En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

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Mensaje por Ike Margrace el Mar Ene 31, 2012 2:19 am

El camino plagado de naturaleza que hacia la mas popular entrada al Valle Esmeralda se encontraba prácticamente desolado, si no fuera por la presencia de algunos viajeros o comerciantes que venían de otras tierras con intenciones de o bien comerciar o instalarse en el asentamiento. Como única persona ajena a aquel flujo se encontraba un joven que detenía a las personas para preguntar sus intenciones, no muy seguro pero intentando en cierto modo hacerse ver como alguien respetable, cumpliendo las funciones del turno de la guarda que le correspondía en aquellos momentos, mostrándose ligeramente cansado a la vista de alguien ajeno a el, a pesar de no percatarse de ese detalle.

Se trataba del joven Margrace, que con cierta desgana al no estar al tanto de que era su turno de recorrer los caminos avanzaba para prevenir de cualquier peligro o anomalía que pudiera apreciarse cumpliendo así su trabajo de proteger el asentamiento de cualquier problema que pudiera llegar a el a través de ese camino, uno de los mas recorridos tanto por los habitantes como por gente ajena que busca llegar allá. - Arg... - suspiro estirándose un poco con cierta pereza, aunque dentro de su ser estaba emocionado de poder por fin realizar esa clase de trabajos, por fin pudiendo cumplir aquello que desde hace tiempo deseaba, como lo era el poder ser parte útil de la guarda del valle.

En eso su atención fue captada por los arboles que lo rodeaban, que dejaban ver un paisaje bastante hermoso y atractivo a la vista, quedándose embelesado por tan solo unos instantes antes de sacudir su cabeza en un intento de volver a tomar la compostura que su trabajo requería. Sin embargo su mente aun navegaba por aquellos paisajes que cautivaron aunque fuera por un momento su elusivo mirar. Si lo pensaba bien, de no ser por su trabajo no podría llegar de esa manera a los caminos que lo guiaban a esas llamativas visiones, por lo que en cierto modo se encontraba en un dilema entre trabajar y descansar un rato contemplando el sitio donde se hallaba. Finalmente tomo la decisión de avanzar todavía por entre el camino rodeado de áreas boscosas, si terminaba pronto podría al final regresar allí, o si se encontraba algo en el camino al menos habría adelantado parte del tramo, y si durante esa distracción se mantenía en el camino seria lo mismo que continuar su trabajo. No era una lógica demasiado concreta, pero era la única que conseguía aplicar el joven Ike.

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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Chari el Mar Ene 31, 2012 1:31 pm

Una linda mañana, soleada pero sin llegar a hacer mucho calor. Tranquila, y quizás demasiado para el carácter juguetón de la pequeña hadita que le había sentado en una rama de un gran roble que se erguía cerca del camino. Pero no podía quejarse, porque seria peor que sucediera algo que la tuviera que obligar a intervenir. Como centinela del bosque, no solo actuaba como guardiana, sino que también debía de exponer cualquier tema de preocupación a las cabecillas de los grupos de distintas razas que coexistían en el lugar y alrededores.

Suspiro, mientras jugaba con un mechón de su cabello. ¿Tanta preocupación se había dado hace un año para obtener ese puesto? Aunque debía admitir que de vez en cuando todo se ponía interesante cuando llegaba algún leñador o cazador, y como de buena y maliciosa manera lograba echarlos antes de que hicieran las suyas. Sonrío levemente para si. Ahora que lo pensaba, no se había dado la oportunidad de conocer mejor a las demás especies fuera de la suya, de los natura.

¡Estaba decidido! La próxima persona que viera seria su primer contacto humano. Aunque claro, debía parecer bueno. Nada de entablar relaciones con asesinos de animales y árboles, no, definitivamente no. Sonrío para si, mientras algunos pajarillos que canturreaban a su alrededor le picoteaban la cabeza para recordarle su primera responsabilidad. Pero no había caso, ni aunque un águila la hubiera picoteado se iría esa idea de su cabeza.

Se acomodo mejor en el roble, recostándose en el, mientras movía sus piecitos y sus alitas con emoción desbordarte. ¿Quién, quien podría venir? Sentía que alguien se acercaba, el viento se lo comentaba. Sonrío aun más, exaltada y emocionada por la visita del bosque. ¡Vaya que era oportuno! Sus alas empezaban a temblar de la ansiedad por saber quien se encontraría.

Pronto vio alguien que se acercaba. Un joven, ¿Joven se le decía? No parecía como los otros, pero tenía un arma, una lanza. Bueno, nada que le asustara. Pero ahora que se acercaba más, lo veía con más nitidez. ¡Era un humano muy bonito! El más lindo que nunca vio, se podría atrever a decir. Parecía cansado, eso si. Bueno, podría ayudarle, podría curarlo y cuidarlo hasta que se sintiera mejor.

No dudo más. Un simple aletear y se encontró a un costado del joven que le ganaba por mucho en altura. Hasta ella se sorprendía de eso, pero pronto volvió a tener su sonrisa.

-¡Hola!-Dijo, con un entusiasmo infantil incomparable.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Ike Margrace el Jue Feb 02, 2012 4:39 am

Los segundos iban convirtiéndose en minutos en aquel por ahora desolado panorama para el joven guardia Margrace, y aunque se tratara de una exageración el hubiera jurado que se iban volviendo horas las que el debía pasar caminando por esos senderos que si bien no eran peligrosos no terminaban de inquietarlo, quizás siendo ese un estimulo tanto positivo como negativo a la hora de realizar normalmente su labor de proteger aquella ruta. Su mirada recorría sus costados mientras daba cada tanto tiempo un paso al frente, relajado, casi como si se tratara de un simple paseo y no de su trabajo en verdad, aunque claro, el solo estar allí podría contar como parte de su labor.

Una de sus manos se metía en uno de los bolsillos que traían sus prendas mientras la otra se mantenía a tan solo unos centímetros de su lanza, cosa de poder empuñarla para poder defenderse en tan solo el tiempo que le tomara reaccionar, algo que si bien no era lo ideal seria suficiente para ser capaz de protegerse de lo que fuera que apareciera frente a el. Una visión que de hecho solo serviría en el caso de un encuentro ofensivo, por lo que podría dejar una impresión equivocada en caso de que alguien lo observara así mientras simplemente se dirigía al Valle.

Sin embargo los panoramas que tenia en su mente el lancero Ike no eran para nada acordes con lo que sucedía a su alrededor, teniendo que voltearse a un lateral al oír cerca de si una voz femenina bastante animada que se dirigía a el, o eso consideraba por la cercanía con la que podía escucharla. - ¡A-ah! - fue el primer sonido que escapo de sus labios, una exclamación de sorpresa que pronto reprimió llevándose una mano a la boca, luego quitandola para hacer una sutil aunque bastante apresurada reverencia a la joven que se hallaba frente a el. - H-hola, señorita. - dijo de manera rápida y algo nerviosa, aunque intentando siempre denotar los modales que debía enseñar a la gente un guardia.

Ese era uno de los momentos donde su poca capacidad para el trato social se dejaba ver en su máximo esplendor, mas aun tratándose de su interlocutora una integrante del genero opuesto a el, y una bastante atractiva a su vista, con quienes rara vez tenia la ocasión de poder practicar sus tratos, causando por ende que fuera bastante temeroso a la hora de hablar con una, casi nunca teniendo el coraje de entablar el una conversación con alguna. Pero de cualquier manera el encuentro ya había sucedido, lo único que quedaba esperar era lo que podría suceder a continuación, mientras que el nervioso guardia de la ciudad esperaba respuesta de quien ahora le acompañaba en ese camino.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Chari el Vie Feb 03, 2012 2:03 am

Bueno, pareciera que el acercamiento de Brisa había sido demasiado entusiasta y energética para lo que el joven podría estar preparado o acostumbrado, en el peor de los casos. Ella se había sorprendido inclusive de como el jovial guerrero se… ¿Asusto?. Vaya, si que lo miraba con más curiosidad que nunca ahora.

¿Acaso jamás había tenido la oportunidad de ver un hada tan de cerca? Los ojos de Brisa se abrieron un poco mas, registrando con más detalle como era aquel muchacho que tenia en frente. Sonrío un poco, después de tanto susto. Se acerco un paso más hacia el sujeto que tenia en frente. Movió entonces sus alas con algo de emoción.

-Kyaaa….- Chillo al notar la diferencia de altura tan de cerca. ¡Vaya que era alto! Si seguía creciendo, podría ser tan alto como un roble. Pero eso solo podía ser posible en la fabulación de su mente, porque era consciente de que los humanos no podían ser tan grandes como los gigantes. Por eso se diferenciaba a los humanos y a los gigantes como razas distintas.

-No te haré daño, joven con lanza. ¿Eres un guerrero o un guardia o algo así…?- Pregunto, con curiosidad. Tanta que había acercado más su rostro hacia donde estaba el joven para establecer un contacto visual fuerte. No es que buscara intimidarlo o algo así, pero le gustaba ver a los ojos a sus interlocutores. Fueran estos humanos, animales o plantas. Y de ser el último caso, les imaginaba ojos, como a toda cosa que no tuviera ojos. Como a todo aquello que ella hablaba porque simplemente consideraba que podía escucharla.

-Oh, perdón.- Dijo, golpeándose muy suavemente la cabeza, cerrando sus ojos y sacando un poco su lengua, en una mueca muy divertida entre los suyos.

-Mi nombre es Brisa. ¿Cómo te llamas…. Ahm… Humano?- Inquirió con sus ojos llenos de expectativa hacia la respuesta.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Ike Margrace el Dom Feb 05, 2012 3:19 am

Un mudo suspiro de alivio fue lo que escapo de sus labios al comprobar la fuente de la voz que le hablaba, y ver que sus intenciones no eran hostiles, aunque no pudo evitar sentirse un poco incompetente al haber sido sorprendido de esa manera, sentimientos que en verdad prefería no demostrar, y menos a alguien que apenas empezaba a conocer, por lo que intento permanecer calmado mientras estuviera en su compañía.

Por eso no puso objeción ante el acercamiento de la joven, que por lo que podía ver se trataba de un hada, o al menos eso comprendió al analizar algunos de sus rasgos, como lo eran las alas que portaba en su espalda. No es que fuera extraño para el observar a una integrante de aquella especie, mas la sorpresa se hizo mayúscula en el debido al repentino acercamiento de esta, algo que nunca había sucedido mientras hacia su labor como guardia recorriendo el largo camino.

Pudo oír entonces la voz de la hada una vez mas, armoniosa, aunque todavía le daba cierto nerviosismo la cercanía con que era capaz de sentir aquel sonido llegar a sus oídos. Sus sospechas se confirmaron por ella cuando confeso que no le haría daño, algo que si bien no podía asegurar ninguno de los dos ya parecía ser lo que por lo menos Ike creía. Asintió suavemente con la cabeza ante la pregunta de la joven, musitando después algunas palabras para no ser poco educado ante ella. - E-en efecto, soy uno de los guardias del Valle. - dijo de manera rápida y breve, no es que gustara mucho de presumir su puesto ni nada, pero si alguien preguntaba el no era nadie para negarle el conocer aquel detalle.

Se percato entonces del acercamiento que hizo ella a su persona, no separándose aunque si notándose un poco mas tímido al verla, aunque en ningún momento privándola de su mirada, otro de los gestos que mantenía para nunca parecer maleducado ante nadie que tuviera el tiempo de acercarse a conversar con el. Escucho entonces la disculpa de ella, ante lo que mostró una sincera aunque leve sonrisa mientras la observaba. - N-no hace falta que te disculpes, no pasa nada. - dijo de manera amable mientras hacia una leve reverencia tras oír su presentación.

- Ike, I-ike Margrace, encantado. - pronuncio todavía con una sonrisa en sus labios mientras observaba a su interlocutora, ligeramente mas confiado en su compañía, aunque todavía no pudiendo ocultar su falta de experiencia en cuanto a tratar con otras personas. - Am... ¿q-que hace usted por aquí? S-si se puede preguntar, claro. - pregunto curioso por la chica, intentando no ser irrespetuoso ni mucho menos. Y es que normalmente las pertenecientes a la especie de Brisa normalmente no merodeaban cerca del camino, por lo que ese detalle capturo su atención.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Chari el Lun Feb 06, 2012 2:34 am

Su rostro no dejaba de vislumbrar en ningún momento aquella mirada curiosa y esa sonrisa tan simpática que tenia. Su atención estaba totalmente puesta sobre el joven humano que tenia al frente, y, que para ser sinceros, le había resultado muy gracioso. Esa pequeño tartamudeo al contestarle, tímido podría decirse, aunque sonaba asustado, le enternecía mucho. Casi tanto como el jugar con cachorros de zorros y conejitos.

-Ohh… Ike Margrace…. De elegante que suena. Suena… Suena… ¡Al nombre de un príncipe!-
Exclamo, con una mirada llena de ilusión mientras sus manitos se sacudían en el aire para lograr sacar tanta emoción de encima. Inclusive matizo mas su alteración al dar unos pequeños saltitos en el suelo, pensando la situación. Pero…

Pero el joven había dicho ser un lancero. Simplemente eso. Aunque podría ser un príncipe que aparentaba ser un lancero. ¡Aham! Eso debía tratarse sin dudas. Si, Brisa se había encaprichado con esa idea, pero aunque sabía realmente que era un lancero, ella lo vería como un príncipe. Después de todo, los príncipes según las otras hadas, son seres siempre hermosos. Y el joven humano que tenía adelante tenia rasgos muy delicados y bonitos. A los ojos de la pequeña e inocente hadita, Ike era muy bonito. Tan bonito que seria suyo.

-¡Ahh…!- Exclamo, cuando noto que el joven le hizo una pregunta. Volvió a acercarse a el dando un paso, parándose muy respetuosamente frente a el. Lo miro de nuevo, observándolo directamente a sus ojos, admirándose internamente por el hermoso color azul de sus orbes. Parecían dos lagos cristalinos, del agua más pura que podría encontrar en su vida. Chillo casi suspirando, para luego contestar finalmente su pregunta.

-Soy centinela del bosque. Yo lo cuido, y eso incluye ver quien merodea cerca de el…- Pauso entonces unos segundos, de manera misteriosa.

- Mhhh…- Murmuro después, dejando su sonrisa de lado un poco. Puso una mirada algo seria, pero no por eso menos infantil e inocente como lo era la joven natura.

-¿Podría preguntarte que haces tu por aquí, príncipe Ike?- Dijo, con total naturalidad. Como si el fuera un príncipe, y ella alguien que conociera hace mucho.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Ike Margrace el Dom Feb 19, 2012 2:59 pm

El joven guardia no seria capaz de negar que en cierto modo estaba cautivado por la presencia y manera de actuar de aquella hada, sorprendido y curioso y mas aun por la actitud que esta mostraba, que no dejaba de llamar su atención, aunque aquellos detalles fueran obviados por el nervioso comportamiento que dejaba ver al no estar habituado a contactos de ese tipo con personas ajenas a si mismo, algo que le costaba varias veces el poder charlar con otra persona.

Fue tomado entonces por sorpresa por el súbito comentario de su interlocutora, que mencionaba que su nombre sonaba como el de un príncipe, detalle que causo que su rostro tomara un suave color carmín por unos instantes antes de volver a decolorarse, respondiendo entonces. - ¿E-eh? ¿U-un príncipe? N-no creo que sea tan así... - dijo negando con suavidad con la cabeza todavía sorprendido y nervioso por esa exclamación, que sin duda era algo que no había esperado.

Un suave y mudo suspiro pudo escapar entonces de sus labios. Se hallaba en medio de una situación extraña, que no terminaba de comprender, pero que sin embargo conseguía mantenerlo atento a lo que sucedía a su alrededor, confundido y nervioso pero de igual manera intrigado por la Natura, no olvidándose tampoco de hallarse atento a cualquier posibilidad de que en el camino apareciera algún peligro que tuviera que prevenir para el asentamiento.

Pudo entonces apreciar como ella se acercaba a el una vez mas, haciendo nuevamente un fuerte contacto visual al cual no podía acostumbrarse del todo aun el joven Ike, aunque en ningún momento desvió la mirada, intentando mostrarse lo mas respetuoso y educado que le fuera posible aun a pesar de la incapacidad que tenia de tomar control de la situación. No es que le perturbara aquel intercambio de miradas, manteniéndose silencioso mientras veía los ojos dorados de la chica, pero aun no podía mantenerse del todo sereno en su presencia.

Fue entonces respondida su pregunta, dando a conocer el hada a que se dedicaba en un lugar como tal. Se trataba de ni mas ni menos que una centinela del bosque, una especie de guardiana de el según lo que había podido oír en veces anteriores de gente que hablaba de lo que habían logrado conocer al acercarse a diferentes lugares. - O-oh, entiendo, m-me disculpo si mi presencia aquí te molesto en algún momento. - dijo de forma un poco nerviosa mientras hacia una leve y sutil reverencia.

La mirada de ella le hizo ponerse un tanto mas nervioso mientras escuchaba la pregunta que ahora ella formulaba, respondiendo rápidamente a ella. - Y-yo soy uno de los guardias del Valle, es mi trabajo vigilar el camino a veces para prevenir cualquier problema. - aclaro luego percatándose de la manera en que había sido llamado, "príncipe", simplemente sonrojándose con suavidad mientras decidía obviar ese detalle para no dar a notar que se hallaba avergonzado por ello.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Chari el Dom Feb 19, 2012 4:18 pm

-¡Oh!- Exclamo con algo de sorpresa, embelezando al aire que recorría al lugar con esa voz de ensueño que tenia. Sin duda alguna la respuesta la había dejado un poco mas calma. Y esto era obvio al momento en que su mirada dejo de perforar la ajena de quien a sus ojos era un Príncipe. Un Príncipe único en su tipo parecía, pues trabajaba a la vez de guardia del Valle. ¿Cuándo podría darse tal lujo de conocer a un príncipe que fuera tan dedicado a su Reino? ¡Tanto que se ponía a hacer el labor de quien solo podría ser digno de gente fuera de la nobleza! Ahora que lo pensaba mas, la nobleza no era muy amiga de la milicia, no en sus rangos más bajos al menos…

Aunque eso no era importante en ese momento. Brisa ya permanecía muy calma, sin mirar al humano de momento. Sabía que estaba nervioso, porque a sus grandes ojos no había escapado el tono rojizo fugaz que por momento sus mejillas alcanzaban. La pequeña sílfide sonrío, mirando por detrás de el. Un leve aleteo de sus alas en una actitud algo juguetona levanto el dulce aroma que Brisa siempre desprendía al volar.

-¿Cuidando el camino dices..?- Pregunto de nuevo, con un dejo inconfundible de picardía en sus palabras. Volvió su mirada a su acompañante, con una sonrisa que pintaba sus rosados labios, aunque esta vez un poco más amena para los nervios del humano.

-Pues… Esta porción del camino ya es bosque. Yo debería cuidar de que no suceda nada raro por aquí…-
Comento, mientras con sus delicadas manos llevaba rápidamente a su boca para taponear una pequeña risilla que quería escapar con más ímpetu.

Pero al fin, eso ya no importaba mucho. Tenía un Príncipe frente suyo que, al igual que ella, era un guardián, una especie de centinela, aunque de dos cosas muy distintas. Por su parte, cuidaba los caminos del Valle Smaragdus y ella, el bosque Tasmus. Uno conocido por sus asentamientos de Heres y el otro conocido por justamente, tener de todo pero no Heres. Aunque… ¿Estaría preparado para enfrentarse a algo que no frecuentaba sus tierras? Brisa estaba más que segura que hacia ya mucho, mucho, muchísimo tiempo que no llegaban a sus oídos noticias de que algún monstruo hubiera atacado, más allá de un oso, claro.

-Mmh… Bueno, Príncipe Ike. Quizás sea guardia del Valle, pero esto ya lo considero parte del bosque. Aunque, mi puesto es un poco mas al fondo, bifurcándose justo por donde da la entrada a su… ¿Pueblo?… ¿Así… Así le dicen no…?-
Pregunto, ahora un poco mas confundida. Y no era algo que no pudiera esperarse de ella. Es que jamás había ido a donde los humanos vivían, por algo de temor a que no les caiga bien su visita. Era seguro que más de un leñador o un cazador había hablado mal de ella, tras las acciones que en su ruin naturaleza habían querido realizar.

¡Aunque definitivamente no desperdiciaría la oportunidad que ahora tenia! Salto de nuevo, mas entusiasmada hacia donde el joven Ike estaba. Tomándolo de su diestra, con sus dos manos, suavemente las levanto en señal de respeto, aunque un poco arrebatado para su natural comportamiento infantil. Quería conocer más al Heres que en frente suyo tenia, y tan bueno parecía ser.

-¿Podría escoltarlo por el camino, Príncipe Ike? ¡Prometo protegerlo si es que algún bicho raro salta por el camino! -
Le pidió, con gran ilusión en su mirar. Sus ojos brillaban expectantes de la respuesta, mientras que sus manos se negaban a soltar la ajena, aunque jamás usando fuerza. La delicadeza con que la tomaba era similar a la de una caricia.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Ike Margrace el Mar Feb 21, 2012 6:09 pm

No pudo evitar sorprenderse también ante la exclamación de la Natura, que parecía cada vez mas interesada en la conversación que ambos mantenían, algo que también sucedía con el joven Margrace, cuya atención se concentraba ahora principalmente en la fémina que frente a el se hallaba, bastante curiosa a su parecer, sobre todo por el hecho de llamarle Príncipe aun a pesar de la primera negación que el hizo, algo que lo dejaba entre enternecido y avergonzado a causa de ella, una extraña mezcla de sentimientos que rara vez se lograba en el.

Al olfato del Heres llego entonces un leve aroma que podía sentir emanar de Brisa, un olor agradable que le hizo relajarse un poco aunque todavía con un leve color carmesí invadiendo su rostro, algo que parecía no iba a desvanecerse pronto a causa de la situación en la que se hallaba por tales momentos, cuestión que no resultaba del todo desagradable para el, pero que sin embargo por su falta de experiencia se tornaba en algo en lo que no podía actuar con precisión ni confianza, no al menos en aquellos instantes que parecían alargarse tanto.

En ese momento salio de su "trance" mediante la armoniosa voz del hada, asintiendo con levedad ante la pregunta que esta formulaba para el, respondiendo aun con un leve toque de nerviosismo en sus palabras, algo que no podía por el momento controlar al hablar - E-en efecto. - fueron las palabras algo cortas con las que decidió contestar, esperando así no dejar ver tanto la manera nerviosa en la que emitía aquellas silabas.

- O-oh, en ese caso lo lamento, s-sin embargo al regresar ya estaría de nuevo en la parte del camino que me corresponde a mi, a-asi que no es algo tan malo supongo. - aclaro tras el comentario de la silfide, haciendo una leve reverencia en señal de disculpa, usando simplemente la cabeza para ello mientras la veía.

Su atención nuevamente se centro en las palabras que fluían de los labios de la hada una vez mas tras algunos breves instantes de silencio por parte de ambos, asintiendo con suavidad y cordialidad a la ultima pregunta realizada por esta, un tanto extrañado al comienzo, pero comprendiendo luego el porque de su falta de conocimiento, algo sumamente justificable si se veía así. - S-si, es el pueblo, y entiendo. - aclaro dando entonces a conocer que había captado la explicación del hada sobre el área en la cual ella se encargaba de trabajar y defender a los suyos. Tenían en ese sentido varias similaridades entre ambos, siendo los dos una suerte de defensores de sus respectivos hogares.

Una vez mas entonces fue tomado por sorpresa por el animado e inquieto comportamiento del hada, que esta vez sujetaba su mano entre las de ella, causando un suave rubor en el joven a medida que desviaba unos segundos la mirada a causa de los nervios y la vergüenza que le daba esa situación. - N-no tengo problema, t-tambien la protegería en caso de que algo apareciera, así que seria un apoyo mutuo. - aclaro mientras la observaba y asentía, no soltando su mano de aquel agarre, que si bien lo hacia avergonzarse no le desagrada, resultandole de algún modo cálida al tacto mientras sonreia con suavidad al ver los ánimos que reflejaban los ojos de Brisa.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Chari el Miér Feb 22, 2012 3:44 pm

-¡Kyaa! Es usted tan atento Príncipe Ike… - Menciono tras dejar escapar un sonoro suspiro que podía confundirse con un chillido. Aunque no había tanto problema, porque fuera uno o fuera el otro, el sonido de aire deslizándose por sus labios y dejando oír esa bonita voz que tenia, era suficiente para cualquier criatura. Suficiente para inundar los pensamientos ajenos de ternura y amor. Brisa no por nada era la criatura del bosque Tasmus, con más fama al menos entre los suyos. Jamás dejaba de sonreír, y caminante de buenas intenciones con el que se topara, era un caminante que continuaría luego su sendero contento por la alegría que compartía la sílfide.

-¡Pero siendo usted un Príncipe, y yo una centinela, queda más en mi responsabilidad, cuidarlo a usted! – Exclamo con grandes ánimos, mientras un paso más en su tan rápido camino a la confianza daba. Fue así, como sin dudar se acerco mas a el joven que de su mano tenia, soltándolo y abrazándolo con calidez.

Lo miro entonces, sonriéndole con mucho amor. Sabía que el Príncipe Ike estaba nervioso de su presencia, de su actitud quizás un poco arrebatada al hacer tanto contacto sin conocerse. Pero ella deseaba demostrarle que no era mala, que tampoco debía haber algo por lo cual temer. Más aun, que siendo ella centinela, nada malo podría pasar estando a su lado. Casi todas las presencias del bosque sabían que no por nada había llegado a su puesto, y que atacarla a ella era demasiado difícil. No solo por el hecho de que cualquier alma de algún pájaro alrededor o los mismos árboles le avisaban si alguien venia con malas intenciones. Y si estaba ya avisada, ni pensar que alguien podría ser capaz de alcanzarla ni con un ataque, porque era como querer atrapar al viento.

-¡Vamos Príncipe Ike!. Nos espera un camino largo por delante, y seguro su pueblo se preocupara si no lo ve regresar antes del anochecer. –
Dijo ahora, rompiendo precipitadamente el abrazo, para volver a tomarlo de la mano, y volando hacia donde debían ir. Aunque claro, Ike no volaba, así que topo con el rudo freno que la humanidad del joven ofrecía. Volviendo su mirada un poco extrañada, cayo en cuenta a los segundos de que no podría volar, soltando una pequeña risa. Una risa que estaba dirigida hacia ella misma y su poca costumbre de pensar demasiado las cosas.

-¡Oh bueno! ¿Supongo que caminar un poco de vez en cuando no va a matarme verdad? ¡Tee~hee…! –
Comento despreocupada y feliz, soltando una pequeña risilla de ensueño mientras bajaba al suelo, sin despegarse de la mano de su autoproclamado Príncipe con lanza. Le sonrío afable, instándolo a que comenzara a caminar, y porque no. A despreocuparse, aunque sinceramente la agradaba lo tierno que se lo veía con ese persistente rubor en sus mejillas.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Ike Margrace el Sáb Feb 25, 2012 4:10 pm

Y una vez mas las palabras usadas para definirle por aquella peculiar hada hacían aparecer un suave rubor en su rostro, mientras que se llevaba una mano a la nuca algo avergonzado respondiendo mientras su mirada se mantenía a un lado. - N-no es que sea atento, s-simplemente no quiero que nada le pase mientras avanzamos, l-la que seria atenta seria usted siendo la primera que lo ofreció. - aclaro todavía con voz un tanto temblorosa, aunque no por inseguridad ni miedo, ni en realidad ningún sentimiento que se pareciese a aquellos mencionados. La armoniosa voz de la Natura le dejo embelesado unos segundos, debía de reconocer, pero sacudió su cabeza con sutileza de un lado a otro para volver a retomar la compostura.

- Y-ya te dije que no soy en verdad un príncipe, s-solo un guardia, así que estamos en iguales condiciones, a-aunque no quiera aceptarlo también la cuidare si es que vamos los dos. - aclaro mientras se sentía como su mano era liberada del agarre que hasta entonces Brisa hacia ejercido en el, aunque algo inesperado para el fue la acción que siguió por parte del hada, aquel gentil y cálido abrazo que ella le dio rápidamente tras dejar de sostener su mano.

La sonrisa que ella esbozo lo hizo aun mas quedarse como una estatua en su lugar, sin saber que hacer ni como reaccionar ante aquellas demostraciones de afecto de las cuales era objeto. No era que le desagradara, ni mucho menos, ya que en realidad en el fondo apreciaba un contacto como aquel con otra persona ajena a el, sin embargo la rapidez con que el gesto fue realizado lo hizo sonrojarse y quedarse sorprendido sin saber que hacer, limitándose simplemente a corresponder de forma sumamente tímida al abrazo mientras cerraba los ojos de manera algo lenta esperando al momento en que ella decidiera separarse de aquel contacto.

Abrió entonces sus orbes oculares tras escuchar la dulce voz ajena, sonriendo con levedad mientras le permitía separarse sin ninguna objeción, manteniendo un rubor ahora algo menos notorio en su piel mientras su mano también sostenía la ajena. - A-ah, dudo que se preocupen demasiado, pero si sera mejor que regrese pronto... - pronuncio de manera un poco mas serena que las palabras que hace unos momentos salieron de sus labios. Antes de que pudiera decir una palabra entonces vio como ella intentaba emprender vuelo sin soltarlo, percatándose unos segundos después de como su mirada mostraba cierta confusión respecto a aquello.

Sin embargo antes de que pudiera excusarse sonrió al verla bajar a su lado, enternecido un poco por la risa que se escapo de los labios del hada, caminando a su lado un tanto mas relajado mientras sonreia al igual que ella, aunque de manera mucho mas tímida y sutil que ella, avanzando a su lado sin poder ocultar el suave sonrojar que invadía su piel aun, aunque cada vez menos persistente.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Chari el Lun Feb 27, 2012 3:45 pm

La pequeña sílfide caminaba con gran entusiasmo, recordando como era mover un poco las piernas. Porque, como habría de esperarse de una nativa del aire, poco y nada solía tocar la tierra. Y no porque no le gustara, sino porque su misma naturaleza le hacia valer mas que nada de sus esplendidas y bellas alas para moverse. Tal como habría de esperarse de cualquier criatura alada, aunque, había casos excepcionales. Alados que no podían caminar y su gran fuerte era el caminar o nadar, pero, como bien se había aclarado, no era la situación de Brisa. Aunque lo excepcional de ella era la velocidad que en el aire alcanzaba, convirtiéndose prácticamente en viento.

Movió entonces un poco sus alas, creando una leve brisa tanto como para su Príncipe como para ella. Después de todo el sol empezaba a caer directamente sobre ellos, atravesando ágilmente la vegetación que las copas de los árboles podrían ofrecer. Las sombras eran bastantes esquivas, pero no importaba tanto en ese momento, porque tampoco se sentía demasiado calor. Además, la pequeña estaba segura que en cualquier momento, algún viento fresco se haría presente. Era un presentimiento casi tan seguro como solo podría vaticinar un ser del aire como lo era la pequeña.

-Oh por cierto…- Menciono, un poco sorprendida, como si se hubiera olvidado algo. Y es que en su momento lo había, justamente, olvidado.

-Si es un Príncipe encubierto, bastaba con solo decírmelo…. Joven Ike.- Menciono, con cierto misterio en sus palabras, misterio solo audible en ella cuando algo quería ocultar. Y en ese instante, quería ocultar efectivamente que frente a un Príncipe se encontraba.

Siguieron entonces caminando, mientras Brisa sostenía con afán y alegría las manos del joven peliverde que la acompañaba. Y aunque este tuviera por lo que veía, unos gruesos guantes de cuero marrón, se sentía un agarre calido, protector, sin llegar a ser delicado. Lo vio de nuevo entonces, notando como su rostro parecía ser un camaleón hasta cierto punto. De rojo a lo rosa, rosa a lo pálido, de lo pálido nuevamente a lo rojo en un santiamén.

-Por cierto Joven Ike… ¿Nunca le llego las historias sobre lo que cerca de aquí suele suceder…?-
Pregunto, mas calma, intentando iniciar una conversación. Lo cierto era que Brisa no disfrutaba mucho del silencio, cuando acompañaba a alguien. Y más cuando ese alguien, era alguien a quien quería conocer mas. Después de todo… ¿Ese había sido su objetivo al comenzar el día o no?
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Ike Margrace el Jue Mar 01, 2012 9:09 pm

El entusiasmo de su pequeña acompañante hizo que se relajara en cierto modo el joven Ike, aunque no pudiendo evitar estar un tanto nervioso todavía por la situación en que se hallaba, y todavía mas por la espontaneidad con que todo había sucedido frente a el. De un segundo a otro paso de encontrarse solo recorriendo los caminos a estar ahora en la compañía de una animada y alegre sílfide que parecía en cierto modo interesada en el, aunque no fuera capaz el guardia de notar aquel detalle, simplemente caminando a su lado mas por instinto, aunque debía reconocer que le agradaba la compañía que el hada le brindaba. El panorama no parecía tener adversidad planeadas para ellos, por lo que simplemente prosiguió avanzando por el camino sujetando con suavidad la mano que Brisa le brindaba.

La suave brisa que era capaz de percibir lo ayudo a mantenerse tranquilo, sin sobresaltarse a pesar de no saber bien como actuar en una situación así, manteniendo sostenida la mano ajena en la suya de manera delicada con tal de no hacer un exceso de fuerza para que ese acto no perturbara a la centinela que le había ofrecido su compañía en el camino de regreso al asentamiento. Se sobresalto un poco al escuchar el tono de sorpresa que ella uso en sus palabras, aunque controlándose para poder oír lo que fuera a decir a continuación. Un príncipe encubierto... no pudo evitar sonreír un poco enternecido por las ideas que se hacia ella, aunque mostrando en su rostro un algo leve rubor mientras respondía.

- E-esto, no es que sea un príncipe encubierto ni nada, e-es simplemente que no soy un príncipe, solo uno de los guardias, n-no se si haya príncipes en realidad en el Valle. - intento aclarar de manera un poco tímida, intentando no ser irrespetuoso ni demasiado tajante en sus palabras con tal de no generar una reacción negativa en la Natura con su respuesta, manteniendo en ella la vista unos instantes por lo que su sonrojar se mantuvo hasta que prosiguieron con el camino que tenían determinado, haciendo a un lado su mirar tratando de ocultar el color que su rostro tomaba a causa de sus nervios y su vergüenza.

En ningún momento se detuvo, ya que si bien disfrutaba aquel trayecto que realizaba junto con la sílfide ambos tenían tareas a las cuales dedicarse tras terminar de recorrer el camino, por lo que no había mucho tiempo que perder. Una vez mas la dulce voz de Brisa llego a sus oídos, por lo que volteo la vista a ella mientras se disponía a atender a sus palabras, bastante mas relajado que al comienzo de su encuentro, pero aun no del todo seguro. - ¿H-historias? - fue la primera palabra que pronuncio Ike como contestación al hada. - He escuchado sobre la aparición de animales salvajes, a-aunque no se si te referirás a eso... n-no he escuchado demasiadas cosas mas sobre este sitio. - fue esa la respuesta de Ike, que si bien no era demasiado altivo en lo que refería a hacer un tema de conversación, esperaba también poder mantener una charla agradable con la natura, por lo que contestaría siempre que fuera apropiado para poder mantener una platica fluida.

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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Chari el Vie Mar 02, 2012 4:11 pm

Sonriendo de nuevo, y casi ignorando por completo la aclaración que Ike le dio respecto a su naturaleza, volvió a fijar su mirada en el camino por delante. ¡Era obvio que intentaría aclarar que no era un Príncipe! Más aun cuando ya dicho estaba que estaba en forma encubierta en ese lugar, y no importaba cuando se lo negara. Ella sabia que era un Príncipe, pero estaría de mas decírselo. Llevarle la corriente de su fachada, aun cuando la había descubierto era lo mejor. ¡Sin duda alguna lo era!

Lo miro de nuevo, de reojo, esperando que no se percatara de que lo observara casi riéndose. ¡El Príncipe se sonrojaba demasiado! Parecía acalorado, pero tal como lo había previsto, un reconfortante viento surco entre los árboles dando un alivio a ambos. Fue entonces cuando la palabra volvió a ella, luego de ver que al parecer, el joven Ike no era tan consciente de todas las cosas que en el bosque podía llegar a ver. Brisa sinceramente lo miro algo sorprendida, pues se asombraba que se aventurara tan prepotentemente por zonas que no debían visitarse si mínimo, no se conocían bien.

-Bueno Joven Ike… Cerca del Bosque Tasmus hay tantas cosas que uno como bien puede quedar encantado… Puede quedar aterrado, y sin el debido cuidado…-
Comenzó a hablar, pausando misteriosamente, mientras lo veía de un modo fijo y serio. Su mirada seria era lo suficientemente dura como para saber que lo diría, debía ser tomado con mucho cuidado.

-Muerto.-
Pero como había esperarse, ese temple serio no podía durar demasiado en la pequeña. Cerró sus ojos, volviéndolos a abrir con esa inusual alegría que transmitía a través de esos dos soles que tenia en su rostro.

-Aunque usted no debe de preocuparse en lo absoluto. Como centinela del bosque soy encargada de que esas cosas raras no pasen, mas aun, que usted no se haga daño alguno. Por eso dije que pensaba protegerlo si algo sucedía.-
Menciono con gran seguridad, mientras seguían caminando con plena tranquilidad y paz dentro de ella.

-En el Bosque Tasmus puede haber muchos Natura, como yo. Hadas, animales mágicos, uno que otro raro como unicornios y duendes inclusive. ¡Hasta minotauros! ¿Puede creerlo? Pero todos son muy buenos, o al menos conmigo. Los que no son buenos son las bestias exiliadas a lo alto de las montañas. Por eso no se recomienda ir por esos parajes, dicen que las criaturas que allí están solo causan daño. Por ahí uno que otro sabueso de Tasmus logra bajar, pero no es nada que un buen centinela no pueda solucionar. –
Siguió hablando, deteniéndose de golpe, llevando su mano a su boca. ¡Lo había hecho de nuevo! Detestaba hablar tanto y acaparar la conversación. Aunque disfrutaba hablar, a veces se emocionaba demasiado haciéndolo. Miro de nuevo a Ike, esperando que el respondiera a sus comentarios.

Si, había recordado a los sabuesos de Tasmus y algo preocupada había quedado. Ella normalmente podría distraerlos hasta llevarlos de nuevo a las montañas. Pero el Príncipe no podía volar y huir de ser necesario. Pero…

¡Para que preocuparse! No había nada malo por ese camino, o eso quería pensar ella. Ningún sabueso saldría tan de la nada, o quería pensar que ninguno había atravesado tanto al bosque para lograr llegar hasta donde andaba….
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Ike Margrace el Miér Mar 07, 2012 7:55 pm

La sonrisa que la silfide mostraba en casi todo momento no dejaba de interesarlo. ¿Seria una simple mascara con la que se presentaba al resto de la gente, o en verdad disfrutaría de esa manera cada momento en su vida diaria? Una interesante pregunta para el, que cada vez mas no podía evitar querer el saber mas de la joven que era su compañía en ese normalmente solitario camino, que normalmente solo era transitado por gente común y corriente que no generaba ninguna reacción especial en el guardia ademas de su habitual falta de capacidad para comunicarse con ellos.

Toda su atención se hallaba en ella entonces, todavía con un suave color rojo plasmado sobre su normalmente pálida piel como producto de la situación en que había terminado durante su normal camino que había realizado varias veces durante sus turnos de guardia, aunque nunca logro llegar mas allá de donde había pisado antes de retornar, nunca adentrándose demasiado a aquellas tierras desconocidas para el, bastante extrañas y desconocidas para el, aunque desconocía si el lugar hasta el cual llegaba normalmente era uno donde los peligros pudieran asechar.

Entonces llegaron a su oído las palabras de ella, que relataba bastante relajada sobre lo que aparecía en el Bosque cerca del cual se situaban mientras avanzaban por el camino hacia el Valle. Las silabas que escapaban de los labios del hada iban interesandolo tanto por curiosidad como por un leve grado de terror, mas psicológico que nada al imaginar de que clase de cosas hablaría ella. Paso saliva de manera un poco nerviosa al tiempo que escuchaba la ultima pausa que realizaba antes de la palabra que se imaginaba diría tras la primera parte del relato. - Y-ya veo... - añadió todavía un tanto impactado por lo que escuchaba de la joven.

Sintió un poco de alivio al ver como la actitud de Brisa cambiaba de nuevo a la manera de comportarse que había visto antes, que en cierto modo le resultaba relajante, ya que el hecho de que contrastara tanto con como el debía de verse era algo divertido para el, aunque no es que fuera capaz de expresarlo directamente. - ¿M-más aun yo? - pregunto el guardia Margrace sonrojándose una vez mas, ligeramente avergonzado tras oírla. - E-esto, gracias, Brisa. - dijo mostrando un poco el nerviosismo que sentía, sonriendo de manera sutil y tímida.

Una vez mas sus oídos atendían con entereza a escuchar lo que la Natura decía, asintiendo un poco por la explicación que ella le daba sobre las criaturas que estaban mas allá de los sitios que el conocía, captando su curiosidad, dejándola hablar hasta el instante en que se detuvo, momento cuando respondió entonces. - E-entiendo, ¿y-y aparte de los exiliados viven los demás juntos en alguna comunidad? - pregunto interesado en la manera en que vivía aquella raza sobre la que tenia solamente conocimientos básicos, intentando obviar el tema de los sabuesos que ella menciono, aunque también atento y un poco temeroso por como lo había comentado. Su curiosidad entonces le permitió mantener una conversación un tanto menos unilateral, pero todavía no estaba acostumbrado a ello, por lo que se limito a una pregunta por ahora.

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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Chari el Vie Mar 09, 2012 2:27 pm

Era la primera vez en toda la conversación que el Príncipe se había animado a preguntarle algo. Había sido un conversador pasivo, más que nada, comentando respecto a lo que ella decía. Y no es pudiera esperar mas de el, se le veía nervioso, o muy acalorado. Era una constante como las mejillas de Ike se teñían cada momento de un color rojo como las flores. Esto sin duda alguna le causaba curiosidad a la pequeña sílfide, que no apartaba su mirada sonriente de el.

-¿Comunidades de naturas…?- Pregunto, mientras llevaba delicadamente su índice a sus labios, y sus ojos observaban hacia el horizonte, como eligiendo palabras que decir. Mas que nada, como explicar lo que acababa de preguntarle. Ella era una sílfide, si, pero no pertenecía a ninguna comunidad en particular. Las extrañas condiciones de su nacimiento la hacían en parte especial. Era una autentica hija de La Gran Bestia, porque la naturaleza misma era su progenitora. Después de todo, por mas Natura que fuera el resto, muy pocos podían jactarse del hecho de haber nacido de una flor, ¿Verdad?

-Vera Joven Ike. Hay comunidades, si… Se dividen a veces por su especie en comarcas… Ninfas con ninfas, hadas con hadas, faunos con faunos, y otros simplemente prefieren vivir solos… - Comento, mientras lo miraba ya un poco más sonriente y menos seria. Recordar a todas esas criaturas que hacían tan especial su vida no podían ponerla más que feliz. ¿Qué andarían haciendo las hadas a esas horas? ¿Estarían aun abriendo las flores que la noche anterior habían cerrado, enseñando a un pájaro volar, o simplemente cotilleando de sus conocidos? ¿Y las ninfas? Tal vez estarían discutiendo algún tema sobre que elemento era mas útil. De estas últimas podía estar más segura, por la mayor parte del tiempo que solía visitarlas, después de todo, sus grandes mentoras eran estas bellas mujeres de la naturaleza.

-De todos modos Joven Ike, todos somos una gran familia que nos cuidaremos de ser el caso. Los más grandes a los más pequeños, los más fuertes a los más débiles. Inclusive quienes andan “solos”. Yo no tengo comarca fija por ejemplo, pero no significa que no caiga de vez en cuando por alguna a saludar. En si, todos formamos una gran comunidad basada en el respeto. – Termino de explicar, con dulces palabras llenas de amor y seguridad. Tan dulces que de ser por alguien con imaginación activa, a cada vocablo que la pequeña pronunciaba, alguna mariposa salía de su boca. Revoloteando hasta terminar posando en una flor.

Brisa entonces volvió a sonreír con gran dulzura a Ike, terminando sus palabras. ¡Vaya que ver al Príncipe le provocaba quererlo! Sin dudar, como siempre se movía, dejo de lado aquel agarre de su mano, para abrazar el brazo del joven, mientras seguían caminando. Y solo el brazo, porque abrazarlo como le habría gustado le impedirían caminar. Dedico una sonrisa feliz, ignorando en ese instante el mensaje que el viento le traería en unos segundos.

Y como se había dicho, el elemento del aire no se haría esperar. Al menos no se haría esperar si se trataba de cuidar a aquella pequeña en la cual su cuerpo residía la magia más pura de céfiro. Un viento que sacudió todas las hojas de los árboles que presente estaban, trayendo con el un mensaje solo entendible a la sílfide quien tenso sus alas, mientras miraba al frente con una seriedad indescriptible.

¡Ten cuidado Brisa, ten mucho cuidado! Era el mensaje que su corazón decodifico.

Y no es que Brisa fuera alguien que prejuzgara rápido cuando en realidad pensaba que todos podrían ser buenos. No. Pero si el mismo viento, su eterno aliado se lo decía, no iba a dudar ni por un instante de la severidad del asunto.

-Algo malo se aproxima….-
Pensó, haciendo que Ike detuviera el paso, jalándolo hacia atrás.


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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Fatus el Vie Mar 23, 2012 12:05 pm

Crueltauro:
Nombre: Crueltauro [Sabueso de Tamsus - Cabeza dorada ]
Tipo: Bestia
Nivel: 1
Elemento: Tierra
Particularidad: Piel dura [La particularidad de poseer una piel tan dura que es difícil de cortar y más de atravesar]
Ataque físico: Garras, dientes y cabezazos
Ataque proyectil: Ninguno
Talento mágico o psicológico: Rastreador de almas [Capacidad de rastrear a las personas por su alma]
Dieta: Carnívoro
Hábitat: Cálido y Templado
Terreno: Bosques - Llanura - Montaña
Organización: Jaurías y muy pocas veces en solitario
Ciclo activo: Diurno.
Valor: 10 Piedras
Amo: Tagirion

Una mirada negra, una dentadura fina pero filosa, mortífera y aterradora como las lanzas de los guardias de las Águilas Esmeraldas. Un rastro de sangre permanente que termina en una corrida infernal hacia los caminos que conectan el Valle Esmeralda con las tierras de nadie. ¡Habían escapado en este día dos gigantescos espécimen de los conocidos Crueltauro, entre los más pobres conocidos como "Sabuesos de Tamsus" y entre los desfiladeros de guerreros "Cabezas doradas". Al comenzar ese día en ese punto en específico el problema aquellos dos viajantes lo estaban interceptando desde la raíz. Era la muerte personificada que se presentaba de una manera muy escandalosa y abrumadora. Pero primeramente este ser se declaraba como uno solo, una monta de guerra de armadura natural, que se dice es imposible de cortar y profanar. Con esos rasgos y armado con sus amenazadoras zarpas que hace sucumbir la carne más resistente y fibroso...Si, el viento tenía razón, pero incluso el mismo parecía callar ante su denigrante aparición.

Un golpe seco y una mirada al frente llena de odio a esas criaturas que aún respiran, atreviéndose a tocar el suelo que le pertenecía por mero derecho a las criaturas esclavas de los Antiguos. Con esa misma ferocidad reflejaba en su inexistente alma aquella criatura aparecía a interrumpir una placentera caminata e inocente palabras que terminaban con una advertencia elemental. Y había que tener realmente cuidado cuando una criatura, que no se asimilaba si era un felino o un canino, escupía de entre sus fauces el cuerpo entero de un fuano, violentado de manera muy innecesaria, a tal punto que al tocar el suelo dicho cadáver deformado, carente casi en totalidad de órganos y viseras, abierto y operado por todos los flancos posibles. Esa aberración, que en esta oportunidad llegaba al metro ochenta de altura, aplastó lo que quedaba del cráneo de ese fauno, algo distancia del resto de su cuerpo al ser su cuello el sostén que perecía entre los marfiles ensangrentados de ese cumulo de odio puro. Con su pata derecha y delantera el Crueltauro les declaró la guerra eterna a todo el pueblo que reside en el bajo valle, donde exiliados en las alturas este tipo de monstruos espera pacientemente la hora de devorar las almas de los inocentes y promover a los corruptos. También lo estaba haciendo con el extenso, infinito, territorio de los Natura, ese mismo que ellos tenían la posibilidad de corromper y distorsionar a su antojo. Su hocico se frunció de una manera espectral, todo su rostro se deformó ante la furia ciega que le trasmitía su señor. "¡Todos aquellos habitantes del mundo deben de ser incinerados! ¡Arrancar los ojos de los virtuosos; degollar a los inocentes !" Su rugido, el de mil bestias al unisono que obligaba a escapar a todos los pájaros y mamíferos curiosos que el mundo poseía, los insectos enloquecieron por su parte, como si a si mismo se estuviesen matando. El aire denso, la adrenalina de ese monstruo que aparecía de repente, con sus negras encías mancadas de sangre. Los cielos temblarían ese día, tiñéndose de un deprimente negro, hoy aquel Sabueso se apoderaría de un par de almas. Un simple guardia y una criatura naciente de la Gran Bestia. ¿No es acaso perfecto para comenzar a a alzar los estandartes sangrientos del irrazonable "Oscuro"?

Esta bestia comenzó a caminar muy lentamente a sus receptores, aunque en realidad fueron un par de pasos que dejaron atrás el cadáver ahora pisoteado de ese inocente Fauno que no resultaba siquiera un adulto sino que era nada más y nada menos que un joven espécimen, como no había heridas en su cuerpo entonces indicaba que no hubo posibilidad de resistirse a ese juicio macabro...Y para peor...Si esta criatura estaba acompañada ¿Que sería del resto de los asesinos? ¿Habrán sido detenidos por la fuerza de la naturaleza o estarán dándose un vicioso festín de sangre y llantos? La mirada abismal de ese Sabueso daba a entender que la ceguera de su ausente alma y pequeño corazón estaban deseando hacerse realidad, dibujando como un pintor ese sangriento festival que va más allá de la supervivencia. Se podría calificar fácilmente como locura, pero lo único que importaba ahora es que había un intruso que era capaz de poner en peligro a gran parte de la población y ambos, por su trato de mutua protección y por el tiempo que se invirtieron ellos debían de eliminarlo o obligarlo a volver nuevamente al exilio, como el resto de sus hermanos y los rumores que dicen que las criaturas más fuertes controlan a estos simples peones.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Ike Margrace el Dom Abr 01, 2012 4:00 pm

Sus oídos se centraban en escuchar cada palabra que pertenecía a la explicación que daba Brisa a la pregunta que hace unos instantes el había realizado. Oyó con atención aquella contestación, sonriendo con una sutileza casi imperceptible al ser respondida su pregunta, y también los gestos y tonos de voz que esta usaba, que lograban que se mostrara menos nervioso aunque no permitían que el tono carmesí que había teñido su rostro se desvaneciera con tanta facilidad de la escena.

- O-oh, suena como una agradable forma de interactuar entre ustedes, sin tantas "reglas" necesarias... - respondió con cierto halo pensativo en torno a el, llevándose la mano al mentón mientras que su brazo opuesto a este era el que terminaba siendo abrazado por el hada, para sorpresa del guardia, aunque no demostró aquel sentimiento para no causar algún malentendido, y si bien no hubiera sido capaz de admitirlo le agradaba aquella cercanía con la sílfide, que si bien recién empezaba a conocer no terminaba de generar en el una gran curiosidad por saber mas de ella.

Sin embargo se detuvo en seco cuando sintió el instante en que esta se detuvo y le jalo hacia atrás, volteándose para verla unos instantes intrigado por la seriedad que en sus facciones del rostro podía verse. - ¿Q-que sucede? - fue la única pregunta que pudo emitir en un momento como aquel que entonces experimentaba. Pero antes de que pudiera siguiera pensar en otra interrogación que formular la respuesta pareció ante ellos por si misma.

Una extraña criatura de características animales se mostraba ante los dos, manchado de sangre principalmente en lo que correspondería a su cabeza de tener una forma fácil de definir para una persona no muy versada en cuando a monstruos se refería, como bien lo era Ike, siendo esta una de las primeras veces que observaba a una criatura así fuera de las paginas e ilustraciones de un libro que alguna vez tuvo entre sus manos. - ¿E-esta es la clase de cosas de las que hablabas antes, Brisa? - pregunto ya sin un claro tono rojo en su piel, pero todavía titubeando con levedad en lo que respectaba a sus palabras, no por miedo como tal, si no que por nerviosismo al no saber como podría actuar la bestia.

Se quedo entonces de pie en aquella posición con la vista fija en el "sabueso", convencido de que lanzarse a la carga cuando aun se desconocía que capacidad podría tener una criatura así era un error demasiado idiota hasta para un iniciado como el era. Poso la diestra en su lanza preparándose para portarla en cuanto fuera necesario, mientras que trataba de mantenerse adelante de Brisa, cubriéndola en cierto modo al no saber tampoco las habilidades que esta pudiera tener, aunque sin embargo el ser la Centinela de aquel bosque la dotaba de mayores capacidades de combate que el. Pero no era que tuviera demasiadas opciones mas en un enfrentamiento así.

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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Chari el Lun Abr 02, 2012 2:37 am

El peligro del que el viento había alertado finalmente hizo su aparición. Era esa bestia, la cual minutos atrás la pequeña comento a su acompañante. ¿Fue una invocación el haberla mencionado? Sin duda un terrible momento para descubrir tal habilidad, oculta en su pequeña y sedosa boca. ¡Que horrible situación tenia al frente! Ella nunca habría pensado que justamente en ese momento algo así aparecería. ¿Seria solo esa bestia, o la desgracia seguiría haciendo aparecer alguna segunda o tercera?

Fue cuando la mirada de la sílfide quedo completamente en shock, al ver como de las fauces de ese sabueso de Tasmus era lanzado una criatura muerta… ¿Era verdad esto que sucedía…? Un pequeño, un pequeño e indefenso fauno que yacía mas que muerto, ultrajado aun cuando su vida no permanecía mas en este mundo. No, no lo podía reconocer más allá de eso. ¿Seria bueno que lo hiciera…? Su corazón empezaba a estremecerse de pensar que era alguno de los pequeños con los que jugaba. Cerró sus ojos, mientras su rostro parecía que comenzaría a llorar amargamente. No, no podía ser. Debía ser fuerte, componerse.

Su boca titubeo un poco, mientras tomaba valor para abrir sus ojos, en donde fácilmente se podía ver desesperación y duda. ¡Debía… Tenia rescatarlo, aun muerto! ¡Por su culpa esa criatura se encontraba así, por su culpa al descuidarse de su deber paseando por allí! Sus alas se tensaron mientras tomaba aire para rescatar el cadáver. Totalmente decidida a rescatar el cuerpo se paro firme, pero se detuvo cuando vio como la bestia ahora, caminaba a donde ellos estaban, pisoteando a quien su victima fuere hace unos momentos. Un crujido de huesos logro hacerse escuchar a pesar de la distancia, perforando la concentración del hada.

En ese instante, un gemido, un pequeño grito de indignación se escapo de su boca, mientras su mano izquierda temblaba al extenderse hacia esa imagen, como si quisiera detener lo que sucedía. ¡Que falta de respeto! ¡Ese fauno merecía guardar su dignidad a pesar de su muerte! Sus orbes dorados se vieron algo empañados por la cantidad de lágrimas que empezaban a acumularse, sin llegar aun a caer por sus ahora pálidas mejillas.

Tembló por un segundo, a la vez que notaba como su Príncipe se ponía delante de ella. Este, a pesar de su inexperiencia, mantenía la compostura. La pequeña natura se negaba sola aun la existencia de tanta saña cuando oyó, débilmente una pregunta por parte de el.

-Sabueso… Es el… - Murmuro, aun un poco perturbada por lo que acababa de ver. Brisa, nunca había apreciado la dureza de una muerte, o de una en esas condiciones. Su corazón palpitaba con tantas ideas y pensamientos por su mente. ¿Por qué sucedía eso tan cruel? ¡Esa bestia se había cobrado la vida de una de las más pequeñas criaturas del bosque! ¿Seria capaz de detenerlo? ¿Realmente seria lo indicado volver a llevarlo a las montañas, como siempre hacia? ¿O merecía la muerte? Se sentía tan ofuscada con esos cuestionamientos, y no podía ser así. ¡Por su honorable Padre, era la centinela de Tasmus! ¡¿Qué pensaría su Padre de verla así, tan confundida, inútil?! No, debía actuar. Ese monstruo que en frente tenía demostraba que no era su hermano. No era un hijo de la Gran Bestia, era una amenaza para el bosque Tasmus, y todos lo que en el vivieran.

-No te preocupes… Yo lo protegeré, Príncipe Ike….- Dijo, mientras que daba un paso al frente, a la vez que su diestra subía por su cabellera, tomando una pequeñísima flor que atrapada entre sus larguísimos cabellos celestinos estaba. En ese instante, una pequeña corriente de aire luminosa de color rosáceo claro, muy pálido, recorrió el brazo de la joven. La flor inmediatamente comenzó a crecer, crecer casi del tamaño de la natura. Una flor gerberea, de pétalos rosados enormes y un centro de polen amarillo como el sol. Mas grande que el pecho mismo que de quien la portaba, mas ancha que Brisa en realidad.

Ahora si, sin perder más tiempo, agito sus alas levantando vuelvo. O convirtiéndose quizás en aire, porque esa era su característica principal. La centinela del bosque Tasmus tenia el espíritu de Céfiro en su sangre, haciéndola veloz, muy veloz en el aire, casi fundiéndose en el, y desapareciendo en la vista de la mayoría de los mortales. Pero, no era su idea huir. Para nada, porque ni bien termino de desaparecer del lado del peliverde, apareció frente al sabueso, aunque no para presentarse dulcemente como siempre lo hacia. Su fin era asestarle un golpe seco con aquella flor gigante que en sus manos estaba, que si bien era muy liviana para la alada, para cualquier otra criatura era más pesada y dura que todas sus peores experiencias juntas y concentradas. Explicándolo mejor, básicamente, cualquiera que no fuera un espíritu del aire, jamás podría ni con la magia de los dioses, levantar esa flor. O romperla. Definitivamente un golpe con ella, podría fácilmente darle al infortunado un viaje sin retorno al otro lado. Y esa era la premisa con la que la pequeña hizo el movimiento, sin dudarlo y dirigiéndolo hacia su cabeza.

Brisa estaba seria y definitivamente su mirada había cambiado. Ya no tenia un brillo juvenil y vivaracho, si no más bien sus soles se veían opacos, raros. ¿Seria ese instinto que la Gran Bestia, como su progenitor, le otorgaban para defender lo suyo? Era sabido que la sílfide era muy celosa de aquello que amaba y cuidaba, y era mejor no conocerla enojada o hacerse odiar. Su odio era peligroso, por no decir mortal. Y esa bestia, se lo había ganado.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Fatus el Lun Abr 02, 2012 9:11 pm

El heres parecía ver por primera vez a una criatura exiliada en su vida, por lo menos en persona. ¿como saberlo? Era muy simple, el no montó una defensiva excepcional ni mucho menos tuvo la coherencia de huir de dicho escenario. Si su conocimiento fuera adecuado entendería que los sabuesos muy difícilmente iban en solitario, sino que lo contrario, bajaban siempre en grupo, como lobos cazaban, ya que no era necesario observar al enemigo o sentir su fragancia lisiada, por el contrario, incluso cuando se le arrancaran los ojos y su olfato ellos podrían siempre rastrear al enemigo, porque estos a diferencia de otros seres se concentraban en rastrear la esencia espiritual de cada ser viviente, o en términos muchos menos complejos y específicos, el alma.
De eso se trataba el verdadero peligro de estas criaturas, que incluso en la más inmensa oscuridad estos monstruos perseguirían sin cansancio, sugiriendo todos los flancos y caminos posibles a su presa hasta que no quede nada de ellas. Esa es la razón por la cual son nombrados como Sabuesos de Tamsus, capaces de encontrar a cualquier ser, distinguir incluso el propio karma de una persona, sabiendo que es y que no es realmente un enemigo, aunque realmente cegados por la furia de su señor poco podían contenerse en atacar a otro ser viviente, incluso cuando se trata de ellos mismo que ni siquiera con sus garras y fauces pueden atravesar su muy gruesa carne. Una suerte de carnaval alocado donde hermanos se comen entre ellos para saciar su aburrimiento y su eterna falta de paciencia. Ahora, como descendían al paraíso desatarían el infierno en el. Era su instinto que irremediablemente debía obedecer.

Con el peso de ese concepto y realidad aquella bestia maldita había previsto el muy veloz movimiento de la silfide que ante su visión podía desaparecer, pero que por el incomparable sabor de su alma había sabido prever antes siquiera de que llegara a el. Había sido un movimiento demasiado simple y extremadamente peligroso acercarse hasta su vanguardia, y ella antes de que pudiera golpear su muy duro cráneo con su arma espiritual lamentaría y sentiría como en menos de un segundo toda su realidad podría transformarse en un verdadero infierno, y era porque sus débiles brazos, en comparación a la aterradora fuerza del exiliado, llegaron apenas a cortar el aire cuando la misma bajó sus patas delanteras y dio un violento salto contra su figura que apenas se había podido manifestar. No fueron sus fauces las que pudieron arrancarle una pierna sino que le dedicaría a la centinela un muy cruel cabezazo dirigido sobre a su torso, donde convenía más que perforara sobre su abdomen que sobre su pecho, aunque en ambos caso podía tratarse de un movimiento simplemente letal. Como si se tratara de un bobino lo haría, alzando su cabeza hacia arriba para asegurarse de que con su ofensiva se llevaría al otro lado el alma de esa pequeña criatura, en ofrenda a su magnifico y oscuro señor que se alimenta del conflicto y se hace más poderoso con cada hombre que aprende a odiar.

Esos ojos negros e infernales habían dictado la sentencia final sobre su débil cuerpo, entendía que por más rápida que ella fuera sus alas no podrías atravesar el impulso de sus fibrosos músculos que intentarían poner fin de alguna forma u otra el reinado insistente de esa centinela que por más de 60 años había evitado el conflicto directo con uno de ellos. Los tuvo que haber asesinado sin piedad ¿Quien sabe si esa criatura por el largo de su barba no era una experimentada fiera que había sido marginada por su inexperiencia? Como si pudiera rastrear el futuro, sus desfiguradas fauces incluso alardearon una suerte de sonrisa sanguinaria. ¿Que pasaría si ella no inventaba la forma de resolver esa compleja reacción? ¿Serían esos afilados cuernos los que se bañarían en la sangre de esa alegre y simpática criatura? Lo que viene después, incluso el segundo que puede pasar es bastante incierto pero era claro que la vida no daba nuevas oportunidades, y si las daba tenía que ser por obra de un tirano encaprichado con cierta alma. No obstante de algo tenía que estar segura la silfide...Si ella moría no solo dejaría de existir en ese plano su sonrisa, sino que la siguiente presa sería el renombrado "príncipe" y luego de él descenderían confiados todas las enfermas bestias del valle, comenzando así una guerra donde tarde o temprano perdería la alianza entre Heres, Colluvio y Natura.

¿Acaso no lo ves Brisa? ¿El equilibrio perfecto depende de ti? Eres la centinela del Bosque de tamsus.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Ike Margrace el Dom Abr 08, 2012 3:38 am

Sabueso, aquel era el nombre con el cual la centinela se había referido a la criatura. Todavía no lograba identificar aquel ejemplar de maléfica bestia con alguna de las atrocidades de las cuales había aprendido mediante libros o lecciones para su labor, aunque no es que le fueran a ayudar mucho aquellos datos en un conflicto donde su propia vida era la que estaba en la cuerda floja. Brisa parecía bastante sensible ante la escena que sucedía frente a sus ojos, mas aun cuando el desgarrado cadáver era destrozado por las garras del ente que frente a tanto ella como el guardia se mostraba. No es que para el fuera una escena de lo mas agradable, pero podía imaginarse como ella, encargada de aquel bosque y por tanto de sus residentes observaba a uno de los habitantes, por pequeño que fuere, en aquella trágica condición.

Debía reconocer que su postura no fue la que un guerrero experimentado mostraría, pero aparentemente no tenia mucho mas que hacer, imaginando que una bestia así seria capaz de alcanzarlo en caso de que tratara de huir hundido en el pánico que la visión que llegaba a sus ojos le brindaría. Correr para escapar no era posible según podía intuir, así que lo mas razonable seria tomar una guardia defensiva con la que, en compañía de Brisa, intentaría repeler al enemigo. A sus oídos llegaron una vez mas las palabras de la sílfide, aunque esta vez eran mucho mas serias y compuestas que las joviales silabas que instantes antes habría dedicado a el. - No te preocupes, lo mejor sera que nos defendamos el uno al otro. - respondió rápidamente y con palabras que no denotaran tanto nerviosismo como las que usaba anteriormente.

Su vista entonces se mantuvo fija en ella, alternándose a momentos en dirección al Sabueso para no ser sorprendido un por ataque sorpresa de este que pudiera tomarlo fuera de guardia y asestarle por ende un daño desproporcionado. Algo atónito quedo el guarda una vez observo cambiar a la flor que el hada había tomado de sus cabellos, creciendo esta de un instante a otro. Su sorpresa siguió aumentando cuando la Natura desapareció y volvió a mostrarse frente a la bestia, blandiendo aquella flor cual maza para intentar golpearle con esta, quedándose Ike observando la escena sin interceder todavía al no tener idea alguna de como atacar a la criatura, que parecía cubierta por una especie de armadura, que posiblemente era la propia piel que cubría su carne de los ataques opositores.

Levanto entonces la cabeza para intentar golpear a Brisa ese ser, levantando esta y dejando ver su cuello y parte de su torso inferior, todo esto cubierto de la misma gruesa piel que iba a dificultar el generar daño a su cuerpo. Una idea paso entonces por la mente del joven de esmeralda cabellera. Esperando que su compañera en aquel conflicto fuera capaz de evadir la embestida en su contra, intentaría el por su parte atacar desde una distancia moderada con su lanza, aprovechando la longitud de esta y ademas el uso de su elemento para poder realizar una ofensiva que esperaba surtiera algún efecto considerable, o que al menos generara daño en la a su vista repugnante criatura.

Haciendo que solamente la punta de la lanza fuera imbuida por aquellas llamas carmesí, se acerco solamente lo necesario a la bestia para poder cargar con el arma en dirección a esta, apuntando justamente al lugar donde estaría su "rostro", pudiendo acertar en caso de que tuviera suerte a alguno de sus ojos, intentando mas bien dar en estos a pesar de no conocer que la vista no era el sentido que usaba para guiarse el Sabueso. Era la primera vez que le tocaba enfrentarse a una abominación de la naturaleza como la que ante el se presentaba, y otro detalle era en cierto modo importante, la compañera que tenia, que si bien no terminaba de conocer no quería resultara perjudicada en aquel encuentro. Si bien funcionara o no su ataque el habría de retroceder de nuevo a su posición inicial, tomando una vez mas la posición de defensa que estuvo mostrando antes.

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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Chari el Dom Abr 08, 2012 2:40 pm

¡Estaba floreciendo algo que seria una flor con aroma a caos! Las circunstancias eran enmarañosas, y algo que definitivamente no había que hacer con la pequeña sílfide era confundirla. Si, podrías engañarla, pero nunca confundirla. Después de todo, su mentalidad aun no estaba definida del todo, y eso era peligroso. Tenía la inconsciencia de un niño, pero a su vez su capacidad de imaginar y pensar cosas que normalmente uno cuando crece y es falto de imaginación, no.

Ahora que había sacado a relucir su arma, una flor gigante, aunque de apariencia muy inocente, unas pequeñas luces de razonamiento corrieron por su mente. Si, quizás no fue buena idea atacarlo de buenas a primeras, tan directa, pero… ¿Desde cuando un sabueso podía adelantársele tanto en su vuelo? ¡Que ira, pareciera que se había dejado estar! O simplemente no había calentado suficiente sus alas. Si, la esperanza de aquel corazón confundido pero puro se aferraba a esa idea. Ni bien empezara a aletear más, junto a la adrenalina del momento, la convertirían en viento. Haría honor a su nombre, una brisa, veloz, invencible, y porque no… En ciertas condiciones, mortal si arrastraba veneno dulzón, como lo era su aroma.

Su ofensiva no había surtido efecto alguno. Adelantándose a su ataque, ese perro monstruoso salto con saña hacia ella, y vaya que lo había hecho veloz. Los orbes sin brillo de Brisa se dilataron por unos segundos. ¡Cuernos filosos se acercaban hacia su cuerpo, piensa rápido Brisa o vas a quedar perforada! ¡Velocidad de pensamiento, manifiéstate en esa cabecita donde nace una cascada de cabellos celestinos! Y, por suerte, llego. No solo sus alas eran veloces, sino su capacidad para darse maña en situaciones como estas.

Un rápido movimiento se hizo presente ante la situación. Retrocedió un poco en el aire, suficiente para evitar por esas milésimas que se volvieron lenta la embestida de aquel mensaje de odio y asesinato sin razón encarnado. Brisa, Observando todo con molestia indisimulable en su rostro blanquecino y suave, llego con suerte, a tomar su flor gigante y acomodar sus pétalos con su centro de polen delante de la bestia y delante de su pecho. Una barrera de la naturaleza entre la abominación y la pureza de la creación. ¡Primera fase de defensa completa! Ahora comenzaría hábilmente la segunda, la magia que sobre su sangre corría se manifestaría con gracia y en definitivamente un buen momento. El viento mismo, la magia de Céfiro se hizo presente, envolviendo con una fuerte ráfaga protectora a la hada del aire. Una burbuja de aire, que quizás era más efectiva desviando ataques mágicos y elementales que uno físico, pero que estaba preparada para el caso de que tuviera que enfrentarse a algo así. Por eso la razón de que su flor este en frente de ella. Ella seria el primer escudo de absorción de golpe, era una flor, pero una mágica. No podría romperla, no tenía la delicadeza del cuerpo de Brisa. Era encantadoramente rígida y pesada, y eso seria suficiente para detener a los cuernos filosos. ¿Ahora, para que su escudo de aire, si con esa flor evitaría ser apuñalada? Muy sencillo. Podría evitar ser apuñalada, pero no el que esta bestia terminara tirándola al piso, atrapándola como un gato a una mosca. Esa corriente de aire que la envolvía, solo la ayudaría a neutralizar un poco el impacto con que la bestia arremetió contra la pequeña alada. De todos modos, esto la hizo retroceder bastante, y el golpe que recibió, aunque ni un cuarto de poderoso que era originalmente, logro hacerle escapar un quejido de su pequeña boca de color pétalo.

Como había de esperarse, su Príncipe decidió tomar una actitud un tanto valiente. No precisamente un héroe, porque ellos saldrían al combate antes que la natura, pero aun así, agradeció su atrevimiento. Había pensado las cosas con más claridad antes que ella, y eso era de admirar. Entre la confusión de su ataque, el contraataque de la bestia, su defensa fugaz, y la ofensiva de Ike, solo pudo observar a esta última de manera muy superficial. La lanza se había acercado a la cabeza de la bestia, y luego una llamarada que calentó aun mas el ambiente. En ese momento, ella estaba recibiendo la embestida, pero neutralizando con ingenio la fuerza. Luego de eso, si llego a notar que el Príncipe volvió hacia atrás, tomando de nuevo una pose defensiva.

-No dejaré que te lastimen a ti también Príncipe…- Pensó para si, como única premisa de lo que debía hacer allí, su función, un propósito a su vida. El estaba lejos ahora, lo suficientemente lejos para que no le afectase de lo que haría continuación.

Aprovechando seguramente aun la confusión de la bestia luego de tanto ataque junto, batió sus alas, con fuerza, retirándose ella veloz hacia atrás, pero no sin antes bañar al canino cimarrón con eso que normalmente se conocía como polvo de hadas. Un polvo dorado, como el polen, u oro molido inclusive, fue lanzado hacia la bestia, en suficiente cantidad como para que la parálisis que le provocara, actúe muy rápido en su ser. La parálisis que le produciría, empezaría a hacerlo bruto con sus patas, lento. Y en el mejor de los casos, llegaría hasta su corazón, paralizándolo al mismo y extinguiendo su vida. No se aseguraba la victoria en ese momento con aquella ofensiva que dio paso a un retroceso bastante acertado por parte de la centinela. No, pero si era necesario llenarlo de paralizante hasta que cayera convulsionando, lo haría.

Ella era Brisa, hija privilegiada de la Gran Bestia. ¿Quién seria tan ingenuo de pensar, que por solo ser poseer mirada tan inocente, no podría ser mortífera?
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Fatus el Mar Abr 10, 2012 12:10 am

Ojos negros de una antigua máquina de guerra, mirada rabiosa, representando a todos los hombres que olvidaron amar. Momentánea realidad para sentir placer, vistiendo con sus marfiles ensangrentados y oxidados una suerte de sonrisa que al alzar su cabeza al firmamento, adoración a su demente Señor. ¡Que hermoso era el sentimiento de golpear algo! ¡La había atrapado! ¡La había mutilado!...No, no estaba lista, ella seguía de pie, sus alas estaban detrás de su espalda y sus miembros soldados de manera natural. ¿¡Por qué estaba fallando tu arsenal!? Ya habían matado a uno de los tuyos, desde las cavidades de tus cuernos fuiste mutilado con anterioridad ¿Acaso ibas a permitir que esa criatura débil se burlara de ti?. Ese pequeño pedazo de basura cobarde que se esconde en su preciado débil elemento. ¡Eras un esclavo del Oscuro! ¡Eras la encarnación del poder del odio! ¡Tu destruyes todo lo que el amor y la humildad construyen! ¡Y ellos tardan años, tu solo segundos! ¿Pensabas que así iba a darte tu señor la posibildiad de ser algo más grande que una simple capa de músculos de color avellana que se alimenta de las entrañas de sus hermanos, o de lo primero que cae sobre tu dentadura de dragón? Eras nada más y nada menos que una falsedad, una deshonra que le robó un quejido, nadie podrá saciar tu locura, y para peor...Te volverás alimento para los carroñeros subyugados de los tirano del otro lado que las formaciones de carnes que sientes por sus almas ignoran. ¡Es muy cruel el Destino! Son las marcas de guerra de tu fruncido rostro las que demuestra tu valía, mentira, solo son rastros de fracasos ¡A los esclavos de los invasores jamás se les daña, porque son inmortales inmaculados en sangre y rencor a todo lo que vive y puede ser feliz y de la mano de la compasión! No eres más que un gusano inservible, todos tus anhelos caían al vacío, las voces te abandonan, esa energía corrupta comienza a apagarse...Alguien te está abriendo las puertas a un sueño perturbador y realista, atrapado allí solo disfrutarás del olvido y nadie podrá darte el permiso de llorar de nuevo. ¿Son ellos los que deben luchar por su vida o eres tu quien debe de asesinar para mostrar que realmente existes? Te olvidaron, y es por eso que sucedió lo que sucedió, maldito trozo de mierda despojada.

En medio de su ataque aquella bestia había sufrido el amargo sabor del error, no solo ofensivo sino también defensivo...Se había confiado en que el Heres era solo un cobarde cordero que podría atrapar luego de desmembrar al ser alado. ¡Pero que error fue que ese hombre pudo aprovechar la distancia que ella supo imponer para aparecer repentinamente e imbuir su mortífera lanza! Tu cuerpo era una armadura natural, si alguien te arrancaba la piel estaría siempre abrigado en los inviernos, e incluso obtendría un interesante escudo si lo reforzabas con una base más sólida que tu incomible carne. Robusto y orgulloso, como un verdadero titán, lamentablemente tenías una gran debilidad y era que tu trompa no soportaba una patada, que tu pequeña nariz negra sangraba cada vez que resoplaban tu pestilente aliento, que tus ojos casi te dejan ciegos y que tus cuernos no son más que unas orejas defectuosas, lo suficientemente grandes como para sacar la poca materia gris con un cuchillo o hasta con las manos. Y ese hombre de delgada contextura supo aprovechar dicho defecto al incrustar su lanza dentro de su orificio visual, sus pupilas negras pasaron a ser una, aquella pequeña orbes explotó ante su tacto, y tenía suerte porque ese ser había decidido no ser retorcido y usar dicha herramienta bélica para empalar sus sesos ennegrecidos...Lo terrible que fue para esta criatura la falta de su ojo, el desprecio de sus amos la hizo caer en una depresión iracunda...Y eso era la peor arma del Sabueso de Tamsus, cuando es herido sen su orgullo esta bestia enloquece al punto de volverse ciega, literalmente Eso podría explicar que su instintos se volviera suicida, y que para ese endriago solo existiera el alma que lo llevó nuevamente a los infiernos...Y que infierno se había desatado en el camino al valle...

Su mirada abismal se había tornado blanca como las nubes de los cielos tempraneros. No había visión para todo lo que pasaba alrededor, fue una cuestión de reacción, el sabueso de Tamsus se había olvidado de todo el odio que tenía a aquella pequeña silfide. No existía para ella y ya no podía escapar de su trance maldito. Sus fauces vomitaban un extraño bilis rabioso, la deformidad de su rostro quemado era humillado por el reflejo de su único ojo, el cual dejaba rastros de lágrimas de sangre. No, no era más esa bestia de la cual se podía tener algo de piedad, su señor había tomado posesión de su mente y ahora, con la frustración de su de su inminente derrota aquella criatura se esfumada de su petrificada posición en menos de un parpadear, impulsándose con mucha brutalidad sobre sus patas traseras, acortando toda la distancia posible con ese Heres en menos de lo esperado. Estaba en guardia, eso le ayudó a medir cuando comenzar con su rito suicida. Dos metros y medio, quizás un poco más, acercándose a la terna. No era un salto pero fue un impulso final con el que había encarado al alma que proyectaba su difusa figura sobre su decadente consciencia. Era suicida por ir de frente, lo era aún más si quiera ocupar sus fauces de defenderse del metal bravo del guardia, había saltado con sus patas delanteras a su corazón, queriendo derribar a su objetivo para sellar su destino, ya que por más velocidad que tuviera alguno de los dos, por más fuerza de voluntad o estrategia...Había cosas que eran inevitables cuando un monstruo de excesivo peso y fuerza se te plantaba en la cara y comenzaba a mutilarte, adornado el sombrío bosque de Robles.

¿Pero que pasó entonces con Brisa? -Cierto fue que había caído en el hechizo de su muerte, para gusto de ella, había compenetrado tan profundo que su fallidos reflejos no supieron evitar ese baño...¿Pero porque atacaba con más furia? ¿Por qué llora por su existencia esa criatura que había dejado de rugir para dar lástima con sus chillidos impotentes, que impones habían salido esos simples seres de carne, que son menos que un suspiro ante los del otro lado, que viven cientos de horas, un exponente tan diminuto para los eternos que ni siquiera los milenios sienten. Las eras son siempre un diluvio de estrellas, y muchos las conocen de memoria, las vieron nacer y las vieron morir...Ahora todas ellas morían mientras esa bestia resistía con el pesar de su inexistente alma, iría al otro lado, temen todos ir allí, los esclavos, los mortales...Todos. Por eso quería llevarse a alguien con el, necesitaba estar en compañía eterna...Cambiar la historia, burlar al Destino, que es la fuerza más poderosa que existe en todo el universo. Nunca falla, como ese polvo maldito que no solo paralizaba, sino que atrofiaría y hasta macharía sus músculos, su corazón , sus órganos..Parecía incluso que esa criatura estaba siendo destrozada por su señor defraudado...Pero aún iba por él, esperando que ese hombre de cabellos de pastizales sintiera mas miedo que ese monstruo.
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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Ike Margrace el Dom Abr 15, 2012 1:46 am

A el mismo le costaba creer en realidad el curso que todo fue tomando desde ese punto. Habia acertado, a pesar de su falta de experiencia y compostura total. Pero el momento para celebrar seria otro, ya que la batalla todavía no llego a un final con ese movimiento, y a decir verdad el tampoco esperaba que un ataque así acabara de un golpe con una criatura como la que frente a el podía observar. Esta se mostro abatida por la ofensiva que realizo el guardia, sorprendiéndose este de como respondía la bestia a la ofensiva recién realizada por el, sin despegar la vista de este en absoluto ante una posible embestida, sin embargo no pudo evitar sonreír sutilmente un tanto aliviado cuando tras su ofensiva comprobó que la sílfide que era su compañera en esa batalla se hallaba en buenas condiciones consiguiendo detener el ataque del sabueso. Parecía que la contienda empezaba a desenvolverse a favor de ellos dos, aunque no era algo por lo cual confiarse a pesar del estado de su antagonista.

La mirada del peliverde observo algo repugnado como esta empezaba a escupir de sus fauces una extraña y desconocida sustancia de negruzco color, pudiendo verse el ojo que le quedaba a este negro, mostrando algo similar a lagrimas, pero de un carmesí color que recordaba a una sustancia que posiblemente era la que estaba llorando, sangre. Parecía no solo afectada por el ataque recién realizado por el y el extraño polvo al cual Brisa le había expuesto en su retirada, si no que por un factor externo, ya que su actitud no parecía en absoluto natural aun para una criatura tan retorcida como era aquella. No era que el joven Ike pudiera hacer un análisis demasiado detallado de eso, en todo caso, por lo cual no dedico demasiado tiempo en pensar en aquello.

La bestia se empezó a poner una vez mas en posición para realizar una ofensiva, aunque esta fue mucho mas rápida que la anterior que había usado. En menos de lo que pudo prever el monstruo había aparecido ante el, tratando de realizar una embestida final para poder atacarlo antes de que terminara su existencia terrenal. Sin embargo la posición de guardia que había mantenido le ayudo a plantar un rápido contraataque, no tan elaborado como la ofensiva que antes había planteado, pero que esperaba fuera lo suficientemente capacitado para poder repeler la ofensiva del sabueso.

Empuño una vez mas su lanza, habiendo comprobado que un punto que podía usar para atacar a ese ser eran sus cuencas, habiendo ya empuñado su arma contra una, y tomando ahora la decisión de hacerlo contra la otra pero de manera mas potente para intentar terminar de una vez con aquel combate. Usando ambas manos empuño el arma sin estirarse el para atacar, si no que esperando que la misma criatura acortara su distancia con el, moviéndose entonces rápidamente en un paso lateral aunque no haciendo lo mismo con su lanza, dejándola en el lugar en el cual habría de hallarse el punto que había decidido dañar, esta vez no aprovechando su elemento, si no que unicamente la fuerza del impacto que el mismo can infernal hubo de generar con su embestida. En caso de acertar habría de ser un ataque igual o mas dañino que el anterior, quizás llegando a perforar aquella cuenta en la cual se asomaba el blanco ojo cubierto de lagrimas carmesí que quizás ya habían dejado de fluir. Aunque algo si era cierto, y era que el guardia estaba asustado, mas bien en un estado "en blanco" provocado por su temor, haciendo que simplemente actuara según le dictaban sus instintos, ya luego reaccionaria de acuerdo al miedo que estaba encapsulando en su ser.

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Re: Labores cotidianas.

Mensaje por Chari el Jue Abr 19, 2012 1:14 pm

Su Príncipe había tenido total éxito en su ataque, aunque, si por ella hubiera sido, le habría recomendando que hubiera hundido su lanza hasta que chocara con su cráneo, atravesando todo su cerebro. ¿Quién podría decirse que la inocente Brisa del Bosque Tasmus podía llegar a tener esa clase de pensamientos? Ciertamente hay que dar crédito a la lamentable realidad, que muchas criaturas de las más despiadadas y ruines, solo eran así, porque en su inocencia no terminaban de entender tantas cosas. No podían ver a la muerte como algo serio. Podían verlo como algo divertido, o como algo por lo cual tomar venganza con el destino o asesino. Y en ese momento Brisa estaba cegada por la segunda visión, mas la presión en si de que debía de proteger a su Príncipe, y la culpa de que por ineficacia en su puesto, hubo una victima mortal de todo ese enredo. ¡La primera baja mientras la guardia de la pequeña hija de la Gran Bestia había durado! Aunque no todo era pura aflicción en ese momento. Una sonrisa bastante alegre pero con ciertos aires maliciosos indisimulables se pinto en la bonita carita de la alada, al notar como sus polvos habían justo en el blanco. ¡Era tu hora de morir, asesino!

Pero… Una mueca de sorpresa apareció, apartando esa sonrisa llena de confianza hacia un risco, al notar como la bestia, después de convulsionar en su propia rabia, corría ahora hacia su Príncipe. ¡Como te atrevías, maldito perro cornudo, tendrías que quedarte quieto ya de una vez por todas! Su ceño se frunció tanto o mas molesta el que rabioso que ahora se dirigía hacia su joven Ike, que acertadamente había actuado rápido. Una posición ofensiva, que esperaba con paciencia casi suicida el impacto que habría entre el sabueso y su lanza. ¿Seria suficiente para que finalmente terminaras con el monstruo, Príncipe? Brisa no estaba dispuesta a averiguar si bastaría con eso, no mientras la integridad de SU autoproclamado Príncipe estuviera en riesgo. Estaba totalmente decidida a volver a verlo en alguna otra ocasión, e inclusive llevarlo con Tamamo Sama para que los tres pudieran jugar en su templo, escondiéndose entre los árboles y arbustos del lugar.

Quizás fue por esa misma razón de que no espero más para volver a agitar de nuevo sus alas, sin importar que la anterior vez que lo hizo fuera algo muy jugado y peligroso. Sus alas eran la cosa mas rápida sobre todo el territorio de Tasmus, y porque no atreverse a decir sobre el Valle. Simplemente las patas de pasos brutos del sabueso corriendo no podrían de ningún modo comparársele en velocidad a quien le daba música al viento. Ignorarla en su enfermiza ira, seria un mortal error, como al comienzo supo ignorar al peliverde de capa roja.

Aunque alcanzarle en carrera no era lo único que tenia en mente, pues eso si seria bastante estúpido, y Brisa por mas atolondrada que llegara a lucir a veces, definitivamente tonta no era. En sus manos aun mantenía esa flor con mil pétalos rosados que le habían salvado de ser perforada por el par de orejas de su enemigo. Esa ocasión había sido un escudo bastante efectivo, pero planeaba de manera fría el hacer de esa orquídea rosácea un arma. Un presente de la muerte hacia el tuerto que lloraba ante su inevitable final, pero, esas lagrimas no le causaban ninguna pena. El merecía llorar tanto como ella había llorado cuando vio como ultrajo el cadáver de su pequeño fauno.

Pero, era necesario describir que pensaba hacer Brisa. Y esto comenzaría con la pequeña curvatura de 30º que tenia el tallo de la misma. Este era largo, ¿Un metro y medio quizás? No seria erróneo decir que la flor mágica era más grande que la mismísima portadora. Bien, esta flor no podía ser levantada por nadie que no fuera un espíritu del aire, como lo era Brisa, por lo que, si trágicamente llegara a caer sobre alguna otra criatura ajena al elemento, seguro terminaría matándolo por el peso que ejercería sobre el cuerpo de este. Y eso tramaba dentro de esa cabecita adorablemente peinada con dos odangos. Acercándose ya mas sobre el sabueso, casi sobre el, en el instante justo en que la lanza y el animal chocarían contra si, la sílfide soltó la flor, pero con rabia, arrojándola sobre el lomo del animal. Este canino era inmenso, y no había que calcular demasiado para saber que la curvatura del tallo no le daría respiro alguno para intentar escapar de entre, irónicamente, la flor y el suelo. Seguramente, y como esperaba Brisa, la flor colapsaría las vértebras de la bestia, antes de que este pudiera dar un zarpazo intentando huir de la asfixia que eventualmente llegaría sobre sus costillas, reventándolas y explotando sus pulmones. Además, el polvo de hadas ya tendría que estar haciendo efecto. ¿Seguiría latiendo su corazón para ser testigo de tanto dolor y sufrimiento? La hermosa hada del aire, esperaba que si.

Instantáneamente luego de esto, la pequeña voló directamente hacia detrás del Príncipe, abrazándolo con fuerza, mirando por un costado de el, expectante de ver que sucedería. Si seria necesario el volver a invocar su escudo de aire, lo haría, y si también fuera necesario intentar levantarlo con sus alas, sacaría las fuerzas de donde no tenía para hacerlo.

Brisa estaba dispuesta a dar su vida si eso le garantizaba que el joven de ojos azules estuviera bien.
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