En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

Memoria a la estrella dorada y la flor del viento

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Memoria a la estrella dorada y la flor del viento

Mensaje por Ash el Jue Jul 19, 2012 1:12 am

La noche pronto cubriría el cielo con su eterno manto de luces y obscuridad, no había podido dormir mucho los últimos días pero esta noche pensaba hacer un pequeño viaje.

En los últimos días había dormido realmente poco, como si mi cuerpo no sintiera la necesidad del ensueño, me alegraba poder estar despierta y de pie para seguir ayudando en la pequeña clínica, había mucho que limpiar ya que el polvo se había acumulado en todos los rincones de la pequeña clínica por mi tiempo ausente, mi estado no era el mejor pero aun así podía hacer ese pequeño servicio sin un riesgo real para mi precaria salud.

El desorden en general se había hecho presente, no solo frascos, hierbas, ungüentos y vendajes estaban en desorden o faltantes, sino que incluso note una nueva paciente que también parecía haber sido atacada por bestias, sus ricas y rojas ropas ocultarían bien su sangre si no fuera por las rasgaduras y los vendajes que la hacían resaltar. Su brillante cabello rubio sin arreglar y su ropaje arrugado me indicaban que no tenía mucho tiempo aquí, todo parecía indicar que las bestias eran reales y que la preocupación inspirada por aquel extranjero de capa y sombrero azules no era solo un caso aislado.

Deseaba ayudarla, pero mi delicada condición no me permitiría más que refrescarla con un poco de agua y ayudar a cambiar sus vendajes. Intentar sobre esforzarme un poco hacia que sintiera que mis pulmones se llenaran de liquido y mi garganta se cerrara hasta que terminara por expulsar liquido sanguinolento, incluso al menos una vez había perdido el conocimiento mientras me asfixiaba, necesitaba cuidarme mucho más. No dudaba que si usaba mi habilidad, no despertaría de nuevo.

No recordaba haber tenido muchos sueños últimamente, pero extrañaba ver a la hija dorada del dios zorro, a mi conejito Snowy, a la flor del viento y jugar con mi sombra en forma de Ashy. Aquel sueño se había quedado en mí de tal forma que sentía que ahora era parte de mí para siempre. Me tomo una noche, pero con facilidad cree un tejido que expresaba mi memoria de aquel sueño que sentía que de alguna manera me había cambiado... para bien o para mal.

Salí de la clínica llevando lo que para otro seria solo una baratija o curiosidad cuando mucho, pero para mí era un pequeño tesoro hecho con mi esfuerzo. Al principio el doctor se negó a dejarme ir, pero sabía que no intentaría detenerme, simplemente me miro con una combinación de resignación y preocupación, me prestó un bastón para ayudarme al caminar y lleve una pequeña bolsita de tela y un recipiente con té.

La mayoría de las personas en las calles ya se habían refugiado en sus casas, la ciudad siempre descansaba temprano, pero parecía que instintivamente se refugiaban un poco más temprano, pero parecía que oficialmente no había noticias de ataques de monstruos. Los pocos aldeanos que me encontré en el camino tenían expresiones entre el asombro, sorpresa e incluso algo de miedo al verme pasar. Aquellos que me saludaron recibieron un frio y serio saludo de mi parte, cosa completamente normal.

Llegue hasta las pequeñas cabañas que servían de templo al Dios Zorro y a la Gran Bestia, ciertamente no era creyente de los dioses, parecía que nunca se habían preocupado por las personas que me rodeaban o escuchado mis lamentos, pero aquella imagen de ensueño de aquellas dos jóvenes que habían descendido a la obscuridad de mi sueños y liberarme merecían ser recordadas y agradecer su visita, aun que solo fuera un sueño debía de recordarlas con gratitud.

Primero fui al templo del Dios Zorro dejando un pequeño mantel creado por mi donde mostraba imágenes de aquellos sueños, en el cielo sobre las nubes se encontraban dos figuras femeninas y en el centro, arriba un ojo verde con un blanco manto alrededor, la fémina de la derecha era una joven con nueve doradas colas de zorro doradas dentro de un sol que a su vez parecía tener nueve colas, la joven de la izquierda a su vez era una joven de pie sobre una esponjosa nube, hermosas alas cristalinas en su espalda y un arcoíris que bailaba entre sus manos, mientras esta estaba dentro de un circulo hecho de flores y espinas. Debajo de las nubes reinaba obscuridad y niebla, solo interrumpido por líneas que representaban lluvia y en una esquina una joven de cabello negro, cola y orejas de conejo saludando a los seres sobre las nubes mientras es acompañada por un conejo blanco y uno negro.

Junto al mantel serví en un poco de té como ofrenda al solitario templo del Dios Zorro en agradecimiento por la imagen de Tamamo. Una vez que agradecí la imagen me propuse a hacer lo mismo en el templo de la Gran Bestia, sin duda tal ser con control sobre las plantas, el cielo, los animales y el viento debía ser emparentada la Gran Bestia, deposite otro mantel igual al anterior y antes de servir el té sufrí otro ataque, sentía como se me acababa el aire y perdía el conocimiento, pareció ser solo un instante, pero al reponerme la noche ya había caído en las afueras del templo, serví un poco de té y después de limpiar un poco de sangre propia tristemente note que el mantel que había ofrecido tenía manchas de sangre en la figura de la hada, sin duda un mal presagio.
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Re: Memoria a la estrella dorada y la flor del viento

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Sáb Jul 21, 2012 12:30 am

Agitada. Así podría describir los sucesos de los últimos días, en los que su vida había transcurrido. Desde aquel sueño durante noche de luna nueva, hasta hace unos minutos cuando aquel joven que se encontró en su camino, la supo dejar en las puertas de Nuhl… Con una amenazaba bajo su cuello, literalmente. ¿Era tan difícil de recapitular todo lo que había sucedido? Para nada, pero lo que realmente era difícil, era el entender de porque tantas cosas, tan pronto. Todo había sido bastante portentoso, por no decir que si hubiera sido un poco más fatalista en ese momento, definitivamente habría calificado su situación como un disimulado camino hacia la calamidad. ¿Aunque algo de eso le importaba? Si bien el sueño que tuvo y compartió con un extraño, cuyo nombre no quería traer de momento a colación, la habían dejado impactada, debía de admitirlo. Si había escapado de esa situación, era porque de haber muerto dormida, como supuso que estaba, no era de ningún modo una muerte como la que ella hubiera deseado. No, quizás en ese momento se encontraba sumamente dolida por lo que sus pensamientos pudieran haber maquinado, desde el segundo en que el escama dorada ignoro su presencia, pero tampoco desterraría todo lo que en alguna vez creyó. Debía de admitir, ante ella misma y cualquiera que pudiera preguntar en confianza, que sus mejores y más felices recuerdos, se encontraban en su reino lunar. Y no quería de ningún modo encontrar ese fin, que aunque irónicamente buscado, fuera en un lugar donde el níveo bosque de Luna y todo el melódico silencio se vieran obstruido por una criatura de la que jamás olvidaría a sus ojos rojos como la sangre. El haber logrado escapar de ella, sin haber sufrido más de lo necesario, realmente supo ser casi un milagro. Si Cerridwen Moonlight habría de morir, lo haría habiendo recordado antes, sin interrupciones ni invitados no deseados, su pasado distante y hermoso. Esa imagen sacada de un cuento de hadas, que sin embargo, había sido real. Ahora… Volvía de nuevo a su mente aquel joven que se encontró en camino a Nuhl, y cuyo nombre no paraba de mencionar… Perseus, que por más que se mostró como un borrego, supo desde un comienzo que esos ojos eran los de un lobo. Un lobo que la alejo del fuego, mas sin embargo mas que claro se lo había dejado. Pensaba matarla, cuando el momento fuera indicado, cuando la viera mas viva que nunca.

-Pobre Perseus… Si supiera que los muertos nunca resucitan…. Nunca para bien… Hasta te tengo envidia, porque por más imposible que sea tu sueño, tienes uno… - Pensaría, mientras suspira y su mirada es arrastrada por el suelo junto a sus pies. Aun lleva consigo ese morral que tenia una que otras manzanas, cinco flores de luciérnagas y unos cuantos ungüentos que considero capaz necesitaría allí. Claro, ella debería de ver con urgencia a la pequeña que por la carta que recibió hace unos días, estaba en ese lugar. ¿Habría llegado a tiempo, a pesar de que el pequeño carruaje que su joven de cabellos flameantes le había ahorrado tantas horas de viaje? No, no podía ser desagradecida con el de ningún modo, más allá de su inquietante despedida. Y aunque no quisiera dar mas vueltas al asunto, no podía simplemente olvidarlo. Seguía aun sintiendo en sus mejillas las manos que con ternura y un sentimiento casi parecido a la locura, la sujetaron mientras el joven le obligaba a ver sus ojos y memorizar cada palabra que le dijo junto a su rostro... ¿Seria bueno seguir recreando aquella escena que le dejo prácticamente sin aliento, mientras caminaba hacia su destino? No, no era beneficioso volver a sentir el aliento de Perseus sobre su oído mientras le susurraba que, quizás ahora, desde un lugar, la observaba… ¿O simplemente seria una cruel mentira, para que se sintiera incomoda, como si sus palabras no hubieran sido suficiente puñal para su ahora deprimida alma?

-Ya nada me sirve de pensar en eso ahora. Debo de apurarme, pues algo me dice que el sol esta pronto a asomar… Y… La niña, la niña ha de estar esperándome, o al menos el doctor… ¿Estará ella bien? Claro, bien como se puede estar en su condición…- Pensaría, mientras sus pasos empiezan a encaminarse, mientras su vista de perla empieza a ver a lo lejos, intentando recordar el camino… Ya era bastante el tiempo que no visitaba a Nuhl, pero a pesar de todo, demasiado no había cambiado. Solo era su memoria un poco lerda para con lo que era el resto del mundo, que le costaba recordar hacia donde estaba la tienda de heridos, y que calle daba para donde debía, y cual la iba a redirigir hacia los campos…

Siguió avanzando con un poco de duda, mientras que sus pasos, firmes pero cansados, empezaban a hacerse notar con mayor notoriedad que realmente muchos ánimos no tenia de encontrarse ahí. No es que no quisiera ayudar a la niña herida, sino que simplemente deseaba estar en la cabaña, sin tener que recorrer más. La noche, le había despertado de nuevo el apetito, y un bostezo quería asomarse por sus labios. Finalmente se detuvo, mientras llevaba una mano hacia su cabellera e intentaba arreglarla. La sacudió en un fino movimiento, pero sintiendo algo que realmente no le agrado en absoluto. Ahora, con más delicadeza, de entre sus cabellos un poco de hierba seca y una que otra hoja pudo rescatar. Resuidos de la huida que había cometido hacia momentos atrás, tormentosa evidencia para volver a recordar esa noche tan extraña, y que de momento, quería no considerar. Llevo ahora su mirada a su vestido, que estaba maltratado y sucio con tierra y extractos vegetales que de un verde oscuro habían teñido la hermosa seda violácea. Definitivamente, apenas terminara de atender a la pequeña por la cual estaba ahí, debería atenderse a ella misma, y volver a acondicionar su aspecto, tan cuidado y acicalado como estaba acostumbrada a portar. En ese sentido, realmente era una princesa mimada, aunque no habría de ponerse quisquillosa si no le quedaba otra opción que mantener la mugre sobre su cuerpo.

-Me pregunto… Si podré hacer algo por su condición...- Se diría para si misma, mientras suspiraba con algo de cansancio, y su camino comenzaba a retomar. Un camino silencioso y oscuro, a pesar que de la tenue luz de Isháa iluminaba todo el paraje. Claro, ella prefería oscurecerlo todo en sus ojos, puesto que de momento se encontraba huérfana. ¿Enojada con su madre? Si, aunque sabia que toda la culpa la poseía ella sola, le era imposible evitar sentirse frustrada con todos y con todos, aunque su rostro mostraba absolutamente nada. Una nada tan dolorosa pero que solo ella podía ver…. ¿O tal vez no? Sin siquiera notarlo, había llegado a ese lugar primordial en Nuhl, en donde comenzaba el camino al pueblo y los viajeros solían parar para dar sus ofrendas de haber llegado a destino. Los templos paralelos se erguían, humildes como siempre lo fueron, pero esta vez, tenían algo que le llamo bastante la atención a Cerridwen. Un movimiento entre las sombras, que no podía parecer el de algún animal que buscara refugio, más que nada, porque logro dilucidar bastante bien una figura humanoide entre los templos, aunque esta se movía mas en donde en teoría, y según su desinteresada memoria, se hallaba el monolito a la Gran Bestia. Sabia que no era de buena educación interrumpir oraciones ajenas, pero las horas no eran las propias para una ofrenda. Camino, con cautela, mientras su expresión se volvía un poco dura. ¿Qué cosa estaría en ese lugar?

Una brisa corrió entonces, ondeando sus vestimentas como sus cabellos a la vez. Una brisa que fue paralela al momento en que la doncella albina dirigió con un gesto de su mano, su índice hacia el pequeño templo de la gran bestia. Una luz blanquecina y cálida iluminaría el lugar, revelando así, a una pequeña niña de pálida piel y cabello largo y negro ahí. Sus ojos no se inmutaron, pero ciertamente una mancha de sangre sobre sus ropas, le preocupo.

-¿Será acaso….?- Se cuestionaría en silencio.

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Re: Memoria a la estrella dorada y la flor del viento

Mensaje por Ash el Sáb Jul 21, 2012 3:58 am

Todo estaba en completo silencio ahora, como siempre lo era en Nuhl, desde siempre ha sido un pueblo madrugador y de sueño temprano, pocos son los que en la noche continúan activos en cuanto se pone el sol. Algunos viajeros que hacen el trabajo de guardias los pocos días que descansan aquí, los perros que cuidan al ganado de animales hambrientos, el doctor que sin importar la hora, iría a ver a un paciente a su propia casa si fuera necesario, y por su puesto yo, que tenía cierta afinidad por las noches estrelladas.

Me había manchado mi camisón con un poco de sangre, esta resaltaba claramente en mis blancos ropajes, aun que no era algo que realmente me preocupara, para este punto esas pequeñas manchas parecían siempre haber estado presentes. Quizás consideraría tomar unos días en cama, pero sin importar cuánto descansara, no sentía que realmente hubiera mejora. Lo que realmente me preocupaba era la mancha que cubría la imagen de Brisa en el pequeño mantel que ofrecía de tributo en el templo. Quería llevarlo a casa y limpiarlo, pero una vez depositado hay, sentía que sería una falta de respeto al templo retirarle el reciente obsequio.

Me preguntaba quien mantenía los templos, ciertamente se veían un poco descuidados, siempre solían tener alguna ofrenda menor, excepto en celebraciones especiales donde dependiendo de las creencias de los que festejaran, daban grandes tributos a uno u otro dios, aun que rara vez a ambos. Por mi parte no sabía mucho al respecto, tampoco me importaba mucho realmente, solo era una curiosidad. ¿Realmente las ofrendas llegaran a los dioses?, si es así ¿Sabrán ellos de la imagen de mi sueño?, y si realmente no llegaba ¿quien se quedaba con las cosas? Ciertamente el templo estaba aceptablemente limpio, pero las paredes se veían cuarteadas, los pocos asientos que había tenían la madera en mal estado y las amarillentas cortinas en las ventanas eran solo un recuerdo de lo que un día parecieron ser blancas y radiantes. Lo único que se mantenía en buen estado era la figura misma de la gran bestia, como si se negara a que el tiempo la golpeara.

Decidí que ya había cumplido con mi pequeño capricho, guarde parte de mis cosas hasta dejar solamente dos tazas de té y el mantel, había traído suficiente té para compartir en caso de encontrar a alguien cuidando los templos, pero me parecía normal que estuvieran completamente solos a estas horas. Tome mi té lentamente mientras meditaba sobre lo que había sucedido, ¿ser feliz?, ¿no arrepentirme de mis decisiones?, ¿Snowy y Ashy?, tenía muchas ideas aun en mi cabeza que me llenaban en mis momentos de ocio.

Una vez terminada de beber la taza y haberla guardado, una luz brillante y extraña luz blanca lleno el recinto cegándome por un momento, tan acostumbrada estaba a ver en la obscuridad que había olvidado por completo que una fuente de luz así de inadvertida me enceguecería con una ligera irritación en los ojos, y ciertamente esa luz era más clara y brillante que el de una simple lámpara de aceite. Mi rostro logro sostener su mirada seria a pesar de la sorpresa, pero Instintivamente solté la bolsa de tela en la cual guardaba mis cosas para poder cubrirme con la mano de lo que para mí era en ese momento una dolorosa y cegadora luz. Escuche un crujido y después de un momento mi vista volvió a la normalidad y retire lentamente mis manos para ver a quien había interrumpido mi visita.

Una joven albina con cabello plateado era quien portaba era enigmática luz, su vestido estaba completamente manchado de restos de hierba, polvo y tierra, su armadura y su porte sin duda la hacían parecer una extraña pero curiosa guerrera, sus ojos azules profundos y grandes parecían juzgarme. La escena era extraña, ambas en el templo de un dios, una produciendo enorme luz y la otra proyectando una sombra tan grande como la luz que bloqueaba mi pequeño cuerpo.

Tan pronto como le pude dar un vistoso rápido repare en lo que era más importante para mí en ese momento, mi pequeña bolsita de posesiones, esta se encontraba húmeda y varios fragmentos de cerámica se habían diseminado por el suelo, ignorando a la recién llegada tranquilamente me arrodille en el suelo, examine la bolsita y pude comprobar que el tarro en el cual había traído el té estaba hecho pedazos, junto con los vasos que había traído para la ocasión. La viajera no tenía la culpa, pero tampoco creía tenerla yo, así que simplemente me dispuse a recoger los fragmentos de cerámica.
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Re: Memoria a la estrella dorada y la flor del viento

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Mar Jul 24, 2012 4:27 pm

La hermosa luz de luna ilumina todo aquello que arma comienzo…

En esta oportunidad, si magia luminiscente, sencilla pero muy útil y versátil, le había dado a conocer la presencia de una pequeña niña. Aunque claro, cuando uno poseía la edad que tenia la hija de la Luna, prácticamente todos a su lado podrían ser considerados niños. De todas maneras, su reparo no caía en ese cuestionamiento tan tribal de que hacia una niña como ella, de apariencia tan frágil y enfermiza en ese lugar. Creyentes los había en todas partes, e inclusive alguna que otra remota ocasión había tenido el gusto de conocer personas que le rezaban a Isháa. Pero era consciente de que ni siquiera los fieles de Isháa salían de noche a hacer sus ofrendas, o al menos a la madrugada tan de tarde. Las bestias eran una advertencia común tanto para los niños como para los adultos, viajantes y cualquier otra ocupación con respecto a aventurarse a salir de noche, más aun en soledad. Y esta niña, a pesar de la debilidad que seguro mostraba, se había atrevido a hacerlo. Aun así, algo en ella la delataba como que en su cruzada, no todo había salido exactamente bien. Una mancha de sangre sobre sus blancas ropas que algo desgastadas lucian, era la clara evidencia de que un percance sobre su persona cayó. En ese momento no pudo evitar pensar en la niña que ella llegaba a atender a Nuhl. ¿Acaso había alguna especie de tos que hacia escupir a las personas sangre? ¿Seria una enfermedad contagiosa? ¿Seria un caso completamente aislado, con una explicación razonable como lo eran problemas pulmonares mal atendidos? Esta ultima opción no le habría sorprendido mucho, porque a pesar de que el medico de Nuhl era un hombre noble y cuya pasión era el ayudar a los demás; vivía lastimosamente en un pueblo tan pobre en donde las buenas intenciones no son suficiente para combatir la enfermedad o los accidentes que suelen ocurrir. Claro, eso último estaba más que claro. Llamar a alguien desde el Valle Esmeralda para asistir un caso en donde todos sus recursos se habían agotado, era algo tan triste que la doncella albina jamás se podría haber negado, mas aun cuando la vida en peligro era la de una infante. Una infante, como aquellas almas que supo arrancar de esta cruel y abominable tierra para enviarlos a un mejor lugar, con la diosa Isháa. Misión por la cual ahora estaba condenada a deambular por el mundo, como un alma en pena, como algo que realmente es.

Aunque no es momento de reparar en eso. Cerridwen tiene un pesar en su alma que aun no se disuelve, y sobre ese pesar, posee una amenaza de muerte. Ahora, lo que primordialmente debía de hacer, era de llegar a Nuhl, y curar a esa niña. Y si el destino había puesto a esta otra niña delante de ella, creía ciegamente que por algo, se la había encontrado. Se acerco entonces, intentando hacerlo despacio, más para no perturbarla más. Aparentemente la luz la había cegado, y una bolsa permitió caer, no siéndole extraño el sonido de una especie de cerámica que se partió. Suspiro pesadamente, para luego contemplar como ahora la pequeña la observaba, para luego ignorarla de nuevo. ¡Dos veces en una noche! Y la única mirada de la cual se había ganado distinción, era la de un joven cuya especie podía sospechar, que le había prometido seguirla hasta que sea feliz, y recién entonces, darle muerte. ¡Pero que injusto era! Un asesino que realmente mataba a sus victimas en su mejor momento, un asesino que cortaba del modo mas cruel la vida de quien supo ser miserable. ¿Tendría consideraciones entonces, de dejarla disfrutar su felicidad aunque sea un día? ¿Y que tanto se podría disfrutar si es que sabía que terminaría con su cuello cortado? La muerte, ciertamente, era algo de lo que había dejado de temer hacia tiempo. Era solo una mentira para ella, alguien que posiblemente estaba destinada a lamentarse sus acciones por el resto de eso a los que muchos llaman eternidad. Cerridwen, simplemente lo conocería como infierno.

-¿Qué te paso….?- Pregunto simplemente, endulzando mas su voz de lo que normalmente era, puesto a los niños se les debía de hablar así. Cerridwen ahora estaba a su lado, agachada, con una mirada fría, pero que cabizbaja parecía dolida. Ayudaba en su momento, a terminar de levantar los fragmentos de cerámica rota, que en realidad poco servían ya, pero no era realmente algo que se pudiera dejar en frente de los templos. Si es que era una ofrenda, debería entonces de poder posteriormente compensarlas. Pero ya que estaba, recordó…. Si su madre tenia un pequeño templo, a ella le gustaría que le dejaran algo, pues era ella quien los iluminaba por las noches, aunque no interviniera activamente en su cuidado. Además, no descartaría la posibilidad de que los demás dioses fueran los que hubieran ayudado en su estadía en la tierra. Si, sufría internamente, pero era agradecida de que podría simplemente haberla pasado peor. No había suerte para describir la tranquilidad con la que la mayor parte de su vida había transcurrido, a comparación de las experiencias atroces que podían ostentar muchísimas otras criaturas y con mayor predisposición, los heres. Y esa niña era un heres.

-¿Qué tragedias has visto para que la noche no te asuste, y los monstruos que en ella caminan…?- Pensaría, mientras terminaba de levantar el ultimo pedazo de cerámica que llego a ver, mientras se lo entregaba a ella. Los iba a guardando en su propia bolsa, y sinceramente no era quien para adueñárselos, aunque poco sirvieran. Ahora, mientras esperaba su respuesta, dado que parecía que la niña era también de pocas palabras, como ella, decidió dejar su ofrenda correspondiente. De su bolso saco una de las cuantas manzanas que a su viaje sobrevivió, para dejársela allí. Las ofrendas eran necesarias, por mas banales que fueran, mientra fuera la naturaleza o el tiempo quienes las consumieran. Fue en ese momento, cuando posando la manzana en la gruta y a los pies de la figura divina tallada en piedra, lo observo. Un mantel, bordado y cuya imagen representaba algo confuso, pero sin duda la calidad y habilidad de quien lo hubiera fabricado, era tan grande que no dejaba prestarse a otra calificación más que bello. Un sol dorado, con una figura que podría inclusive reconocer… Una mujer, colluvio sin dudar, con nueve grandes colas de zorro… La apariencia era tan igual, que seria raro inclusive que quien la conociera, no afirmara que ese personaje era Tamamo, cuidadora del templo del gran Zorro… A su lado, un hada de cabellos marinos, que le recordaría a su vez a quien creía seguía siendo la centinela del Bosque Tasmus. Abajo una niña de azabaches cabellos, con un par de conejos y arriba… Una mirada que le recordaría a alguien, y no seria el desquiciado joven que hacia un rato le había dejado en el pueblo de Nuhl… Era una mirada que no podría borrar jamás de sus memorias, por más que estas solieran verse algo corrompidas con el tiempo… Ese ojo era tan parecido a quien le supo dar la sentencia de su juicio y encerrarla en la tierra. Sin embargo, su mirada no develaba mas allá de sus pensamientos, que se veían convulsionados por una sentencia que quizás luego se daría cuenta, seria muy acertada.

-Esta niña… Es especial…-
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Re: Memoria a la estrella dorada y la flor del viento

Mensaje por Ash el Miér Jul 25, 2012 2:37 am

Empecé a recoger lentamente la cerámica rota que se había esparcido por el suelo del templo, simplemente me acomode en un lugar en el suelo y procedí a sentarme para esta sencilla tarea. Era una lástima, ya que el dinero de la clínica era poco y probablemente no hubiera suficiente para comprar una vajilla nueva. Al parecer estaban empezando a escasear los materiales en la clínica, y por lo que pude ver y recoger, muchos de los materiales faltantes parecían haber sido usados en mí. Lo que me hizo sentir un poco culpable, pero también parecía deberse a un incremento a los ataques de viajeros por el área. Temía un poco que esto llegara a los pobladores, pero al parecer lo que fuera que atacara a la gente o se encontraba a las afueras del pueblo o en las partes menos transitadas de Nuhl.

La visitante camino lentamente hasta mi mientras recogía los fragmentos, de sus labios salió una dulce voz preguntando qué era lo que había sucedido. Simplemente negué con la cabeza a responder a pregunta tan poco importante para ambas, no era necesario que nos preocupara por unos guijarros en el suelo, es común que los accidentes pacen. Decidió ayudarme a levantar en silencio los guijarros de cerámica que faltaban por recoger. Todo transcurría en completo silencio, ambas recolectando lo que en un momento sirvió para dar calma a tantos pacientes, viajeros, visitantes y por su puesto a él medico y a mí ahora eran simples fragmentos irreconocibles a la vista, pero en su aroma aun guardaban incontables esencias de olor a las decenas de hierbas que habían sido servidas en ellas.

Casi para no desperdiciar tal esencia, cuando terminábamos de recoger el ultimo fragmento lo lleve a mi nariz para poder recordar por última vez el aroma que siempre procuro llenar en la clínica, un té desabrido al aroma pero que al tocar el paladar se volvía dulce sin llegar a empalagar, esencias de varias hierbas y flores estaban combinadas hay invitándome a beber algo que ya no podía ofrecer.

Terminamos de recolectar los fragmentos que fueron guardados en la húmeda bolsita que los contenía. El silencio fue roto de nuevo por los pasos de la viajera. Al ver sus ropas maltratadas y sucias me preguntaba que habría encontrado en la noche. Ciertamente las sombras ocultaban siempre monstruos acechando y esperando una oportunidad para hacer sus fechorías. Pero sería muy ingenio y desagradecido de mi parte odiar a la noche misma y a sus sombras. Muchas cosas buenas había en la noche y de cierta manera sentía que esta me cuidaba a mí con su manto, en especial las noches de luna nueva.

Se dirigió a la gran estatua, quizás a dar su ofrenda u oraciones, después de todo alguien capaz de portar luz y una armadura tenía tan poco que temer en este pueblo como alguien protegida por las sombras y que conociera el lugar. El desastre estaba prácticamente arreglado, ahora solo quedaba una simple mancha de té en el suelo, la bolsita estaba completamente húmeda, pero las telas que llevaba dentro habían absorbido la mayoría del dulce líquido. Me dispuse a estirar un poco la blusa que vestía para terminar de absorber la última mancha en el suelo. Pude notar ligeras manchas rojas en ella, probablemente del ligero ataque que había tenido, al menos eso significaba que de todas maneras debía de lavar la blusa a la primera oportunidad.

Me levante preparándome para mi viaje de regreso a la clínica, fui en busca del bastón que había dejado junto a la entrada y dejarla hacer sus oraciones en paz a la visitante. A pesar de la delicadeza que transmitía aun tenía una leve esperanza de que ella pudiera luchar por Nuhl, pero temía ser indiscreta ya que corría el peligro de que el rumor se extendiera y la gente empezara a temer, quizás esperaba que descubriera por si misma lo que sucedía o quizás encontrar una pista que le dijera que era alguien en quien pudiera confiar.

Tome el bastón alejándome de la luz, hasta que un extraño presentimiento me hizo notar que aun que su luz provenía directamente detrás de mí, mi sombra no se encontraba al frente, gire y note por un instante a mi perfil en la pared observando en dirección de la viajera antes de volver a su lugar. ¿Qué significaba aquello?
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Re: Memoria a la estrella dorada y la flor del viento

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Dom Jul 29, 2012 8:55 pm

Una respuesta que jamás llegaría, se hizo esperar en silencio, mientras que solo un arrullo del viento se lograba oír a esas horas. La luna seguía en el cielo, aunque poco a poco, como si fueran pequeños pasos que solo Cerridwen podía ver, esta se empezaba a alejar. No cabía duda alguna de que muy pronto, la sagrada Isháa retomaría su descanso y daría paso libre a la Gran Estrella que implacable ilumina con gran autoridad inviolable el maravilloso, mas sin embargo extraño y cruel mundo de Tzion. Eso solo seria una advertencia para la joven albina de que debería llegar pronto, pues aun no podía evitar esa casi maldición de desmayarse a los primeros rayos del sol. Esa luz era tan distinta a la luna, que casi la ofuscaba con su resplandor dorado, y solo y solo luego de haberse desmayado por esta, podría levantarse y enfrentársele. Solo por eso, debería ver de apurarse. Seria muy imprudente de su parte el caer rendida al suelo, a tan poco de poder llegar a su destino, y mas aun con una niña que en apariencia, necesitaba mas ayuda de lo que ella demandaría desmayada.

Esto ultimo, la llevo a divagar nuevamente entre sus pensamientos sobre la verdadera identidad de la pequeña que a su lado estaba. No podría darle muchos años, puesto que a sus ojos era realmente una niña. Una con una mirada sin luz y muy triste. Clásicas miradas de aquellos que han sido vapuleados por la vida más veces de la que un alma puede soportar. ¿Estaría acaso errada en sus suposiciones? Seria triste creer, que con tantos siglos de vida, caminando por Tzion, observando sus habitantes en primer plano, hablando y escuchándolos, siendo testigo de crímenes y bendiciones, y cuantas maravillas y maldiciones que sazonan la vida, no fuera capaz de distinguir una lágrima retenida. Aun en las penumbras, su mirada perlada logra encontrarla sin mucha dificultad. Seria esa misma capacidad la que le ha sabido advertir a muy buen tiempo sobre la mentira que implicaba esa piel de cordero con la cual en su momento Perseus se presento, o la naturaleza maligna que intento en su momento disimular esa figura extraña que como Ulthegor se supo presentar en sus sueños. Pero no hay caso en seguir dando vuelta en el asunto. Esta pequeña niega con su cabeza a responder su cuestionamiento. ¿Vergüenza, pena, miedo quizás? ¿Habría ella escuchado la historia de aquella mujer albina de mirada metalizada que robaba las almas de los niños “mal portados”? No seria la primera vez que alguien temiera a Cerridwen, ya sea porque en su subconsciente nadaba la historia de la “Doncella roba almas” o por su figura albina que podía tanto cautivar, asombrar como resultar repulsiva. Aunque la pequeña no parecía temer, mas allá de la primera incomodidad que seguramente su luz había resultado para su visión. Se la veía bastante calma, e inclusive tranquila a pesar de que tuvo un altercado, con lo que pudo deducir mientras le ayudaba a levantar esos pedazos de cerámica, de un juego de te. ¿No era un poco tarde para estar tomando te en un lugar así? Eso solo abría la gama de posibilidades, al hecho de que la pequeña también fuera viajera y se hubiera detenido a descansar allí. Pero es prontamente descartada, pues sencillamente se niega a pensar que esa pequeña viniera de más lejos, y con un equipaje tan ligero… Solo quedaba suponer que era una extraña casualidad el que ella estuviera ahí.

-¿Cuántas probabilidades puede tener uno de lograr encontrarse con todo esto que se me ha presentado? El sueño asesino, el asesino que me perdona, la niña de ropa ensangrentada, y finalmente este… Retrato de tu mirada…. Portero… ¿Qué cosas has estado haciendo en este tiempo….? – Se preguntaría dentro de sus pensamientos, para terminar de pararse, queriendo ignorar un poco el hecho de que la ofrenda estaba manchada con sangre. Las ofrendas con sangre no eran para nada un buen regalo, aunque las circunstancias siempre podían tener significados distintos. Era muy distinto el llevar como ofrenda a un dios sangre de alguien muerto, del cordón umbilical de un nacimiento, de un arma manchada con la sangre de un asesinato o ataque, a que… A que simplemente pudiera haber, de algún modo extraño, del cual prefiere no divagar mas, haberse manchado mientras era llevado o depositado en ese lugar. No, no tiene sentido seguir cuestionándose respecto a ello. Solo ha visto una cosa, que es suficiente para hacerle entender sobre que su destino, o los días de vida que por delante le quedan, serán especiales. Inclusive se atreve a pensar que estarán mucho más agitados de lo que fueron sus primeros años en la tierra, que el descubrir la maldición implícita que en su voz se crea al cantar. Pero por el momento, simplemente ha de seguir su destino, aquel que la hizo aventurarse hacia Nuhl, dejando de lado el seguro Valle Esmeralda. La primera manzana sobre el templo que visito esta. Ahora, poniéndose de pie, y habiendo advertido que su casual compañía se empezó a alejar, pensó que lo mejor era hacer lo mismo. Claro, pero antes debía de pasar por el otro templo que a su frente estaba. Los templos paralelos debían de ser honrados por igual.

Una segunda manzana seria depositada en el templo que levantado estaba en honor al gran Zorro. Fue allí también donde también encontró una manta con idéntico bordado a la que al frente estaba, mas solo que esta, carecía de aquella mancha carmín que ensuciaba la figura de la otra. Obviamente, a partir de esto, deducido que lo otro no había sido mas que un accidente. ¿Algún mal augurio, o solo un pequeño percance? Quizás el tiempo se lo revelaría, si es que acaso la niña se dignaba a contarle que pudo haber sucedido. Y debía admitir que le sorprendió la actitud muda que esta tomo ante su presencia. Podría esperar de un mudo que no hablara, a alguien que tuviera su mismo cuestionamiento, inclusive se justificaba a rajatabla el hecho de que ella prefiriera no hablar, pero una niña… Un niño, debía de tener razones para gritar al mundo, para expresar sus ocurrencias, ideas que todos perdían con la edad. Los niños eran sinónimo de sinceridad, mas sin embargo, esta pequeña apelaba al silencio de manera incondicional. No le iba a reclamar, porque ella tampoco hablaba. Además, eso significaría comentar más de lo que debía, y definitivamente la indiscreción no era algo que hacían a Cerridwen Moonlight. Solo se limitaría ahora, a caminar por el sendero que la llevaría Nuhl, y a pesar de que la niña se movía con ayuda de un bastón, le llevaba cierta ventaja que no intentaría rebasar. La doncella albina también se encontraba bastante cansada.
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Re: Memoria a la estrella dorada y la flor del viento

Mensaje por Ash el Jue Ago 02, 2012 2:53 am

Vi una blanca luz acercarce lentamente a mi, ni si quiera fue necesario voltear para reconocer la aura que despedia la joven que habia encontrado en los templos paralelos. Los animales no parecian amenazados por su figura, asi que apesar de ser una extraña los animales no parecian alterarse con su prescencia. Sin duda era alguien realmente peculiar, ¿habra sido mi imaginación o mi sombra realmente la estaba observando?, y si es asi ¿por que?. Realmente no entendia muchas cosas del mundo, pero sin duda es algo que solo el sol, la luna y las sombras pueden saber, despues de todo, no podia existir sombra sin luz, y sin luz lo unico que quedaba era una obscuridad vacia que no representa nada.

Me empece a desviar lentamente del camino principal, conocia descentemente esta parte del pueblo y queria observar oculta un poco a la visitante. Poco a poco me fui moviendo un lugar donde la luz dificilmente podria pasar, y con tal brillo a su alrededor, ni si quiera necesitaba verla para saber donde se encontraba.

Me sente a descansar en el suelo y surgido en mi una idea, parecia que pronto saldria el sol, una vez que la obscuridad fuera desipada la gente saldria a empezar sus actividades matutinas, el mundo volveria a moverse y me parecia agradable la idea de ver un amanecer, pocas veces habia estado despierta como para ver un amanecer, si no dormia temprano por cansancio, dormia tarde por ver las estrellas, pero pocas veces estava despierta a estas horas, me preocupaba un poco el tiempo que habia pasado en los templos paralelos, para mi habian pasado solo minutos, pero en mi estado, era obvio que habia perdido mas tiempo.

Mire mis ropas, manchadas de té y sangre, no queria que las personas se preocuparan por mi, asi que quizas debia regresar a la clinica viajando detras de las casas, donde algun madrugador probablemente no me encontraria. No sabia cuanto tiempo habia tiempo habia transcurrido, pero la luz de la viajera ya no era visible desde donde me encontraba.

Trate de levantarme pero me di cuenta de lo cansado que estava mi cuerpo, tosi un poco mas despues de ponerme de pie, pequeñas gotas de sangre habian caido de mis labios al suelo, necesitaba ayuda pero no queria preocupar a los demas, era mejor que no supieran el dolor que he tenido que cargar, ellos no tienen por que sufrir esta carga. De todas maneras aun que lo desearan, sabia que no podrian ayudarme ¿cuanto tiempo podre seguir asi?, aparentemente no mucho, pero habia aun un deseo que en mi caprichosamente cumpliria ... admirar un amanecer una ultima vez.
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Re: Memoria a la estrella dorada y la flor del viento

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Dom Ago 12, 2012 11:57 pm

Pasos que no parecen tener realmente un final empiezan a nublar ya su mente. El punto máximo de la noche ha pasado, y sinceramente no sabe por cuanto tiempo mas ha de poder mantener esa fortaleza que la mantiene caminando tan impecablemente tranquila. El cansancio empieza a hacer lo suyo en ese cuerpo que se ha visto envuelto por las ataduras de la desidia que realmente le quitan tanto como velocidad como ganas de vivir. No sabe si llega a tiempo, si llega temprano o tarde para la misión que le han propuesto y que por alguna razón ha aceptado. Podría dar mil millones de vueltas sobre porque su debilidad reside en los niños, causa de primer sueño y su maldito castigo en esas tierras cuyo encanto solo se traduce a corrupción a través de sus grisáceos ojos. No puede terminar de entender porque posee una fijación con estas criaturas que, pequeñas e inocentes, hace que termine cediendo a cosas que ella no tiene verdadera voluntad de hacer. Curar a las personas es una ayuda, un pasatiempo, algo que quizás de algún modo, de la oportunidad de ser felices a esos que no permanecen en el mundo como una condena. La felicidad para quienes nacen en esos parajes es realmente hermosa, considerando que ellos pueden conocerla, aunque no sean capaces de identificarla de bunas a primeras. Saben experimentar la dicha de reír, disfrutar y amar, y como la mayoría de las vidas de los seres de por allí, es tan corta, si son sabios, no dan demasiado tiempo a la pena. Sufrir se sufre siempre, ya sea por una enfermedad, una mala cosecha o un mal de amores. Sin embargo, los mortales viven tan poco, y disfrutan tanto sin darse cuenta, que logran hacerla contrariar. Es quizás, muy probable que Cerridwen sea consciente de la naturaleza tan efímera de los heres, y de las tantas bendiciones que pueden aspirar en vida, que ella les envidia. Ellos mientras viven, pueden ser felices desde el primer respiro hasta la última exhalación. Los niños, los consentidos de cualquier especie… Su debilidad especial. En su inocencia de no entender lo que les rodea, de adaptarse y aun poder creerse tan fácil una mentira como lo puede ser “todo esta bien”, siempre serán más felices que cualquier otro.

-Después de todo… ¿Son sus hijos… no?- Pensaría mientras su pecho se ve golpeado nuevamente por una oleada de pensamientos que le tientan el querer llorar de nuevo. Se siente tan triste, pero ya ha sido demasiado por una noche. La carrera, la llegada, el camino que pareciera nunca terminarse. Su pecho se desinfla en un suspiro intentándose deshacer de todo eso que le hace mal, aunque muy inútil es. Su mirada cae al piso, porque simplemente no puede seguir caminando por ese día con el rostro en alto, como siempre lo hizo, como las princesas deben presentarse. La hermosa y plateada luna lenta, pero de manera veloz y dolorosa empieza a desaparecer del firmamento nocturno. Cerridwen lo siente, puesto no hace falta que observe siquiera su sombra que se va fundiendo con mayor dureza en las penumbras. Es normal, siempre las tinieblas son más fuertes minutos antes del amanecer. Pero por alguna razón decide levantar un poco su mirada y nota que la pequeña que delante de ella va, se desvía del camino hacia un lugar donde la vegetación le dificulta la vista. Suspira de nuevo, restándole importancia ya que si se ha dirigido hacia ese lugar tan de adrede, sus razones ha de tener. No la ve tan tonta como para tirarse a los cardos si sabe que no se encuentra muy bien físicamente. Y no es porque esa pequeña de largos cabellos azabaches se lo hubiera confesado, sino porque la doncella albina lo nota en su dificultoso caminar sostenido por un bastón…

-He de seguir sola mi camino, como nunca antes… Como siempre fue…- Piensa dolida, mientras apura su andar.

Finalmente logra llegar a Nulh, donde la oscuridad parece ser dueña del pueblo. Las lámparas de aceite están apagadas, y en sus calles solo transita el cruel silencio. Silencio que delata el profundo sueño de todas las almas que residen en el pequeño poblado, silencio que duele para quien no sabe hablar y no le hablan. Casi arrastrándose intenta ubicarse entre las casas, y trata de distinguir cual es la tienda de heridos. No hay ni siquiera un gato domestico que se aventure a comer ratones entre los callejones donde hay un poco de heno, y solo viento frío termina por hacerle compañía. El cansancio empieza a atacarla, y su vista le arde como para seguir forzándola a ver donde luz no hay. No intenta entonces alumbrar ella misma su camino, pues no quiere gastar mas energía. Ni siquiera quiere pensar con que pensamientos ha de pasearse las siguientes noches que le toquen para recuperar sus reservas, y menos quiere considerar que no ha pasado ni una semana desde que la luna se escondió totalmente en el cielo. Es en ese momento cuando su cabeza empieza a girar, y ella lo sabe. Alguna maligna nube le ha tapado a Isháa justo segundos antes de que esta se retirara dejando desnudo al firmamento. Cerridwen se siente mareada, y solo atina a apurar sus pasos hacia una puerta donde apuesta que esta el lugar. Intenta abrirla, pero esta cerrada… Sus ojos pierden brillo por un momento, como si la esperanza se fuera también de su cuerpo. Inclusive no alcanzaría a abrir sus labios para que una ahogada palabra llegara a salir. Simplemente trata de empujar la puerta, en vano, mientras que finalmente su maldición la apuñala por su espalda.

Sus ojos se cierran, mientras que sus manos y el resto de su cuerpo se deslizan por la puerta de madera, a la vez que cae lentamente desmayada sobre esta. Pareciera que ha quedado dormida en el umbral de su destino final, sin poder hacer nada más. Solo el sol es testigo de tal acto, pues el mismo con su luz la ha causado, mientras hace resplandecer su armadura de plata, sus argenteos cabellos y su piel de tono nieve. La princesa lunar no parece ahora mas que una simple muñeca que ha caído de su estante de exhibición.


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Re: Memoria a la estrella dorada y la flor del viento

Mensaje por Ash el Vie Ago 17, 2012 3:44 am

Seguí caminando lentamente, algo débil por mi estado, hacia un lugar por aquí donde podría admirar lo último de la noche y ver el sol con todo su esplendor. Temía admitirlo pero era el deseo de una joven moribunda, después de admirar tanto a la luna y a las estrellas, ¿Que mejor forma de irse que ver al sol?, aquella esfera dorada que daba la vida a las plantas, las cuales daban alimento a los animales y estos a su vez ayudaban a alimentar al pueblo. Estaba segura que el sol no se dolía cada vez que daba un poco de vida al mundo, pero estaba segura que aun que a si fuera, de todas maneras daría su energía, aun que no conocía muchas cosas, quizás por algo se iba a dormir todas las noches.

Era mejor dejar de pensar en el por qué de las cosas, si necesitaba saberlo, algún día lo sabría, no había por que confundirse la mente en un bello momento como este. Me apoye detrás de una casa que estaba cercas de la clínica, observando las estrellas. Era una noche hermosa tal vez incluso mi última noche, ya le había podido dar las gracias a los dioses por mis sueños y la oportunidad de despedirme de quien siempre me cuido aquí.

Sonreí observando el hermoso cielo, pronto amanecería, me sentía extrañamente animada aun que dolida por lo que veía, era hora de despedirme de la noche. Unos versos salieron de mis labios creados desde mi corazón, acompañados de una voz tan dulce e inocente que al pensar en lo sucedido dudaba que fuera mi voz para honrar a la noche que tanto me había hecho sonreír en los momentos más tristes.

La primera y última estrella
Oh estrella de la noche, la primera en el cielo, la más bella y luminosa del amanecer y el ocaso, ¿Me recuerdas?
Gran estrella de la noche, ¿Acaso eres tú la que le abres las puertas a tus hermanas para salir y jugar? que juego más divertido que adornar el cielo no puedo imaginar.
Dancen, bailen y cubran todo el firmamento, solo estar con ustedes podría ser más bello que admirarlas.
Paso a pasito las estrellas bailan por todo el salón que es la bóveda celeste, mientras la estrella guía organiza a la orquesta para su disfrute, oh hermosa estrella casi puedo escuchar la música celestial ¿acaso merezco este regalo?
La música se hace más fuerte, empiezo a bailar, todo brilla cada vez más, giro y danzo junto a las estrellas, pero al abrir los ojos solo veo sombras.
Oh gran estrella, tus hermanas se han marchado, solo queda despedirme y agradecer el presente.
Adiós estrella del crepúsculo, por favor sonríe por mi y no mires atrás, temo que mis lagrimas puedas notar.

Las lagrimas empezaron a brotar de mis ojos como una fuente, la noche había terminado y la última estrella había desaparecido, podía escuchar movimientos en las casas, pronto la gente útil del pueblo volvería a su labor mientras yo trataría de aferrarme a la vida un día más, esperando que las sombras, el sol, la luna o las estrellas se compadecieran de mi.

Entonces vi al sol salir con todo su esplendor, un nuevo día había llegado a Nuhl, una nueva oportunidad de continuar estaba ante mí. Sin duda era algo bello como todo lo que surca en el cielo. Era hora de secar mis lágrimas y ponerme la máscara de indiferencia que usaba para la gente, ellos necesitaban esperanza y alguien en quien confiar. ¿Como confiarían en mi si me vieran como una niña triste y asustada? Tenía que ser fuerte por ellos, aquellas personas que nunca me juzgaron y me dieron un nuevo lugar para llamar hogar. Aquellos que he cuidado como tributo a quienes me han cuidado antes de ellos.

Me mire de nuevo bajo la luz del día, definitivamente parecía un desastre, el cansancio pesaba, era hora de volver a mi lugar. Tome mi bastón y avance hasta la clínica donde había un par de personas observando a alguien a la puerta de la clínica. Me acerque a observar que pasaba, era ella, la chica del templo.

Ya no tenía ese brillo blanco que la rodeaba, su piel extremadamente pálida la podría hacer parecer muerta a ojos poco conocedores, pero parecía tener salud. ¿Esto trato de advertirme mi sombra? Era obvio que ella me necesitaba y no la atendí. ¿Tan egoísta era ver el amanecer que mi castigo tenia esta proporción? Me acerque a ella y tratar de sentir sus signos vitales. La gente entro a la clínica buscando al doctor mientras trataba de ver que tenía.

Seguía viva, podía sentir vida en ella, esto era mi culpa, había fallado como protectora del lugar, solo me quedaba una opción, le pedí a mi sombra que me prestara un poco de su poder, tenía que pagar de algún modo el daño que había hecho, y ya no esperaba que un milagro me salvara, pero algo extraño sucedió, podía sentir a mi sombra negándose.

El médico llego junto a nosotras y extrañamente esbozo una sonrisa al ver a la caída. -Todo esto es mi culpa, lo siento, todo es mi culpa y no puedo salvarla.- El doctor simplemente se arrodillo junto a nosotras y con una palmadita en la cabeza dijo unas simples pero tranquilizadoras palabras, "No te culpes si no hay pecado, ve a dormir por favor, todo estará bien.", no entendía que sucedía, pero podía confiar en él. En ese momento mis fuerzas se agotaron. Lo último que recuerdo es que a ambas nos llevaban a descansar a las camas.
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Re: Memoria a la estrella dorada y la flor del viento

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