En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

El castigo de la madre tierra

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El castigo de la madre tierra

Mensaje por Sygnus Lioncrux el Dom Jul 15, 2012 12:13 pm

Lo había decidido días atrás, cuando todavía seguía grabado en su memoria el incidente con la carreta y la travesía por el peligroso bosque en el que había conocido a la guardiana de la zona, si quería tener una visión amplia del mundo, si quería llevar la palabra de Gaea a todos los rincones del viejo mundo, no podía quedarse estancado en el Valle Esmeralda, debía armarse de toda la determinación que pudiese conseguir y embarcarse en un viaje sin destino fijo, pero el comienzo por supuesto, siempre es el paso más grande e importante. El mapa que había estado construyendo le sería de suma utilidad en esta ocasión, había delimitado áreas, marcado los territorios de diversas criaturas y asegurado para si mismo una ruta relativamente segura -pretender predecir la actitud de las criaturas que habitaban el mundo era totalmente inútil- la cual seguiría esperando una travesía sin eventualidades, pero lo que encontraría en el viaje era algo que ni siquiera él había podido esperar o predecir.

Se había armado de equipo, elementos vitales, algo de soga, algunos viales regenerativos, incluso con su talento para la herboristería había fabricado unos cuantos estimulantes físicos con flores de Casiopea obtenidos en aquel bosque de aspecto siniestro que ya había visitado, los cuales le servirían para mitigar el cansancio y acelerar su viaje, aquella planta poseía unas cualidades extraordinarias para multiplicar el potencial físico superando las barreras y llevando el cuerpo al limite, pero por supuesto, su sabiduría le llevaba a no querer utilizar aquellos viales a menos que fuese una verdadera emergencia, por lo que ahora iban bien guardados en un bolso de cuero que pendía junto a su cadera. había embebido su brazo/garra y su espada con un fragmento molido de cuerno de Behemoth, amplificando su dureza y filo -el laboratorio mágico de su maestro había sido de gran ayuda-, finalmente se había encontrado bien alimentado, suplido y ya en condiciones de emprender el principio de su viaje. Dejando atrás el Valle Esmeralda, Sygnus se encontró de cara al camino infinito, si quería llegar al menos como punto intermedio a Nueva Leone tenía por delante una larga travesía cuyo sendero le llevaría a Nuhl como primer destino.

Para su fortuna y siguiendo el mapa que él mismo había trazado, el camino en efecto se encontró libre de contratiempos, incluso había acortado el tiempo estimado de viaje, para lo cual se encontraba ya a 1/4 del recorrido. El paisaje fue mutando, acorde al cambio de terreno y conforme se movía a una zona diferente, la belleza del valle había cambiado y ahora se encontraba sumido en los comienzos de una frondosa jungla en la cual se adentró sin mayores problemas además de uno o dos bicharracos molestos que revolotearon frente a su rostro. El clima también había cambiado, una humedad pegajosa impregnaba el aire y se había atrevido a hacer sudar al aventurero, el cual apartaba algunas molestas gotas con una de las mangas de su equipo de viaje. mas allá de la jungla una estructura llamó su atención, más exactamente una montaña, la cual se alzaba orgullosa frente al peliblanco, acaso debía escalar aquello?, tragó saliva y contempló las posibilidades, aquello no estaba en sus planes, sin duda la travesía le llevaría un día o dos más de lo esperado, vaya retraso!, pero a menos que pudiese mover la montaña -que no podía- no tenía otra opción.

Resignado avanzó por la distancia restante, abriéndose paso por la vegetación hasta la base de aquel "monumento" a la grandeza de la tierra, pero tan pronto como llegó se encontró con una muy grata sorpresa, allí mismo se encontraba una cueva natural, una gruta la cual por seguro atravesaba la montaña completa, estaba salvado!...o eso pensaba. Tan pronto como su sonrisa se había dibujado ante el alivio, la misma desapareció, pues en la entrada de la gruta se encontraba un grupo de 6 hombres, no le fue difícil reconocerles, ladrones...
Todos parecían pertenecer al mismo grupo ya que en el brazo derecho de cada uno se encontraba atada una pañoleta roja, marca inequívoca de su organización, que problema!, su única alternativa estaba allí, a través de la gruta custodiada por el grupo, volver sobre si mismo no era una opción, intentaría de modo pacifico dialogar con los bandidos y cruzar....JA!, como si eso fuera posible, le gritaba su mente y Sygnus lo sabía, pero bueno!, no se puede cambiar el mundo sin tener esperanza, como diría aquel pensador de otras tierras. Respiró hondo y caminó gallardo hacia los hombres, los cuales le miraron en silencio con ojos codiciosos y asesinos...iba a haber problemas, al cuerno la esperanza de pasar por las buenas...
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Re: El castigo de la madre tierra

Mensaje por Amethyst el Mar Jul 17, 2012 12:48 am

El objetivo del viaje no había sido otro que mantenerse en movimiento, nunca pasaba mas de un día en un mismo lugar, a menos que realmente necesitara quedarse por mas tiempo. Las cosas habían ido bien durante toda la mañana, se había adentrado en las cercanías de las aguas del León provista solo de un trozo de pan, algo de queso, algo de agua y finalmente uno de los libros que había rescatado de su paso por la biblioteca —no decía mucho y no le serviría de nada si trataba de encontrar alguna planta medicinal que viviera en el río, después de todo el libro que transportaba solo trataba sobre plantas del lecho marino y por tanto, solo respondían a un crecimiento en agua salada, así que por mucho que tratara de buscar alguna de esas plantas en el río ya próximo, no encontraría nada— todo iba guardado en un pequeño bolso hecho de piel de animal que llevaba colgando de su brazo izquierdo. De cualquier forma se hallaba bastante tranquila, era un día estupendo aunque la temperatura parecía estar algo agitada, por suerte nunca le había molestado demasiado el clima caluroso, mas problema tenía con los días de frío, sí, los días en que la nieve caía, esos días nunca le habían gustado, no podía entender el porque de aquello pero, tampoco era que perdería tiempo tratando de hallarle la explicación a algo que no tenía la debida importancia.

La vegetación se había vuelto bastante molesta, los árboles estaban casi pegados entre ellos y aunque el sol apenas y lograba pasar entre ellos, pegaba contra su rostro con mucha fuerza. Decidió detenerse para quitarse de sobre el rostro la capucha de la capa que traía puesta sobre el vestido de siempre. Suspiró con algo de desanimo, ¿no estaba todo demasiado tranquilo?, eso le pareció bastante bueno, hace mucho que no tenía un viaje con tanta calma, incluso las aves que pasaban volando por sobre ella, parecían hacerlo en silencio...como si estuvieran tratando de no llamar la atención de...

Uno de sus pies quedó atascado entre unas ramas pertenecientes a una enredadera de piso, cayó hacia adelante aunque trato de no hacer ruido. El golpe había rebotado contra los árboles y una voz masculina se escuchó a la distancia, —¿Lo oíste?—, le oyó decir, aunque no pudo adivinar a quien pertenecía la voz porque —para su suerte— había caído tras un gran arbusto. Al menos podía decir que el hombre que había hablado se encontraba del otro lado de la planta que la cubría. Otra voz totalmente distinta a la anterior —pero también masculina— respondió:— Creo que hay alguien mas por aquí jefe, los otros se encuentran por aquí cerca, pero no creo que haya sido alguno de ellos—. Agape quería mirar, ¡por supuesto que quería! así podría saber si aquellos hombres eran de confianza o no, también podía ser que los hubiese asustado con su presencia, en ese caso sería mejor dar la cara, disculparse por el mal entendido y retomar su camino. Eso habría hecho tal vez de no ser por un par de manos que le tomaron por su capa y jalaron de ella hacia arriba, levantándola incluso del piso.— ¡O-Oye! ¡Te ordenó que me bajes! —exclamó con fuerza la commendado mientras trataba de girarse para ver quien era el que la mantenía elevada del piso.

—¡Eh Crinos! ¡Mira lo que encontré por aquí!—, la voz de quien la mantenía en el aire era también la voz de un hombre, podía ver parte de su cuerpo rechoncho y corpulento. Rayos, ¿en que se había venido a meter?— Disculpe señor, debo pedirle por las buenas que me deje en el piso—. Esta vez, movió sus piernas y el resto de su cuerpo para tratar de zafarse del agarre, pero el hombre ahora la había tomado por la cintura como quien lleva un bolso con ropa.
—¡Ah! ¡Mira lo que tenemos aquí!—, ya había oído aquella voz, la peliazul miró nuevamente hacia el frente y allí pudo ver a cinco hombres moviéndose hacia donde se encontraba ella y el hombre que la sostenía. Amethyst parpadeó un par de veces antes de caer en cuenta de que no se trataba de otra cosa mas que ladrones, lamentablemente era lo que parecían y por la actitud amenazante que mostraban la mayoría de los que ahora estaban a no mas de dos metros de donde estaba ella, podía asegurarlo. Ladrones, algo con lo que había estado evitando toparse en cada uno de sus viajes, sinceramente había sido algo torpe, por supuesto enfrentarlos no sería nada si se tratara solo de ladrones comunes y corrientes, el problema era que justamente no los conocía y no podía distinguir quien de ellos poseía dones mágicos y quien no, entonces, debería asegurarse primero de que los miembros eran humanos indefensos antes de poder hacer algo.— Haz encontrado a una bella chica, Faustus. —El mismo hombre que había hablado poco antes —y el que parecía ser el líder—, se acercó a ella sin medir distancias, la tomó del mentón y la observó desde solo centímetros de distancia en sus rostros.— No parece ser cualquier muchacha, pero no podría asegurarlo.— Soltó el mentón del espíritu y el hombre calvo se dio vuelta hacia sus demás camaradas.— Podríamos llevarla donde Gerges en la ciudad, que el nos diga si hay algo especial en ella, así podríamos venderla a un muy buen precio o... utilizarla para nuestros propios fines—. La mayoría de los hombres parecieron mas interesados en la segunda opción que el les daba...¿Gerges?, ¿de quien estaban hablando?

—Escuchen, no tienen derecho a planear cosas sobre mi, ¡les ordeno que me suelten de inmediato o sino...!—Amenazó la commendado con la esperanza de que ellos accedieran a soltarla, sino realmente tendría que ocupar algunos de sus poderes. Para su mala suerte eso solo pareció molestar al hombre calvo que le había tomado el mentón antes, este se le volvió a acercar y con un profundo toque maligno en sus orbes oscuras le contestó a la commendado:—A mi nadie me amenaza muchacha insolente, haré lo que se me plasca y tu estas muy lejos de poder dar tu opinión sobre eso—. Una mirada caprichosa fue lo último que la muchacha pudo ver antes que alguien la golpeara en la cabeza. Perdió totalmente el sentido y ya no supo mas ni de los hombres que la habían encontrado, ni de lo que harían con ella.

Minutos después los hombres llegaron con ella hacia la entrada de la cueva, amarrada de manos y piernas, la pusieron sobre el suelo unos cuantos pasos hacia adentro mientras se ponían de acuerdo en que hacer ahora, por supuesto no todos estaban de acuerdo en quedársela, después de todo una mujer solo traería pleitos en el grupo, las piedras que pudieran sacar a cambio de ella debían de ser lo suficientes para poder darse un gran banquete o perderse entre todas las jarras de licor que desearan.

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Re: El castigo de la madre tierra

Mensaje por Sygnus Lioncrux el Vie Jul 20, 2012 5:58 pm

Un suspiro aliviado escapó de los labios de Sygnus cuando notó que los hombres dejaban de montar guardia y uno a uno se alejaban, al parecer algo les había llamado la atención dejando vía libre al interior de la cueva al menos momentáneamente. Escuchó voces mientras se preparaba mentalmente para correr como si no hubiese mañana, era valiente pero no suicida, un enfrentamiento contra 8 hombres armados no auguraba nada bueno para un solo atacante, por lo tanto debía tragarse el orgullo y optar por un cruce desapercibido, tenía que ser un fantasma. Estaba ya dispuesto a hacerlo cuando una voz femenina resaltó entre los hombres, por lo que podía captar, lo que había llamado la atención de los bandidos era ni más ni menos que una chica, la cual reclamaba ser puesta en libertad...esos hombres estaban planeando comerciar con ella?, eso o quizás algo peor.

Aquel pensamiento fue lo único que le detuvo de salir disparado cueva adentro, en momentos como esos era cuando su honor estaba en juego, tanto su maestro como la misma madre tierra estarían profundamente decepcionados de que dejase a su suerte a una chica en apuros y utilizase como señuelo para garantizar su huida, no podía hacer eso, aún contra sus expectativas debía esperar e intervenir, hacer algo para rescatar a quien estuviese metido en aquel predicamento. Aprovechó el revuelo que la fémina ocasionaba para acercarse un poco más, aún protegido por la densa espesura de la selva circundante, ahora solo unos escasos 2 metros le separaban de la entrada a la cueva y del grupo de hombres que regresaba, para su sorpresa se encontró que, en manos de los mismos se encontraba la dama en cuestión, ahora inconsciente y atada de pies y manos, en aquel sueño forzado, la señorita de cabello azul era dueña de una belleza nunca antes vista, una belleza que sin problemas pudo catalogar como no humana. Quizás a simple vista fuese difícil reconocer la raza de alguien ajeno a la humanidad, pero para alguien con una profunda conexión mental y espiritual con la tierra, de la que todos los seres provenían, esas diferencias a veces infranqueables quedaban expuestas y tan claras como el agua misma.

Apretó los dientes, no podía comprender como podían existir otros con tal corrupción en sus corazones, sus acciones distaban mucho de lo que Gaea había enseñado en los comienzos de la era del hombre, no podía permitir que personas así recorriesen el mundo sembrando dolor y egoísmo sin un castigo ejemplar. Estaba decidido a actuar; con la adrenalina comenzando a llenar cada fibra de su cuerpo, Sygnus se preparó para evocar los poderes de la tierra, debía ser sutil y cuidadoso con los mismos, ya había sufrido en carne propia el mal uso de la magia, no podía permitir que los inocentes sufriesen por su falta de pericia.
Cerró su único ojo activo y comenzó a hablar en voz alta, el factor sorpresa estaba a su favor, aún cuando los bandidos se percatasen de su paradero, sería ya demasiado tarde cuando la tierra dejase fluir la firmeza de su castigo sobre ellos, como si estuviese leyendo un libro, las palabras brotaron, la misma tierra le indicaba el camino para encontrar la herramienta necesaria, Sygnus no hiso mas que repetir lo que Gaea le susurraba al oído. -Madre tierra escucha el llamado!, honra nuestro pacto y responde a mi comando!!- Su voz resonó por la tierra, como el sonido previo al temblor, su cuerpo se envolvió de un aura color jade y la misma comenzó a viajar por el terreno directo bajo los pies de los bandidos, los cuales solo observaban lo que ocurría en aquella fracción de segundos, una vez que estuvo concentrada en la zona, el comando final del hechicero hizo vibrar la tierra con la potencia heredada del elemento al que correspondía. -SOLID CRADDLE!- fueron sus palabras, e instantáneamente un enorme muro de tierra levantó a los bandidos, que salieron disparados como resortes en todas direcciones, por supuesto lo mismo ocurrió con la peliazul, pero el joven del parche estaba preparado para ello, por fortuna la tierra y los cielos le habían sonreído, ya que la jovencita no fue enviada lejos, sino que fue proyectada en las alturas en una recta trayectoria vertical. Mientras caía, y antes de que la misma terminase aplastada contra el piso, Sygnus corrió en su dirección y con un diestro salto, logró atraparla entre sus brazos; el peso de la caída hiso que el joven cayese de espaldas, amortiguando el impacto y por consiguiente evitando que la inconsciente damisela acabase lastimada.

Con el aire trabajosamente intentando entrar en sus pulmones, Sygnus se puso de pie y con la garra de su armadura cortó las ataduras de la mujer, acto seguido la cargó en su espalda y sin miramientos echó a correr cueva adentro, sabía que aquellos bandidos que no quedaran malheridos por el lanzamiento regresarían, pero para cuando lo hicieran, los dos recién llegados ya estarían lejos de su alcance. El aire tibio cambió, se volvió frío y denso conforme se adentraban en la cueva, aquel lugar nunca había sido visitado por el peliblanco, por lo que solo estaba adivinando y contando con su suerte mientras serpenteaba por las diferentes vías y pasajes que se abrían frente a sus ojos...necesitaba distancia, necesitaba escapar y perder a los bandidos...y si alguno les alcanzaba, entonces lucharía por defenderse a sí mismo y a la joven que viajaba a sus espaldas, eso era lo correcto.
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Re: El castigo de la madre tierra

Mensaje por Amethyst el Jue Jul 26, 2012 7:56 pm

Las imágenes del doloroso pasado que la habían vuelto lo que era ahora, se exhibían frente a sus orbes de una extraña manera, como i estuviera viéndose a ella misma y a su madre desde afuera. Podía ver a su antiguo yo, a esa niña falta de experiencia y perdida entre lo que la gente del pueblo exigía, sintió la molestia crecer dentro de ella al ver el rostro cansado de su madre y como lo daba todo para mantener a los que la rodeaban sanos. Pero el pueblo no lo agradecía, el mundo no agradecía que ellos existieran para curar las lesiones que las batallas causaban, heridas que dañaban cuerpo y mente, mas los commendado solo tenían la habilidad para sanar los cuerpos y caen a veces enfermedades y males controlados por la mente, males que nadie puede curar excepto la propia persona enferma, ese había sido el talón de aquiles de la raza y la razón particular para que ella y su madre fuera juzgada, males que no podían ser curados, el pueblo no lo podía entender y las hicieron sentir basura, escoria, seres incompletos, inútiles en batalla y contra enfermedades que decían que eran "incurables". Que estúpidos que resultaban ser los humanos a veces.

No, ahora no era aquella misma muchacha que se dejaba pisotear, pero aún así seguía odiando la violencia como un medio para apaciguar problemas, era quizá esa la razón para que la gran mayoría de las técnicas que poseía tuvieran un modo mas defensivo que ofensivo. Ahora que se ponía a pensarlo, ¿no era que momentos atrás había estado en medio de un bosque? ¿Y los hombres que la habían capturado?, en ese momento rompió las barreras entre el sueño y la realidad y con algo de dolor abrió los ojos. Dios, se le partía la cabeza del dolor, ¿Que rayos era lo que estaba pasando? Le costó un par de segundos el acostumbrarse a la luz del día mas, por alguna razón a medida que avanzaban el recorrido se iba volviendo mas y mas oscuro. ¿que estaban avanzando? ¿Hacia donde?
Llevada por el poco entendimiento que tenía acerca de la situación en que se encontraba y el no conocer a la persona que la estaba cargando, la llevaron a preguntarse si debería aparentar el seguir desmayada mientras averiguaba que estaba pasando —porque estaba extrañamente desatada, alguien que la hubiese raptado no la llevaría con las muñecas desatadas a sabiendas de que podría despertarse e intentar escapar— o preguntar sobre el porque se estaban adentrando en una cueva de la que no tenía la mas mínima idea. Algo tímida se atrevió a observar al muchacho que la cargaba, desde su posición no podía ver mucho y estaba segura de que muy probablemente el ya se hubiera dado cuenta de que había despertado, como fuera, lo mejor era informarse así que —esperando una buena respuesta— le preguntó al joven de cabellos platinados: —Este...disculpa, pero me podrías decir el ¿porque estamos corriendo?, no te pareces a los bandidos que vi rato atrás —. Los orbes azules de Amethyst se movieron curiosos mientras examinaba a quien la cargaba y hasta que pensó en eso reparó en que ya podía moverse por sus propios pies. —Debo de pesar...—apenas se sonrojo al decir aquello... ¡¿sonrojada?! ¡¿Ella?! —Si quieres puedes bajarme, ya puedo correr yo sola y...puedes decirme el porque nos estamos adentrando en una gruta de la que no se absolutamente nada —.Lo que le ponía algo tensa es que si no sabía por donde se estaba moviendo, tampoco podía estar segura de si ese lugar era seguro o si ningún monstruo les saldría al paso.

Una punzada de dolor cruzó su espalda, —rayos, me siento como si me hubieran arrojado por los aires luego de patearme fuerte—, mascullo entre dientes la commendado, quejarse no era lo suyo, pero no recordaba haberse lastimado con nada antes de caer desmayada entonces...sería que tal vez "algo" había ocurrido mientras ella estaba inconciente.

El tema continúa en la Gruta Rostig...

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