En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

01 - Prólogo.

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01 - Prólogo.

Mensaje por Leandros Smaragdus el Dom Nov 10, 2013 6:08 pm

" Eminencia, el supervisor Galeouf finalmente capturó a la exiliada del reino Amaraida a petición del honorable consejo de las tierras vecinas. El perro de los Eqüuru nos exigió que sea entregada a las manos del carcelero, pero es usted Gran Eminencia quién posee la ultima palabra. "

Un saco cubierto de sangre se retuerce entre las filosas manos de dos hombres que llevan dos metros de altura sobre sus tobillos, cubiertos en su totalidad por una armadura que se dice fue fusionada a la carne de quienes la portan. Un tercero se inclina frente a la inerte imagen de quién es el señor de la ciudad, coronado en la peor de las deshoras, saqueador de riquezas y traidor por sobretodo punto de vista. Ocupa un lugar que jamás debió, observar con frialdad un bulto que parece querer desaparecer de la existencia. Sus guanteletes resuenan como las marchas infernales de una dimensión carnicera, se recienten bajo la fuerza de los tendones de aquellas manos que se aferran al trono esmeralda; Sus piernas imitan este desolador aullido al levantarse pesadamente, sosteniendo el significante peso que el tirano lleva a sus espaldas. Un suspiro desgarrador que provienen de su gélido corazón ahora escapa de sus recortados labios, sus dientes se encuentran entre filas y sus pasos son sinónimo de quienes están frente a él deben apartarse de su camino, además de resaltar que sus armas se encuentran enfundadas, evitando la ofensa y maldición de quién no posee misericordia por nadie, mucho menos consigo mismo.

El eco entre las llamas del salón penetran en los que cubren con sangre y telas aquella figura que es descubierta con apenas un gesto del Tirano, las sábanas al suelo caen para que el mismo cubra sus lágrimas; la inocencia arrebatada por las manos de sus guardias se refleja en la gran cantidad de moretones y en la imposibilidad de aquella persona de poder levantarse, sino en arrodillarse frente a quién es el Gran Señor de la orgullosa ciudad, enceguecida por la muerte y la magia. La mirada de aquel hombre jamás se mostró tibia, parado frente a alguien en un decadente estado y que por sobretodo era una hermosa dama, una mujer con la más sedosa cabellera dorada, portadora de un rostro y unos ojos que deslumbran a cualquier mortal, aliviada de todo pesar por su sangre azul y la llama candente de la vida plasmada en sus venas, su retrato memorial fue destrozado a lo que puede llamarse una habitante de la calaña más pobre y tullida. Con anterioridad aquel tirano hubiese deseado sentir el rozar de la piel de aquella mujer que se decía es la menor de la casa de los Amaraida, arcadas y repulsión le daba ahora observar a aquel loto blanco marchito por el trato especial que tienen los seres que son derivados al reino de la demencia.

¿Su nombre? Ah, si. Jeane Romeé, la hermosa princesa de índigo que fue apartada de la sociedad por no someterse al juicio de un hombre ambicioso, claramente perturbado por una fuerza que dañó su naturaleza anteriormente pura. Ahora reconocida como Joan de la casa Amaraida se había encargado de encontrar refugio en el Valle Esmeralda, cercana al detestable templo del Zorro, donde yace seguramente la mayor amenaza a aquel conflicto que posee la región; Tamamo, encarnación divina de su protector.
¿Cómo termino esta mujer a manos de un ser tan despreciable? Nadie puede lograr que la curiosidad y la santa voluntad de una mujer la mantengan arraigada en un solo lugar, los ojos del culto nunca descansan, fue cuestión de horas su caída y su rapto hasta el Palacio Esmeralda, lugar donde los condenados tienen la libertad de pensar en los peores males, derivados serán los mortales a la prisión de aquel recinto, donde la oscuridad es lo que reina en conjunto de la incertidumbre.

El señor de la ciudad entonces levantó su diestra, dejando que su dedo pulgar actuara como el filo esencial del verdugo. Recorrió de lado a lado y a una velocidad perezosa su propio cuello, la ahora demacrada mujer fue entonces sostenida de su cabello, los gemidos de la discordia entonces asaltaron a los individuos como maldiciones innombrables, las cadenas que ataban las manos de la mujer fueron liberadas y los ojos que fueron excluidos de su visión liberados. Sin embargo no puede escapar ella debido a las heridas de sus piernas, no puede siquiera pensar en huir gateando por todo ese terrorífico lugar. ¿Para qué entonces esa momentánea libertad? Los ojos índigo de la mujer se posaron primero en aquel hombre que le daba la espalda y comenzaba a caminar hacia su trono, una de sus rotas manos deseo alcanzar esa figura pero fueron los guanteletes de sus leales guardias quienes la tomaron al final, con rapidez sus rodillas sentirán el rozamiento doloroso del suelo real, antes al menos ella fue protegida por un manto cubierto de discordia, ahora desnuda es atormentada con cada paso que da. Sus ojos se muestran desesperados al igual que sus manos al intentar escapar; ella no puede competir contra la fuerza de los guardias.
Los pasillos del palacio de vuelven cada ves más oscuros y húmedos, la esperanza que la llama a ella le proporciona se fue apagando poco a poco, en su lugar son los extraños gritos que nadie puede oír los que llegan a su corazón, los guardias entonces entre ellos se miran a través de su yelmo y aceleran el paso con notables y degeneradas intenciones; ellos también parecen tener miedo de ese sitio.


La prisión del águila es el peor de los escenarios existentes. Cuando el culto lo demande todos terminaremos allí, incluyendo al Propio Leandros. Si tienes suerte tu muerte será rápida, aunque tu esencia es especial; no deberías de sentir esperanza alguna..."

Leandros había determinado tiempo atrás que los hijos de su viejo amigo serían bendecidos con esencias extremadamente poderosas, puras y candentes, incluso más que del resto de los Heres ordinarios. Cuando la niebla azotó estas ciudades esa bendición se transformaría en una fuente de poder incalculable; El culto de Eqüuru es quién demandó entonces la expropiación de estas esencias, ignorando los dictámenes del Señor de los Sueños y el propio Portero, quienes respondieron imponiendo presencia en un sector que exclusivamente era visto por El Terrible.
Cuando Nueva Leone fue arrebatada la alocada vertiente tomó una inesperada ventaja por sobre el resto, sin embargo la casual llegada de héroes de tiempos y lugares lejanos a este sitio es claro aviso de que estos planes ahora tambalean entre un inestable abismo blanco. El tiempo es traicionero en este mundo, las vertientes por morbo se adaptan a estas reglas y reconocen con recelo sus "posibles errores", aunque más bien, los mortales serían incapaces de hacer algo sin la influencia del más cercano de todos a ellos.


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