En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

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Sombra Agonizante

Mensaje por Perseus el Jue Nov 14, 2013 9:13 am

El viaje ha sido extremadamente peligroso, ha sido agotador y humillante. Tortuoso el recorrido adornado con espinas y hojas secas, lleno de incertidumbre por las miradas acusadoras de los habitantes naturales del Valle Esmeralda, acechando al despojado asesino que ha ido dejando un macabro rastro sanguinolento con su andar cansado y tambaleante. Sus piernas están demasiado débiles como para sostenerlo por más de cuatro pasos seguidos, y arrastrarse con un solo brazo resulta más desafiante de lo que se puede pensar, más cuando está sometido a desagradables recordatorios de su evento pasado con el Portero, al dirigirse hacia el frente y recibir una sacudida del más puro dolor al siquiera balancear lo que queda de su brazo izquierdo. Sus dedos se desgastan por aferrarse a la tierra y ayudar a su maltrecho cuerpo, mientras que su manto negro ya no le proporciona la protección del silencio y el escondite a la vista, y ahora no es más que una rasgada capa que se mancha con su propia sangre, y la suciedad de los senderos de cualquier bosque.

Perseus se siente sin embargo más vivo. Agotado como nunca, pero ni siquiera cercano a la muerte. Imbuido está con un poder que jamás pensó tener, pues sus herramientas ya no son objetos, sino parte de sí mismo, a cambio de quitarle -U otorgarle- su extremidad izquierda. El Portero es conocido en Tzión de un modo u otro por ser retorcido y siniestro a un nivel especial, siendo personal su comportamiento, o eso es lo que imagina la sombra que no detiene su andar penoso. Perseus tiene solo una meta, y no es buscar atención médica, sino la atención de determinada persona. Alguien que lo ha infectado con un virus intoxicante, que consume sus pensamientos y sin querer le hace pronunciar ese nombre aunque le falte el aliento. Una mujer... No, ESA mujer... Que bien puede culpar de su cambio de actitud, y por consiguiente ha provocado su actual estado.

Demasiado lleno de heridas está como para gastar aliento en llamar a su nombre y clamar a la suerte de que ella acuda a su auxilio. Prefiere conservar energías para lo que tenga que decirle al llegar frente a ella, y más aún en continuar su marcha, digna de una especie de héroe que retorna de su más sangrienta batalla. Perseus tiene una mirada fría, de convicción y absoluta resolución. Se le ha dado una nueva oportunidad, y aunque ya no siente las piernas, tampoco siente que sea hora de cerrar los ojos, no sin antes haber llegado hasta ella. No sabe dónde conseguirla... Pero si tiene una idea de donde puede estar, confiando en una suerte de instinto que no sabe si va a fallarle o a considerarlo afortunado; que sea lo que Isháa quiera.

Hablando de esa deidad, siente como sobre su cabeza, a kilómetros de distancia, la diosa se burla del Demone con total descaro, y a su vez siente como las miradas de las criaturas ocultas en la maleza siguen su ejemplo. Ojos deslumbrantes, amenazadores, que no lo consideran para nada valioso como para tomar su vida o intentar detener su avance; solo basta echarle un vistazo a su imagen, y notar que lo que él llama "caminar", sería impropio hasta para un bebe. Pero no importa, Perseus internamente está mandando a todos y a cada uno a lugares donde si lo dijera con palabras, serían insultos bastante ofensivos, porque no le parece nada más valioso ahora que llegar hasta la doncella de plata. Esa mujer que con su voz puede terminar de aniquilar su existencia.

Finalmente, luego de recorrer el Valle Esmeralda, luego de tener que soportar el gruñido de zorros, luego de tener que hacer caso omiso de sonidos de bestias que pisaban ramas para hacerse notar, y luego de presionar lo más que pudo el paso para no desplomarse en medio de la nada, llega hasta la zona de residencias. Jadeando tras verse obligado a incurrir en esa acción para recuperar aliento, la puerta principal de una casa decente no le resulta impedimento a su avance, pero si es algo que le detiene por unos segundos, al encontrar molesto querer empujar la madera mientras no tiene apoyo de su único brazo. Golpea entonces, una vez, dos veces, con una pausa entre cada llamada pues pierde el equilibrio si imprime tanta fuerza.

Apenas han pasado solo dos segundos y ya considera que la dama de plata se ha tardado demasiado. En su interior apresura a esa mujer responsable de los latidos de su corazón, mientras realiza un esfuerzo más allá de lo permitido, y solo se apoya en el marco de la puerta. Para cuando finalmente es recibido, sin esperar ni explicar nada a la mirada de la doncella que resulta apropiada para el cuadro que consigue al abrir la puerta, Perseus solo responde con su usual mirada de seriedad y voz baja, producto de la falta de fuerzas.

- ... Hum... ¿No te molesta... Que venga hasta aquí? ... Es más seguro que en el bosque... - Dicho esto, siendo egoísta como él solo, se permite caer bocabajo en el suelo de esa vivienda, encontrando alivio de su viaje, con la esperanza de que bajo el cuidado de ella se logre mantener a salvo.
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Vie Nov 15, 2013 10:23 pm

Finalmente puede creer que ha de poder aspirar algo de paz, estando nuevamente en su residencia. Claro, obviamente la paz de la cual ella se refiere, es más que nada una pequeña ilusión que puede darse el lujo de poseer ahora. Estando de algún modo segura, dentro de esas paredes ya bastante tiempo la han cobijado y protegido del impetuoso sol, a esas horas en las que odia estar demasiado consciente. Pero, como bien dice el dicho “no hay lugar como el hogar”, mas cuando uno está regresando de un viaje que se ha llevado más de lo que uno ha cargado para el mismo. No solo puede decir que se encuentra sumamente cansada tras su vuelta de Nuhl, sino que esta mucho más agobiada con respecto a cuando salió de su residencia. Pero, como se ha aclarado anteriormente, está bastante conforme con haber logrado regresar. Pese a que seguramente los días ausentes habrán pasado factura con el abandono; manifestándose físicamente en lo que podría ser, con suerte, una fina capa de polvo sobre toda la propiedad.  La buena noticia es que, si ha de limpiar, solo va a ser la casa donde ella vive, y no donde los enfermos buscan alivio. Una buena mujer siempre ayuda con la pequeña clínica que hay debajo de su piso, y puede comprobar que a diferencia de su viaje, pareciera que el Valle ha tenido un buen pasar. No hay rastros de que hayan tenido que atender urgencias o algo similar, y todo se ve impecable. Algo que le reconforta, pero también le hace dudar. Odiando demasiado el pensamiento un tanto paranoico con el que ha regresado, es imposible el no cuestionarse en ese mismísimo instante… ¿Qué cosas pretenden ocurrir ahora?

-No hay que atosigarse con esa clase de pensamientos ahora… Solo… Date el gusto de cambiar tus ropas, por esta noche…-  Ha de decirse a sí misma, en sus pensamientos, mientras gira la llave de la puerta que da paso a su verdadero hogar. Se siente mucho más liviana al llegar, pues ciertamente el descanso que ha tenido en su parada previa en el Templo del Gran Zorro, ha sido revitalizador desde todos los sentidos. Hablar con la Venerable Vulpina siempre es bueno, mas aun cuando tiene un corazón tan cansado de latir como el suyo, pero que aún permanece impérenme ante los días que pasan.  No obstante, sospesa sobre su cabeza el pensamiento de que Tamamo está sufriendo también algo, como todos los longevos. Sin embargo, el que produce su tormento le resulta un misterio aun, que pretende conocer y aliviar solo cuando ella este lo preparada para confesársele. Suspira profundamente, mientras ha de buscar en los cajones de un aparador en su habitación unas ramas secas,  y un recipiente de metal. Ha de prender a las mismas, con un poco de aceite y una pequeña  chispa producida por un cerillo. Esta al empezar a consumirse, de manera lenta, ha de llenar a la habitación con un suave aroma, que es lo que precisamente ha de necesitar la extenuada princesa.

Mientras el aire de la habitación mas iluminada por la Isháa  y parte de esa rama perfumada, Cerridwen se retira lentamente hacia su cuarto de baño, retirando sus ropas y exponiendo su cuerpo a una ducha de agua helada que solo la despabila. Ha de limpiar con mucho cuidado su cabello platinado, que ha perdido un poco de brillo por el viaje, y cada rincón de su blanquecina piel que se ha maltratado un poco, resecándose. Nada que ella misma no pudiera curar con alguno de los ungüentos que en su habitación tiene o con unos cuantos días más de descanso. Pero no está dentro de sus pretensiones, el tener que dormir esa noche.  Una vez que ha finalizado su aseo, solo ha de ponerse un vestido ligero,  blanco,  para recostarse en su lecho, mientras que muy pertinentemente, la luz de su plateada y sagrada madre la ilumina. El dulce aroma a lavanda, la sensación fresca y casi helada de su piel, y la atenta mirada de su creadora es lo necesario que ha de necesitar esta pequeña doncella para hallar paz. Sus ojos se cierran por esa jornada, no durmiéndose, puesto que eso solo ha de pasar cuando la luna se oculte….

Y ha de ser el sol, quien la arrulle para desmayarse sin darse cuenta. Y va a dormir tranquila, hasta que un golpe en la entrada de su habitación le devuelva nuevamente a la consciencia. Reincorporándose despacio, ha de despejar su rostro de su cabello un poco revuelto, mientras se calza con sandalias y va a buscar a lo que sea que la ha despertado. Saliendo de su habitación, va a irse hasta la puerta principal, y bajando va a hallar presencia en el segundo piso. No se trata de ningún inescrupuloso que ha entrado sin su consentimiento, sino de la mujer que se encarga de ayudarla a limpiar, principalmente. La albina ha de ser recibida con una amplia sonrisa, tras tan larga ausencia. Muchas preguntas que un poco aturden, que van a tardar en responderse también. Grania es el nombre de esta mujer, que sin ser demasiado adulta, se le ve muy jovial. Ella ha traído algo de pan y leche, y es por eso que Cerridwen tarda bastante en responderle, pues primero se dedica a comer. No obstante, la charla puede considerarse fluida, y en esa se confirman las sospechas de la princesa nívea. No ha habido mayores altercados en su ausencia, y esperan, con mucha suerte, que se mantenga así. Es de ese modo, casi profético que como bien tales palabras son pronunciadas, un golpe de la puerta alerta a ambas.

La puerta suena dos veces, antes de que sea Cerridwen que con inusual cautela se acerque a abrirla. Alguna razón tenía para que en su corazón, pronto comenzara a bombear con anormal velocidad, y eso tendría su justificante una vez abierto el umbral. Su inexpresivo rostro no cambia, pero sus ojos se dilatan de manera indisimulable al encontrarlo allí. Quizás la sorpresa la ha tomado por completo,  que realmente no atina a hacer nada más que quedarse congelada. ¿Es ese el lobo con piel de cordero, el que se encuentra en frente de ella? ¿El mismo atrevido quien la ha cargado en brazos hace no mucho, y el que ha osado tocar sus imposibles labios?  Ha balbuceado unas palabras, que ha logrado entender, pero sin embargo, no termina de hacerlo. Lo siguiente que el simplemente hace, es desplomarse al piso, como caen los muertos cuando ya nada de vida les queda.  Es recién entonces, cuando ha de decidir reaccionar, junto a Grania que corren presurosas a tratar de levantarlo, para colocarlo en la camilla. Cerridwen intenta ser delicada, pues la sangre que mancha el cuerpo del pelirrojo no parece una perdida normal, y considera que se le debe cuidar, por más que jamás haya atendido a alguien de su calaña. Agua, y muchas vendas, son las protagonistas ahora. Agua que va a buscar lavar su cuerpo al menos descubierto, con hojas que consideran han de limpiar cualquier herida, mas vendas que se van a envolver en el lugar donde la extremidad ha sido arrancada, no sin antes cubrirla de una pomada cicatrizante, y algunas hojas que evitan mayores desgracias.  Ha sido todo un trabajo bajo presión, que ha hecho mostrar el temple mas afligido de la castaña que la acompaña, y una mirada ciertamente más seria de lo normal, para la princesa.

-Doncella, ¿Usted lo conocía….?- Ha de preguntar Graine, mientras sin alejarse de la camilla, sigue limpiando sangre seca y otro poco de sangre mojada de la piel pálida del demone, ignorando su naturaleza. Y lo pregunta, puesto que no le es ajeno lo que ha murmurado antes de desplomarse.

-Lo conozco.- Ha de corregir a los segundos, Cerridwen, con un tono tan monótono como siempre. No obstante, su corazón sigue demasiado agitado como para pensar  que va a mantenerse tan impasible como siempre. Busca entre sus bibliotecas, algún libro que sabe leyó hace muchísimo tiempo atrás. No tiene idea de que le ha pasado a este loco que la persigue, pero pesa sobre lo más profundo de sus pensamientos, la sospecha de que ha sido un castigo por acercarse tanto a ella. Como a todos por los que empieza a tener afecto profundo…
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Perseus el Jue Nov 21, 2013 11:21 pm

Perseus ha perdido el conocimiento. Desmayado cae al suelo, más indefenso de lo que pudiese sentirse en cualquier otro momento, dado que cerrar los ojos y dejarse llevar por el indomable sueño, implica que su mente es trasladada a los dominios del Tirano que posee control sobre la cordura, y el que puede llegar a todos con una facilidad terrorífica. Rendido a la incertidumbre, está demasiado herido y agotado como para hacer frente al cansancio que lo induce a dormir, por tanto se convierte en una presa demasiado sencilla para las garras de los depredadores que abundan en los corredores de la Tierra de los Sueños, donde no existe poder que valga, ni sello que pueda proteger a uno de las travesuras de Golajab. Si su antiguo patrón lo embiste en retribución mientras duerme, nada podrá hacer para evitarlo.

Pero, ¿Incluso despierto podría defenderse? Objetivo de toda clase de venganzas ahora puede ser. Mercenarios, matones y sicarios abundan en el Otro Lado, tengan o no la marca de los Demones o los Verber, o se trate de abominaciones creadas solo para cazar a los perros que mordieron su correa y olvidaron el significado de lealtad. Bueno, en el caso de Perseus no llego a roer por completo su atadura, sino más bien fue liberado por alguien más esporádico, más errático y hasta peor en ciertos aspectos, sin importar que actualmente esté por debajo de los señores que rigen la dimensión innombrable. El Portero suele ser un motivo de preocupación, pues un momento puede ser una simple broma, y en otro instante resulta en una desagradable experiencia. Para muchos ya será conocido y temido, pues los destinos que suele llevar a veces terminan en cosas peores que la muerte.

Perseus primero perdió su estatus como parte de los hijos del Gran León, y en esta segunda ocasión que se encuentra con Fatus, pierde su brazo izquierdo. Utilidad tenía demasiada para el mismo, pero algo le dice que mejor hace al estar descuartizado, que completo y vagante sin rumbo. El muchacho despierta, sin haber soñado nada durante su desmayo, cosa que indica una suerte demasiado grande al no haber sido perseguido por los asesinos del Tirano. Es cuando finalmente siente la ausencia en su costado, y nota con resignación pero un gesto de molestia, como en efecto ha perdido una parte de él. Ya no podrá contar con una mano zurda para sus combates... Ni tampoco con herramientas. No más armas, es ahora una bestia herida, y como tal todo su estilo habrá de adaptarse a ello.

Se incorpora en la cama hasta sentarse, apoyándose con su diestra y sus músculos abdominales, sintiéndose demasiado bien en comparación a cómo llegó hasta Cerridwen. Adolorido ya no se siente, pero si entumecido, y nota como aun la noche no pretende morir al girar la vista por la ventana. ¿Cuánto habrá dormido? ¿Una hora? ¿Dos horas? ¿O será que ha pasado todo un día y él piensa que aún es la misma noche en que ha llegado?

- Hum... - Suspira para sí mismo, encontrando un vacío enorme a su lado izquierdo, notando por primera vez lo necesario y valioso que le resultaba su brazo ahora que ya no lo tiene. Podría quedarse meditando al respecto durante horas, pero necesita probar de nuevo el suelo debajo de sus pies. Piensa unos segundos más sobre qué dirá al momento de encontrarse de nuevo con ella, mientras baja de la camilla donde fue colocado para ser vendado y curado, tal como se atiende a cualquier persona que sufra tal castigo.

Dormido aún se encuentra, pues no es hasta ahora que nota la presencia en la habitación. Una aroma pertenecer a una desconocida, que sabe que olvidará apenas centre su mente en otra cosa, y la otra... La doncella de plata... Más pura y serena que nunca, sin su armadura ahí está. Reproche le hizo una vez al contemplarla sin su coraza, pero en realidad ahora cambia de parecer, y piensa que esa imagen la hace ver más auténtica y cercana a lo que en verdad puede ser. Sin embargo... Puede notar como su blancura fue manchada con su sangre, cosa que causa que Perseus sienta un inexplicable arrepentimiento y pena al respecto.

Pero quizás sea el egoísmo más grande que la sensación de pérdida, o la desesperación y la confusión. Tal vez sea mayor el instinto, y por eso el Demone avanza hacia la dama nocturna. No diría ni por atrevimiento que su andar es uno ágil, pero si mucho más estable y digno de llamarse "caminar". Impulsivo, arriesgando demasiado, incluso la forma en la que ella puede haberlo tratado, la toma con su único abrazo y la obliga a abrazarle. Perseus no sabe si apegarla contra su pecho desnudo y vendado se pueda considerar abrazo, pero solo la cercanía de ella lo hace sentir como si nada más importase. Pero no... Aun no es suficiente... Aún no ha ahogado su más grande deseo, y por eso hace de villano una vez más frente a ella como siempre ha venido siendo desde que se encuentra con ella y le impone su presencia.

Al principio le mintió y la amenazó con muerte. Luego la obligó a usar su voz para echarlo de sus aposentos. Luego se encargó de robar a sus labios el tacto que solo se le daría a un enamorado. Y ahora... Ahora se encarga de sembrarle tal vez todavía más miedo y dudas sobre él. Pero no siente nada de empatía ni piensa en ese momento sobre los sentimientos de ella, y por eso la toma de su mejilla.

Y la besa. No como en el tejado, no como si un niño se robase una manzana... No. Es un beso largo, es un beso que grita demasiadas cosas, entre ellas un agradecimiento, entre ellas un "perdóname", entre ellas la increíble necesidad que siente por esa mujer de nombre Cerridwen, entre ellas su falta de respeto y suavidad y lo poco que pueda importarle la decisión de Isháa.

Entre ellas... Una confesión de amor.
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Lun Dic 02, 2013 12:54 pm

Sus dedos blanquecinos se han deslizado por los libros que hay en la biblioteca que tiene en la recepción de su enfermería. No estaba muy segura si el mismo se encontraría allí, pues lo había adquirido hace demasiados años, más de lo que normalmente un libro suele tolerar sin los debidos cuidados. ¿Pero qué clase de libro era el que buscaba? Estaba más que segura, que los cuidados normales no serian suficientes para poder ayudar al demone, pues la medicina de los heres resulta muy útil, pero en los heres. ¿Había nociones que fueran realmente verdaderas sobre la salud de los demones? Suspiro, cuando finalmente, escondido entre dos tomos, un fino rejunte de hojas hizo que su brazo se detuviera. Con muchísimo cuidado, comenzó a extraerlo de la biblioteca, para que una vez afuera, soplara con delicadeza sobre su tapa, intentando dilucidar el estado verdadero bajo el polvo. Se puede distinguir que tallado esta, sobre cuero que algo pelado se encuentra, el titulo de “Demologia”. ¿Es entonces suficiente para poder encontrar algo que verdaderamente alivie al muchacho…? Cerridwen solo se dirigió a la pequeña mesa donde preparaba casi la  mayoría de sus historias clínicas de algunos cuantos pacientes recurrentes, mientras pasaba las hojas con delicadeza, leyendo todo con su debido tiempo. Rezaba el primer párrafo de una bitácora, que su mismo autor le entregó…




“He dedicado mi vida desde muy temprana edad a buscar respuestas sobre estos seres tan erráticos como peligrosos. Parecen ser inofensivos en algunos aspectos, pero no hay que olvidar que no son de este mundo. No han de tener la misericordia de pensar que por algún momento, que de manera ínfima, rebuscada, casual o condecente, deben de respetarnos por compartir la misma tierra que caminamos. Demones les llama normalmente los heres y colluvios, enemigos los naturas y commendado, maestros los verbers. Yo personalmente les llamo “sujetos de investigación”, aunque sospesa sobre mis hombros la realidad, de que posiblemente jamás llegue a una verdad concluyente sobre estos. No obstante, voy a intentar con este libro, que con lo que he descubierto, mis investigaciones no hayan sido pura farsa. Lector, si esto llega a tus manos, espero sea por simple curiosidad. Lector, si debes de tratar con una de estas criaturas, asegúrate que sea para huir de ella, exterminarla o someterla a fuerza de tu especie cuanto más antes posible. Ningún demone trae más que infelicidad, y nunca se van sin robar un poco de inocencia.”


Es entonces, cuando un sabor amargo llena la boca de la princesa, que sin demostrar algún apice de sentimiento, sigue pasando lentamente las hojas de esa bitácora, que quizás termine sirviéndole. Es mas, vagamente recuerda algo que leyó hace muchísimos años, pero es posible que no haya sido en ese tomo, por lo que sigue buscando.  Quiere asegurarse que el modo con el que debe seguir procediendo, es correcto, y que por lo menos, que ese lobo de pelaje rojizo llegara a morir, no lo haría en donde vino a buscar refugio de algún pastor lo suficientemente fuerte para haberlo vapuleado de manera tan crítica.

Fue así, como termino pasando los pasajes de “Comportamiento”, “Características físicas”, hasta llegar a un apartado de “Debilidades” y “Consideraciones no concluyentes” que poseían un poco de la información que creía necesitar. Una de ellas citaba de manera certera, que al menos la mayoría de estos seres salidos de otro mundo, distinto pero aun más cruel, solían tener cierta reticencia al fuego, y a algo que irónicamente también le afectaba demasiado: la luz de la gran estrella de Tzión. A su vez, también aclaraba que invariablemente, siempre iban a sufrir con los ataques que supusieran alguna clase de bendición o purificación; como bien ella termino de constatar hace varias noches en el pueblo de Nuhl, antes de toda la tragedia. Pero entre tanto misticismo, hubo algo que le llamo la atención y considero que de momento, en esta situación, podría ser beneficioso: “Los demones tienen la cualidad de que son capaces de recuperarse de heridas físicas, mucho más rápido que un heres o colluvio promedio”. Respiro profundo antes de seguir pasando las hojas, mientras la cuidadosa de Graine terminaba de asistir a Perseus, quien había caído en un sueño tan profundo que ni siquiera el ruido de las calles lo despertaba. Pero ya no se podía hacer nada, al menos hasta esa hora, más que esperar la evolución que suponía, era mas rápida de lo normal. No obstante, tomo las precauciones correspondientes para que tales cosas sucedieran. La primera, en principal, sería el cerrar ventanas y puertas que pudieran dejar paso a algún rayo del sol. Obviamente, seria la castaña que la ayudo desde el comienzo de la mañana quien se encargaría de eso, combatiendo con estoicismo las sombras que terminaban implicando. Otro recaudo que tomaría, sería el no prender una mecha de fuego en una lámpara de aceite, sino buscar desde su misma habitación unos pétalos un poco secos de flores nocturnas de luna. Si bien estas habían ya perdido su efecto curativo al secarse, el colocarlas dentro de agua aseguraban una fuente de luz que podría durar hasta dos jornadas completas. Fue su tarea entonces, el dejar por toda la parte de la enfermería, pequeños recipientes con pétalos y agua, iluminando el lugar con luz tenue. Lo suficiente, para que Graine no tuviera problemas al caminar, y en caso de llegar a despertarse, Perseus tampoco.

-¿Seguro estará bien por hoy…?- Pregunto la castaña, una vez que la noche había llegado, antes de salir por la puerta, con un temple que oscilaba entre la preocupación y el cansancio.

-Si. Ve con cuidado.- Respondió, con esos susurros dulces con los que suele hablar. Una leve reverencia fue el despido final, de quien desde hace años terminaría siendo una de las mejores asistentes de enfermería que llego a tener.  Y después, solo el silencio de la penumbra iluminada por pequeñas flores que resplandecen como estrellas nacidas de la tierra. Un bonito espectáculo, de no ser porque en medio del panorama puede aun observar como Perseus reposa aun mal herido, pero no tan bañado en sangre como cuando llego. Cerridwen voltea su mirada, y termina dirigiéndose nuevamente a ese pequeño escritorio, donde la bitácora de un antiquísimo viajero, le ha guiado para sus sanaciones.  El seguir leyendo, solo es algo que le hace replantearse de manera profunda, si es que ha terminado obrando bien al recoger a este muchacho mentiroso en sus aposentos. Las hojas que se han puesto amarillentas con los años, narran cosas horribles, y en ningún momento destacan algo bueno de estos locos que han escapado del otro lado.

Seguirá leyendo, despacio, en silencio, abstraída… Hasta que un ruido la devuelve nuevamente al mundo…

Volteando lo encuentra reintegrándose de la cama, para empezar a caminar en su dirección. Cerridwen  se pone de pie también, cerrando el libro y caminando con  pequeños saltos presurosos hacia el manco, por el temor de que se desplome. Pero mas allá de demostrar debilidad, su actitud sigue arrogante, y con una fuerza de no creerse para quien perdió demasiada sangre, la toma con su único brazo, obligándola a chocar contra su pecho. El corazón de la princesa vuelve a acelerarse de nuevo, de tan solo recordar la última ocasión en que estuvo en ese lugar, pero envuelta con el egoísmo de dos brazos. Reacciona entonces, colocando sus manos suavemente en su pecho, pues que quiera defenderse no implica el ser brusca como este muchacho lo es. Sus labios tiemblan, antes de intentar pronunciar palabra alguna, pero es violentada desde su mejilla con los dedos ajenos que presionan su mandíbula obligándola a abrir.  Y es entonces cuando sucede…  Que la princesa, deja se sentirse una doncella, y que ha pasado finalmente a ser marcada por un hombre. Y no cualquier hombre, sino un demonio que por alguna razón, ha decidido elegirla a ella, para ultrajar su santidad y teñir su piel blanca, del rojo de la vergüenza.

Y el tiempo se hace eterno, en ese beso que la mantiene prisionera, y la hace temblar y la hace gemir levemente en busca de aire, como toda inexperta que es… Hasta que finalmente, siente que los dedos del muchacho pierden fuerza, y su instinto la ayuda a alejarse finalmente de él, empujando con mucha suavidad a su pecho hacia atrás… Mientras, Cerridwen retrocede, con mirada baja, un vestido manchado con sangre, mejillas rojas y una mirada que demuestra un revoltijo de emociones y contrariedad en sus pupilas.

-Parece… Ya estas mejor…-  Murmura, antes de, por primera vez, desaparecer casi corriendo de manera muy torpe del lugar, dirigiéndose hacia su hogar en el piso de arriba.
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Perseus el Miér Dic 11, 2013 2:04 am

No se sabe que cosas puedan llegar luego de una eventualidad como esta, pero es sorprendente como es hasta ahora, que Perseus no había caído en cuenta que ha sido desprovisto de una parte fundamental de él. No sabe si junto con su brazo también se habrá ido una parte de su cordura, o ha estado sometido a tan retorcido entorno por tanto tiempo, que considera que perder un brazo es lo mejor que pudo haber pagado como moneda por su deserción. ¿Esperaba algo como eso? No, pero tampoco mentirá diciendo que no esperaba nada. Lamentable es perder un brazo, y de muchas cosas eso lo priva, como por ejemplo de agilidad y comodidades. Aun así... No es para nada un límite para lo que desea, y por tanto no espera ni un poco más para tomarlo.

Este ha sido siempre el tipo de relación que mantiene con la princesa. En todas las ocasiones que la ha encontrado, sea o no un buen momento para ella, siempre se ha encargado de que ella sea quien deba soportar al Demone y arreglárselas para sobrellevar la situación que le impone. Sea amenazándola de muerte, o irrumpiendo su privacidad y obligandola a defenderse, o raptandola para llevarla a un lugar donde no tenga salida y poder mancillar sus labios... O cayendo al suelo de su casa y hacerla asistirle al borde de la muerte, para luego volver a poseer con todo descaro y sin mediar palabras, la inocencia que pueda tener como algo que se supone que está a un nivel no apto para él.

Cerridwen huye de la habitación, y no es para menos. Un hombre que recién está volviendo al mundo de los vivos, la sorprende y toma sin aviso alguno de esa forma, y por sus impulsos y sentimientos que es el motor de su tambaleante andar, la besa con la intensidad que un enamorado besaría a su amada. Y si bien hubiese querido ser más rápido y tomar su mano para atraer a la doncella de nuevo a su cuerpo, y besarla con todavía más intensidad, sabe que actualmente no posee tanta velocidad, y reacción como para poder lograrlo. Perseus suspira, cansado por lo poco que ha hecho, y lo mucho que ha supuesto. Sabe que normalmente una persona duraría un mes en cama, mientras que él por su parte logra ya sostenerse en tan solo una noche.

Aun así, ese beso que ha dado a la doncella ha supuesto algo de gasto de energía, y su corazón de nuevo andante, palpita con una intensidad que sugeriría que en cualquier momento ha de explotar de la emoción. No puede ser más molesto... Pero a su vez es nostálgico, dado que había olvidado lo que significaba una sensación como esa. Lo más que puede hacer es llevar su diestra a su pecho, y jadear para intentar tranquilizar su cuerpo, mientras que con su paso lento pero constante, se dirige hacia la salida de esa habitación que lo resguardó hasta ahora.

Los pasillos de ese lugar son de ayuda, dado que no pensó que estar falto de un brazo supondría que su equilibrio fallase de tal manera. Las paredes presentan un buen soporte, mientras que una especie de instinto y algo de sentidos agudizados por sus vivencias como asesino, le pueden dejar una pista sobre el paradero de Cerridwen. Sabe que no ha salido, y puede que ciertos ruidos hayan sugerido que tomase las escaleras más cercanas hasta otro nivel. Sería ahí donde todo se volvería mucho más difícil, pero no por eso va a detenerse. Perseus pretende que incluso en estas instancias, siempre ha de buscarla, como la polilla que busca a las flamas sin importar quemarse, y en su caso, así ha sido ya. La diferencia es que la muerte no habrá de alcanzarlo aun... Ni hoy, ni mañana.

Subir escaleras no le había parecido antes un problema, pero ahora es casi como aprender desde cero. No es algo imposible, aunque tampoco fácil, y más mientras piensa en todo el montón de cosas que no sabe que decir y que le gustaría que ocurriesen. Lo más sensato hubiese sido regresar a la cama donde estuvo reposando, y esperar a recuperarse un tanto más; si tan solo Perseus fuese alguien sensato. No solo es demasiado testarudo y soberbio como para prohibirse descansar, sino que actúa como si fuese dependiente de la presencia de Cerridwen para poder estar en paz. Por eso, no es nada para él esa actividad, si a la larga considera que la recompensa es mayor.

En el piso de arriba se encuentra, aún más cansado de lo que ya estaba, y se dedica entonces a buscar a la doncella. Poca fuerza puede aplicar, pero si la suficiente para desplazarse y dirigirse a los lugares donde piense que pueda ella estar. Es cuando finalmente la consigue, tras empujar con pesadez una puerta, que siente nuevamente dolor en su herida. Puede ser porque ya ha terminado su búsqueda, y su cuerpo demanda finalmente descanso. Y eso pretende hacer... Caminando hacía la acurrucada princesa, y encontrando lugar al lado de ella, en su propio lecho, sin importarle si tiene permiso o no de hacer semejante cosa.

- ... Estoy bien... Pero si estoy aquí estaré mejor... - Susurra el Demone finalmente, luego de que con ternura rodease el cuerpo de la doncella, y como si hubiese hecho eso más de una vez, la apega a su cuerpo sintiéndose finalmente aliviado. - ¿Cómo no sentirme mejor si así como me puedes matar con tus labios, me das la vida que jamás tuve...? Pero ahora que has sanado las heridas de mi cuerpo con vendas y medicinas... Te pido que sanes mi espíritu con tu presencia. - Egoísta como solo puede ser, obra de forma que solo cumple sus intereses, sin saber si eso es lo que la dama de plata pueda querer. Por tanto, solo importa lo que él ahora quiere.

Y eso que quiere, es llamado Cerridwen.
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Lun Dic 16, 2013 8:51 pm

El trayecto en el que corrió fue demasiado largo para lo que normalmente solía ser. Ella sabía que desde el lugar en donde empezó a correr, había veintiún pasos hasta las escaleras, y eran diecisiete escalones para subir. Eran seis pasos más hasta entrar a la casa de arriba, y otros nueve más hasta dirigirse hacia su habitación. En total habían sido cincuenta y tres pasos los que dio presurosamente para poder huir del demone. Cincuenta y tres pasos que duraron una eternidad, cada uno de ellos, en donde el tiempo parecía volverse eterno en cada segundo que transcurría. Segundos en donde su corazón bombeaba como si hubiera más de mil latidos dándose en simultaneo, en comparación con el exterior hasta en donde las mismísimas sombras respondían muy tarde a los movimientos de su cuerpo. Sus ojos inclusive perdieron un poco de capacidad para ver en la oscuridad, cosa que jamás le peso al ser en realidad una doncella de la noche. ¿Cómo podría describir esa sensación que estaba sintiendo? La “magia” que pronto empezó a producirse en todo a su alrededor, era una magia que en realidad venia del estado del alma de uno. La conmoción que la había embargado, se había proyectado hacia el mundo exterior, haciendo que el  padre tiempo no pudiera dar normal cuerda a sus relojes. Mientras, la madre naturaleza bombea e implanta una cantidad insana de cuantas sustancias para activar al cuerpo. Pero todo era tan confuso, pues ella lo sabía. Ella era muy consciente que el proceso por el cual estaba pasando, era muy similar al que paso en ese momento en que la mayor tragedia de su vida sucedió. Ese fatídico día, hacia incontables lunas atrás, en donde el alto tribunal de los eternos y poderosos, la condenaron a esta tierra mortal; a ella, la que debía ser la eterna luz de todas las noches. ¿Es que acaso nuevamente había pecado contra el orden de las cosas? ¿El haber salvado a Perseus, estaba abriendo un nuevo camino a la perdición…? O mejor interrogante aun… ¿La determinación de aquel muchacho ojos de aceituna era finalmente la clave de su perdición…?

Abrió la puerta de su habitación, y la cerró con una rudeza que jamás podría lograr caracterizarla. Tanto que algunos muebles temblaron, y contemplaron absortos como era que la Princesa Albina, corría entre lágrimas a tumbarse en su cama. Un grito ahogado se escucho, tan lamentable como si hubieran clavado una lanza invisible a través de su pecho. Las cortinas de la ventana que yacía abierta, y siempre iluminaba con luz plateada su lecho, empezaron a ondear con fuerza. Hasta incluso parecían que varias estrellas cortesanas de la Reina Ishaá se empezaron a juntar en ese pedacito de cielo que veían a la habitación, para tratar de saber que estaba pasando en su interior. El comentario pasaba justamente por el terror que todas ellas tenían de que el dolor y las sagradas lágrimas de su princesa se debieran al invasor. El viento se hizo mas fuerte afuera, y mucho mas frío también.  Era anuncio de la molestia completamente indisimulable de la soberana nocturna, que consternada escuchaba como las lagrimas golpeaban contra la cama. Se podría haber dicho que era tanto el enojo de la soberana de los cielos, que hasta la misma Gran Bestia percibía su malestar, y esta golpeo el piso haciendo que los arboles en los bosques se sacudieran, trayendo un arrullo bastante inquietante a los que podían leer el lenguaje de la naturaleza.

Mientras, la princesa tumbada, pensaba. -¿Que es este destino que se me avecina? ¿Por qué precisamente a mi…? He pagado mi condena en silencio, sin intervenir en sus planes… Del otro lado, me siguen siguiendo….Porque…  ¡Porque tengo tanto miedo!- Pensaba, mientras intenta contener a su propio corazón que golpea con una fuerza feroz a su pecho. Ya no le molesta tanto el que haya sido un completo impuro el que la haya despojado de la pureza de sus labios. No, pero precisamente lo que le incomoda profundamente es el hecho de lo que ha sentido en ese momento, y en el momento posterior. Puede llegar a predecir grandes tragedias sin mucho esfuerzo, pero no quiere hacerse responsable de lo que ella pueda pensar mas alla de lo que la experiencia le ha enseñado. En ese instante se han movido mas cartas de las que conocía, y no se siente del todo dispuesta a entender la nueva jugada que el mismo destino planea.

Pero nada resulta tan aterrador como el momento en que se oye a su puerta destrabarse , abriéndose lentamente.

Nada le ha despertado tanta ansiedad como los segundos eternos en donde siente el caminar ajeno acercarse a ella.

Nada, nunca jamás, le había despertado esa irreconocible sensación dentro de su estomago al momento en que ÉL, se acuesta en su lecho, y la abraza, y le habla.

Cerridwen no puede evitar temblar. De hecho, si Perseus la abrazara un poco más a la altura de su pecho, sentiría sin problema alguno como el corazón de la albina golpetea a un ritmo casi irreal. Pero, sus palabras, más allá de hacerla gritar cantando alguna canción que destruya todo el trabajo de salvación que ha hecho esa mañana, le hacen callar. Por unos larguísimos segundos. Y es así, como finalmente, con sus labios temblando en un tono casi inaudible, murmura unas palabras que ninguna estrella, ni su madre, ni espíritu lograra oír; nadie además del pelirrojo que desafía a la muerte con sus acciones.

-Antes… Dime… La verdad…. Quien eres… Y en que te has convertido…. No eres ya… Un demone….- Sentencia, con voz entrecortada y casi ahogada, como si una cuerda invisible la asfixiara para evitar que dijera eso, mientras una valiente mano se atreve a acariciar la palma ajena. Tiene efectivamente miedo, pero no de este muchacho que sintiéndolo cerca lo ve realmente como lo que es; una víctima.. Tiene miedo, porque sabe que en su carne está impregnada de la esencia de aquellos que le hicieron tanto mal.
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Perseus el Miér Dic 18, 2013 6:47 pm


Puede que haya habido susurros imposibles de escuchar en el ambiente. Murmullos que en realidad eran gritos, advertencias en el viento y el crujir de la madera bajo sus pies, que intentaban defender a la princesa con todo lo que pudiesen decir en onomatopeyas de la naturaleza, al ritmo que el Demone recorre esa casa que le ha dado cobijo, en busca de aquella flama que no es intensa, pero si lo bastante cálida y noble como para quitarle el frío. Es siempre la voz de su propia terquedad, son siempre sus pasos los más testarudos y poco sensibles, es siempre su modo de expresarse tan carente de tacto, es siempre su comportamiento gélido... Todas esas cosas que hacen funcionar al destrozado cuerpo de Perseus, para conseguir alivio con la presencia de quien hace que todo se convierta en algo necesario, con tal de llegar a ella.

Abrazarla como un extraño haría no será suficiente. Él va a decir alguna excusa, o dos, o cuantas sean necesarias para decir que debe hacer lo que está haciendo, aunque nadie en este mundo con excepción de él lo pueda aprobar. El viento pasa de ser una brisa fuerte, a un torrente que hace tambalear los pequeños objetos ordenados en la habitación; un ambiente cargado de hostilidad, y que no dudaría en aplastar al indecente plebeyo si osase a intentar cerrar la ventana para poder ignorar ese cambio climático. Para mala suerte de Isháa, Perseus no tiene intención de ocupar su brazo restante en otra cosa que no sea abrazar a Cerrid, e incluso con algo que puede describirse como afrenta a la autoridad divina, decide apegar más el cuerpo al suyo, rodeando su vientre por completo con su extremidad y haciendo que la espalda de la inmaculada princesa tenga contacto con esos vendajes en el pecho del monstruo. No hace eso solo para burlarse de la regente nocturna, sino también para robar calor del cuerpo de Cerridwen y calentar igualmente el de ella, dado que su madre se ha dedicado a hacer que el entorno sea poco tibio.

- No sé... No sé que soy... Solo sé que no he dejado de ser yo. No puedo dejar de ser un Demone... Ni tampoco de ser Perseus... - Tal como la princesa ha murmurado solo para él, sus palabras van dirigidas nada más que a ella, siendo la única con la posibilidad de escuchar al estar tan cerca. - Pero si sé que algo ha cambiado... Y no es que haya perdido un brazo. - No intenta decir nada en específico, y está siendo honesto en esa ocasión, aunque le hable con esa característica falta de vida que es natural en su voz. Se permite descansar, suspirando al sentir la agitación de su propio pecho, algo de lo que se mantuvo alienado por muchos años y que ahora ha regresado para debilitar; espera que al menos sirva esa cercanía, para que la princesa pueda sentir sobre su espalda el palpitar monstruoso de un músculo cardíaco que ha revivido.

- Yo... Ahora creo... Que estoy vivo. De verdad... Sin dejar de ser lo que soy... He vuelto a vivir... - No sabe que tan buenas pueda resultar ese conocimiento para la doncella. No sabe que tanto bien pueda hacerle a alguien saber la condición del muchacho. Solo sabe que al contar eso probablemente torturará más a la doncella, pero es derecho de ella saber qué clase de acechador es quien la persigue. De hecho es lo que siempre ha hecho, más que pensar que pueda darle felicidad en alguna ocasión al menos, o que él pueda merecer estar con ella después de todo lo que ha lanzado sobre sus hombros... Y tal como dijo en aquel tejado, lo sigue haciendo.

- Hay algo que sí sé... Y es que el precio a estar contigo... Es algo que ha valido la pena pagar. No me arrepiento... - Como siempre, dando solo su punto de vista sin pensar en el de ella, afirma eso casi con un orgullo que solo él seguramente ha de sentir. Aun así, esta vez pretende hacer la diferencia. Reconoce todo lo que ha hecho, tal como si sus ojos se hubiesen abierto, y por primera vez le ha de preguntar algo que ha debido hacer desde hace mucho. - ... Tu... ¿Te arrepientes...? De haberme encontrado y hablado... De haberme cuidado y salvado de la muerte... De haber estado en el camino donde yo aparecí, para solo hacerte sufrir una y otra vez desde que llegaste... Tu... ¿De verdad no me odias? - Perseus pudo haberse escuchado mucho más cruel con esas palabras, que solo llenan los brazos de la princesa con más responsabilidad de la que ya tiene, si tan solo las hubiese dicho con su habitual tono de voz. El Demone le ha hablado con un susurro que era parecido a la ternura, como si alguien como él tuviese tal cosa.

Como si alguien como él pudiese saber qué es eso.

Como si alguien como él supiera que es amor.
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Dom Dic 22, 2013 3:28 pm

La presión sobre su estomago le produjo más sensaciones que en toda su vida. No era ni siquiera comparable a lo que le podría haber producido que el techo de aquella enfermería se cayera sobre su cuerpo en Nuhl. ¿Porque hacer semejante comparación? Porque a diferencia de esa mano apoyándose en su vientre, sabía que el techo si la habría matado de manera definitiva. En cambio, ese proyecto a caricia no la materia, solo la dejaría mas confundida y con un escozor de lo que podría ser un “cariño” del demone que tiene tras suyo, abrazándola desde su espalda. Y aunque el viento sopla con fuerza y de manera helada, infiltrándose entre las vaporosas cortinas y llegando a golpear todo su cuerpo, no puede sentir frio. El hecho de que ese muchacho la este abrazando, hace arder su cuerpo como nunca antes pudo haber sentido calor. Se le podría atribuir fácilmente a los nervios, o el mismo hecho de que realmente esta supersensible dada las circunstancias. Es fácil entenderla, si se tiene en cuenta que la princesa de Ishaá jamás había tenido tanta cercanía con un hombre. A pesar de la distancia, su mente siempre se mantuvo sujetada a los preceptos que la realeza de su sangre la obligaban a actuar. Las princesas deben ser doncellas puras, como los encantos que su misma voz logra; por ende no podía permitirse el lujo y privilegio de caer ante los ataques de lo que mondamente se llama el amor. El amor es un sentimiento que se encuentra tan en lo alto para alguien tan responsable, que hace falta más que un propio corazón encantado para poder permitirse dar rienda suelta a la pasión. O al menos poder permitirse demostrar una migaja de lo que se puede llegar a sentir.

-Esto está mal…- Piensa, mientras lo oye hablar. Ella lo sabe mejor que nadie que no solo el contacto que ambos están teniendo es pecaminoso. La misma relación que los une, lo es. Pero…  ¿Qué se supone que son en ese momento Perseus y Cerridwen? No hay nada claro, al menos por parte de ella. Lo va a seguir viendo como un acosador que se ha atrevido más que muchos, y más que atreverse, le ha permitido. Podría dar mil excusas pero siempre terminan en un hecho que no puede negar en lo absoluto: no ha hecho absolutamente nada para impedir que sea él quien la bese por primera, segunda y tercera vez. Lo que si sabe bien, por lo que lo oye de él al hablar, es que ya ha sufrido en carne propia por las acciones y decisiones que ha tomado. Eso puede llegar a explicar entonces, que es lo que le ha pasado que puede sentir en su presencia; un aura contaminada por aquellos verdugos de hasta los mismos dioses.  Suspira entonces, de manera casi imperceptible al escuchar que termina de hablar. No puede evitar sentir como el pecho ajeno casi quema su espalda, aunque en realidad es ella quien emana calor en ese instante. Es una pregunta demasiado atrevida la que le ha hecho, incluyendo que esa situación es totalmente insultante para quien crea que la pureza de la princesa nocturna es intocable. La cabeza de Cerridwen va a pensar su respuesta, por largos segundos en donde va a considerar muchas cosas. Y va a buscar, el responderse primero a sí misma, de manera sincera. No sabía muy bien si es que llegaría a decir palabras ahora a él. Ni sería la primera vez que le ha dejado en silencio, pues ella simplemente es así. Los pensamientos de una mujer son un abismo profundo, al cual pocos pueden pretender lanzarse a ellos y volver a salir para respirar nuevamente.  

-No podemos arrepentirnos… No puedo arrepentirme… Eso sería demostrar debilidad, y una princesa ha de mantenerse siempre con dignidad, aun caigan solas las lágrimas. No me arrepiento de haberte conocido Perseus… -Pensó mientras cerraba sus ojos, recordando con una lucidez impresionante el mismo momento en que lo conoció y todo lo mucho o poco que pudieron compartir de ahí en más. El como la había llevado lejos de ese pájaro que la dejo en ridículo, como esa visita nocturna en donde el termino arrastrándose para huir de ella. Su posterior aparición luego de todo el desastre donde su máscara de monstruo empezó a caerse como así también a dibujarse con más fuerza a ojos ajenos. Todo eso había sido importante para ella, de un modo u otro. Irónico era, que por muy peligrosa fuera su compañía, ella ya le había perdido completamente el miedo. Hasta se preocupaba en realidad por el muchacho de piel pálida y ojos de magia nigromante.  - Ni te odio…. No… Definitivamente no te odio…- Terminó de decirse en sus pensamientos, mientras su mano alejaba con suavidad la de Perseus que posaba sobre su estomago de manera posesiva. Cerridwen aprovecho el momento para poder liberarse, mientras su rostro se veía lejos de cualquier clase de pesar. Su mirada había retornado a esa magnificencia que la caracterizaba, un temple insensible y duro, totalmente serio e imperturbable. Se sentó en su cama, y observo la nada durante unos eternos segundos. A lo mejor necesitaba pensar seriamente todo lo que había pasado, y tener una situación “limite” como la que tenía ahora entre sus manos. El viento, paralelamente soplaba con más fuerza y corría por dentro de la habitación que hasta acariciaba con un poco de rudeza los blanquecinos cabellos de la doncella albina.

Perseus ha sacrificado un brazo, para en cambio, tener un corazón. Ella, en cambio, sacrifico su comodidad en busca de un ideal que no pudo ser. ¿Había realmente ganancia en aquel sacrificio, o era que jamás se le dio por realmente reclamar su premio? Si lo pensaba de algún modo, al haber bajado a Tzión no solo fue arrebatada de la tranquilidad de vivir siempre sin pesar o miedo alguno, sino también del mismo deseo de vivir y soñar. Todo en ese mundo era tan malo, y lo bueno era lamentablemente mortal. Su condición la hacía vagar, imitando mas a una muñeca que se mueve por cuerda, que por realmente tener vida. ¿Dónde estaba la recompensa por tanto sacrificio? ¿O era el precio que debió pagar por ser la más pura de las criaturas celestiales en su momento…? Definitivamente, no iba a quedarse con la segunda respuestas. Ser una princesa, por muchas restricciones que le pusiera aun sin corona, no pensaba conformarse, ni dejarse guiar completamente por los caprichos de ese destino que hábilmente sabe crear seductoras tretas solo para reírse.

Había sido suficiente.

Sin mediar nunca una sola palabra, Cerridwen se dio la vuelta y con velocidad pero suavidad, se inclino hacia Perseus únicamente para besarlo. Para contemplar sus ojos por unos segundos, asegurándose de que esa mirada quedara en su recuerdo. Y luego, cerró sus parpados. Para que, de manera estúpida dejara de ver toda la tristeza que tiñe a este mundo, y a  su vida. Solo deseaba sentir la hermosa magia de sanación que podía traer el amor.

Como puede revivir a un corazón.

Como puede hacer que una princesa despierte de un largo sueño parecido a la muerte.
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Perseus el Lun Dic 30, 2013 10:19 pm

Una vez, el muchacho tuvo la palabra de un ente, de que serían cumplidos tres de sus deseos, pero él no podría elegir cuales serían. Lo que más anhelase en su momento, le sería otorgado por el Otro Lado, al tiempo que a cambio debía dar algo para ello. En su momento, fue despojado de naturalidad y cordura para convertirse en un enemigo de Todo, y más aun de sus maestros; igualmente que pidió cruzar esa puerta sin retorno, luego empezó a caminar en dirección contraria, intentando abandonar lo que no debe ser negado. Aun así, el muchacho logró caminar fuera de la habitación a la que antes quiso entrar, pues ese fue su segundo deseo, y para ello debió dejar todos sus regalos y su brazo antes de regresar.

El niño no sabe si su tercer deseo aun lo aguarda, o está por cumplirse, o de hecho ya se hizo realidad, pero en ese instante nada puede tener más valor que la Princesa cerca de él; su primera víctima, que si bien no ha acabado con su vida, sin duda lo ha hecho con su inocencia poco a poco. Perseus no quiere nada más, ni está en necesidad de escuchar palabra alguna que responda a sus dudas, pues sabe que si Cerridwen le odiase, habría entonado un canto en ese instante y terminar con el causante de sus confusiones. En lugar de ello, la Princesa se entrega a la locura que el Demone le ha inyectado lentamente durante días, y olvidando que ella es un trozo de luna que se ha caído, decide usar su boca no para destruir al mal, sino para cuidar de él, besando al chico que jamás hubiese esperado que esa sería la forma de responder a su pregunta.

Los ojos de ella se funden con los del Tres-Veces-Nacido, antes de cerrarse en el sentimiento que se requiere para besar. Perseus la rodea alrededor de su cintura, la apega contra su pecho herido, sintiendo con extrema y pecaminosa precisión la piel de la Princesa debajo del ligero vestido que la cubre y protege de lo que podría ser la mirada atrevida del muchacho, que en un futuro le confesará que ha usado las sombras para espiarla incluso durante su privacidad en ocasiones, y por lo cual es más parecida su actitud a un adolescente inadaptado, más allá de que su aspecto sugiera que así es. La besa... La besa y desliza su mano por su espalda, hasta rodear con delicadeza su cuello como si quisiera asegurarse de que ella no ha de separarse. La besa con suavidad, con la aceptación de los sentimientos que ella está entregando, y la condescendencia de que esto se supone que es tabú para alguien tan pura y sacra.

La besa, sintiendo que el dolor se va por completo, de cómo sus labios se moldean de una forma para curar todas las fibras de su marchito ser, diferente a como se adaptan para recitar cantos homicidas. La besa, sin importarle por ese instante que nada más existe, y que su corazón responde con una velocidad que solo se puede describir como felicidad. La besa, sin percatarse de que por sus mejillas corren dos hilos de sangre muy finos, cayendo de sus ojos, dado que los de su raza ya no les quedan más lagrimas para llorar, y en cambio solo pueden invertir esa sustancia que derraman tanto por rabia, como por frustración, como por tristeza, como por alegría. La besa, como si sintiese que es incluso su primera vez besando.

Se separan finalmente un poco, solo unos pocos centímetros, lo suficiente para que puedan hablar y decirse todo lo que deban en ese instante. Perseus abre sus ojos, sin cambiar esa mirada de piedra que siempre tiene, pero que la Princesa podrá notar que es mucho más profunda de lo que antes pudo haber parecido, y ser la única que pueda notar como han caído dos ríos de sangre de los ojos del Demone resucitado. Él, por primera vez en todo ese tiempo, finalmente sonríe para ella. Le muestra su sonrisa, no muy pronunciada, pero no innegable, a medida que con su brazo la aferra contra su pecho, siendo lo más preciado que pueda el haber tenido alguna vez, y que siempre tendrá.

- No se lo que soy... Pero si se lo que puedo decir... - Susurra a su oído, dejándola reposar sobre su cuerpo destrozado, preparándose para decir algo que resume todo lo que ha sido hasta ahora. - ... Te amo... - No sabe si Isháa habrá desistido en ese momento de azotar la casa de su Doncella con fuertes ráfagas de viento, pero si se siente con mucho menos frío que antes. Ahora que su pecho tiene latidos para ofrecer, sabe que puede dar calor con un abrazo.

No sabe cuándo habrá pedido su tercer deseo, pero está seguro, que debió ser poder dar calor con su presencia.

Ahora que en su pecho hay calor, sabe que puede amar.
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Jue Feb 06, 2014 6:41 pm

Teniendo tantas cosas que han revuelto su corazón esa noche, no hubiera esperado jamás el tener que encontrarse con algo así. Cerridwen se ha atrevido a dar pasos que centenas no se ha atrevido hacer. ¿Cómo se puede explicar la fuerza de voluntad y rectitud moral que se debe tener para que en cientos de años, jamás se haya permitido enamorar…? Ha visto desfilar a lo largo de su vida tantos pretendientes que inclusive la misma Ishaá hubiera aceptado con desenfrenado gusto para su hija. Pero no. No se ha decidido ni por los encantadores burgueses que serían dueños de naciones, ni sangres azules de reinos donde la música se hace con panderetas  y flautas, ni guerreros que han se puede decir han sido condecorados con la bendición de los verdugos de todo lo que vivo está. Ella ha dejado pasar personas por las cuales muchas otras habrían dejado su vida con tal de demostrarles amor; y sin embargo, finalmente ha elegido a un ser por el cual muy pocos siquiera intentarían demostrar un ápice de interés más que asco y odio. No sabe si ha sido una treta bastante irónica del destino el que justamente haya optado para que sea Perseus con quien comparta por primera vez un lecho tan íntimo como lo es el suyo.  Justamente un ser que es todo lo contrario a lo que por convención se espera que una princesa obtenga. No se trata de alguien que ostente algo que pudiera hacerlo digno de estar a su lado en cuanto a títulos o logros, e inclusive se lo puede ver como algo deforme ahora que carece de una extremidad por un acontecimiento que ella desconoce. Simplemente no es alguien con quien Ishaá desee que su hija comparta compañía, y eso se puede entender al considerar que es la única cría que posee. Aun así, el gran merito de Perseus, es que ha hecho que nadie más hubiera podido hacer. ¿Quién se habría dejado torturar, solo para poder acceder a un corazón con el cual amar verdaderamente, producto de la obsesión hacia alguien…? Duda seriamente, pues de la nada, Cerridwen tiene una noción sobre el amor. No hay amor mas sincero, que aquel que está completamente infundado en la locura de un demente. Como esos locos que todos temen, que llaman Demone.

Un demone, que acaba de decir “te amo”.

Unas palabras que la emocionan y la vuelven a romper en mil pedazos. –Que dulces suenan las palabras que te van a condenar…- Piensa, aferrándose con temblorosa fuerzas al pecho del lobo acosador, dejando caer sus lagrimas sobre él. Rogaría que la soledad en la que han sido dejados, sea suficiente compañera para que nadie más lo llegara a oír. No es ninguna novedad para la princesa que todo aquel que se ha acercado de mas a su persona, ha pasado grandes pesares los cuales son aliviados con una muerte prematura. De ningún modo le gustaría que se diera de ese modo en esta ocasión, pero ha de afrontar a la realidad que le toca vivir como una rea de ese mundo. Y por eso decide responder, no con palabras, pues desea que el silencio sea quien reine ahí unos momentos más, como una confidente de los secretos de los nuevos amantes.

Es así que han pasados unos largos segundos. Unos larguísimos segundos en los que considera demasiado innecesario el hablar, y además, de que siempre ha preferido actuar antes que pecar al decir algo que al futuro no podría sostener. Se acercaría nuevamente a él, con lentitud; con la cautela de quien aun tiene miedo pero desea superarlo solo para volver a sellar sus ex sacros labios con los suyos que van a un nivel mas alla de lo pagano e incorrecto. Besarlo es un acto inmoral para su casta, pero no le importa en lo absoluto en ese instante pues pocas y minúsculas han sido las ocasiones en que ha sentido tanta satisfacción. Lo besa con lentitud de quien no sabe, y de quien desea cuidar al ser querido. Consciente es que esta lastimado, y sus ojos perlados han vislumbrado dos hilos de sangre que han caído desde sus ojos al instante que se han separado. Considera que es egoísta, pero no desea separarse de él aun, a pesar de que su respiración es agitada por el aire que se le es arrebatado. Quizás solo por eso, sus una de sus manos se desliza del pecho del pelirrojo y sube suave hacia su rostro, donde con suavidad ha de deslizar sus dedos desde los lagrimales de unos de sus ojos por toda sus mejillas, intentando limpiar en vano ese rastro de sangre. Solo lo ha de esparcir, pero con la intención de quien desea quitarlo y traer alivio. A lo mejor en un futuro tome nota de que los demones justamente lloran sangre, pero el conocimiento no es algo que ella busque. Solo desea en ese instante el curarlo. Y es por eso que ha de separarse de él, tras un momento donde se puede asegurar que el amor lloro de felicidad. Lo contempla, alejándose de su pecho, y apoyándose ahora en su cama, mientras que no deja de desistir con las caricias ahora en ambas mejillas. Completamente determinada esta a borrar esos arroyos de sangre con las yemas de sus dedos aunque eso signifique tener que manchar mas sus manos e inclusive con su lecho.

-¿Quién te lastimo…?- Pregunta finalmente, intentando recobrar la calma en su mirar, mientras con algo de insistencia comienza a borrar un poco la sangre de sus mejillas a costa de la blancura de sus dedos. Ella va a esperar una respuesta, mientras sus ojos se funden en la mirada color esmeralda ajena. Esos mismos ojos que contemplo hacia un tiempo y la encontró hermosa, pero muy fácil de dilucidar que mentía. Pero es gratificante, el reconocer en el brillo que poseen aun en la penumbra de la noche y el débil resplandor de Ishaá, que esos ojos, esa noche, no están mintiendo. Pero de a poco, la luz comienza a desaparecer y es un cambio que ha de percibir la pequeña doncella de plata.

El cielo por esa noche, decide nublarse. La Reina Nocturna no puede creer que esté sucediendo eso.
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Perseus el Mar Feb 25, 2014 10:41 pm

Tendido en un lecho en el que criatura alguna debería siquiera cercarse, el Demone pasa los límites de lo permitido en este mundo, y en mundos externos y adyacentes donde la palabra divina es un decreto inquebrantable. Él, que cuenta con algo que debe ser superior a la suerte para poder aun estar con vida después de sus osadías, no muestra más que serenidad mezclada con seriedad, cuando en su interior no da cabida para la felicidad que lo aborda, de tal modo que han de ser sus ojos quienes derraman dos canales nada disimulados de sangre. Le cuesta percatarse, pues concentrado está en ella, embelesado con lo simbólico que es brindarle su presencia y su pecho para que ella desahogue todas esas emociones que él le ha arrojado sin que la princesa pueda defenderse. Es algo mucho mayor a lo que cualquiera hubiese esperado de él, un doblemente traidor que solo ha sabido escupir en el nombre de dioses y burlarse de ellos, tanto de las deidades del pequeño Tzión, como de los temibles señores de todo, que residen en el Otro Lado.

Sucio, diminuto y débil, hasta cobarde si se puede pensar. ¿Cómo alguien así podría estar con la radiante doncella de Isháa? ¿Cómo semejante gusano se atreve a invadir el espacio y la vida de la única hija de la dama nocturna? No solo está ahora en su lecho, cual amante de la misma sin pedir ni siquiera permiso, o sin castigarse por hacer tal cosa, y más aun tomándose como atribución ser el soporte de las lágrimas sagradas, que él mismo ha hecho correr. La ha debilitado y ensuciado, la ha corrompido, y en vez de arrojarse a llamas ardientes para borrar su existencia siquiera por respeto después de sus pecados, lo que hace es abrazar el santo cuerpo de Cerridwen, y corresponder al beso que ella le ha ofrecido, cegada y desorientada por la treta del Demone que declara sentir amor. Perseus es feliz como nadie, satisfecho como ninguno, disfruta más que cualquier ser vivo en cualquier parte de cualquier lugar, pues su amada le demuestra que acepta sus sentimientos, mismos que le han costado un precio que seguramente ni los locos, los necios o los tontos, estarían dispuestos a pagar.

Sus caricias lo sanan, y le hacen reposar. Su beso tímido y delicado le brinda paz, le hace sentir seguro en medio del peligro, y le hace percatarse de que en su rostro hay sangre. Tan retorcidos son los Demone, tan erróneos para este mundo son, que son incapaces de llorar y lo mismo supone más bien una herida para ellos. Sin embargo es mucho mejor para el momento que sean esos hilos carmesí los que se manifiesten en las esmeraldas malditas del traidor, ya que lo mismo indica que su alegría es igual a su pacto de lealtad con la princesa, que en vano intenta limpiar ese icor contaminado con suaves caricias. A ella no puede abandonarla, ni pretende hacerlo, siendo que es lo más grande que podrá haber alcanzado y deseado, y por ella ha cambiado. Eventualmente le permite apartarse, sin fuerza para imponer otro beso a su boca al haber alcanzado su límite, más suficiente tiene para mirarla y abrazarla con apego del que teme que todo sea un sueño hermoso, pero cruel a la hora de despertar, mientras la observa con su habitual carencia de emociones en su expresión, pero seguro está que Cerridwen puede notar la ternura que le dedica exclusivamente a ella.

- Quien me ha hecho esto... Fue el mismo que en antaño me convirtió en lo que soy. Quien tomó a un diminuto hijo del León y le hizo olvidar todo menos eso. El mismo que ha matado el corazón en mi pecho para darme las armas del Otro Lado, y que ahora se ha llevado esos objetos junto con mi brazo para que el músculo entre mis pulmones volviese a la vida. - Dramático puede sonar si colocase un tono de voz que lo hiciera ver ridículo, contrario de lo que demuestra, siendo completamente aliviado y tranquilo, aprovechando de dar una caricia a la espalda de su doncella, notando finalmente que Isháa decidió apartar la vista tras ocultarse entre nubes y negar que todo esto está realmente pasando. - Ha sido el Portero. El que ha cambiado el destino de muchos, y terminado el de otros. Él se llevó todas mis armas para cortar mi afiliación con los dioses y tacharme de traicionero. Él cercenó mi brazo izquierdo, mi sabiduría y razón... Para revivir mi sentimiento. Parar poder hacer verdaderas mis palabras cuando te diga que te amo... - El chico se da cuenta de que ha ido lejos en su declaración, y que inevitablemente los rastros de timidez retornan a él con un rubor muy leve en sus mejillas, y su mirada desviándose con disimulo a un lado.

- Esa es la verdad... Es mi destino por haberte elegido. Es... Mi privilegio... - Concluiría al decir eso, sintiendo el frío del desesperado que necesita calor para aliviar su dolor, y por tanto con sus pocas fuerzas se incorpora como puede, para acercarla a su pecho y aferrarla con su único brazo, mientras permanece sentado en esa cama, que deja de sentirla al tener más ocupados sus sentidos.

Su mente solo responde al tacto de la princesa.
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Vie Abr 18, 2014 2:13 pm

Una vez recuperada parcialmente su temple, espera en ese silencio tan característico de ella que la pregunta que han sido formulada por sus ya no santos, pero aun si divinos labios, sea respondida. ¿Quién sería el después de todo, si se niega a decirle la verdad tras tantas acciones que fácilmente pudieran haberlo condenado a la evanescencia dolorosa de la muerte que ella puede otorgarle? Cerridwen sin saberlo aun, asume las desgracias y miserias que el destino va a escribir en sus existencias de ahora en más por haberse atrevido a pasarse por alto tantas reglas naturales y protocolares para esos seres que dirigen la existencia de aquellos que deben vivir en contacto con lo mundano de Tzión. Inocente no es, pues ella tiene su propia experiencia personal para saber que no es bueno, ni recomendable, y ni siquiera pensable el hecho de traicionar o buscar los malos ojos de los tiranos más allá de la tierra y el cielo. Pero espera con esperanza, que la historia que ahora va a narrar ese lobo que ha decidido quitarse completamente el traje de cordero. Un lobo de pelaje rojizo, ojos verdes como la hipnótica luz de hechizos necromantes, y que ha sido golpeado en una pata con lo que podría haber sido una trampa para crueltauros o cortado con el filo de un pastor que ha deseado… ¿proteger? A sus ovejas. Lo abrazará mas para darle la contención y el valor de que narre con cuidado y detalles aquel acontecimiento que lo ha lastimado, pero que ella está dispuesta a curar. Es consciente de que ella no lograba volver a poner una extremidad en esa que esta mutilada, pero puede parar la sangre y el dolor que significa ser marcado de tal manera. No le importaría en lo absoluto tener que ayudarle constantemente a vivir con su único brazo, pues ha dedicado su vida al servicio de los demás. Como si fuera de esa manera el modo de compensar por todo lo que ella pudo haber hecho, o lo que ellos obtendrán al final de sus vidas.

Pero la tragedia no es algo solo de dioses y mortales. Es algo que sobrepasa todo lo que está vivo, llegando incluso a los muertos.

Sus mirada no puede evitar quedarse completamente congelada a medida que las palabras de la boca de Perseus salen, narrando con detalle y consuelo lo que ha sucedido. Resumiendo su vida de una forma tan sintética, pero a la vez tan concisa que no puede simplemente ignorar los recuerdos que vienen asociados a sus vivencias. Lo abraza más fuerte, mientras es su corazón que palpita con una velocidad parecida a los que corren para escapar de algo que es mucho más rápido que las propias piernas. Y aunque todo en un comienzo indicara que era “ÉL”, rogaba de alguna manera que no fuera así. Pero no hubo rezo, ni canto, ni madre protectora a quien pudiera invocar para que la historia no fuera de otro modo del que ella ya se había imaginado. Simplemente mencionar el apodo que se había vuelto nombre, de quien era responsable de sus heridas, fue suficiente para que por piedad, decidiera cerrar sus ojos. Perseus no debía por ninguna razón ver la preocupación que podía decantarse en sus impresionadas pupilas, ni cualquier otra pizca de emoción que pudiera considerarse violenta para el momento íntimo que ellos compartían en ese instante… Pero era tan difícil mantenerse impasible ante lo que acababa de contar.

Ni siquiera fue necesario esperar un segundo más, para que tantos tormentosos recuerdos volvieran a su mente. Tan así como el primer momento en que conoció a tal figura, donde una sonrisa burlona le hizo temer y esconderse nuevamente en los infinitos pilares del templo de su madre. No habría entendido en su momento eso, pero si lo pudo entender muchísimos años después, cuando se lo volviera a cruzar a como parte del jurado que simplemente le condeno al exilio de esa tierra que no solo era pura y divina, sino que por derecho divino le correspondía habitar. Capaz decir que se lloro un mar, sería demasiado, porque nunca había dejado ningún puerto tras su caminar, mas si es seguro que las lagrimas que ella derramo durante tantísimos años por la horrible condena de caminar y no encontrar más que miseria, lograron regar muchísimas tierras para que tristes y melancólicas semillas brotaran al fin bajo la bendición de la suave y tierna luz de la luna. ¿Y eso sería de algún modo comparable al dolor de quien a su lado tenia? La gran diferencia que había entre ambos, era algo abismal. No solo por el hecho de que sus ojos evocan a magia prohibida y los suyos a una perla encantada por hadas de luz. La diferencia yacía en el hecho de que Perseus en ningún momento se arrepintió de haber hecho lo que hizo. Esperaba que su obstinación fuera más grande que todos los pesares que seguramente de ahora en adelante el bufón más cruel de los dioses pudiera poner delante suya solo para diversión.

Porque solo estaban para eso, para divertirlos…

No se esforzaría en ocultar como deseaba cambiar de tema. –Debo cambiar tus vendas….- Musito, nuevamente seria en su abrazo, mientras delicadamente  acariciaba su pecho que aunque helado, retumba sigilosamente con un corazón que bombea sangre. La penumbra de la habitación aun era absoluta, y aunque le costaba ver, no era algo completamente imposible para la hija de la noche. Tenga o no a su madre en lo alto del firmamento, la cual seguramente estaría destruyendo cuanto objeto tuviera cerca con una ráfaga de magia divina, Cerridwen aun era capaz de hacer brillar sus ojos cual rayo de luna que ilumina el lugar. Claro, no era estúpido decir que verdaderamente la blancura de su cuerpo, aun manchada con sangre ajena que ya se había secado hace horas, brillaba en medio de la sombra, inclusive de esa sombra herida que se aseguraba de aferrarla contra su cuerpo, sin miedo a extinguirse por su atrevimiento. Es de ese modo, del cual delicadamente lo aparta de ella con el extremo cuidado de no parecer brusca, puesto lo último que quisiera hacer en ese instante es crearle alguna especie de desaire. Tímidamente coloca sus pies nuevamente en el piso, parándose y ayudándole para que él también lo haga. No es muy difícil el imaginarse que tras haberla perseguido desde el segundo piso y subir las escaleras en su condición actual, cualquier tarea tan sencilla era difícil de realizar. Es más, ni siquiera puede imaginarse el hecho de no poder disponer de una mano, tan necesarias para cualquier tarea normal…  

-¿Te sientes bien…?- Pregunto, nuevamente, casi susurrando, mientras lo observaba con esa extrañeza que poseen los ojos fríos que logran mirar con amor. La princesa ha aprendido humildad, sobretodo con aquellos que conocen el significado del sacrificio y la justifican con algo tan noble como el amor. Es así, como una ingenua pastora, quiere curar a un lobo y enseñarle a ser un perro pastor…
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Re: Sombra Agonizante

Mensaje por Perseus el Vie Abr 18, 2014 11:15 pm

De todas las cosas que pudieron haberle causado dudas en el momento que recibió la "bendición" de los señores del Otro Lado, fue el hecho de recibir algo del furtivo y veloz "Permisivo", aquel que está dispuesto siempre a frustrar las maquinaciones horrendas de sus homónimos y llevar la aniquilación a los hijos de estos. Si existiese en algún lugar de toda la existencia general un ser tan ambiguo y a la vez predecible como lo es el Portero, sería ese ser que se ofreció a darle una parte de su naturaleza, y obsequiarle un artefacto que podría funcionar para realizar horribles artimañas y asesinatos con una velocidad más que impresionante. ¿Por qué alguien como Perseus es merecedor de tal cosa? ¿Y qué pensaba el Permisivo al dotarlo con semejante articulo? No cabía duda que sus otros maestros sospecharon, pero dieron se aceptación para hacer posible que su asesino fuese más mortal. El Terrible prefirió no favorecer al Demone, viendo a futuro un evento contraproducente, que al cabo de varias décadas terminó por cumplirse hace una noche.

Sin embargo ahora entiende, o creer entender lo que esa deidad "benévola" quiso obsequiarle en realidad. El Permisivo no buscaba hacerlo más letal, sino en pocas palabras que huyera una segunda vez. Un par de placas de armadura que buscan adaptarse a los pies, con la intención de que corriese veloz no hacia el objetivo, pero si en dirección contraria a sus amos. Una metáfora muy bien disfrazada, y que solo en esta instancia de agonía y dolor pudo comprender. Ahora lo ha hecho, decidió hacer lo que un lobo no debería hacer, que es morder la mano que lo ha alimentado para poder perseguir como un tonto al destello lunar que siempre estará por encima de él. Se ha ganado no solo el rechazo de este mundo, sino también del otro donde están los amos de lo absoluto, con el consuelo de que al menos piensa haber cumplido lo que una vez uno de esos maestros de todo buscó decirle. ¿Sería así su Destino? ¿El Permisivo realmente habría hecho ese obsequio como predicción de esta traición? De ser de ese modo... ¿El Portero pudo haberlo sabido?

Independientemente el resultado, Perseus ahora no piensa en ninguno de los entes a los que prometía lealtad a cambio de poder. Es capaz de ver por sí mismo que existen cosas mucho más valiosas que solo la fuerza, y de que hay maneras diferentes de conseguirla. No es necesario seguir una demostración de algo visible y tenebroso para encontrar seguridad, y mucho menos tener que convertirse en una criatura sanguinaria para disfrutar de la paz interna. Él muchacho está feliz ahora, como tal vez nunca lo fue, tanto que a momentos cree que es un cruel juego por parte de alguno de los esclavos del Tirano Onírico con la finalidad de burlarse del pelirrojo. Por fortuna y dicha, cosa que jamás pareció tener hasta hoy noche, es una verdad lo que se muestra delante de sus pútridos ojos moldeados por la maldad, y una verdad demasiado hermosa como para que siquiera tuviese el derecho de tenerla, luego de haber hecho lo impensable como lo es acosarla y perturbarla.

Ella parece dispuesta a olvidar, o eso cree el Demone, por los gestos de ternura y afecto que le ofrece sin pedir nada a cambio. Un abrazo que seguro no ha dado igual a otro hombre, y caricias que buscan sanar desde el sentimiento más que desde la ciencia. Cerridwen es mucho más compasiva de lo que seguramente cualquier semidiós sería, y no por haber elegido el camino de la medicina que busca ayudar y curar a los que sufren por el mal físico o mágico, sino porque eligió protegerlo y atenderlo hasta después de haberla despojado de su icónica pureza, aunque él siempre negará eso y dispuesto estará a callar a cualquiera que se atreva a decir que Ella no es divina y sacra. Lo que Perseus ve al momento de fijar la vista en la albina, es lo más puro que pueda existir, y lo seguiría diciendo aunque Tzión dé a luz a alguna "Diosa de la Belleza", o delante de la propia Isháa en todo su esplendor y gracia.

Responde a su intención de buscar asistirlo. No considera que deba cambiarse las vendas, pero no es médico o siquiera sabe al menos de primeros auxilios adecuados, por no decir que jamás había sido herido con tanta gravedad. Siente dolor, pero es bueno ocultándolo, y hasta llega a olvidarlo por sentir la presencia de ella cerca de él cosa que es señal de que podría ocurrir un final de todo y no le importaría en lo más mínimo. Se incorpora y asiente ante su pregunta, sonriendo inadvertido con algo de vergüenza, pues sabe bien que hace muchos días atrás la amenazó de muerte y hasta la forzó a alejarlo con su arma más letal; ahora precisamente lo ha salvado de morir como una alimaña, o de convertirse en alimento para otros merodeadores que siempre están dispuestos a aprovecharse de cualquier presa a su alcance, y eso incluye tanto a las camadas de la Gran Bestia, como a los cazadores de Tagirion.

- Puedo caminar al menos un poco más... Pero me siento cansado. Es raro... No llevo despierto ni una hora... - Sin darse cuenta lleva la mano a su pecho, lo que le sirve para cerciorarse de que aún en su pecho hay un latido, y uno que resulta especialmente fuerte, como un corazón que ha estado sosteniendo la respiración por demasiado tiempo y que ahora respira la vida con todas sus energías. Eso lo agota... Es una de las señales de la vida misma. - Me siento... Bien. No puedo pedir nada más ahora... - Se asegura de que esos susurros débiles puedan alcanzar los oídos de la princesa, a la cual acaricia con una delicadeza que difiere mucho de aquella vez en que tomó su rostro con ambas manos, y esta vez nada más puede hacer uso de una. Elige su mejilla izquierda como objetivo de su tacto, uno que es algo tímido pero decidido a la vez, y que exige a su renacido corazón que bombee con un ritmo casi dañino, considerando que apenas está volviendo a activarse.

- Te seguiré. - Se coloca entonces de pie dispuesto a seguirla, incluso si fuese solo a otra habitación a dormir para esperar al siguiente encuentro, no dejaría de seguirla. Está dispuesto a hacer todo, y aceptar todo.

Está dispuesto a dejar de ser un perro de caza, y hacerse un perro guardián.
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