En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

El río fluye, y los pensamientos también.

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El río fluye, y los pensamientos también.

Mensaje por Galahad el Miér Feb 27, 2013 1:24 am

Sus pasos sonaban tranquilos y pausados. Aquel día Galahad no demostraba tener prisa alguna mientras se enfilaba junto al río acompañando el flujo del agua con su estoica figura. Sus ojos lucían ausentes pues no enfocaban ningún detalle de su entorno en particular, parecía caminar sin sentido o dirección alguna a pesar de seguir la corriente de las aguas fluyendo su andar al igual que las tempestuosas aguas que corrían acompañándolo con sus estridentes choques contra los bordes adyacentes. Entonces algo lo sacó de su ensimismamiento, su rostro por vez primera mutó en una expresión desconcertada cayendo en cuenta por vez primera que el sol parecía acariciar con mayor vehemencia aquel tranquilo y solitario sitio. Alzando el rostro hacia el firmamento fue capaz de apreciar por vez primera un cielo despejado sin nubes o signo alguno de tormenta venidera. En lo alto, el astro rey resplandecía magnífico siendo el mismo el causante de tan ameno clima y temperatura puesto que el albino agradecía en esos momentos el calor que lo mantenía cómodo y sumido en una reflexión interna poco común. Y es que Galahad no era del tipo melancólico más aquel día parecía incapaz de escapar de sus propios pensamientos.

- Las aguas del León... - Dijo en voz alta consciente de que no había quien lo escuchara. Aquel comentario iba para sí mismo y evocaba recuerdos de un pasado dejado atrás en el cual se veía a si mismo rodeado por sus parientes todos ellos con características leoninas diversas que provenían, por supuesto, de su padre y sus ancestros. Aquello detuvo por completo el avance del caballero quien ladeó su figura y se aproximó a las aguas fijando sus ojos carmesí en las violentas aguas que llevaban bastantes horas corriendo con agresivo ritmo a su flanco izquierdo. Aquel río era famoso por ser uno que avanzaba con tempestuoso ritmo y, siendo de carácter impredecible y volátil, le recordaba a sí mismo. Galahad veía en aquel río un reflejo suyo con el cual se podía identificar. ¿Acaso no era él mismo un león imposible de comprender o seguir? Todo aquel que intentase acercarse a su persona tenía que enfrentarse a su terrible carácter, su impenetrable armadura tanto física como emocional y a su distanciamiento, pues no importaba cuanto fraternizara con otros, en ningún momento bajaba la guardia o le permitía a nadie aproximarse realmente a él.

Sus doradas botas pisaron el pasto más próximo al río sin llegar a descender hasta el nivel del agua y sobre las mismas se alzó orgulloso el dorado rey. Una cálida brisa acarició su sólida figura ondulándose con ligereza su media capa que pendía de su cintura. En contraste con su suave movimiento, Galahad permanecía inamovible, impertérrito y aún silencioso. Aunque odiara aquel hecho, era innegable que su elemento nato era el agua y que poseía una simbiótica afinidad con el mismo. Su mano derecha fue alzada al frente de su figura y tras cerrarse en un puño sus carmines ojos pasaron a posarse en la misma con un aire de impotencia en su mirada. ¿Cómo era posible que un destructor, un conquistador y más importante aún, un rey como él fuera afín con el agua? Aquello era risible. Un soldado como él debía de ser capaz de manipular el fuego para sembrar destrucción a su paso o quizás de emplear la tierra según sus deseos para alcanzar una firmeza y solidez digna de un auténtico rey. El agua era un elemento tranquilo, templado... Era un elemento débil. Tronó la boca y en un súbito arranque de ira pasó a soltar un golpe al frente saliendo disparado del mismo un modesto chorro acuático que al chocar contra el arroyo pasó a ser diezmado con una facilidad que desanimó a Galahad. Su control sobre su elemento aún era demasiado básico como para ser capaz de alterar el curso del torrente y lo sabía. Aún era demasiado débil. " Madre... Nunca entendí porque decías que el agua era el elemento ideal para mí. Quizás jamás llegue a comprenderlo." Pensó desanimado sin moverse de su lugar encontrando sosiego en los ruidos que acompañaban el fluir del río. Sin moverse un solo centímetro permaneció de pie, erguido cuan alto era, mirando ensimismado el agua olvidando por completo que se encontraba en el campo abierto, en una zona ocasionalmente transitada y en la cual existía la remota pero existente posibilidad de que alguien se topara con él. Aquello no le importaba al león; por vez primera en mucho tiempo se sentía en paz consigo mismo e iba a hacer todo lo posible para extender aquel momento y sensación.
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