifestando una fuerza superior y que demanda una obediencia absoluta...Ahora Campeón de negra armadura te enfrentarás contra un verdadero enemigo, enviado desde las raíces del corazón del conflicto, un enemigo que desde ya su lejana presencia puede dominar a voluntad a aquellas maquinas hechas con músculos e inquina; Más no has de confiarte porque estas aún siguen de pie y en el momento de que sus ojos negros estallaron literalmente en llamas estos se volvieron mucho más de lo que eran antes.
Las patas, las fauces, la mirada, los cuernos y parcialmente su pelaje serían rodeados por una extraña esencia densa y que porta un terrible olor a sulfuro al ambiente. Entonces de esa brumosa presencia se da forma una combustión que envuelve en una llama carmín a aquellas criaturas que; En confusa muestra de verdadero sufrimiento o de un rencor superior las mismas rugen de tal forma que la vida por sobre todos los árboles escapa a los cielos, a la vez que los insectos durmientes bajo las raíces de los árboles escapa y sobrevuelan con sus ruidosas alas de tela el ambiente, el miedo se apodera de las entrañas del mundo, adoloridos por su destino escapan a lo que se volvería finalmente una batalla de proporciones épicas, el desafío que un Héroe merece.

La diferencia de velocidad y fuerza que pueden manifestar estas criaturas ha aumentado acorde a la necesidad de querer equipara al ajeno. Sin embargo lo más peligroso del asunto ahora es esa energía ardiente y contaminada que nace alrededor de estos monstruos. La hierba debajo de los mismos comienza a evaporarse casi en conjunto de la piel más superficial de la tierra. La distancia ahora parece ser una necesidad perpetua, aunque esto no indica que la protección divina del ajeno no soporte, seguramente y pueda lograr esa proeza ¿Pero para que sentir el terror del infierno cuando existen tácticas directas? Los monstruos demandan que sea el filo de la Diosa lo que se imponga contra ellos, y en la feroz cargan que van a protagonizar se encuentra dicha necesidad.

Uno de los Crueltauros entonces saldría literalmente disparado contra aquel semidiós. Una corrida letal que deja una estela flamígera tras sus huellas y que se curva rápidamente hacia su lado izquierdo, cubriendo su terreno al dar una media vuelta para en el final de la curva lanzarse directamente contra el costillar ajeno, donde su peto aún se mantiene firme, aunque ensangrentado. No son los cuernos de la bestia lo que ahora se fruncen delante sino que son sus fauces las que desean penetrar por completo al enemigo, y con esto se mantiene la poderosa y ahora aumentada fuerza y velocidad de estas criaturas que de pasar a portar un pelaje dorado llevan un rojo intenso, inestable y peligrosa carga ígnea que fue dotada por algo más. La finalidad del accionar es no solo clavar aquellas fauces bañadas en fuego corruptor sino que aplicar en este accionar toda la fuerza desmedida que poseen.

Sin embargo no todo termina allí, existe una última bestia que también se lanzaría contra el Héroe e irónicamente llegaría más rápido que el otro engendro que rodeo a su enemigo. El último Crueltauro de frente se lanzaría y con la clara proeza de enfrentarlo, no embestirlo y mucho menos morderlo. A los dos metros de distancia la criatura se alzaría con sus tres metros de longitud sobre su dos patas, demostrando superar por mucho la altura de un Heres que entre los suyos es digno y llamativo. Acción ecuestre que simula todo el odio de un equino que busca darle un terrible pisotón con sus patas delanteras en conjunto de su peso y el fuego que ahora mismo las rodea. Este ataque va dirigido contra su cabeza, buscando sino aplastar la misma para deshacerse del campeón de la Diosa de la victoria.

Ambos ataques fueron sincronizados para que el de la última criatura naciera primero contra el ajeno y de tal forma que no hubiera colisión entre ellas.
Ahora no solo se encuentra el cambio en el ambiente y en el aumento de los atributos de la criatura, sino que es el mismo escenario el que se toma de rehén por el aumento considerable de la temperatura y el propio hedor de muerte y sulfuro constante. Cierto que los Crueltauros promedio no pueden encenderse en llamas ni nada similar, un objetivo "fácil" para el caballero de tomarse las cosas muy apecho. Esto desmiente entonces que el mal mayor aún existe y que entre árboles se manifiesta como una silueta negra de más de tres metros de altura...Aún es lejano pero no pronto esta amenaza emergerá, independientemente del triunfo o derrota del Campeón de la Victoria.
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