En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

Un lobo no tan solitario

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Un lobo no tan solitario

Mensaje por Medianoche el Sáb Feb 09, 2013 10:06 am

Tranquilidad, quietud y silencio fueron las únicas cosas que Medianoche obtuvo al entrar en aquel pueblo. La oscuridad nocturna hacia ya un buen rato que había ocupado el lugar de la brillante luz diurna, pero a pesar de eso, la excesiva calma era un indicador de que algo no iba bien, de que algo más estaba enmascarado por esa supuesta paz. Olía a miedo, un olor acre e inconfundible que el cazador podía captar con su fino sentido del olfato como si de una flor se tratase. El terror había hecho que las gentes del lugar se encerrasen en sus casa atrancando puertas y ventanas, sin atreverse a pisar las calles que antaño habían estado repletas. Aquel pueblo era famoso por sus banquetes y celebraciones nocturnas en la plaza, por lo que generalmente podías ver la misma vida en día y noche. Pero algo había hecho que aquello cambiara y ese algo era el motivo de la visita del cazador de criaturas.

Había recibido el aviso hacia una semana aproximadamente, un compañero de profesión le comentó que, al parecer, una estrige estaba aterrorizando un pequeño pueblo de las montañas, una particularmente activa. No había ningún cazador disponible, por lo que nadie había tomado el encargo, además, el hecho de que el viaje era largo y la paga no era nada del otro mundo generaba un cierto desinterés por el tema. Pero Medianoche no solía darle demasiada importancia a la paga, y un viaje a las montañas le vendría bastante bien para poder respirar algo de aire fresco y despejar su embotada mente después de llevar casi un mes trabajando entre el gentío de la ciudad, ayudando con una plaga de criaturas que había tenido la maravillosa idea de invadir las alcantarillas.

Así que no se lo pensó dos veces, ensilló a su caballo "sardinilla" y puso rumbo a aquel pueblo. Fueron unos cuantos días de tedioso viaje, pero conforme entraba en la región, el paisaje verde y los olores puros supusieron un agradable cambio, así como un pequeño refuerzo para su motivación. Finalmente, en la noche del sexto día acabó poniendo un pie en el lugar, tras dejar a sardinilla atado en los establos, bien provisto de comida y agua para reponerse del viaje. Así que allí estaba, caminando por el lugar, observando con cierta curiosidad el pueblo en el que se encontraba. En ese mismo momento estaba caminando por la calle central, que cruzaba el pueblo de una entrada a otra, dividiéndolo en dos mitades.

Justo en el centro del pueblo, la calle se abría, dejando espacio a una amplia plaza, lugar que durante el día estaba lleno de comercios y durante la noche, al menos antaño, de gente alegre celebrando algún banquete. Para ser un pueblo era grande y las casas estaban hechas de piedra y madera de primera calidad, casi todas formadas por planta baja y alta. A lo lejos se podían contemplar las ruinas del castillo del antiguo señor de la zona, abandonadas hace ya mucho tiempo y declaradas patrimonio cultural. Tras un breve vistazo del lugar, Medianoche puso rumbo al estereotipado lugar que le proporcionaría información sobre su encargo, la posada. Se trataba de un edificio grande situado en la zona izquierda de la plaza, también era el más alto del lugar, pues contaba con dos plantas más que las casas normales. Era de los pocos lugares iluminados y el único del que salían voces.

El cazador cruzó el umbral de la puerta y se detuvo, echando un pequeño vistazo. Lógicamente, las voces en toda la taberna se detuvieron y todas las cabezas menos una se volvieron a cotillear al recién llegado. Medianoche contó 16 personas, todas sentadas en mesas de tres menos una, que estaba sola de espaldas a él. Una chica a a juzgar por el oscuro cabello largo que caía por su espalda. Medianoche caminó hasta la barra y se sentó en uno de los taburetes, sacando un papel del bolsillo, colocandolo en la castigada madera. Los feligreses, satisfecha su curiosidad, continuaron hablando y un agradable barullo envolvió la taberna de nuevo. El posadero echó un corto vistazo al papel que le habían puesto en la mesa y lanzó un pequeño suspiro. -Estamos un mes sin nadie y en una misma noche nos llegan dos cazadores, esto es o calvo o con tres pelucas.

El cazador enarcó una ceja ante el comentario del posadero. -¿Dos cazadores? Yo he sido el único que ha tomado el papel del encargo, ¿quien es ese otro cazador? El barrigudo hombre hizo un movimiento con la cabeza, señalando a la chica que estaba sentada sola en una esquina de la taberna. -Un consejo, "pelopincho", ten cuidado con ella. Tus ojos dan miedo pero su mirada asusta de verdad. ¿Vas a tomar algo? Medianoche lanzó un suspiro ante su nuevo mote. -Agradezco la sinceridad... y si, llévame algo de comer, lo que tengas del día que no este lleno de grasa, acompañado de patatas. Se levantó de la silla tomando el pergamino del encargo y caminó con calma al otro lado de la taberna, sentándose justo en frente de la chica. Era bastante atractiva, con unos curiosos rasgos infantiles que contrastaban con una peligrosa mirada rojiza que ha visto la muerte en mas de una ocasión.

Colocó el papel encima de la mesa y se recostó en el asiento, mirando fijamente a su "compañera". -Parece que vamos tras el mismo objetivo. Dijo tranquilo. -No he llegado hasta aquí para volver sobre mis pasos, así que creo que vamos a tener que hacer algún trato y ponernos de acuerdo con el plan de actuación. Silenció sus labios y continuó observándola. -Me llamo Medianoche por cierto. Cruzó sus brazos y esperó la reacción de la chica, cargado en curiosidad. Aquella situación no era demasiado común, solo se enviaba a un cazador de monstruos a por una criatura para evitar problemas y en caso de coincidencia, lo más normal era colaborar, pero aquella chica no parecía de las que cooperan con una sonrisa en la boca.

Off: Mira, en ese video sale la Estrige, el pueblo en el que estamos y las ruinas del castillo que se ven a lo lejos. En vez de estar rodeado de agua esta rodeado de bosque xDD Espero que te guste~

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Re: Un lobo no tan solitario

Mensaje por Syfrelle Irethië el Lun Feb 11, 2013 3:45 pm

off:
A ese bichejo nos enfrentamos?! -.-

No era común que alguien circulara por los caminos de aquel bosque a tan tardía hora de la madrugada, ni siquiera los más osados aventureros se atrevían a traspasar los arcos de robles torcidos camino al pueblo, ni siquiera los mendigos o lo timadores habituales de esa parte del bosque parecían estar al acecho de la efigie que se movía lenta y delicada por los callejones laterales de las grandes avenidas, con el repique de la campana en su risa siniestra y el viento acariciando sus pasos para volverlos insonoros. La antaño Hija del Bosque -ahora convertida en una renegada- pareciera buscar hasta debajo de las piedras algo que parece ser de suma importancia, algo de vida o muerte que le resolverá sus dilemas, ¿o realmente, lo único que hace la mujer de deslavados cabellos, es ganar tiempo para que el manto de la noche le ampare en algún negro plan?.

De una taberna al fondo del más oscuro callejón, una figura alta y delgada espera impaciente, taconeando y fumando sin parar mientras el gélido viento se cuela por los resquicios más ínfimos de su vestimenta; el hombre maldice mientras castañetea a la madre de quien esté esperando y fuma nuevamente con tal de alejar el frío. El campanario de la plaza lejana anuncia cuatro campanadas. Una... Dos... Tres...

-Cuatro, felpudo-

Susurra una voz cristalina y baja, siseante como el ronroneo de un gato, aterciopelada como el fino humo que expide el tabaco casi consumido. El hombre brinca del sitio donde está y choca con varias cajas que caen en medio de un alboroto y milagrosamente, nadie acude a mirar lo que sucede en el lugar. El fumador gira en redondo y es encima de una pila de cubos de madera, donde por fin encuentra a la portadora de tan melodiosa y a la vez, intimidante voz.

-!Bah!, !pedazo de estúpida!, ¿acaso no te enseñaron a jamás asustar a un hombre armado?-

Los orbes felinos de la mujer brillaron como toda respuesta a aquella increpación, ella no se movió del sitio ni tampoco le prestó más atención al sujeto; la joven de tez blanca y breves ropajes chasqueó la lengua y bostezó aburrida, cual si una mísera cucaracha le hubiese hablado. Syfrelle era su nombre, y su vocación, lejos de ser la damisela en apuros, era la de convertirse -con cada trabajo pago- en una voraz cazadora. La mujer se desperezó cual gato mimoso y emitió un bajo ronroneo que culminó con ella sonriendo de manera pérfida a su interlocutor que parecía no perder detalle, si la chiquilla era como bien le decían, entonces su cuello corría graves problemas. La fémina torció el gesto ante el escrutinio y finalmente, se puso de pie precariamente sobre las cajas que se tambalearon, y en el momento justo en que la torre se desmoronaba, la Hija Renegada describió un suave y flexible arco con su cuerpo, cayendo de pie con gracia y delicadeza ante el hombre que la miraba boqueando, sin darse cuenta de en qué momento, su cigarro descansaba en los labios de tan hábil joven, y su cuchillo, apuntalaba su mentón, hundiéndose levemente en la piel.

-Aclara algo.. ¿Siempre eres tan bruto para jugar con fuego, sin saber hacerlo?-

La sonrisa no se borra, incluso raya en los confines de la ironía siniestra; el cuchillo se desplaza lentamente por la piel y el sudor corre por el cuerpo del hombre que balbucea atropellado una disculpa mientras la fémina aprieta con más fuerza el filo contra el mentón del desafortunado sujeto que ahora, comienza a gritar pidiendo clemencia.

El cuchillo se desliza bajando lentamente por la garganta,a hasta apuntalarse sobre la carótida, se deja escuchar en el eco del callejón una súplica a gritos, seguido de la risa divertida de la mujer que baja el arma, se aparta del hombre y camina un par de pasos antes de mirar por encima de su hombro con delicadeza y un aire hosco en los ojos.

-¿Está todo ahí?, que donde falte una sola moneda, regreso y te despellejo, empalo y exhibo en la plaza pública, ¿queda claro?-

El hombre está de rodillas, balbuceando algo referente a la gratitud y a que en el bolso, el monto total por el trabajo por venir está a salvo y listo para ser utilizado en cualquier momento. La Colluvio -por que no puede ser una humana- hace un leve movimiento hacia su diestra y toma la bolsa, aspira el aroma del cuero y las monedas, y sus ojos chispean con algo parecido a la devoción y el amor; Syfrelle chasquea la lengua, asiente hacia el hombre -que recién se incorpora y enciende un nuevo cigarrillo, a la espera de que la mujer se marche- y comienza a desandar el camino por el que llegó.

-Maldita perra-

La Hija del Bosque se detiene y ladea el rostro con delicadeza, sonríe ampliamente y continúa su camino mientras escucha las risotadas del sujeto que cada vez son más estentóreas y de la nada, dejan de sonar tras el eco reverberante de un zumbido, de algo lanzado a distancia; a la entrada de la calleja donde la mujer de desvaídos cabellos enarca una ceja y luego ríe complacida al escuchar los gritos cada vez más desgarradores del hombre que, desesperado, intenta detener la hemorragia de su entrepierna.

-Descuida, la castración es gratis-

Musita aún riendo, mientras se pierde en el laberinto de calles hacia la entrada del pueblo aquel. Su víctima oficial de la noche, es un temido bichejo que ha asolado la comarca desde hace un tiempo, y que hasta ahora, ningún inepto había podido dar caza, pero si, aumentado la población del Necritum. Desgraciadamente, al parecer el idiota que te ha contratado también contrató a otra persona, dudando de ti.

-!Me cago!... ¿Que acaso los tipos que se creen cazadores, proliferan como los Critters?, ¿dónde quedaron los buenos viejos tiempos, donde éramos unos cuantos, más corruptos que un mafioso?-

Una presa le espera, un pago adelantado y mucho tiempo libre para planear cómo deshacerse del enclenque que le adjudicaron como "apoyo". Llega a la taberna, el murmullo crece y de la nada, se apaga cuando el eco de sus pasos reverbera seguro; un par de hombres le dirigen miradas lascivas, que inmediatamente son terminadas por un suave gruñido de advertencia proveniente de sus labios carnosos. Ordena una jarra de vino y algo decente de comer, se encamina a la mesa más alejada y le dirige a la concurrencia una mirada de advertencia: Nadie debe molestarla, o lo pagarán con sus cabezas.

El tabernero se acerca con la orden, la mira con temor y curiosidad y se aventura a preguntar quién es y qué busca. Por toda respuesta, ella deposita un par de reales de oro en la mesa y un simple "la cazadora que mandaron llamar", sin mas respuestas, sin más detalles que una mirada gélida de esos orbes rojizos, profundos como abismos, capaces de hacer que un hombre adulto, sintiera el vértigo en carne propia.

Comida, bebida, paz y calma. Nada puede romper ese momento perfecto, salvo quizá, el ruido de pasos que suenan similares a los suyos, seguros, arrogantes y crispantes, acusando al sujeto que cree poder ser un digno "compañero" suyo. Syfrelle hace una mueca mientras bebe el vino, dirige una mirada rápida y furtiva al recién llegado y se forja el criterio: Un mujeriego narcicista. !¿Por qué a ella?!. Con una sonrisita suficiente, enarca ambas cejas y comienza a tararear una vieja cancioncilla de cuna algo macabra mientras observa de reojo, la interacción del cantinero con el hombre y dado que ambas miradas están fijas en ella, se confirma la identidad del sujeto, mismo que se acerca y toma asiento frente a ella sin ser invitado. Syfrelle escucha sin prestar atención, sin mirarlo siquiera, bebiendo el vino y tomando el último bocado, limpiándose el rostro con la servilleta y levantando lentamente el rostro hasta posar la mirada carmesí en el hombre, cargada de desdén y burla.

-Así que el imbécil contrató a un segundón para ayudarme con el trabajo... Mira "niño bonito", trabajo sola. Si te gusta, de acuerdo, si no, me importa un rábano que hagas o dejes de hacer-

Con la misma, bosteza y toma la copa, bebiendo el último trago de vino y teniendo ya al cantinero a su lado, con otra jarra, presto a llenar el cristal que los delicados dedos sostienen sin inmutarse. El silencio reinante le causa gracia, cual si creyesen todos que ahí se desataría una batalla.
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Re: Un lobo no tan solitario

Mensaje por Medianoche el Lun Feb 11, 2013 4:46 pm

Cuando la muchacha de cabello oscuro separó los labios, los temores de Medianoche quedaron más que confirmados. Aquello no iba a ser un trabajo para nada fácil. La colaboración entre cazadores siempre era algo relativamente complejo, la gran mayoría de las criaturas son mas sencillas desde una perspectiva solitaria y adquieren complejidad si uno trata un enfoque cooperativo. Hay excepciones, por supuesto y las Estriges son una de esas excepciones. El hecho de ser dos personas otorgaría una ventaja enorme sobre la criatura pues no era necesario un plan concreto sobre ella, debían superarla con pura fuerza durante la noche. El caso es que si pretendían competir por ver quien daba el golpe de gracia y quien se llevaba el dinero, el asunto sería mucho más complicado y probablemente, el ser aprovecharía aquella debilidad pues eran bichos extremadamente inteligentes.

Medianoche la miró con dureza y la pupila rasgada de sus ojos verdes se dilató ligeramente. -Me han llamado muchas cosas pero niño no es una de ellas, probablemente te doblo la edad. Dijo mientras el posadero le colocaba delante con cierto temor un buen plato de patatas con algún tipo de salsa de ajo. El cazador comenzó a comer con calma, ignorando por completo a la chica mientras disfrutaba de un suculento banquete. El viaje había sido bastante largo y se había alimentado con lo que había podido cazar, una comida como aquella lo estaba devolviendo a la vida. Una vez terminó, el posadero rellenó la jarra de la chica y dejó una delante del joven de cabello dorado.

-Esta bien, vamos a dejar algunas cosas claras. Se que trabajas sola, todos lo hacemos y no creas que me apetece romper mi rutina para trabajar con un intento de heroína de libro barato. Pero si tienes un poco de materia gris en esa linda cabecita, sabrás que si peleamos separados estaremos en desventaja y también sabrás que yo no me voy a ir con las manos vacías, tampoco espero que tu lo hagas. Se recostó ligeramente en la silla y tomó la jarra que el posadero le había dejado encima de la mesa, observándola con curiosidad. El aroma le llegaba al olfato y le llegaría aunque la jarra estuviera en la calle... cerveza. La dejó de nuevo en su sitio apartándola hacia un lado y clavó su mirada de felino en la mujer.

Era menuda y no parecía gran cosa, pero sus ojos mostraban un odio poco común y toda la taberna la miraba de reojo con cierta incomodidad, algo tendría que tener... Lo que Medianoche tenía más que claro es que la chica no era una humana común y corriente, apestaba a algo diferente, algo que el cazador no había olido en mucho tiempo. -Así que te diré lo que vamos a hacer, vas a tragarte tu orgullo de cazadora solitaria como yo voy a hacer, vamos a idear un plan juntos y vamos a cazar a la bicha, ambos cobraremos la recompensa, nos separaremos y nos nos veremos nunca mas. Todos felices y con perdices. Ah, pero antes de todo eso añade darte una ducha, hueles a gato mojado... Medianoche esbozó una sonrisa de medio lado y se estiró, bostezando descaradamente.

El tabernero volvió a la mesa y coloco un trozo de tarta para cada uno, quizás con los dulces esperara enfriar los ánimos que tan caldeados se veían. -¿Y bien gata? Dijo el joven mientras tomaba el trozo de tarta y comenzaba a comérselo con calma. -No te vas a librar de mi así que podemos hacerlo por las malas o por las buenas, tienes la ultima palabra. Silenció su voz y continuó comiendo tranquilo, sin quitar su mirada salvaje de la chica. A pesar de que todo su cuerpo indicaba que estaba relajado, sus ojos seguían manteniendo una peligrosa y dura mirada que imponía cierto respeto, estaba cansado del viaje y no tenía ganas de muchas tonterías, cuanto antes solucionara aquel percance mejor.

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Re: Un lobo no tan solitario

Mensaje por Syfrelle Irethië el Mar Feb 12, 2013 7:49 pm

Palabras, ese bien tan preciado que las personas parecen querer gastar a como de lugar, pronunciándolas sin ton ni son, como el rubio que en esos momentos, se las da de hombre de pelo en pecho. Syfrelle suspira largamente con verdadero hastío, atesorando el momento de silencio que se hizo presente apenas el crío tuvo su comida enfrente; por segunda vez, el posadero llenó la copa de la joven de cenizos cabellos, la cual todo ese tiempo había mirado el techo, aburrida como nunca, esperando la siguiente perorata del sujeto de cabellos en punta, y el cual, si apreciaba su vida, se mantendría callado.

Una leve risita irónica se deja escuchar, en las mesas aledañas, el silencio sepulcral se ha hecho presente; nadie habla, nadie come, nadie bebe esperando el desenlace de aquel encuentro, con la tensión visible y palpable en el ambiente, que se puede cortar con un cuchillo de filo simple. La sonrisa taimada no se borra de sus labios, astuta cual felino que es, rondando la ironía cercada de las cosas. Las palabras del hombre le tienen sin cuidado, quiera o no, a ella le da igual, después de todo, le han pagado ya y si a él no, bueno... Ese es su problema, la cacería es cuestión de orgullo y diversión para la mujer, nada más. Un simple "O.k" está por formarse en los pálidos labios de Syfrelle, mas sin embargo, el hombre tiene que llegar a joder la situación con su comentario despectivo acerca de su aroma, denotando de inmediato, que no es cualquier ser, ni siquiera un Colluvio cualquiera. Tus pupilas se dilatan, pasando por un efímero segundo del rojizo al azul, el primer indicio del dominio de lo salvaje en tu persona, mas no lo permites, tu tienes el control de aquella parte Natura, mas sin embargo, la ofensa no va a quedar así.

-Cuida tu vocabulario, engendro-

La rapidez era lo que caracterizaba a la mujer; en lo que dura un parpadeo, la cadena que pendía de la cadera de Syfrelle se suelta flexible y mimosa, enroscada una parte en su diestra, la otra, lanzada en veloz carrera contra el plato que Medianoche sostenía entre sus manos, lanzando astillas y pedazos de tarta mientras el arma volvía suave y mimosa a las manos de su dueña, que, plantada y con media sonrisa taimada, balanceaba la punta, presta a un nuevo ataque que no se hizo de esperar; el arma se dirige directa al cuello del hombre de rubios cabellos, si él se mueve tan rápido como ella, entonces podrá esquivarla, de lo contrario, se enroscará en su cuello con la fuerza suficiente para empezar a cortarle el aire.
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Re: Un lobo no tan solitario

Mensaje por Medianoche el Jue Feb 14, 2013 10:08 am

Mucha gente había preguntado alguna vez a Medianoche sobre su creencia en algún dios. Si se lo hubieran preguntado en ese momento, el habría respondido "creeré cuando me toque trabajar con un cazador que no sea ni borde, ni orgulloso ni prepotente". No tenía gana alguna de tratar con una persona como aquella pero su sentido de la utilidad lo estaba obligando a hacerlo por el bien del trabajo. Sus primeras palabras no tuvieron demasiado efecto en la mujer, pero cuando ella escucho "gato mojado" y "gata" su rostro mostró furia, presente también las únicas palabras que pronunció. -Oh. Dijo divertido el cazador de ojos verdes. -Pero no soy el único engendro en esta taberna. Esbozó una suave sonrisa y trató de dar otro bocado a la tarta, pero esta salió despedida en mil trozos diferentes.

El cazador estaba más que preparado para ese ataque, lo había estado desde que se había sentado en aquella mesa, sabía que un momento u otro llegaría y debía decir que se había demorado más de lo esperado. Medianoche movió el cuerpo hacia un lado, esquivando el ataque de la extraña cadena de la morena. Mientras lo hacía, un aura azul oscuro invadió el cuerpo del demone y todo lo que sucedió después fue a cámara muy rápida. Medianoche sintió como la energía oscura fluía por su cuerpo y mente. Esta ultima se vació por completo y solo un pensamiento fue producido: "Uno". La pierna derecha del joven se alzó, golpeando la mesa con tal fuerza que fue proyectada hacia arriba. Al golpear el lado exterior, esta se levantó formando un muro de madera entre el chico y la chica.

Medianoche se estaba moviendo a una velocidad endiablada, imposible de seguir para un ojo común. "Dos" El segundo golpe llegó inmediatamente después. Un tajo rápido y potente que cortó la mesa por la mitad. "Tres" el tercer golpe apuntó directamente al cuello de la muchacha y habría alcanzado su objetivo si un ruidoso "¡BASTA!" no se hubiera escuchado en la taberna. El cazador detuvo el golpe a escasos centímetros de la piel de la mujer. En ningún momento había tenido intención alguna de cortarla, ese tercer golpe había sido algo más lento y sabía perfectamente que ella habría sido capaz de esquivarlo. -¡Estáis aquí para solucionar problemas, no para provocarlos maldita sea!. La voz provenía de un imponente hombre que los observaba desde la puerta de la taberna.

Tenía el cabello negro peinado hacia atrás, una barba larga del mismo color y vestía un traje de los caros, con una insignia que lo identificaba como el alcalde del pueblo. Era alto y corpulento, tenía complexión de autentico guerrero. -Esa mesa la descontaré de tu paga Medianoche, ahora seguidme y nada de discusiones. El hombre desapareció del umbral de la puerta y comenzó a caminar con zancada fuerte. Aquel tipo era Daren, antiguo y famoso cazador de dragones. Su espada, Tormento, era conocida por todo el mundo y su fama llegaba de una punta a otra del mundo. Había tenido que dejar su oficio como cazador al sufrir heridas en sus herramientas mas importantes, unos desafortunados cortes que le impedían mover varios dedos de ambas manos, dejándolo incapaz de empuñar una espada.

Medianoche había escuchado que se había retirado a algún pueblo en las montañas y que no se había sabido más de el, pero jamás se hubiera imaginado que el que había solicitado el trabajo era el legendario Daren. El sorprendido demone bajó la espada y tardó unos segundos en asimilar aquella información, pasmado por ver a aquel hombre convertido en alcalde de la ciudad. El aura azul desapareció de su cuerpo y metió su arma de nuevo en la funda de la espalda. Le guiñó el ojo a la cazadora y comenzó a caminar hacia la puerta, con intención de seguir a Daren. Pasó entre las mesas ocupadas por asustados feligreses, se despidió del boquiabierto posadero con un movimiento de la mano y salió al frescor nocturno, viendo a lo lejos la enorme espalda del alcalde guerrero. El encuentro con la malhumorada cazadora y el hecho de que Daren fuera el alcalde del pueblo estaban convirtiendo aquel encargo, antaño aburrido, en algo muy interesante.

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Re: Un lobo no tan solitario

Mensaje por Syfrelle Irethië el Mar Feb 26, 2013 1:35 pm

Vaya, vaya. El niño si que traía algunos trucos bajo la manga, como los perros entrenados para la diversión del público. Una suave sonrisa retadora se dibuja en tus labios, fugaz y altanera antes de desaparecer bajo una sutil máscara de concentración. Los movimientos de Medianoche son medidos y rápidos, casi te cuesta seguirlos, mas sin embargo, no serías la cazadora que eres, si no te fiases sólo de tu vista. Aguzas el oído con presteza, captando con más facilidad hasta el simple roce del aire contra su cuerpo, con mayor presteza que sus movimientos que cada vez, parecen destinados en tu contra. La mesa -convertida en una pared que dividía sus personas- se vuelve un obstáculo que miras con curiosidad, sin dejar de mover la cadena con un delicado vaivén parecido al de una serpiente, ladeas el rostro, escuchando atenta más que mirar; el suave silbido del aire te alerta y te permite reaccionar antes siquiera, que tus orbes rubí registraran el ataque. La espada parte la mesa por la mitad, el gélido aire que ésta despide se impacta contra ti en presagio de lo que viene, la cadena se lanza presta, enroscada en la espada para frenar aunque sea un poco, el impacto del arma contra ti, mas sin embargo, es una potente voz masculina la que frena todo enfrentamiento con un simple "Basta". Tu rostro, endurecido por el enfado ante aquella interrupción, no varía en lo más mínimo al reconocer al hombre; si, puede ser que él sea el Aquiles de aquella historia, que su pasado sea esplendoroso y digno de odas y leyendas míticas, mas sin embargo, ahora es solo un simple alcalde, un tullido capacitado más que para dar órdenes.

Ruedas los ojos tras sus palabras y lo miras desaparecer tragado por las sombras nocturnas, tu "compañero" lo sigue cual cachorro a su amo tras dirigirte un último guiño burlesco que le costará muy caro, el posadero te mira casi con súplica, sueltas un resoplido largo y tras una última mirada, tomas el pequeño morral de viaje que siempre llevas contigo, tomas la lanza y sales de ahí sin mirar atrás, escuchando el suspiro aliviado de los comensales, que nuevamente comienzan a murmurar, ahora sobre lo sucedido.

La noche se cierne y el ambiente es propicio para la caza, los ánimos están exaltados y tu cuerpo clama por algo que libere a la bestia que llevas dentro. Un suspiro escapa de tus labio con la delicadeza de un pétalo al caer en el agua, sin mucho esfuerzo, has alcanzado al "honorable" alcalde y a tu impuesto lastre. Chasqueas la lengua al posicionarte junto al hombre que interrumpiese la batalla y lo miras de soslayo, apoyándote en tu fiel lanza, dibujando una sonrisita que anuncia males y tormentas, precediendo sus palabras.

-Y tu, ¿Syfrelle?, me debes una explicación-

Enarcas ambas cejas con cierta sorpresa, ¿qué explicación debes?, o mejor aún, ¿por qué Daren cree que le debes una explicación?. Un segundo pasa antes que entiendas, resoplas y ruedas los ojos con testarudez, antes de llenar el vacío silencioso con tu dulce e irónica voz, tan acariciante y musical como un suave ronroneo.

-Bueno, Daren, si mandaste por mi, debes saber que las medias tintas no las tolero, y tampoco, que un imbécil lacayo se crea capaz de hablarme en ese tono. Ese idiota debe dar gracias que únicamente fue una herida limpia, y el mundo, debería agradecerme que ese bastardo ya no tendrá más descendencia-

Ruedas los ojos y miras al frente, si hay alguna reacción de su parte no te importa en lo más mínimo, después de todo, a ti ya te han pagado la totalidad del trabajo, solo lo llevarás a cabo por diversión y deporte. Miras de reojo a Medianoche con cierto desdén, aunque debes admitir que esto se está tornando un poco más entretenido, después de medir ligeramente, las habilidades de tu "compañero".
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Re: Un lobo no tan solitario

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