En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

Flashback 1. Memorias de nieve carmesí. (Solitaria Kodiak)

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Flashback 1. Memorias de nieve carmesí. (Solitaria Kodiak)

Mensaje por Kodiak el Miér Ene 16, 2013 12:21 am

Debía ser cerca de medianoche en el valle esmeralda, pues las calles se encontraban totalmente desiertas, ningún alma habitaba por esos caminos hechos de adoquines de piedra, mientras una gran luna llena adornaba el cielo estrellado, dando una tenue y tétrica luz plateada a todo el lugar. Los pequeños faroles ubicados en las calles generaban pequeñas sombras juguetonas que bailaban entre ellas, y los edificios observaban estoicos en sus lugares, creando pasillos y esquinas por toda la ciudad. Ningún ser vivo se encontraba ahí a esa hora, excepto por un extraño ser salido de la imaginación de una mente retorcida, un híbrido de muchos animales vagaba por las calles, con una expresión algo melancólica y con la vista perdida en las lineas que se formaban entre los adoquines. La bestia a pesar de su gran tamaño no generaba ningún ruido, a excepción de uno que otro "!clack¡" cuando su larga y pesada cola rozaba el suelo, provocando un pequeño abrupto en el lugar, que rápidamente volvía a reconquistar el silencio nocturno.

Una ligera brisa comienzo a correr desde el norte, era un viento frío y extraño, pues no causaba ese frio común que causa el ambiente, era un fuerte escalofrios que trepaba por la espalda hasta la nuca y se quedaba ahí. Como si una antigua parte del cerebro quisiera advertirte de algo. El viento le daba de lleno en la espalda a Kodiak, pero este no lo notaba debido a su espeso pelaje y gruesas capas de grasa. Tuvo que haber caminado unos 15 minutos más hasta que comienzo a sentir una extraña sensación en su nuca. Esa sensación hizo que levantara la cabeza y vio algo extraño en el paisaje urbano. Las luces se habían apagado, las sombras habían desaparecido, solo la oscuridad reinaba en el lugar. Aun más extraño, las ocasionales hojas secas que flotaban en las corrientes de aire, ya no estaban ahí, se encontraban en el suelo algo escarchadas y quebradizas. Los adoquines comenzaron a volverse resbaladizos debido al hielo que en estos empezaba a crecer de repente. En ese lugar solo había frío y oscuridad, disturbados ocasionalmente por el "!Clack¡" de la cola del híbrido de oso. Kodiak, aunque algo extrañado por los acontecimientos recientes, no le dio demasiada importancia, pues era la primera noche que pasaba en el valle esmeralda y no sabía como se comportaba el clima ahí. Así que bajo la cabeza y comenzó a caminar nuevamente.

Se encontraba perdido en sus pensamientos, cuando doblo por una esquina al azar. Ahí un pequeño Heres le sorprendió saltando enfrente de la descomunal bestia, el Heres tenia un cuchillo en su mano. Kodiak levanto la mirada hasta encontrarse con los ojos del hombre. Lo observo unos momentos y vio que sus rasgos eran muy finos, más parecidos a los de un niño que los de un hombre adulto, pero su mirada era apagada y carecía de vida completamente, era obvio que ya había derramado sangre. También noto que era bastante delgado, casi raquítico, sus piernas tenían una extraña vibración, probablemente producto del frió.

Dame tu dinero, bestia. !El dinero o la vida, tu eliges¡ Exclamo en voz alta el joven, pero con un tono nervioso, seguramente debido a que no esperaba que su víctima fuera Kodiak, una enorme bestia sacada de algún cuento de terror infantil.

El híbrido trato de ignorarlo, pues no estaba de humor para hablar con nadie, menos aguantar semejante situación. Bajo la mirada y trato de rodear al joven Heres, pero el joven se interpuso de nuevo y volvió a exclamar, esta vez con un volumen algo más fuerte pero con el tono mucho más seguro.

Lo digo en serio, monstruo inmundo.

En ese momento el escalofríos que tenía Kodiak en la nuca se volvió un agudo dolor, que obligo al colluvio a soltar un rugido de dolor. Aunque el rugido fue bastante fuerte y algunas luces de las ventanas se encendieron, pero nadie salió a la calle. Kodiak se tomaba la nuca con sus dos patas superiores, mientras daba pasos erráticos sin rumbo, chocando contra las murallas del callejón. Mientras el joven Heres asustado por la escena, trato de lanzar una certera puñalada al corazón de Kodiak. El chico dio un salto empuñando el cuchillo con su filo hacía abajo, decidido a atravesar el corazón de su víctima.

En ese mismo momento Kodiak tenía un dolor de cabeza indescriptible, trataba de agarrarse de su cicatriz en la parte baja de su cráneo, pero de la nada una extraña secuencia de imagenes atormento la mente del híbrido.
Se vio a el mismo, caminando por unas nevadas tierras áridas, ninguna vida alrededor de él. Caminaba sobre sus seis patas, dejando sus huellas marcadas en la nieve. Su pelaje tenía manchas de sangre, al igual que su hocico y patas. Caminaba, pero parecía perdido y enfadado. De Repente unos hombres vestidos de blanco para camuflarse con el entorno, emergieron desde la nieve con armas de filo en sus manos. Eran unos siete hombres, de las más variopintas razas, armados con un igual de diverso armamento. Lo rodearon sin que el gran oso pudiera siquiera de percatarse, los siete hombres formaron un circulo y sin emitir una palabra tres de ellos se abalanzaron sobre él con una furia asesina. Dos de ellos atacaron los flancos del oso, sin éxito, pues sus hojas chocaron contra las escamas, produciendo un sonido de metal contra metal. El otro de los atacantes se lanzo de frente a el con un enorme cuchillo, tratando de apuntar al corazón, pero el oso con una rápido movimiento, lo atravesó con su pata derecha media. Lo atravesó de lado a lado, el hombre se retorció un segundo antes de morir, la nieve se tiño completamente de rojo, al igual que el pelaje de la pata de Kodiak.

Mientras tanto en el mundo real, el joven yacía en el suelo con el estomago abierto de par en par, sus entrañas ensuciaban el suelo de piedra, llenándolo de sangre y fluidos varios. Kodiak seguía moviendose errático, arremetiendo contra las murallas, a la vez que lanzaba uno que otro rugido al aire, producto del dolor. Lo que había sucedido, es que el oso lanzo un zarpazo imitando al oso de su visión, este no alcanzo a atravesar al muchacho debido a que los tiempos de los atacantes no coincidieron entre la visión y el mundo real, lo que evito que el chico quedara ensartado en la gruesa pata del oso, pero de todas formas las duras garras de la bestia desgarraron el estomago del chico.

Kodiak comienzo a emitir rugidos cada vez más agudos y prolongados, a la vez que golpeaba con sus garras las murallas de su alrededor, destruyendo una parte de la fachada de un par de edificios. El oso gigante se poso sobre sus seis poderosas patas y comenzó a huir de nada hacía ningún lugar, mientras la escarcha de suelo lo seguía unos metros más atrás, y el viento soplando a su espalda, y una brisa sonando entre los callejones, que muchos de los habitantes confundieron con una risa desquiciada sonando al lado de sus oídos, invadiendo su casas, sus camas y sus mentes.
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