En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

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Una extraña pareja

Mensaje por Medianoche el Lun Feb 11, 2013 10:38 am

El sonido de un cuerpo inerte golpeando el suelo fue lo último que se escuchó en el oscuro y sucio callejón. El silencio invadió cada hueco del lugar mientras una mirada esmeralda observaba sin mucho interés los cuatro cuerpos sin vida que yacían en el suelo en extrañas posturas. El dueño de aquella mirada sacó un pañuelo de uno de los bolsillos de su pantalón negro y limpió de forma calmada la sangre que goteaba de su daga. Después, arrojó el pañuelo al suelo, enfundó el arma y echó un ultimo vistazo a aquel tétrico espectáculo. Medianoche no era un cazador de personas, nunca había encontrado placer o regocijo al segar las vidas humanas, como muchos de su raza, pero no encontraba remordimiento alguno al hacerlo y si debía matar para protegerse no iba a pensárselo dos veces. Con un suspiro resignado, el cazador metió las manos en los bolsillos y abandonó el lugar, saliendo a una calle desierta que lo llevaría a una de las calles principales de la ciudad.

La noche había caído hacía ya un buen rato y el demone había salido de su sueño diurno para comer, tomar un contrato en la casa de cazadores y darse una pequeña vuelta por la ciudad antes de abandonarla para hacer su trabajo. Pensaba que sería una noche tranquila, pero al salir de la taberna donde había saciado su rugiente estómago notó que algo no iba del todo bien. Confirmó su sospecha al poco rato de ir caminando por la calle. Alguien lo estaba siguiendo, un grupo pequeño de personas. Dispuesto a saciar su curiosidad, Medianoche los condujo hasta una zona que sabía que estaría deshabitada y trató de adivinar los motivos para ser acechado con una pacífica charla. No necesitó demasiado para saber el por qué, bastó el "asqueroso demone" que soltó uno de los enmascarados para entender que la charla no sería pacífica ni tendría un final alegre.

El resto ya se sabía, el cazador acabó con ellos uno a uno, haciendo gala de su habilidad para el combate. No le resultó demasiado difícil, los pobres diablos no pensaron que sería mejor buscarlo durante el día, probablemente pensaron que el manto de la noche ocultaría y favorecería su actos. La falta de información y las ideas racistas habían hecho de verdugo aquella noche. El joven de cabellos dorados estaba relativamente acostumbrado a aquellas acciones, su raza no era bien recibida entre los humanos y a pesar de que disimulaba muy bien sus orígenes, algunos grupos extremistas sabían identificar muy bien a sus enemigos. Nunca habían supuesto una amenaza para el cazador, normalmente actuaban de forma impulsiva y desorganizada, lo que favorecía su eliminación. Pero siempre dejaba un mal sabor en la boca de Medianoche. No disfrutaba matando personas, su forma de pensar era mas humana que demone, por lo que disfrutar con la matanza no estaba entre sus aficiones.

Tras caminar un rato sin rumbo alguno, perdido en sus pensamientos, acabó dirigiéndose a un parque cercano en el que podría sentarse a organizar su viaje en pos de la criatura que pretendía cazar. No tardó demasiado en alcanzar su destino, un lugar tranquilo y solitario situado en frente de una iglesia abandonada. El parque era pequeño pero debido al abandono y a la falta de cuidados, la naturaleza había crecido salvaje, cubriendo la mayor parte de la zona con su manto verde. Para el cazador, amante de los bosques, era como un pequeño oasis entre piedra, ruido y estrés. Se sentó en uno de los bancos de piedra parcialmente cubierto por la hierba y cerró los ojos, soltando un largo suspiro. Dejó la mente en blanco y permaneció así durante un rato, disfrutando momentáneamente de los sonidos de aquel olvidado parque y del aire limpio que llegaba a su fino olfato.

Una vez despejada la cabeza, Medianoche sacó de una bolsa que colgaba de su cinto varios papeles y pergaminos junto a utensilios para la escritura. Debía planificar bien el viaje, calcular las provisiones que necesitaría, así como informarse sobre la criatura por si necesitaba algún tipo de material adicional. Mientras preparaba todo, los oídos del cazador captaron unos pasos dirigiéndose a su posición. El extraño andaba de forma tranquila, segura y sutil, ni demasiado rápido ni demasiado lento, haciendo el suficiente ruido para hacer notar su presencia. Estaba más que claro que aquel extraño se dirigía su posición. Medianoche lanzó un suspiro resignado y cuando los pasos estaban cerca de su posición, los labios del cazador emitieron unas palabras. -Creo que por esta noche ya está bien de juegos, no quiero ensuciar este lugar ni perder el tiempo.

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¿Puedes afirmar esas palabras?

Mensaje por Tárgurak el Mar Feb 12, 2013 5:32 am

-Eso no será necesario- replicó una voz ominosa desde un rincón poco iluminado de la solitaria plazuela. Como un emisario espectral, los pasos de la enigmática figura que se aproximaba hacia Medianoche resonaban con fuerza en las viejas rocas grises, anunciando su inminente encuentro. Una brisa helada se coló entre ambos y el follaje de la musgosa plazoleta crujió con expectante temor a lo desconocido. Entonces, el extraño emergió desde las tinieblas hacia la luz. -El tiempo de juegos pasó hace bastante- añadió con una expresión seria y prudente, mientras detenía su avance y mantenía una considerable distancia entre ambos. ¿Qué clase de individuo era aquel? Su tez pálida y mirada críptica, manifestada a través de dos penetrantes ojos ambarinos, destacaban aún más en el talante inmenso del hombre. A pesar de la interminable amalgama de viajeros y extraños que recorrían las calles de Nueva Leone, nunca un hombre con sus facciones o características se había introducido en aquella enorme ciudad. No era un nacido en Bahaamot, eso podía darse por seguro.

-Schrá- dijo con naturaleza misteriosa en un extraño acento extranjero, mientras le dirigía un sutil saludo con la diestra. No más que el leve movimiento de su palma indicó que no se aproximaba con ánimos de conflicto, augurando un encuentro distinto al de los desdichados Heres que lo habían acosado varios minutos antes. -En lengua Gurak quiere decir: no traigo muerte o tormenta- aclaró con timbre cordial. -Pero, eso no soy yo quien debe decidirlo-.

Las vestimentas únicas del extraño no hacían más que acrecentar el enigma que se formaba entorno a su figura. Pesadas prendas se abultaban alrededor de sus hombros y piernas, revelando sólo pequeñas porciones de su blanca piel. Nadie que conservara la cordura vestiría un atuendo tan grueso y cerrado en el corazón de Nueva Leone, ciudad que nunca fue renombrada por su frío clima. ¿De quien se trataba y qué buscaba con el cazador? Pronto esas interrogantes serían resueltas.

-Me han recomendado tus servicios, cazador- habló una vez más, ahora con un tono más cordial. -Tu gremio es bastante reservado con los suyos, en verdad, sólo me han mencionado la dirección en la cual te marchaste. Para ser cazador, tus pasos dejan un rastro muy fuerte- mencionó con ligera satisfacción en su sombría faz. Sus palabras hacían referencia a la masacre que los fanáticos habían recibido en el área deshabitada; ninguno escapó para contar la historia del Demones y su paradero. Afortunadamente para el oscuro visitante, los cazadores tenían fama de solitarios. Aquella plazuela y el encuentro fue un manojo de suerte en la travesía del viajero de ropas pesadas. -Soy Exiliado y me han dicho que eres el mejor, cazador. Antes de hablar más, ¿puedes afirmar esas palabras?-.

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Re: Una extraña pareja

Mensaje por Medianoche el Mar Feb 12, 2013 10:40 am

Medianoche había bajado la cabeza de nuevo con aparente calma hacia sus notas, preparándose para un ataque. Pero ese ataque nunca apareció, a cambio, una voz masculina y potente alcanzó sus oídos desde la oscuridad situada en algún punto de la plaza, emitiendo unas palabras que mostraban paz aparente. El cazador alzó la mirada, curioso por el dueño de aquella voz que le saludaba con una palabra extraña y desconocida. Se trataba de un hombre de complexión musculosa, con un rostro serio y curtido, acompañado de unos brillantes ojos dorados de pupila rasgada, muy similares a los suyos propios. Medianoche enarcó una ceja al contemplar los orbes del hombre, bellos y a la vez bestiales, pensando que quizás era un miembro de su raza. Pero aquella idea fue descartada al instante, no olía como un Demone, olía a algo que desconocía pero que le resultaba terriblemente familiar.

-Me gustan tus ojos. Dijo dejando a un lado las notas, levantándose para dar unos pasos hacia el extraño con las manos metidas en los bolsillos. -Son ojos que han visto más de lo que un simple heres sería capaz de soportar, ojos de depredador. Lanzó una rápida mirada a su curioso visitante, captando todos y cada uno de los detalles. Llevaba ropa de invierno, gruesa y resistente, su piel era pálida, señal de que había visto relativamente poco el sol y su cabello era largo, fino y blanco. Lo que más curioso le resultó al cazador es que aquel hombre emitía un aura muy similar a la suya propia, sentía que estaba mirando a un lobo blanco, mientras que el mismo era un lobo negro.

-Tus palabras y tu postura no muestran intenciones deshonestas, dime en que puedo ayudarte. La voz del hombre fluyó sin interrupción alguna, revelando ligeramente sus intenciones, probablemente pretendía adquirir sus servicios. -Un lobo no esconde los restos de sus presas. Dijo Medianoche esbozando una suave sonrisa de medio lado. -Soy discreto amigo mio, pero ya sabes lo que dicen, la letra con sangre entra. No hay nada mas disuasorio que la experiencia misma. El cazador se encogió de hombros y borró su sonrisa, meditando su siguiente respuesta, no quería pecar de vanidoso, por lo que sencillamente respondió con sinceridad. -No se si soy el mejor, pues no me interesa ese titulo, me interesa hacer bien mi trabajo y eso es algo que si puedo afirmar.

Una suave brisa nocturna comenzó a soplar y el joven de cabellos dorados se dio la vuelta, dirigiéndose al banco donde había estado sentado. Tomó los papeles que había dejado y los dobló para poder meterlos con facilidad en la bolsa de donde habían salido. Posteriormente se dirigió al extraño y le tendió su enguantada diestra. -Mi nombre es Medianoche, pero eso tu ya lo sabes. Dijo mostrando de nuevo aquella misteriosa sonrisa. -Caminemos mi exiliado compañero, esta zona está libre de oídos indiscretos, así podrás contarme con detalle aquello que te ha traído hasta aquí. Comenzó a caminar, dirigiéndose a una calle vacía que antaño había sido una famosa zona de comercios para gente adinerada. Cuando llegó a la entrada de la calle se detuvo y esperó a que el hombre de cabello blanco lo siguiera.

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Mensaje por Tárgurak el Mar Feb 12, 2013 8:48 pm

-Eso será suficiente- Exiliado contestó con interés a las palabras sinceras del cazador. Medianoche no alardeó con la declaración respecto a sus capacidades y al enigmático extranjero eso le resultaba inmensamente apropiado. A simple vista, recurría a los servicios de un hombre silencioso y recatado, capaz de abstenerse a preguntar más de lo necesario, lo apropiado para la enigmática empresa que perseguía. Sin embargo, ¿sería competente? Esa incógnita estaba resuelta desde antes de encontrarse. El gremio de cazadores, hogar de rumores y, por el precio justo, valiosa información, ya había hecho su trabajo auspiciando a Medianoche. La gran maquinación del enigmático hablante de Gurak lentamente comenzaba a adquirir forma.

Con cortesía, Exiliado asintió a las palabras de Medianoche, iniciando una no apresurada caminata por las calles olvidades de Nueva Leone. -Al borde de este continente, en la frontera con las islas de oriente, existe una bestia de inmenso poder y grandes riquezas. Un peligroso ser desquiciado por la codicia y la soledad- relató con voz pasmosa y pausada. -Y no soy cazador suficiente para abatir a la bestia en solitario. Piedras y riquezas, Medianoche, ¿es ese un precio justo por tus habilidades?- preguntó cruzando por un momento la mirada con el cazador, mientras exhibía un moderado saco de piedras desde el interior de sus gruesos y pesados ropajes. ¿Nada más le sería revelado al Demones de rubia cabellera? Aparentemente, el hermetismo de tal negocio se extendería sólo unos segundos más, instante en el cual Exiliado ofrendó un antiguo y vetusto pergamino a Medianoche. En su interior yacían los escasos y más bien poco detallados rumores que envolvían a la presa encomendada: El-Ahnuá.

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Re: Una extraña pareja

Mensaje por Medianoche el Miér Feb 13, 2013 2:26 pm

El joven cazador escuchó atento las palabras del exiliado, sintiendo interés y curiosidad por la criatura que obligaba a un cazador a buscar ayuda en algún compañero de oficio. Muchos de los seres a los que daban caza eran peligrosos y requerían tiempo, planificación y sobre todo habilidad. Pero pocos necesitaban mas de un par de manos, aquel asunto debía ser grande, muy grande. Tárgurak habló de la recompensa y le mostró información sobre una criatura que jamás había visto y muy pocas veces había oído. -Ah... Dijo el cazador mientras tomaba el pergamino y lo leía por encima con cierto interés. -Esto puede resultar interesante, esta bien, las piedras y un favor será todo lo que te pida a cambio de acompañarte, la experiencia y satisfacer mi insaciable curiosidad serán mis otras recompensas. La llamativa pareja llegó al final de la calle y Medianoche devolvió el desgastado pergamino al hombre de los ojos dorados.

-El favor que acabo de mencionar es relativamente sencillo. Antes de de ir a por tu misterio, tengo que terminar un trabajo que he tomado hace unas horas. No es algo demasiado completo, es conocido generalmente como Wendigo. Ha aparecido en una zona al norte de aqui y da la casualidad de que en el pueblo que hay antes del bosque, un conocido que me debe un favor tiene una de los mayores bestiarios conocidos, ahí podremos encontrar algo que nos ayude con tu siguiente caza. Tárgurak y Medianoche negociaron algunos pequeños detalles más pero el trato quedó bien claro. A cambio de la ayuda con el wendigo y algunos bonitos pedruscos, el exiliado contaría con la ayuda del demone para dar fin al misterioso El-Ahnuá

Ya que el cazador aún tenía que terminar unos cuantos preparativos, su reunión nocturna dio por finalizada, acordando reunirse al alba en la entrada norte de la ciudad, así tomarían el camino que los llevaría a los bosques norteños en aproximadamente tres días. Todo había sido sencillo y rápido, como deben ser los tratos, pero algunos conocidos de Medianoche, con los que trató en busca de provisiones, material e información para el viaje, desconfiaban de aquella oferta y le preguntaron una y otra vez si realmente podía confiar en el exiliado. Riéndose, el demone simplemente respondía que sabía que podía confiar en el.

No era una persona confiada ni mucho menos, era precavido y siempre planeaba y pensaba muy bien las cosas antes de actuar, pero Tárgurak podría haber atentado contra su vida en aquel solitario lugar, no necesitaba llevarlo al fin del mundo para acabar con el y estaba claro que no pretendía robarle. Además, tenia esa extraña pero familiar aura... Le esperaban unas semanas peligrosas pero entretenidas, eso era seguro. Tras unas pocas horas de poco habitual sueño nocturno, Medianoche preparó todo lo necesario, colocándolo en una mochila a su espalda y dividiendo el resto en varias bolsas pequeñas en su cinto. Tomó uno de los caballos de los establos del gremio de cazadores y esperó a su nuevo compañero en la entrada de la ciudad mientras un perezoso sol comenzaba a brotar tras el horizonte.

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