En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

El Destino que sigue de noche

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El Destino que sigue de noche

Mensaje por Invitado el Miér Feb 20, 2013 12:04 am


Callejón detrás de la taberna - Medianoche - Quinto día de la semna - Cassandra
El valle esmeralda; Pocas veces podría haberse pensado que el Ala de la muerte pudiese entrar a un lugar tan bello y no carbonizarlo con su llegada. ¿Habría ganado la mano buena del destino? Quizás, quizás aquel hombre que cargaba con tantos pecados desconocidos para el mismo podía perdurar bajo la maldición de su memoria, y aunque mil sufridas almas clamaran por justicia para que se le diera muerte, este pudiera vivir.
Hacía poco que había atravesado las puertas, había llegado desde el bosque de Tamsus, un viaje largo y cansado que le dejó sin provisiones un día antes de ver las puertas de Esmeralda. Ahora era de noche, la gente murmuraba, se paseaba en caminatas nocturnas y los animales nocturnos entonaban sus propios cánticos de medianoche, todo estaba tranquilo y apacible, las estrellas en el cielo, los fuegos en las calles iluminando las veredas y risas salían de las tabernas y casas, ya fuera de hombres bebiendo, parejas demostrándose su afecto o niños jugando; la noche cantaba.

Detrás de una taberna, aún y con todos los bullicios de risas y cantos, él podía dormir. Aquel que había viajado tanto pero sin propósito alguno, podía dormir y más plácidamente que cualquier otra noche fuera de un lugar como este. Estaba sentado con las piernas estiradas, los brazos colgando de forma floja a los costados de su cuerpo y la espalda apoyada a medias en la pared de la taberna, en una calle angosta que daba contra un muro de la ciudad, un callejón, por lo que la imagen de él allí era digna de un ebrio acomodado en la parte de atrás del local. Su cabeza estaba agachada, pero su respiración estaba agitada, rápida. Su frente y su cuello sudaban y sus ojos temblaban como queriendo abrirse pero sin poder hacerlo. –Sfuah… uh… ham…- Su pecho daba leves saltos, su cara temblaba y sus manos también, claramente estaba soñando, pero era una más de esas pesadillas, una más de ese castigo eterno que le atormentaba al descansar impidiendo que su sueño fuese real descanso, aquellas pesadillas que durante años llevaban recorriéndole la cabeza sin permitírsele entenderlas.
Se quejaba, sudaba y se asustaba, cada vez sus espasmos y sus quejidos eran más fuertes, más expresivos, inaudibles para cualquiera por el ruido de la taberna, podrían estarle matando y nadie sabría de su agonía, ese hombre estaba ahora gritando, retorciéndose en el piso de atrás de la taberna, echado en la calle como un animal que quería ver para sustituir las imágenes en s cabeza por las que le pudieran brindar sus ojos, pero que no podía abrir estos como si estuviesen cosidos con hilos y cerrados por costras de su propia sangre. Finalmente y luego de mucho sufrir, se dio en la mejilla contra un madero en el piso y eso lo hizo despertar, un fuerte: -¡¡Uah!!- Le dejó temblando, empapado en el piso pero hubo algo más. Este sueño había sido tan fuerte y le había sacudido, le había hecho vivirlo tanto, que su mano izquierda estaba sobre la taberna para cuando despertó, y cuando despertó; del solo susto su guantalete desprendió un chispeo sobre los maderos. Oh, pobre sin memoria cuyo destino parecer desear hacerle sufrir lo insufrible castigándolo cada momento de su atormentada vida, tanto despierto como soñando, pronto no encontraría ya diferencia entre ambas cosas para cuando comenzara a considerar rajarse el estomago con sus propias garras y desangrarse en busca del sueño eterno.

Rápidamente las llamas se elevaron por los maderos, calentando la roca y el acero, llenando el interior de la taberna de humo haciendo salir a sus clientes y dueños, trabajadores y cercanos que ante el espontáneo siniestro, no pudieron rescatar más que sus vidas y mirar desde afuera como todo se quemaba y desmoronaba. –No… ¡No! …No… N…No.. ¡Nooo!- Lagrimas en los ojos, un cuerpo ablandado, unas manos temblorosas formando un calis roto debajo de su rostro contra su pecho recibiendo lagrimas y sudor en el acero y el cuero que protegía sus manos. Lo había hecho, había quemado la fuente de vida de alguien y quizás, a alguien dentro de esta.

-¡Miren! ¿quién es ese? Nunca lo había visto… ¿El quemó la taberna? ¿quién rayos es? ¡miren ese brazo, y esas ropas! ¡el no es de aquí! ¿Quién es? ¡Atrapenlo!- Duda tras juicio tras prejuicio, las personas le vieron entre las llamas que se habían ocupado solo de la taberna y sus interiores. Con un nudo en la garganta y la verdad en sus ojos, sufrió un encerrón por ambos costados de la calle, quedando su espalda contra un tremendo muro tibio y a su frente ruinas incinerándose. Lo había hecho, era él el culpable pero inconsciente, sin quererlo, sin intensión alguna de dañar a nadie ¿Cómo podía vivir así? Su mente se nubló tanto como sus cuerdas vocales que en los siguientes segundos, no dejaron salir más que quejidos, pues no se resistió aún fuerte, grande y armado, a recibir puñetazos en el estomago, palos en la espalda, rodillazos en los costados y empujones que lo trataron en l callejón como un muñeco de trapo entre cuatro hombres que mucho daño físico no le hicieron, de hecho uno quedó con los nudillos sangrando por darle un golpe en la armadura del pecho, pero por dentro, aquel hombre de rostro empapado en sudor, escupitajos y lagrimas que se tambaleaba de un lado a otro a puro empuje de los furiosos ciudadanos, aullaba por ayuda, para quien pudiera leer los ojos, en los suyos estaba la más azulina inocencia y tristeza, pero ¿como podía explicarselo a ellos? De un tipo u otro, aullaba y rogaba por ayuda.


Última edición por Son of Peiron el Jue Feb 21, 2013 3:46 pm, editado 1 vez

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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Cassandra el Jue Feb 21, 2013 3:32 pm

Spoiler:

Es mi costumbre, poner un tema muy a menudo. Algo que tenga que ver con el tema o con la respuesta.
Espero que te agrade.
Del Verde de la Esmeralda al Rojo del Infierno.

Estaba la bastarda en Valle Esmeralda. El azar, la coincidencia o lo que algunas criaturas llaman destino la condujeron hacia esas calles serpentinas por su forma y empedradas por su elaboración. Callejones y avenidas bordeadas con casas rusticas; algunas de ellas eran posadas llenas del jolgorio, otras con menos afluencia de seres andantes o reptantes, también hacían acto de presencia los establecimientos, como la gran biblioteca de Esmeralda, o el Templo al Zorro, una divinidad. de la que se podría empezar a hablar sobre mitos y leyendas, más no nos desvíemos de la clave que nos concierne.
Cassandra, se hallaba en una taberna, donde la juerga, las risas y la música de un animado violín decoraban cada rincón del lugar.

En este antro, se podía hallar las mesas repletas de hombres cantando una melodía lugareña. A decir verdad, cantar lo que se decía cantar más bien, degradar o desformar pues de melodía, la de su mente, no la de su lengua. Las cervezas iban y venían en el trayecto de una uve gracias a los grandes brazos de los hombres ebrios y borrachos a más no poder, puede que más de uno durmiera oliendo a destilería. Aquel lugar también poseía la presencia de las princesas de esquina y vida alegre, algunas de ellas apoyadas sobre los hombros de los varones, otras sospechosamente concentradas y sentadas encima de sus clientes, eso sí, con un poco de pudor y a medio escondidas en los sitios más oscuros del salón; y como no, trovadores y bardos, que con las notas de sus instrumentos se ganaban la vida trabajando en lo que mejor saben hacer. Tocar.
Olía a cordero, cordero asado con una ración de patatas bien despachada, a vino y a sudor.

La muchacha estaba situada en una mesa casi central, con la espada de Ramírez apoyada a su izquierda, ensimismada en alguna clase de tristeza, ajena a todo el júbilo. Sentada sobre una silla de madera con respaldo que hay habría que decir que alguna termita tendría, pues crujía y crujía como si a punto de romperse estuviera. Pero a Cassandra no le importaba lo mas mínimo, su postura “defensiva” apoyando los codos sobre la mesa, dejando resposar el antebrazo derecho en el filo de las tablas y con la mano izquierda jugando con la carne (deliciosa por cierto), mostraban eso, una total y solemne enajenacion al mundo que la rodeaba.

¿La razón? Bien sencilla, pues estaba en aquellos días en los que no se les puede hablar a la mujer y estaba sin ánimos ni ganas de mantener una conversación con ningún ser y punto. Más de un intento de casanova la quiso camelar, (apuestas y más apuestas, del tipo “¿a que no tienes lo que hay que tener parallevártela al huerto...?”) y no eran capaces de mantenerla entretenida, pues no se dejaba. Dicen que las miradas pueden transmitir más que las palabras, Cass en estos momentos era el vivo ejemplo.

El cabello rosa y dispar cubrían la mirada y gran parte de la cabeza en medida de lo posible, los dos pedacitos de cielo que ella posee como ojos tronaban sin llegar a llover, capaces de mandar a que parta un rayo a cualquiera que ose molestrarla, su esbelta figura, arqueada por la postura relajada.
Iba vestida sin su pechera ni perneras de metal, atabiada como una ciudadana, camisa blanca, de algo parecido a seda (menos costosa, por supuesto), unos pantalones largos negros y ceñidos que le nacen desde las costillas, hasta los tobillos, calzada de unas botas color marrón oscuro, casi azabache pero de tono tierra quemada.

Y hablando de arder.

Una señorita de compañía irrumpió en el lugar, estaba asustadísima, lloraba del miedo, desesperación y de terror. Era una mujer alta, de cabello rizado y dorado cual rayo del astro rey; de estilizada figura, muñecas finas y gran busto, pero pardecía de algunas quemaduras no muy graves.
Paró la música, agarrando de los brazos a los trovadores y gritando auxilio, pues una taberna cercana estaba ardiendo.
Muchos hombres de honor y palabra fueron prestos, otros no tanto, la borrachera y la musica no debía cesar.- Si no es ésta, da igual. Sigamos bebiendo, comiendo y fornicando!- dijo uno que parecía el mandamás y como jefe de la cuadrilla, otros hombres en igual estado, vitorearon un “sí” largo que terminó siendo un “eeeh”.
Cassandra por su parte, era de los heres a quienes realmente le daba igual, pero un relámpago imaginario diole la razón por la que debería ayudar y justo era la respuesta perfecta al hombre que habló.
Tú quedate que el viento orientará el fuego hacia aquí, pero tu fornica, que para eso eres el lider.- hizose el silencio y más de un par de hombres la siguieron convencidos de si todos ponían de su parte las llamas no llegarían hasta el lugar.
Fuera de la taberna, todo era terror, la paja se consumía con avidez, imagináos Valle Esmeralda, en todo su esplendor de noche con una hoguera de bastas dimesiones a pocos metros desde la situación de Cassandra.
Tal y como la chiquilla decía, el viento ayudaba a que las danzantes llamas comenzasen a comer y ganar terreno. El humo y el olor a madera y carne quemadas atizaron la nariz de cad uno de los presentes. La chica cogió un cubo y de agua lo llenó de un abrevadero cercano, pero era inútil; pues ¿ Puede el hombre vencer a la madre naturaleza con sus paupérrimos recursos?

No.

Se lo dio a un hombre con el que se cruzó. Caminaba espectante, con una ligera serenidad ante tanto caos, pues ella ya estaba a salvo de morir, hasta llegar a un corro de hombres que rodeaban a otro. En el rodeo de hombres solo hacían preguntas y prejuicios. Lo atraparían pero no lo hicieron en el momento. Cassandra exhaló un suspiro, pues observaba que a su juicio, la situación y el acusado estaba en desventaja y...¿por que no decir la verdad?Buscaba pelea, desahogarse de tanto mal humor . Y Cass solo conoce una forma, un duelo.
Quien le toque, tiene que ser por encima de mí.- la zurda, acariciaba sutilmente el puño de su espada, mientras que en guardia, con su diestra les levantó el dedo corazón con una sonriente sorna-Vamos a ver si sois fieles cuales perros, o cobardes cuales gallinas.
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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Invitado el Jue Feb 21, 2013 5:19 pm

Cuando la tercera muestra de desprecio en saliva tocó su rostro cerca de su barba y la séptima patada le dio en el tobillo, su cuerpo cayó como un tibio saco de verduras al piso, desplomado y desarmado. Ni siquiera levantó la cabeza para mirar a quienes le agredían, solo lo hizo cuando estos se detuvieron sin razón aparente. Sus oídos estaban tapados, cas, su mente mareada y su vista un poco borrosa, más no lo suficiente para ver a dos imágenes semitransparentes delante suyo cuando levantó la frente, dos imágenes en exactamente la misma posición que poco a poco se unieron para darle forma a una única persona, una mujer insultando a alguien ¿a el? No, a quienes le habían estado golpeando. Desconocía absolutamente el porque, tal ves ni siquiera fuera una ayuda, pero le dio tiempo de parpadear, de apretar los ojos y recomponer su mirar y su respiración de los resentidos golpes en algunas partes de su cuerpo, como su mejilla derecha que era limpiada por su manga de un escupitajo.

Divertidos, aquel grupo de varones y mujeres, las cuales solo miraban, pasaron toda su atención a la grosera mujer que empuñaba una espada y ropas de hombre. La mayoría le miró reconociendo que seguramente tampoco era de allí, de Esmeralda. -¿Conoces a este pobre perro?- le dijo con voz de trompeta un tipo delgado, de dientes de conejo que sobresalían por encima de su labio inferior y cabello muy corto. A su lado un calvo de músculos más grandes que su cabeza resaltando los venosos brazos que en cuya mano derecha sostenía una jarra de acero con poca cerveza, pues a pesar del incendio había logrado salvar aquello y no pensaba soltarlo. -Has de ser muy valiente o muy estúpida para meterte en un asunto de hombres y licores.- Le dijo aquel calvo recibiendo risas carismáticas de algunos de los otros tipos, cuando el que empezó todo, un gordo, gordo… ¡gordo! Y fornido hombre de dos metros diez de estatura se acercó imponiendo su cabello corto, una quemadura en el rostro que alcanzaba su ojo izquierdo dejándolo tuerto y vestido solo de lo que serían unos pantalones con cuerda por cinturón, botas de piel de lobo y por camisa un mantel, o quizás algo que fue un verde vestido de novia porque en ningún lugar del mundo harían camisetas tan grandes. Este hombre era el dueño del local y no llevaba armas, solo una copa de oro que era lo que había alcanzado a rescatar además de a su gente en el huir del fuego.
Obviamente el gran hombre se impuso ante los demás mirando a la mujer con serenidad pero juicio en su único y ambarino ojo. -Tu no eres de aquí, y tampoco estabas en mi taberna. No te metas en asuntos que no te conciernen ni un poco, mujer.- Miró al que ahora yacía en cuatro extremidades en el suelo. El sin nombre, el silencioso creador de incendios que sobre sus manos y rodillas se apoyaba recuperando sus sentidos, sin saber que decir, que hacer, estaba más ido que nunca. Quizás por tanto golpe y empujón.

-Ahora, si conoces a este hombre…- La mirada del grande pasó a la pelirosada de nuevo. –El acabó con mi taberna, mi lugar de trabajo. Y no hace más que sollozar. ¿Tu vas a hablar por el? ¡Quiero mi taberna de vuelta! y ni las ropas de ustedes dos podrían valer para eso.- Volvió la vista al que reposaba en cuatro en el suelo. –Aunque quizás ese extraño guantalete….- La mirada del castaño pareció asustarse. ¿Su guantalete izquierdo? ¿Quitárselo? No era alguien apegado a los objetos pero por alguna razón sentía que en su vida debía quitárselo al igual que el brazalete derecho. El dueño de la taberna pareció disfrutar de la expresión de susto en el hombre, eso le daba la impresión de que el guantalete debía de ser algo caro, y claro, tenía que reponer maderas, roca y mucha bebida que sirvió de combustible para que las llamas aún hasta ahora siguieran vivas. El obseso solo buscaba justicia, pero acabó pecando en ambición cuando luego de proponer le dieran aquel guante, miró a la mujer vestida de hombre. -Y esa espada…- Cruzó los brazos y los dos de abajo, el calvo musculosos y el flaco dientes de conejo; rieron y empezaron a prepararse para lo que parecía un hurto legal, para ellos tres y el resto de la gente, los dos extranjeros parecían ser compañeros. –Dame esa espada y él ese guantalete y los dejaré ir ilesos. Es lo mínimo por todo el daño que tu amigo ha causado. Y podrías dejarme esa blusa también, seguro que huele bien si es que en verdad eres una mujer y además, así mis amigos podrían irse a casa contentos esta noche¡¿no?! ¡hahaha!- Con el rieron sus secuaces, armados solo de palabras, brutalidad por parte del calvo y un madero quemado el dientes de conejo. Las mujeres que miraban se alejaron y se burlaron en murmullos de la extranjera, los otros hombres parecieron apoyar más que la paga el que se quitara la blusa u dejara ver a estos viejos y sucios bebedores senos finos y “de afuera” que no fueran los que ya conocían bien de las taberneras.

¿Era coincidencia? ¿La tejedora le habría enviado una aliada al que merecía morir? La historia del desmemoriado era cada vez más curiosa, cada vez más absorbente y los que se sumergían en ella, parecían cada vez más interesantes.

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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Cassandra el Vie Feb 22, 2013 5:58 pm

Fast like a Thunder on Hell

Cassandra seguía en el callejón anteriormente oscuro, ahora iluminado por la lumbre de la hoguera que por lo que parece ser aquel hombre provocó sin quererlo o sin saberlo. El corro de hombres y mujeres la miraron de arriba abajo. Juzgándola y prejuzgándola por defender a un indefenso, (valga la redundancia), siendo los dos unos extraños, ¿Qué querrían Cassandra y el “acusado”? seguro que las mentes de los residentes del lugar no pensarían que ambos estaban de paso, que serían mala hierba o marginados, en otras palabras, de lo malo lo peor y de lo peor lo inmencionable.
Un tipo con más paletas por dientes que vergüenza, osó en dirigirle la palabra a la muchacha. Ella mostró el respeto que ninguno tenía y le escuchó, aguantándose la risa por oír su patética voz, quiso contestar pero no se lo permitió, el hombre delgaducho con complejo de conejo, le preguntó si le conocía. Ella quiso contestar, es más abrió la boca para hacerlo pero, atropelladamente el camarada del hombre con dos tablones por dentadura, hizo una suposición que hizo chirriar los dientes a Cassandra.

Nadie la llamaba estúpida.

Aunque fueran hombres grandes, pesados y fuertes como toros. Éste era todo lo contrario al primero, como decían en Forrestas, hombres de dos metros por dos metros. El típico hombre que si camina detrás de ti y camináis dando la espalda al Sol, termina haciéndote sombra.
Pero lo que más le mataba a Cassandra, eran las risitas de apoyo del grupo en general y por si fuera poco, el dueño de la taberna estaba por aparecer, era un tipo ¿Cómo decirlo sutilmente?, no se puede… Era un tipo gordo, tuerto, de andrajosa ropa, camisa roída, unos pantalones atados por una cuerda y lo único que ese seboso hombre pudo recuperar fue una copa de oro; a la cual se aferró tanto como si su vida dependiera de ello.

¿Y por qué no aprovechar la oportunidad de robar con el habla y guante blanco?

A la bastarda, le daba lo mismo el guantelete del hombre que estaba quejándose y gimoteando; pero la espada de Ramírez era la la espada de Ramírez, intocable, e intransferible a cualesquiera que sean otras manos que las de Cassandra. La chica permaneció tranquila en apariencia, puede que sea culpa suya la nueva idea del tabernero, pues al respirar honda y sosegadamente, su busto se alzó y descendió lento, muy lento, como si ella tuviera todo el tiempo del mundo. El tuerto sugirió que la chica se quitase la camisa para deleite del personal masculino y femenino (¿Quién sabe?)

Las mujeres que estuvieron presentes se rieron entre murmullos y cuchicheos, ya no había nada que temer, sus vidas estaban a salvo y se imaginaban el final, la muchacha sucumbiría al trato y los hombres verían algo nuevo. Cuando solo quedaron ella, el hombre del guantelete, y los pervertidos de los hombres, ella sonrió con sarcasmo.

Spoiler:
Y las campanas comenzaron a doblar en el infierno.
¿Queréis mi blusa?- dijo con un tono sensual, excitante, hipnotizador e incluso se desabrochó un botón como burla. –...pues intentadlo.- continuó con cierta amenaza en su voz, sus ojos azules se clavaron en el ojo amarillento del tuerto.-¿Queréis la espada?- Cassandra volvió a oscilar una bella sonrisa ácida también aunque bella y perlada. Con la destreza de los años de practica, la chica de cabello rosa, blandió su espada y en lo que son milésimas de segundo se refería se escuchó el silbido de la hoja cerca de la figura del tuerto, postró el canto de la hoja sobre su hombro izquierdo, a sabiendas y perfectamente consciente de lo que había hecho sobre el cuerpo del jefe de la taberna. Pocos segundos después, las fibras de la cuerda que el jefe tenía por cinturón fueron separándose las unas de las otras dejando en evidencia al tabernero.

Si queréis la espada, tendréis que quitármela.-sin quitar su pose provocadora, concluyó diciendo la bastarda.
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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Invitado el Vie Feb 22, 2013 8:50 pm

Observó desde sus cuatro patas cual perro empapado y golpeado, el espectáculo que se le empezaría a brindar delante de sus ojos. Podía ver con tanta claridad a la mujer de cabello rosado como la desagradable y enorme retaguardia del hombre de sebo, por lo que por algo así como inercia, sus ojos se fijaron en lo que ella hacía al momento de proponer su blusa. ¿Iba a hacerlo? La duda le asaltó de verdad más se sorprendió de que no lo hiciera y de que diera el primer movimiento, siendo este un ágil movimiento de la espada que pareció no tocar a nadie, sin embargo los ojos de un guerrero tan antiguo como él pudieron ver casi en cámara lenta como un has de filo daba un crescendo al filo de la espada y llegaba hasta l cuerda el hombre. Por un momento el sin nombre arrugó los ojos y apretó los dientes, podía ver ya saltar un enorme cantidad de sangre y por el cuerpo del gran tabernero, la carnicería no sería menor y… una imagen sumamente desagradable, podía presentir los futuros gritos de horror de las personas allí y ver la secuela de sus pesadillas, fuego, gritos y sangre, llegó a pensar que podría quizás seguir soñando y que su pesadilla no había hecho más quedarse una pausa, pero justo cuando iba a agachar la cabeza y buscar fuerzas para cubrirse de las posibles salpicaduras de sangre, el sonido de harapos al suelo le hizo detenerse, luego el sonido de la sorpresa y las risas de las mujeres, seguida de la de los hombres empezó a inundar el lugar aunque todos intentaban disimularla. No era nuevo ver a alguien desnudo o semidesnudo, pero quizás para la gente lo gracioso era que la panza de aquel hombre no permitía ver ni siquiera donde empezaban sus piernas, las cuales eran como conos que salían desde su gordo trasero el que ahora estaba desnudo igual que todo lo que fuera cintura abajo.

-Eh… ¿Eh?...- El hombre se miró repetidas veces a él y a la pelirosa, no entendía como o cuando ocurrió eso, incluso llegó a soltar la copa de oro dejándola caer y rodar en el piso donde uno de sus camaradas que le apoyaba, avergonzado la recogió para que no se le perdiera. –Ah, Ba—Barton…- Le llamó.

Sorprendido por lo ocurrido, en los primeros segundos desde que la gente empezó a reír, el castaño logró erguirse sobre sus rodillas y encogiendo su pecho, soltó una única y extraña carcajada. ¿Hace cuanto no reía? ¿hace cuanto no sonreía siquiera? Era tanto el tiempo, que se tapó la boca con la muñeca derecha como quien se limpia algo de los labios pasándose el brazo. No sabía si reía porque aquello no terminó como sus normales sueños o como el había prevista, y eso le hacía feliz, o si rió porque aquello en verdad le pareció algo gracioso.
Apenas en unos sesenta segundos recién vino el gordo a reaccionar y gemir como un espantado puerquito agachándose a recogerse los pantalones acabando por caerse de culo al piso y quejarse del dolor, haciendo esa caída que nuestro antes golpeado amigo se levantara y tambaleara dos pasos hacia atrás. Barton como le había nombrado en conejoide, sacudió los pies y nadie quería ayudarle a subirse los pantalones, cosa que logró a base de rajarlos un poco por lo apresurado y acabó sujetándoselos con una mano. Apuntó furioso y avergonzado a la mujer. -¡¡E-Esto no ha terminado maldita ramera!! ¡¡Y-y-ya verás haré que te corran de aquí sin las extremidades, d-d-despues de que te violen hasta los cerdos de nuestras granjas!! ¡¡No olvidaré tu maldita cara!!- Con el brazo temblando, apuntó también al castaño ahora de pie. –Ni la tuya tampoco, infeliz bastardo.- Al menos ya tenía nombre y apellido, no eran lo que más molaba en el mundo pero sabría que cuando dijeran esas palabras en Esmeralda, se referirían a él. Infeliz Bastardo miró a su bautista y negó con la cabeza. –No me esforzaría mucho por recordarla si fuera tu...- No iban a ganar anda recordando su cara. Los secuaces del gordo y este se fueron a trote rápido y a mitad de camino hacia unas casas al este, el gordo tropezó unas dos veces causando risas más fuertes en los pueblerinos quienes ya sin nadie de quien burlarse, empezaron retirarse murmurando cosas como que la perdida de la taberna era una lástima pero que seguramente Barton volvería con caballeros o guardias, quien sabe.

Infeliz Bastardo se acercó a pasos lentos y suaves hacia la dama y le sonrió dándole con ese gesto las buenas noches. -¿Por qué lo ha hecho?- No sabía si lo hizo por ayudarlo, por eso preguntó de esa forma, dando a interpretar que se podría referir a ayudarle o a entrometerse en una pelea ajena. En los ojos del hombre se veía templanza, alegría aunque muy poca y en su rostro, bastante humildad, y cierta gratitud. Su voz era muy masculina, muy suave y también muy cansada.

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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Cassandra el Dom Feb 24, 2013 3:39 pm

Next time… be careful, darling
Había obtenido el resultado que quería, la evidencia. Pues si la bastarda se enfrentaba a los tres hombres podría terminar malparada; y si algo le enseñó su maestro fue evitar el enfrentamiento, a sabiendas de que ella era en un primer momento lo que estaba buscando, una desobediencia a medias, ¿sería una obediencia casi completa?
Tan bueno fue el resultado, que hasta su protegido se rió, y no fue una risita si no a toda carcajada limpia, todo lo contrario a los hombres y mujeres que presenciaron tal acto.

La amenazaron, la insultaron, la señalaron con el dedo, pero ella seguía regocijándose en su triunfo.

-Tranquilo, a todos nos ha pasado alguna vez….- dejó la frase a medias sonriendo, permitiéndose pensar en punto final idóneo y así minar su autoestima, más si se podía.-…unos con más arte para el disimulo, otros….como en su caso, con menos.-concluyó mirando fijamente al tuerto para que se diese por aludido. Se fue entre las risas de los corderos cortos de mente que tenía por amigos y conocidos, los típicos que no saben decir ni hacer nada por sí mismos por camaradería con él, quizá.

Cuando se fueron a paso ligero, con miedo y vergüenza, el jefe tuvo que levantarse un par de veces la prenda, dejando a la vista del espectador un gran y enorme trasero, a lo que Cassandra retiró la mirada por asco más que por educación. Y para rizar más la evidencia a los cuatro vientos ella gritó.-No te preocupes, ¡esperaré a que se les olvide todo esto a quienes según tú me cortarán entera!- la mano libre de la espada de Cassandra, se hizo un puño y se posó en el costado, iluminada levemente por los resquicios del hambre de las llamas.

El hombre que estaba siendo acusado se acercó a hablarle; ella diose la vuelta hacia él y ante su pregunta, la muchacha respondió negando con amabilidad.-No ha sido nada, no me parecía una pelea justa e intervine.- enfundó la espada de Ramírez y miró a su interlocutor con una sonrisa, que por un momento se torció por los dolores internos femeninos, seguidos por un medio quejido y medio gemido, pero su sonrisa volvió.- Lo hice, también por…-no hallaba la palabra exacta.-…por diversión.- no le dejó mencionar palabra, para andar y pasarle quedandose espalda contra espalda, le miró de reojo y terminó.-Para la próxima vez, tenga cuidado….amigo.- siguió caminando, dejándole atrás.

Pero a unos diez metros, unos bandidos la siguieron y la acorralaron, eran cinco, todos armados con hojas de corto tamaño, Cassandra los escuchaba, pecó de sobervia pues no esperaba que los hombres estuvieran bien organizados.
Uno la cogió por detrás, agarrándole la cabeza y tapandole la boca, dos de sus compinches le cogieron de los brazos, y los otros dos estaban de respaldo.
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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Invitado el Lun Feb 25, 2013 1:00 am

Recordaría eternamente la graciosa y victoriosa posición de la mujer con el puño levantado, los tipos corriendo y las llamas iluminándolo todo. No estaba directamente agradeciéndole a la dama el haberle salvado, no aún pero ya que ella decía no haber sido nada, el supuso que su sonrisa conforme sería más que suficiente para darle a entender que estaba agradecido.

-¿Se siente bien?- Esos sonidos que ella hizo no le sonaron muy normales de alguien que estaba saludable o victoriosa y en plena gloria. Ladeó el rostro y quiso insistir pero la mujer pareció querer irse tan rápido como vino. ¿Era ese el final? Por un momento pensó que si, que solo habría sido el azar que permitió a una mujer desahogarse con quienes le pegaban a el, en otras palabras: alguien que estaba en el lugar y en el momento justo… por mera casualidad. La estaba dejando ir tras ella haberle tratado gentilmente diciéndole que tuviera más cuidado, el se quedó con algo parecido un nudo en su garganta porque se volvería a quedar solo sin embargo, no se dio vuelta, siguió mirando a la mujer sin perderla de vista hasta que esta se detuvo por una rápida intrusión de cinco hombres que fueron bastante organizados para tomarla.

-¡…!- Su incomodidad no se hizo esperar. Suponía y casi juraba que ella podría fácilmente con todos ellos pero uno: la tenían bien sujeta de los brazos y dos: Uno de los que estaba de respaldo estaba quitándole l espada. Aún si ella fuera muy hábil y maravillosa como para vencerlos y soltarse usando solo las piernas, un instinto le dijo que no podía simplemente quedarse viendo o hacer la vista gorda. Le debía una y iba a pagársela con las fuerzas que le quedaban. Su fornido cuerpo se irguió y con velocidad lenta pero asesina comenzó a avanzar inclinando sus anchos hombros hacia adelante, sus puños cerrados se balanceaban firmes y su mirada de hielo estaba fija en los seis seres que se encontraban allí en total.
De su brazo derecho bajó una cadena sin punta, una cadena rota que por punta tenía un eslabón quebrado colgando cual os de candado y como un péndulo de la muerte esta se balanceaba recta con el movimiento del brazo masculino. -¡Déjenla!- Ordenó sin dejar de caminar. Para que andar con cosas, también estaba cabreado y además, la rabia, la adrenalina, la violencia, eran tan buenos motores para sacar energías temporales que parecía ahora lleno de vida. Sabía que ellos no iban a soltarla y esperaba que así fuera así que antes de que ellos pudieran reírse o algo, sin detener su caminata blandió su brazo derecho cual espada y dio un cadenazo que causaría dolor de solo verlo. Un duro latigazo de color negro dio de lleno en el hombro de uno de los infelices de apoyo que gritó tan fuerte que haría doler los oídos incluso a sus compañeros echándose hacia un lado tocándose el hombro que parecía roto y sangrante por aquel golpe. Se le lanzó el que estaba quitándole la espada a la mujer usando esta misma con ambas manos queriendo darle un corte vertical de arriba abajo. El sin nombre dio un paso atrás, medio giro y en un exhalar durante su movimiento dio un cadenazo a la espalda del ladrón que s se había oído bien entre el fuerte grito de dolor de este, algo definitivamente se había quebrado allí. Dos quejándose, uno en el suelo y el otro arrodillado. Sin pensarlo dos veces el que le tapaba la boca a su recién conocida la soltó para correr y le siguió uno de los que le sujetaba a ella un brazo y no alcanzaron a correr más de dos metros cuando de un rápido giro en dirección opuesta al anterior, lanzó la cadena alargándose esta un buen poco más enrollando el tobillo de uno de los tipos y arrastrándolo lo hizo chocar con el otro haciéndolos caer y rodar por el piso. Fueron los que quedaron menos machacados salvo por el último que apenas vio que atrapaban a los dos anteriores, salió corriendo como un ratón frente a un león. El del hombro le maldijo y se fue cojeando con lagrimas en los ojos goteando sangre del hombro y su camarada le rogó no le dejara. Le había dejado inválido aparentemente con el cadenazo en la espalda, pero ni pisca de pena tenía en el rostro, estaba serio y desafiante incluso. El bandido lo pensó, al parecer quería llevarse a su herido compañero pero con el hombro roto y el castaño ahí lo veía imposible sin embargo, el agresor retrajo la cadena y dio un paso al lado opuesto de los bandidos, le estaba permitiendo llevarse al desafortunado que ya no haría mal a nadie.
Como si agradeciera, el bandido miró con una extraña, asustada y agradecida mueca al ojiazul y se llevó con mucho cuidado al invalido, los otros dos ya había salido corriendo, solo quedaba la dama y él.

La espada quedó en el piso y con su guantalete izquierdo la tomó pues así sus manos no ensuciarían lo que seguramente era un tesoro. La blandió para bajar el filo con delicadeza y habilidad extendiendo la empuñadura hacia la joven. –Aquí tiene.-

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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Cassandra el Miér Feb 27, 2013 7:09 pm

Hoy por tí, mañana por mí
¡¡Soltadme!!
¡¡Esas manos quietas!!
¡¡Como os coja, que os cojeré... os reviento!!¡¡La espada no se toca!!
¡¡¿Quién os habéis creído?!!
¡¡Cobardes que sois unos imbéciles cobardes!! ¡¡No tenéis lo que hay que tener para enfrentaros justamente a una mujer!!
- gritaba la bastarda mientras forcejeaba con los brazos, zarandeándolos, pateaba con las piernas y, aunque tenía la boca tapada, se le podía entender sobradamente.

Sin embargo, aquel hombre que estaba dolorido anteriormente, saldó la deuda con creces. Más bien, aquel hombre extraño, ofreció lo que recibió con la muchacha, por decirlo de alguna forma, pues Cassandra no buscaba recompensa ni guardaespaldas, no obstante una ayuda de tal calibre. ¿Cómo lo hizo? Fue rápido, hábil, contundente, arrasador, mortal…todos los calificativos se le quedarían a la altura de la suela de las botas, no parecía el mismo hombre que estaba gimoteando hace…¿cinco minutos?

Si no que se lo digan uno, al que le agarró del brazo izquierdo, que fue la primera presa serpentina del latigazo de una cadena. Tal alarido fue el que de su boca se desgarró que la bastarda se asustó. –El enemigo de mi enemigo, ¿es mi amigo?- se cuestionó la chica mientras que con asombro observó al hombre, éste estaba agarrándola del brazo, apretando del dolor y la soltó.

Y como con un animal, el desconocido derrotó a los bandidos, como si la vida o la integridad de Cassandra fueran lo primero en sus prioridades. La Heres estaba anonadada, pestañeaba sin creer lo que sus orbes azules veían, se sentía protegida como lo sentía cuando su tutor la defendía de todo mal. Era …ternura, sí, sí, ternura que emanaba desde la violencia. Como mujer se sentía atendida, importante, agradecida, nunca lo habían hecho por ella si no fuera extremadamente necesario, si Ramírez era así, pero no lo veas como el tutor malvado, era Cassandra la que se metía en líos y el mentor la dejaba a su suerte hasta el último instante, y así aprendía la chica de cabello rosa y de ahí las múltiples cicatrices por su cuerpo.

Cassandra extendió la mano abriéndola boquiabierta cuando el hombre le tendió la espada.-Gra…gracias-terminó diciéndole casi en un susurro, su tono de voz seguía siendo sutil ( menos cuando grita y maldice, evidentemente), suave y casi coqueta.
Y puede que la gente lo vea como un tipo de coqueteo pero Cassandra no tiene tiempo de buscar pareja.-Te veo cansado, y quien sabe si no te han dado la paliza antes de que te encontrase…- puede que se entienda como un coqueteo pero,no. La chica acarició el guantelete del desconocido, como si ella quisiera que le acompañase en un acto inconsciente.-…Ven, tengo pensado un sitio,.. una casa donde no importa de donde vengas, no es que seas bienvenido con ramos de flores y rosas, pero los enemigos no son tan enemigos.

Cassandra le guió hasta una casa de piedra, la bastarda pegó tres veces y un hombre no muy mayor abrió una pequeña ventanilla con rejas.
¿Quién eres?
La pupila de Ramírez.
El hombre soltó una carcajada y preguntó como podría demostrarlo, seguro de que no tendría pruebas; que equivocado estaba… Cassandra desenfundó la espada y la coló entre las rejas de la ventanilla, justo enfrente de los ojos del hombre –Ex…calibur- sus ojos se abrieron al reconocer la hoja, cuando éste la vio bien, la chica guardó su arma y el hombre les abrió de inmediato.

Pasaron los dos a una mesa y ahí estaban los típicos cuchicheos, murmullos y susurros. Tras poder sentarse, Cassandra no podía ocultarlo, se acercaba a él sobre la mesa y le preguntó.-Si no te lo pregunto, reviento. ¿De veras que lo hiciste?- su rostro estaba lejos de ser acusador, era todo lo contrario, como si fuera una chica que quería que le contasen un cuento de aventuras.
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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Invitado el Miér Feb 27, 2013 11:51 pm

Cuando ella recibió su espada de vuelta fue todo. El sonrió volviendo a esa sonrisa que acompañaba la mirada de hielo, pero un hielo agradable y tierno, amigable y que podía cobijar y relajar. Se sintió por un momento algo confundido, la pelirosa parecía haber cambiado muchísimo en lo que duró su rescato y, si no estuviera tan ajeno a las muestras de afecto podría tomarlo como un coqueto, más aún por sus palabras y por el que le llevara a aun lugar donde supuso podría descansar y, aunque temía hacerlo le acompañó de todas formas.

-Vamos…- Fue con el dando una última mirada de reojo al escenario, ya casi no había gente cuando se largaron. Se quedó detrás de ella, aprovechando de mirar la espada hasta que ella la tomó para mostrarla. -“¿Ramírez?”- Pensó con curiosidad, grabándose ese nombre para saciar su curiosidad luego aunque por la reacción del portero y l finesa y hasta el nombre de la espada supuso debía ser alguien grande. –Con permiso.- Dijo ignorando que la humildad probablemente en ese sitio daba lo mismo. No le apreció un mal sitio, había dormido en peores lugares que ni antorchas tenían. Se sentó sin saber bien que hacer, pensó ella bebería algo, o comería o… tal vez quería dejarle allí para descansar, no tenía idea hasta que le interrogó, de una manera que le apreció muy tierna, por cierto.

Su pregunta le hizo mirarla confundido. ¿Se refería a si en verdad anuló a cinco tipos en segundos? No, eso era más que evidente así que debía referirse a… -Ah… La taberna…- Su cara cambió completamente, su rostro bajó solo un centímetro y sus manos encima de la mesa se cerraron con suavidad, temblaron y volvieron a abrirse con l fuerza de un animal muriendo. Su cabello tapó sus ojos que llegaron incluso a humedecerse aunque no salió lagrima alguna. Tembló antes de responder. -N…No quise hacerlo… Nunca quiero… Yo…- Miró su brazo izquierdo, su guantalete y empuño esa mano con temblorosa fuerza. –Yo no se quien soy…- Apretó sus labios con fuerza y su voz pareció volverse rasposa, sufrida, seca y apunto de sollozar ¿y como no? Si en silencio ha sufrido esto durante años y nunca, nunca ha tenido nadie con quien hablarlo, siquiera mencionarlo y hoy por fin, ante una extraña a la que ya no debía favor ni ella tampoco, sentía que podía desahogar aunque fuera unos gramos de esas toneladas de pesar en su interior.

-No tengo un nombre… No tengo… Ni siquiera un pasado, ni a donde ir o q..que hacer… He viajado t…tanto que ya no recuerdo siquiera donde o cuando empecé a caminar sin saber nada, ¡no tengo nada…!- No gritaba, solo alzaba la voz ahogándose en esta misma y empuñando ahora ambas manos que temblaban mientras al fin, una sola lagrima cayó por su sucia mejilla limpiando una línea de su cara al rodar hasta su mentón. –Lo único que tengo son estas… visiones… Cada vez que cierro los ojos demasiado tiempo tengo sueños horribles, pesadillas que nuca paran. Y a veces, como hoy…. Despierto espantado y sin darme cuenta… Pensé que hoy al estar tan cansado podría dormir y soñar otra cosa pero no, nunca he podido... dejar de tener esas horribles visiones en mis sueños, no puedo controlarlo... Lo hice, si, si lo hice, fuí yo quien lo hizo, yo quemé la taberna de ese hombre pe...- Apretó más fuerte sus manos y tragó una amargura que le recorrió todo el nudo de su garganta y casi rompiendo a desesperar, bajó más la cabeza, dejó de apretar sus puños y murmuró desde lo más honesto y sufrido de su corazón: -Pero nunca he querido hacerlo…-

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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Cassandra el Jue Feb 28, 2013 9:27 pm

La noche con el hombre sin pasado.

Permanecían los dos en la taberna, un lugar amplio, con forma de rectángulo horizontal con unas diez o tal vez quince mesas de madera alargadas, una chimenea en la pared derecha y una barra en la pared paralela, en la pared inferior estaba la entrada y en la superior unas escaleras que descendían hacia las habitaciones de pago. En un rincón de las quince mesas, estaban los dos, el desconocido que despertaba tanto cariño y admiración por parte de Cassandra y la misma bastarda, que esperaba una explicación detallada de cómo una persona podía manejar el fuego de tal forma.

Pero el cuento fue diferente.

Spoiler:

La chica de pelo rosa quiso mostrar su afecto o compasión, en un momento su pie derecho se coló entre las patas y el apoya-pies de un banco arrastrándolo hasta ella y sentándose. No se dio cuenta de que ese banco tenia dueño, pero tan borracho que apenas se enfadó cuando se cayó de espaldas. Ella se sentó al lado del desconocido hasta que se chocaban las piernas con las piernas, consternada de los pensamientos y el desahogo del hombre sin nombre. A la muchacha le mató ver la lágrima recorrer su rostro. Ella cerró los ojos abriéndolos despacio, como si el dolor fuere suyo, de su manga zurda, secó la gota e intentó suavizar el tema, obligándole a levantar la mirada. Ella sonrió, o al menos esa era su idea y susurró.

Bueno, yo… sinceramente no se como te sientes mas allá de lo que me dices, tiene que ser muy frustrante tener esas pesadillas y aparecer asi, envuelto en llamas y lo peor de todo es que no quieras, y tampoco puedas recordar tu propio nombre.- Cassandra negaba la cabeza con tristeza en sus ojos.-No soy muy poderosa, ni siquiera soy capaz de quitarme de encima a cinco hombres si me vienen a la vez.- acercó el rostro a él como si un secreto fuese posó los dedos de una mano sobre la comisura de los labios.-De lo que te estaré eternamente agradecida.- dijo para volver a su postura inicial y proseguir.-…pero, dos cerebros piensan mejor que uno, y yo… tampoco tengo a donde ir… y….un momento. - dejó la mirada perdida un par de segundos.-Puede que no funcione, pero puede también que sí. Y si así te puedo devolver tu nombre, ya estas mas cerca de saber quien eres o quien fuiste.
La chica se levantó cual rayo tiene por nombre, fue al jefe y éste afirmó con la cabeza desapareciendo tras la barra unos segundos, y de mientras que Cassandra estaba ocupada, dos mujeres jóvenes se acercaron al desconocido….

Eran guapísimas, eran dos fulanas que aprovechaban la desaparición de la pelirosa para poder robar al varón sentándose a ambos lados de él, así fue:

Hola guapo, dicen por ahí que eres tan ardiente que prendiste la taberna, demuéstranoslo.- dijo una de ellas entre excitantes risitas, tenía los ojos verdes y melena rubia rizada hasta la cadera, la poca ropa que vestía era de color negra, de gran escote y buen busto, piernas largas y manos ligeras y entrometidas, pues con la excusa de querer acariciar el pecho del desconocido, sus dedos escurridizos pillaron algunas monedas; rauda pero con mucho disimulo, ésta se lo introdujo entre los pechos.

Y Cassandra expectante lo vio todo, caminó hacia ellas, posó sobre la mesa un carboncillo con un papiro, y descaradamente metió la mano en el escote de la mujer ante la evidente expectación. Aparte de la pequeña bolsa de monedas, saco un anillo y unos pendientes que también mostró al público. Las dos, por que la otra era una gallina, las dos salieron corriendo delante de unos cuantos estafados, quedándose el antro casi vacío.
Puede que no funcione, pero puede que te devuelva tu nombre. Si sabes escribir una firma sale instintivamente. Solo puede fallar por dos razones, una, no sepas escribir tu nombre; dos, que te hayan hechizado y bloqueado tus recuerdos y tu pasado. Te dejo a solas con ésto.

Voy a ver si podemos dormir en algún lado.
- diciendo aquello posó su mano en el hombro y le dejó solo con el carboncillo y el papiro.

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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Invitado el Dom Mar 03, 2013 12:47 pm

La compasión y el cariño era algo que hacía mucho no tocaba su corazón y su cuerpo, igual que las lagrimas; era algo que estaba ausente hace siglos y, aún cuando no hubiese perdido la memoria, había pasado tanto desde que alguien pudo siquiera tocarle que aún así esto le sería algo casi desconocido. Las cálidas manos y la voz así como también las palabras de la mujer de la que aún no sabía ni el nombre, fueron realmente algo que le ayudó a tranquilizarse. Se sentía extraño, muy extraño y era una sensación diferente cualquier otra, pero nada desagradable, sino que todo lo contrario.

Quiso negar con la cabeza cuando supuso, le estaba proponiendo compañía sin destino, pero le sonrió en un confuso aceptar, y a la vez un gracias. Ella no tenía nada que agradecer. -Solo… devolví el favor.- Le mencionó algo quedo. La dejó ir, preguntándose que sería lo que iba a hacer como para que el pudiera saber su nombre, la miró y quiso estar pendiente todo el rato pero dos mujeres que no hicieron más que ponerle nervioso llegaron, hasta que un habló, claro y le recordó lo de la taberna haciéndole deprimir. -Tsk…- No notó que le robaron y solo se dejaba acariciar y tocar pero la verdad quería levantarse y separar sus extremidades mandando a volar a ambas mujeres, algo de lo que de una manera muy peculiar, se encargó la pelirosa y que le hizo sonreír divertido y a la vez algo avergonzado or haber sido traginado sin siquiera darse cuenta, pero algunos de los que ya estaban en el lugar iban a vengar eso persiguiendo las dos "damas" que se habían esfumado cual demonio de un santuario santo.

-¿Qué... es esto…?- Se sentó y olió el carbón, algo que su nariz tenía más que conocido. El papel, una firma… durante minutos, el viajero tuvo el carbón en la mano izquierda y cada cierto tiempo parecía que iba escribir algo pero entonces su rostro se llenaba de muecas y el pergamino parecía tener un campo de fuerza, porque la mano le temblaba, el rostro se le sudaba y terminaba por no poder hacer nada. Sencillamente si, estaba hechizado pero más allá de eso, no sabía escribir, ni mucho menos que debería de escribir. Algo apenado dejó el carbón a un lado con impotencia y se pasó la mano por la cara, estaba sucio y esperaba ese lugar tuviera algún baño, o que por lo menos hubiese un riachuelo cerca. Sin más, esperó.
Cuando ella llegara, le preguntaría donde podía lavar su cuerpo y, solo le negaría con la cabeza acerca de lo hecho con el carbón y el pergamino.

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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Cassandra el Dom Mar 17, 2013 8:06 pm

Extraños en el subsuelo
Cassandra le dejó solo para que pudiera concentrarse, para al menos recuperar su nombre y de allí comenzar a tirar del hilo para recordar e investigar. Total ella ya no tenía nada que hacer, pues en otra ocasión os contaré cómo la bastarda pudo vengar a su hermano, (que lo hizo, y le brindó total satisfacción)

Sin embargo, que él escribiera su nombre no era tarea fácil, sudores le recorrían todas facciones de la cara, manchada de carbón. La bastarda se le acercó.-Era para que escribieras no para que te lo comieras- dijo ella soltando una pequeña y dulce risa-Deja te limpie un poco la cara.-cogió el puño de la manga de su camisa y le frotó un poco el rostro, luego miró el pergamino y el carbón.-¿Nada? hizo una mueca de desilusión con los labios.

Bueno, el "no" ya lo teníamos no hemos perdido nada en intentarlo. -ladeó la cabeza con una sonrisa casi forzada para quitarle hierro al asunto.-No comprendo tus sudores, puedo entender que entonces alguien no quiere que sepas quien eres.- dejó una incómoda pausa y por lo menos se presentó.-A mí...puedes llamarme Cass, me llamo Cassandra pero al ser largo, me dicen así. Yo pongo nombres a perros, gatos, caballos, a seres inteligentes no; así que, tu me dirás como quieres que te llame. No se como me puedo dirigir a tí, sin tener que decirte "tú".

Le dejó unos segundos para que lo pensase, pero escuetos y escasos, al desconocido no le habría dado tiempo a abrir la boca, el jefe de la taberna, le hizo unas señas a Cassandra.-Oh, nuestros aposentos están listos. Le he explicado tu..."problema" y se ve que tiene algún sitio donde podemos descansar.

Caminaron tras el jefe, alumbrados por una antorcha hasta unas escaleras hacia arriba. Pero el jefe tenía pensado acompañarlos a lo que se le podía llamar un sótano. Era extraño, bajando unos peldaños de piedra, encontraron una pequeña habitación paupérrima con paredes de fría piedra, había apenas una cama, una alfombra y un pequeño tocador. La pared de la derecha tenía un recoveco, como si fuera otra habitación sin pared, con algo de ropa limpia, una bañera, cubos de agua como para bañar a unos cuantos heres y un caldero sobre lo que podría ser una chimenea.

No es la mejor de mis habitaciones pero no quiero que ocurra como le ocurrió al tuerto. - miró con entendible recelo al hombre sin nombre, finalizando con…-Hay mudas ahí para que podaís cambiaros, si deseais un baño solo teneis que calentar el agua y gozar de la bañera. Buenas noches, dama y caballero.- con esto se despidió para volver a sus quehaceres con la taberna.

Cassandra cogió uan de las camisas blancas y sentóse en la cama mirando al hombre. – Aún no me has dicho como te gustaría que te llame.- dijo bostezando y estirandose, dejandole libre la bañera y su mitad de cama.
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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Invitado el Mar Mar 19, 2013 5:22 pm

Algo avergonzado recibió la broma de comerse el carbón y, más apenado aún la dejó limpiarle la cara. No sabía como era cuando niño, pero se sintió como uno que era mimado cuando Cassandra le limpió parte del rostro. Negó por el pergamino y aquello de que alguien quisiera que el no supiera quien era, le llamó muchísimo la atención, pero lamentablemente no podía tampoco recordar a nadie que no fuesen dos personas conocidas en el bosque, y ninguna había hecho nada con él.

Se puso a pensar como podrían llamarle pero la verdad no se le ocurría ningún nombre, sentía que era honrarse y a la vez que no merecía ser honrado. Buscó hasta que empezó el asunto de ir a por una habitación. Recogió sus cosas y miró a su alrededor antes de seguir en silencio a Cassandra y al dueño del lugar. Miró el cuarto cuando se lo presentaron era lejos, lo más acogedor en mucho tiempo y aunque las palabras del dueño le hicieron entristecer y bajar la cabeza, no dejo de decir: -Muchas gracias…- y entrar cabeza agachada.

Se fijó de primeras en el baño, luego en las mudas de ropa que podrían usar calculando si alguna le quedaría o no ya que era un hombre de musculatura algo grande, pero habían harapos que le servirían, además podría así aprovechar de cambiar los que ya tenía y lavarlos. Contempló a la mujer acomodarse en la cama y sintió un leve cosquilleo en el cuerpo que le hizo sentir la necesidad de mirar a otro lado, haciendo esto que se fuera hacia el tocador y prendiera unos pequeños leños para calentar el agua dándole a ella la espalda. –Uhm…- Volvió a pensar en un nombre, entonces recordó aquel sueño que tuvo en el bosque de Tamsus, aquel donde se sentía pequeño y muy vivo y corría sucio entre malezas y prados hasta llegar a los brazos de una mujer cuyos ojos eran como el cielo y el cabello como la hierba, esta le había llamado de una forma, y esta fue la que quiso de nombre. Le pareció una buena idea así que estando arrodillado de espaldas a Cassandra, se levantó y sonrió. -Ken…- Dijo fuerte y claro. -Si… Ken.- Luego de esto, le costó mucho quitarse la sonrisa de su rostro y se quitó el guantalete, luego el brazalete y luego las botas dejándolo todo apartado en un rincón junto a sus pertenencias pequeñas como un saquito de piedras y migajas de pan además de algunas semillas.

-¿Puedes… contarme algo de ti? Ya que al menos tienes cosas que contar, seguramente.- El podía ser alguien muy interesante, pero al no tener memoria no podía hablar de muchas cosas, no había mucha historia que compartir. Pero ella parecía toda una estantería de libros interesantes. Mientras le ponía atención y frente a la bañera, Ken, empezó a despojarse de sus ropas, partiendo por las superiores que cuando cayeron al suelo dejaron ver su gran espalda la cual llevaba algunas marcas en los omóplatos que a veces eran tapadas por su largo cabello azabache. Luego vino la falda del atuendo la cual era un cinturón además y luego de las botas, se quitó los pantalones, dejando todo la verdad; bastante desordenado, una prenda encima de otra en un rincón al lado de la tina, quedándose desnudo frente a esta y de espaldas a Cassandra. Ya listo, se metería a la bañera y recién allí buscaría algo con que tapar pero no por cubrirse de miradas, sino que más bien para no salpicar agua hacia afuera con los cubos.

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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Cassandra el Miér Mar 20, 2013 9:38 am

Cassandra, “The Thunder”

Si no fuera por que el hombre dijo fuerte y claro su nombre, ella no se hubiera enterado.-Encantada Ken, yo... soy Cass-dijo con una sonrisa amplia ante la evidencia de la presentación formal. Al verle que iba hacia la bañera ella sintió un cosquilleo que, como un rayo, le subía por las piernas hasta la nuca. Giró la cara avergonzada y carraspeando comenzó con su pasado.
Bueno, Ken te cuento mi historia, así no te aburrirás… y a mi, así, no se me van los ojos donde no deben… pensó ella para sí mientras le daba la espalda a Ken. Victor Samueh, era y es un Lord casado que tuvo tan mala suerte que su esposa, tras la boda cayó muy pero que muy enferma. Este Lord, en el tiempo que su esposa se encontraba indispuesta; él se enamoró prendidamente de su ama de llaves, Margott Menefer, tanto que le dio dos hijos, Fred y Cassandra, no se si hermanos gemelos o hermanos mellizos pero nacieron uno tras el otro. - Iba desabrochándose uno a uno los botones de la camisa mientras contaba como si un cuento fuera.-Los niños crecieron como verdaderos príncipes y no hubo en la vida dos hermanos más unidos, el niño era más calmado y la niña era puro nervio. Lo tenían todo si estaban juntos, fueron buenos tiempos. - seguía contando pero la idea de volver a recordar la muerte de su hermano y de su madre hacía que le salieran algunos agudos en la voz.

Pero un dia, las trastadas de la niña llegaron lejos…No…Nosotros éramos unos admiradores de las bestias de piel dura, y ese día los hombres del Lord trajeron una Hidra de Forrestas para defender el castillo donde vivíamos.- tragó saliva mientras que se deshacía de la camisa que tenía. En su espalda podían ser visibles bastantes marcas de mordiscos y cicatrices en los segundos que pasaban de desvestirse de una prenda a la otra.
Fuimos a ver a la bestia y yo quise acercarme, pero nos pillaron Victor y mi madre, mi hermano me quiso proteger de mis padres y por un descuido la criatura lo agarró, le rebentó y se lo llevó para el interior de la mazmorra. No pudimos darle un entierro digno. - notoriamente su voz fue apagándose, frotóse los ojos.-No voy a llorar, no voy a llorar...- Victor nos desterró y por supuesto desheredó. Pero nunca me importó, nunca le consideré un padre.- cogió aire y prosiguió.- Mi madre hizo de todo tipo de trabajo, pescadera, pastora, carnicera, camarera pero en ningún lado cuajó por mi culpa, pues yo siempre necesitaba de su atención. Ojo: yo en ese momento, era una niña consentida y mi madre pensó que podría con todos mis caprichos. Pero el último trabajo de Margott fue el que se vende su cuerpo por placer, mi madre tenía unas compañeras muy ladronas por eso se donde se esconden las cosas por muy rapidas que sean. - fue deshaciendo la hebilla del cinturón después de cerciorarse de que la camisa que cogió para ella le cubría un poco más de los muslos. Desabrochó las botas y dejó caer los pantalones. Se acostó y entrelazó los dedos sobre su vientre.-Mi madre una noche tuvo como cliente a un alto cargo de la guardia extranjera, me vio con ella y me dijo que era muy bonita, nunca se me olvidará la mirada que me echó y ya hace como más de diez años de esto. Me agarró del brazo y quiso empotrarme contra una mesa de la posada donde estábamos. Mi madre forcejeó con el pero no sirvió de nada. Veía a la gente congelada, sin saber que decir, solo apiadándose de mi. Él se me echa encima y estuvo a punto de lamerme la oreja cuando….

Levantó un poco la cabeza, hincó los codos sobre la cama, confiada ya que Ken estuviera metido en la bañera y con un movimiento de sien señaló la espada heredada de Ramírez…-cuando esa espada se interpuso entre su boca y el lóbulo de la oreja, la hoja atravesó el pelo y la madera de la mesa.- hizo un alto para explicarle un poco el por qué de ese pelo tan corto por un lado y tan rizado por otro.-Hay gente que se tatúa por algo que les ha pasado, yo me dejo el cabello así porque esa hoja y su dueño marcaron un antes y un después en mi vida.- Bostezó ampliamente.-Mi madre me subió a nuestra habitación y me hizo un par de apaños en el cabello. Pero terminó tosiendo y tambaleándose.

Se fue con mi hermano.

-Respiró hondamente y concluyó casi sin querer, volvió a acostarse y a acomodarse sobre la cama, posicionandose de perfil en posición más o menos fetal dando la cara a la mitad Ken.-Sola como estaba... rogué tutela al hombre que me salvó de la violación y crecí con ...el-se quedó dormida plácidamente casi a final del sermón.
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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Invitado el Vie Mar 22, 2013 2:15 am

Puso muchísima atención en la historia que estaba apunto de comenzar. Mientras tanto, se echaba agua con los cubos y utilizaba sus manos en un paño limpio y de textura felpuda pero suave para refregarse haciendo que el agua se fuera casi negra al principio por un drenaje en la bañera. Aprovechaba bastante el agua ya que Cassandra podría querer bañarse después o al otro día quizás. Entonces la historia comenzó y se le hizo bastante interesante, podía notar como el tono de Cass cambiaba según las partes que contaba aunque, en un momento la miró de reojo y le alcanzó a ver la espalda, entrando en el un sentimiento de admiración. Cuando la vio que iba a quitarse los pantalones, apretó los labios y siguió duchándose.

Se detuvo en los momentos más tristes de la historia y también en los sorprendentes, finalizando con mirarle cuando le dijo aquello del porque se dejaba el cabello así. –Ha de ser muy gratificante tener alguien por quien hacer cosas como esa…- Se giró a mirarla para comentar algo más pero ella se había dormido. Suspiró quedándose con las palabras en la garganta y en pocos minutos acabó de bañarse y salió de la tina secándose con unos harapos de toalla. Pensó irse a dormir así pero prefirió colocarse un pantalón marrón que le quedó algo… demasiado pequeño y apretado, pero al menos abrigaba. También se puso una camisa de mangas largas azul cuyas mangas se rasgaron por sus brazos. -Oh…- Se peinó hacia atrás lo húmedo de su cabello y se acercó a Cass por el extremo de la cama en que esta se ubicaba, se acercó lo suficiente para poder hablarle cerca del oído. -Gracias, Cassandra, por todo.-Tomó el otro extremo del cobertor y lo jaló con sumo cuidado para cubrir a la joven aunque, no sin antes mirarla de pies a cabeza pensando en que mejor la cubría luego.

No quería herirla ni nada y ella se merecía toda la cama y las atenciones posibles. El tomó una almohada del otro lado de la cama, una chaqueta muy larga de las ropas de cambio, apagó la antorcha que iluminaba el cuarto dejando que la única luz restante fuese la de las estrellas y la luna de afuera que apenas se filtraba allí por la vnetanilla y, que apenas llegaba a la cama permitiendole a el ver el rostro de la joven de pelo rosa. Se echó en el piso al costado de ella, se colocó la chaqueta encima para cubrirse y dejó las brazas encendidas para calentar un poco el ambiente y que el humo se fuera por una ventanilla en la pared.

Estaba muy cómodo, muy feliz y muy a gusto, pero no podía dormir. Por miedo a un despertar como todos los demás, por miedo a herirla, o aún mayor, por miedo a que al despertar, ella no estuviera, o quizás nunca hubiera estado asique, se giró para mirarla dormir desde el piso, aferró su brazo izquierdo por debajo de la almohada y su cabeza y se dedicó a eso, contemplarla hasta dormirse, o hasta que ella despertara.

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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Cassandra el Jue Mar 28, 2013 9:06 pm

De sueños vive el Heres
Cassandra soñaba.
Soñaba que estaba en una montaña, en alguna casa acomodada ya que se podría deducir por la amplia habitación de lujosas tablas de madera en la que la bastarda se alojaba, ventanales grandes con esplendidas vidrieras, que dejaban haces de luz coloreada sobre la cama de dosel. Colchas de plumas de oca, cojines de seda y grandes almohadones, todo blanco, todo inmaculado.
En un rincón de la habitación había un espejo de pie con el marco labrado, un tocador y ropa, montañas de ropa guardadas en un extenso armario y vestuario.

La muchacha se veía un tanto más mayor, sus treinta y pocos quizá, el pelo rosado volvió a ser como antaño, paralelo y uniforme, con gran felicidad en su rostro maduro por el tiempo transcurrido. Parecía complacida, cuando se acomodaba entre las almohadas, abrazando una como si un cuerpo fuese.
Y Ken entra en la habitación.

También los años pesaban algo más para él, se sentó a su lado acariciándole el pelo rosado hacia un lado y le susurró. “Gracias, Cassandra, por todo.” y la besó en los labios, dulce y tiernamente observándola y amándola con la mirada hasta que ella despertaba. Sonrió Cassandra y le mantuvo la misma mirada. Era una estampa hermosa ver a una pareja enamorada.
No es nada, solo conseguimos darte tu memoria y una bendición a tu “problema”, si no fuera así, yo ya estaría muerta.- decía con cierto tono de broma, jugando con un pliegue de la sabana de la cama.
Destapose y abalánzose sobre Ken, sobre sus hombros mas bien.-Soy yo la que debe estar agradecidísima, me lo has dado todo.-continuó ella, que como una gata, ronroneaba docil y deliciosa, atrayéndole para la cama.

Y obviando lo que hicieron, Cassandra se despertó.
Estaba recostada boca abajo, abrió los ojos y palpando no encontró a Ken. Pestañeó varias veces, incrédula por lo que parecía y no parecía ser.
¿Ken?- preguntó susurrante, con la voz entrecortada, se sentó sobre la cama agarrando la sábana. Pero por casual se asomó al suelo de su parte de la cama y su rostro se fue tranquilizando al verle placidamente dormido. Se recostó sobre el borde de la cama y se dedicó a observarle.- Buenos días.- dijo suavemente casi inaudible, no esperaba una respuesta, solo vigilaba su sueño tiernamente.
Y decidida quiso proponerle algo con su memoria, y su maldición, pero… ¿qué?
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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 30, 2013 1:21 pm

Costó, pero finalmente el varón consiguió conciliar el sueño. No soñó algo tan… lindo y agradable como Cassandra pero al menos, no fue una de sus pesadillas. Por segunda vez en mucho tiempo, Ken no soñaba con nada de fuego, cenizas o muerte. Más exactamente, no soñó absolutamente nada, no recordaba nada, simplemente se durmió, roncó un poco durante la noche y al fin, descansó de verdad. Fuese por cansancio extremo, por la ducha caliente, por Cassandra o lo que fuese, al fin en mucho tiempo había descansado.

Se despertó momentos después de escuchar un murmullo, uno que le deseaba los buenos días. Estaba en ese entonces, dándole la espalda a su acompañante. Se giró lentamente boca arriba y hacia si izquierda, pudiendo mirar hacia la cama y ver a Cassandra de costado. A miró a los ojos, le miró todo lo que podía ver; su cabello, sus ojos, sus labios y cara, la cama, el cuarto. Todo había sido real, estaba ella, el cuarto y todo donde recordaba haberlo dejado anoche, incluyéndose a si mismo. -Buenos… días…-Dijo con una notable sorpresa en el rostro. Se apoyó sobre su codo y elevó apenas unos centímetros su tronco, quedando de costado mirando a la chica. Parecía no creerse que estaba allí y cómicamente, se pellizcó la mejilla hasta dejarse una marca rojiza en la piel. Si, definitivamente, todo era real.

-Muy… buenos… días…- Corrigió lentamente y a medida que hablaba, en su rostro se dibujaba una sonrisa pocas veces vista. Era un día común para cualquiera, pero no para el quien al fin había despertado en el mismo e intacto lugar en el que se durmió y durmió. La chica estaba viva, la temperatura era algo baja pero no importaba que su cuerpo estuviera algo tembloroso, estaba feliz, y eso era más de lo que pudiera haberse imaginado jamás. Se sentía raro, pero era porque sus fuerzas nunca habían sido tan recuperadas, ni por asomo las tenía todas, le faltaba comer y dormir un día más al menos para quedar como nuevo, pero era lo más cercano al buen descanso y supuso que todo se debía a ella, por lo que en su mirada se vio algo de temor poco a poco, ya que probablemente sus caminos terminaran separándose y eso significaría volver a atrás, pero ¿qué iba a hacer? ¿Encadenarla? Imposible… el no era así, el ya no era así…

-¿Descansaste?- Movió un poco los hombros y subió un poco la chaqueta que había usado de cobertor, era incómodo, y más para un lugar que bien podía ser un calabozo, algo frío y húmedo donde la luz débil de la mañana se metía por una sola ventanilla cerca del baño.
-¿Cassandra... qué… pasará a partir de ahora….?-
No iba a andarse con rodeos, prefería ir enterándose del camino de la pelirosada de una buena vez.

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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Cassandra el Mar Abr 02, 2013 1:53 pm

Caricias disfrazadas
Cuando Ken se despertó, ella estaba boca abajo, posó los codos sobre la cama, flexionó las rodillas dejando las plantas de los pies mirando hacia arriba, casi postradas sobre sus nalgas, como una sirena tumbada sobre la orilla de la playa. Cass yacía encima del camastro cutre algo despeinada y desaliñada, pero parecía que eso poco le importaba, pues se mostraba natural ante la presencia de aquel hombre. Le hizo gracia el pellizco de su mejilla y escapósele una leve risita, era normal, si no la mentía era normal. Si no la engañaba, Ken estaba en su pleno derecho a asombrarse y sonreír, puesto la bastarda no ha salido ardiendo, ni ella ni lo poco que había en su alrededor.
Como una niña pequeña, creo que ni siquiera terminé mi historia - dijo entrecerrando los ojos y oscilando una gran sonrisa, como si quisiera disculparse.

Pero le vio temblar. La noche, el frío y la piedra hicieron meya en su temperatura. Entonces, antes de que pudiera mencionar palabra, Ken le preguntó que qué harían a partir de ahora; Cassandra tuvo impulsos de contarle la parte de su sueño, la otra parte, es decir, que podría haber una bendición para que no incendiase más casas, ni más tabernas, que podría caber la posibilidad de recuperar parte de su memoria. Pero antes.

No estarás temblando, ¿verdad?-dijo como si fuera casi un enfado.-Para cabezón tú, cabezona yo.- dijo para sus adentros. Sus ojos azules casi no se ven por como entrecerró los ojos y arrugó el ceño, apretó los labios y musitó ordenando.-Yo sé lo que voy a hacer, y tu también.- ordenó ella, más tozuda que él.-Ven y túmbate conmigo, si sigues acostado en el suelo puede que quieras levantarte y te quedes clavado. - corrigió.-Que no puedas moverte.- cogió el filo de la manta que la cubría y la abrió ampliamente. Luego dio unos golpes sobre la cama dándole a entender que quería que se subiera.-No acepto un no por respuesta y necesitaré que te quites la camisa azul.- fue gateando hasta los pies de la cama y se quedó sentada sobre sus rodillas esperando a que Ken se acostase.
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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Invitado el Miér Abr 03, 2013 10:11 pm

A el le pareció que su historia había quedado más que clara, no le veía una necesidad de seguirla oyendo pero si ella tenía más que contarle, el no se negaría ya que así la conocería más y tendrían de que hablar también. Parpadeó negando con la cabeza, no estaba temblando. O eso fue lo que quiso responder al menos. Le hizo gracia que usara la palabra “tumbarse” y, no le molestaba seguir en el suelo, pero se levantó lentamente poniéndose de pie y cuando ella golpeó la cama para que el fuera, entendió bien el mensaje pero puso una cara divertida como de indignado. –No soy un perro para que me llames así…- ¿Tenía que darle en serio golpecitos al colchón? Le causó gracia, no estaba enojado ni por asomo.

Le quedo viendo cuando le pidió que se tendiera luego de quitarse la camisa, era una petición algo extraña y aunque no estaba aceptando ni rechazando, le pareció en un principio algo extraño.

-Está bien…- Con algo de duda en su tono, se tomó los extremos inferiores de la camisa y los llevó hacia arriba quitándose sin problema la prenda dejando su torso musculoso, con algo de pelo y cicatrices completamente desnudo. Dejó caer la camisa al piso y acarició sus brazos en un acto reflejo por despojarse de su ropa, hacía algo de frío. De pie miró a Cassandra viendo sus ropas de dormir y no pudo evitar sentir un leve escalofrío algo caluroso en el cuerpo. Suspiró quitándose esas ideas de la cabeza sacudiendo esta suavemente camino a la cama y ya allí, se acomodó boca arriba en el colchón, mirando hacia donde ella estaba. -¿Y ahora?.- Dijo encogiendo los hombros con duda. Sabía lo que era un masaje, sabía lo que eran dos personas en una misma cama, pero lo que no sabía es que era lo que planeaba la chica de cabello rosado.

Si le hacía girarse, lo haría, si le hacia acomodarse en cualquier posición extraña también. Ken estaba a una completa disposición victima de su curiosidad y, cuando se tocaran sus músculos, sobre todo los de los hombros, Cassandra podría notar que el cuerpo del macho estaba lleno de nudos tensos. Razón por la cual ante apretones emitiría quejidos sin pudor alguno y a veces hasta podría llegar a gemir con placer de forma algo provocadora.

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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Cassandra el Lun Mayo 13, 2013 11:28 am

Primer contacto
Oh vamos, que no voy a… a hacerte nada.-dijo la chica después de escucharle.- Puedes quedarte tranquilo, pues la zoofilia no es lo mío.- concluyó ella haciendo alusión a su comparación con un perro y le guiñó un ojo como broma. No era tan malo que se tumbase, ¿o si? Vale, dicho así, parece que Cassandra estaba ardiendo en el deseo de hacerlo suyo, sin embargo, ella no suele pensar en una pareja, o en el apetito carnal. Puede que por acto reflejo o por educación o por querer encenderse y dejarse llevar, retiró los ojos ante la obediencia extrañamente sumisa de Ken, ¿y él? ¿Buscaría algo?

Si lo hacía, lo disimulaba muy bien su teatro era excelente, si no, ¡vaya dos que se han encontrado! Pues, seamos sinceros, todos en su situación, pensamos, y lo hacemos mal.
Aguardó hasta que él se tumbó y con cuidado se situó a su lado sobre la cama. Si hubiera algo más de confianza se habría posado encima de él pero, la confianza no era la suficiente. ¿O sí? ¿Quién diría que habían pasado la noche juntos y no habían hecho nada morboso que contar?
Necesito que estés relajado, tómate un momento para ti, no hay fuego, no hay rechazo, no hay culpable.- dijo ella a media voz, sutil y delicadamente.
Acarició con las yemas de los dedos la espalda desde los hombros hasta la cintura siguiendo su contextura. Era casi un milagro que pudiera mover los brazos con la soltura que le demostró cuando ella estaba a disposición de los que la asaltaron. La muchacha comenzó por los hombros, la zona más “delicada”, empezó suave casi como una caricia, pero como vió antes, aquella parte estaba sobrecargado. A medida que ella le hacía el masaje, Cassandra apretaba más; incluso llegó a posar casi todo el peso sobre las manos para deshacer los nudos que Ken poseía.- No quiero hacerte daño, si lo hago, me lo dices.- Al último que le hizo uno estaba bajo tierra, es decir, a su hermano, pero era como montar a caballo, cuando aprendes, aprendes de por vida, al menos para ella. A sus gemidos ella respondía en silencio con una sonrisa, si él no la detenía, ella no se detendría, tenía boca para quejarse, ¿no?
No logró quitárselos todos pero él estaría mejor después de ésto; cuando terminó con los hombros, Cass giró las muñecas dejándoselas crujir por la presión realizada y se puso con la columna, realizaba círculos con ambos pulgares hasta llegar al final de la cintura.
Ella no sabía si Ken andaría en el séptimo sueño, si realmente habría conseguido desconectar, por ello lo dejó descansar.
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Re: El Destino que sigue de noche

Mensaje por Invitado el Sáb Mayo 18, 2013 5:46 pm

No comentó mucho de lo que Cassandra le dijo, una vez empezó esta a tratar sus duros músculos el varón se dejó querer pues luego de unos segundos empezó a sentirse bastante bien, tanto el simple contacto de la chica encima como el de sus manos apretándole, era algo que se volvía casi vicioso, a ratos emitía quejidos pero le decía a Cassandra que no se detuviera, eran quejidos justamente por lo bien que se sentía, porque sus músculos se estaban desestresando y eso era algo que no se le hacía hace mucho tiempo. A veces daba pequeños brinquitos como reacción, suaves movimientos de brazos y el cuerpo se le había puesto algo más elevado en cuanto a temperatura.

Cuando empezó con la columna, Ken mostró no estar dormido. –Lo que menos me haces con todo esto es daño, Cassandra.- Se acomodó un poco colocando los brazos recogidos, apoyándose así con los codos en la cama como almohada para su cabeza. –Debes haber dormido muy bien…- Dijo refiriéndose a lo blando y cómodo que se sentía la cama. Una vez que ella terminó, Ken soltó un largo bostezo cubriéndose la boca con la muñeca y parpadeó repetidas veces después. –Gracias…- Se movió cuidadosa pero rápidamente girándose hacia arriba, quedando entonces con la pelirosa sobre la pelvis, posición más sugerente no había en ese momento, pero el la miraba como si esa idea ni por si acaso le cruzara la cabeza.

-¿Te lo hago yo a ti?- No esperó respuesta muchos segundos y acabó tomando a Cassandra por la cintura y girándose en la cama, quedando ahora él con su enorme e imponente cuerpo encima. Ahora si la posición fue más sugerente y más obvia y ahora si, sintió momentos después de lo que apreció empezar como un juego inocente de masajes entre compañeros, en algo que podía verse de otra forma. –Uhm…- Sus brazos estaban estirados hasta que sus manos estaban a los costados de Cassandra, su cuerpo elevado de la cintura hacia arriba y de esta para abajo estaba apegada a la cadera de la chica. La miró unos instantes y la mente pareció ponérsele en blanco.

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Re: El Destino que sigue de noche

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