En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

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Sobreviviendo. (Libre)

Mensaje por Tiberius el Dom Oct 20, 2013 1:09 am

Le bastó aplicar solo un poco más de fuerza a la llave para poner fin al mísero pataleo del animal, cediendo así las vértebras del cuello en un escalofriante crujido que extinguiría su poca vida remanente en cuestión de segundos. Tiró el cuerpo a un lado y se dio un respiro, incluso un cazador como él podía cansarse después de tanta faena en un mismo día, pero nadie podía culparlo por buscar más alimento del habitual cuando esa zona del bosque había estado tan vacía esa semana. Tras el breve reposo, hundió las fauces en la carcasa fresca, saciando su voraz apetito con la ávida e irreal gracia que solo una bestia como él podía presumir. Con la sangre empapándole medio rostro, parte del cuerpo y el suelo de alrededor, estaba claro que no le importaba ser visto, además no tenía ninguna guarida fija a donde llevar la cena. Ya satisfecho, volvió a vagar sin rumbo por la inmensidad de Telfesú, dejando atrás su sexta víctima del día.

En un par de horas más sería el anochecer de otro trivial día en la maquinal vida de Tiberius, otro día en una rutina que no lo entretenía, pero al menos tampoco le aburría, pues una de las ventajas de desconocer la diversión era también ignorar el aburrimiento. Despertar, cazar, comer y dormir… sobrevivir. Ese fue su día a día durante la década y media que “vivió” en ese bosque, solo de repente acontecía una variación, por ejemplo el pasajero humano que llegaba con ganas de exterminar a la bestia de la cual escuchó en algún pueblo cercano. Eso sí, con tanta fauna allí era difícil saber si esa bestia sería él u otra criatura, pero a los ambiciosos mortales eso no les importaba, lo único en sus cabezas era hacerse de la suya y la consecuente fama de la hazaña. Obviamente, ninguno consiguió matarle.

Marchando, la idea era caminar hasta hallar un buen sitio donde pasar la noche, sin embargo, el destino le tenía otro panorama. Variaciones, buenas o malas, nunca las apreciaría.


Última edición por Tiberius el Dom Oct 20, 2013 5:08 pm, editado 1 vez
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Adalid Ciego.

Mensaje por Fatus el Lun Oct 21, 2013 10:10 pm

Adalid Ciego:
-Nombre:   Adalid Ciego
-Tipo: Exterior
-Nivel: 3 [☆]
-Elemento: Absoluto - Fuego

-Particularidad: Devorador [Puede regenerarse a través de cualquier fuente de magia]
-Ataque físico: Portador de diversas armas - Maestría en la lucha cuerpo a cuerpo - Idealizador de estrategias de combate - Fauces - Peligrosa fuerza bruta.

-Ataque proyectil: -

-Talento mágico o psicológico: Rastros de guerra [Pueden enloquecer a aquellos con la voluntad de luchar]

-Dieta: Carnívoro
-Hábitat: -
-Terreno:-
-Organización: -
-Ciclo activo: Indiferente
-Valor: 101 piedras
-Amo: Tagirion

Daría por casualidad que fuera un desertor de la terrible vertiente de la venganza la que sus pasos erróneos sentiría el único guardián de la golpeada Targatarion, a metros de encontrarse con la zona más oscura y hasta corrupta de la región frondosa. Aquel tipo de alimaña inteligente que por algún motivo apenas existente deja todo vínculo con su creador y padre no se olvida con tanta facilidad, son incluso mucho los que desean calmar las profundas y alocadas voces en sus cabezas ciegas, incapaces de seguir las primeras órdenes, las cuales siempre terminarán en un avaricioso y desconsiderado homicidio. Así debió ser la ciega monstruosidad blanca, así tuvo que mantenerse por el resto de sus días, pero no, es la eterna encrucijada de la calamidad lo que perseguirá su sombra permanentemente, ahora más que nunca ya que lo que podría ser llamado su hogar dejaría de serlo al enterarse de que se encuentran aquellas horrendas abominaciones, leales a contrario de "él" a lo que dicta su maestro. ¿Qué recompensa más honoraria es para ellos cazar a quienes son catalogados como "verber" entre los que no poseen ningún indicio de moral? Contradictorio, como toda la existencia de esos que merodean la tierra contaminada de Telsefú, manto exuberante y traicionero.

Poco saben los mortales ajenos y de esta región sobre la existencia plena de Targatarion, mucho menos pueden reconocer a aquellas aberraciones hostiles que desde la misma oscuridad vigilan a aquellos que buscan brillar en medio del abismo, ahogados por su propia ambición se pueden encontrar con la fauna alocada por la poderosa influencia del atisbo de distorsionada energía, sin embargo son aquellos que realmente están condenados al sufrimiento los que hacen cara contra seres que escapan del entendimiento lógico; la mejor definición de demonios, perros de sus propios pecados, redimidos de su cordura cumplen una función igual de tenebrosa que su nacimiento; y es muy claro que la presencia de un ser imponente resguarda un evento que opaca la propia presencia, y en este caso se puede deducir que son las ruinas viciadas que duermen más allá de la maleza viva y malintencionada.
¿Qué es un Adalid ciego? Son la masa más numerosa y temida de los desolados territorios de la vertiente de la ceguera y la ira. Aquellos que marchan a la guerra en su nombre, las extremidades más deformadas y fieles que matan a diestra y siniestra con un placer irreconocible en otros seres. Homicidas disfrazados de soldados rasos, sonrientes fauces que trituran la carne de sus enemigos, bebedores de la sangre de aquellos que por alguna razón ambicionan los tesoros de uno de los Tiranos más poderosos. La presencia de uno es capaz de desbordar la tranquilidad de aquellos que alzan sus débiles armas contra esos que fueron forjados en la llama original, en conjunto de sus herramientas utilizadas para la masacre a niveles más profundos, destrozando por completo la esencia de quienes se atreven a exaltarse al contemplar las armaduras hechas de cenizas que cubren unos cuerpos escamosos y puntiagudos de un color rojo sangre. Ciegos de nacimientos recurren a un sentido que los seres vivos no poseen y que entrega exclusivamente el elemento Absoluto. Dueños de la maestría marcial, superando a cualquier élite forjada por ilusos que buscan la gloria de un ser que ni siquiera puede ver su reflejo. Un desafío que posiciona en leyenda a cualquier héroe o repugnante villano; un mísero y diminuto soldado del Otro Lado.

Quién fue un perro rastrero en sus antiguos días debió de sentirse desolado al notar que los sabuesos más fuertes, en conjunto de la fauna más agresiva, jamás volvieron a hacerle frente. Y es que independientemente de quienes sean, aquel único guardián tiene como misión exterminar y devorar a cualquiera que se aproxime a las fallecidas ruinas de la antigua ciudad. Aquella rata blanca y ahora cubierta de sangre pasaría a ser presa en el momento de que sus erróneos pasos destrozaran la franja invisible que protege dicha monstruosidad a todo momento, ante todo ciclo infinito de Isháa y la Gran Estrella Blanca.
Por naturaleza estos seres no atacan a traición, pero si se puede destacar la velocidad , prácticamente invisible para los sentidos inferiores del perro, con la cual este se traslado hasta un punto donde los desbordados y traicioneros árboles inclinados no se cruzaban entre sí, fue ahí cuando el cuerpo completo de un desollado y destripado sabueso fue lanzado con tal fuerza que parecía obra de las máquinas de asedio modernas, girando en medio del aire tanto la cabeza como las patas chocarían contra la corteza y las ramificaciones, una innecesaria mutilación que puede golpear al rastreador desde la lejanía; Este no era el único que podía cazar entre sus filas a objetivos inciertos y hostiles para cualquier forma de vida.

La distorsión del lugar no permite adiestrar una descripción específica, pero esos seres son reconocidos por ser gigantes entre los Heres, de una musculatura deformada y de una resistencia inigualable. Además de que es su terrible rugido de guerra el que despierta la desesperación y hace más notorio el vacío de la existencia. Agudo y fantasmal, portador de la agonía de mil hombres desangrados, la corteza de cada árbol en particular temblaría ante la presencia de tal himno a la muerte...El poema más profundo hacia la devoción absoluta al sentimiento de resentimiento y locura.

Corre, estúpido perro de la nada. Porque de no hacerlo serás tú quien sea arrastrado entre las enormes raíces y finalmente ser devorado. Ahora es el momento donde hay mucha distancia, a tal punto que ni siquiera tú puedes determinar su presencia, solo su advertencia. No hay una posibilidad de triunfar ahora, tu miserable existencia se justificará con tu final.
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Re: Sobreviviendo. (Libre)

Mensaje por Tiberius el Sáb Oct 26, 2013 10:23 am

Por naturaleza, cualquier entidad –vidente o no– que presumiera una pizca de percepción y frecuentara algún lugar de beneficio, acabaría memorizándolo tras cierto tiempo. Así, Tiberius no era ninguna excepción a este proceso gracias a sus agudísimos sentidos que, sumados a la gran cantidad de años vividos allí, le habían permitido esquematizar un mapa mental propio de las zonas de Telfesú por las cuales solía moverse. Dicha representación le era indispensable, con ella conocía las rutas más rápidas, los lugares seguros y donde era mejor cazar; se trataba de una compleja cartografía bien grabada en su instinto. Por todo esto sabía, o mejor dicho no sabía, donde estaba: un sector inexplorado, un terreno profundo que se sentía distinto, algo que solo criaturas ciegas como él podían entender por completo.

Frenó la marcha por unos segundos, confirmando su desconocimiento de los alrededores, pero atreviéndose a continuar de todos modos al no ser la primera vez que recorría sendas similares. Le había sucedido antes, a veces perseguía a una presa muy lejos y cuando por fin la alcanzaba terminaba encontrándose en un lugar apartado, así también expandía los límites de su mapa. Sin embargo, no demoró en percibir una energía pesada, oscura, lejana y… ¿nostálgica? Extraño, pero más le llamó la atención la escasez de comida, cosa que solo ocurría cuando frecuentaba más de la cuenta alguna zona de cacería, los animales se acostumbraban a sus visitas y huían a otros lados del bosque para sobrevivir. No obstante, ahí él no era conocido, por tanto infirió la presencia de otro depredador.

Un repentino ruido en la lejanía seguido de una perturbación brusca e inusual en el aire, lo pusieron de inmediato en estado de alerta, alcanzando a tirarse hacia un lado y esquivar por poco el improvisado proyectil. La velocidad con la cual fue impelido el cadáver harían asumir a uno que se trataba de alguna máquina, pero entonces recordó cuan bien conocía aquella apestosa energía tan familiar y supo enseguida a qué tipo de bestias atribuir el ataque. ¿Adalides? No tenía como saberlo desde ahí, mas no le cabía duda de que eran sirvientes de Tagirion muchísimo más superiores a él, y si algo entendió al instante fue que no estaría a salvo mientras siguiera viviendo allí. Sabía cómo trabajaban, si reconocían a un “traidor” tarde o temprano decidirían darle caza.

Lo que sintió no fue miedo a la muerte ni indignación al ver su hogar invadido, tampoco fue molestia al ver como su antiguo amo seguía persiguiéndolo luego de tanto tiempo, lo que sintió fue el territorialismo puro de un animal dominante; un Alfa. Un orgulloso instinto que lo llamó a tomar esas tierras ajenas en nombre propio y de nadie más… pero no todavía, no era rival para ellos. Con un estruendoso rugido juró que volvería y que más les valía recordarlo, en un futuro toda Telfesú le temería. Valiéndose de la adrenalina, se echó a correr en dirección opuesta, dejando atrás los límites de aquel mapa mental, dirigiéndose a donde le llevara el destino, olvidándose de su “hogar”, por ahora.


[Salida de escena]
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