En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

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Mensaje por Liz el Miér Jun 20, 2012 9:00 pm

Atuendo:

No había alma alguna en los alrededores. Ni siquiera las ratas se acercaban a su nido aquella noche. Solo aquellos que llevaban más tiempo de la cuenta reposando en los brazos de Morfeo serían testigos de aquella reunión. De aquella reunión en la cual la locura & la cordura darían un paso aparte para dar lugar a un nuevo nivel de demencia. La tierra estaba húmeda, pero las gotas ya no caían desde el cielo. El hedor a podredumbre parecía asomar por los poros de la tierra, como único acto de presencia de los cadáveres, y únicos testigos, que yacían bajo los suelos del cementerio.

Debía decirlo, estaba excitada. Creo que sería su primera vez.

Siempre había sido en sueños. Lo había visto y oído en sueños, le había susurrado lo que había y no había que hacer, pero esta vez la había convocado en persona; podía presentir que aquella noche sería diferente. Que aquella noche por fin podría verlo, podría sentirlo...

Entró apenas rozando el suelo con la punta de los pies, ataviada con uno de sus mejores y más clásicos atuendos. Sus alas desplegadas, brillantes como siempre, con aquellos colores puros del arcoiris y enroscadas a ellas un par de ramas de árboles las decoraban. Irónico, siendo que no eran más que aquellas almas que habían extraviado su camino las que brillaban encerradas en aquellas cárceles de cristal, atraídas a ellas como polillas por la luz.

Iba con los ojos cerrados. No necesitaba ver el camino, tan solo necesitaba sentirlo.

Estaba entusiasmada; cada poro de su cuerpo estaba esperando por esto. Necesitaba su guía, sus palabras, su consuelo. Lo necesitaba como un todo, necesitaba que le dijese que hacer. Fuera lo que fuese, ella le serviría como siempre lo había hecho y haría cumplir su palabra en la tierra de los mortales, como la vil peregrina que era.

Se dejó caer sobre una roca, estirada, tal cual era. Aún no abriría los ojos; cuando el apareciese lo sabría, sabría que era el momento y probablemente todos aquellos que durmiesen en los alrededores también lo sabrían, porque sería el primer paso para que la era de las pesadillas comenzase.

Si había algo que adoraba, era la calma.
La calma antes de la tormenta.

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Re: Sí Señor.

Mensaje por Fatus el Jue Jun 21, 2012 2:36 am

???:
Nombre: ???
Tipo: Externo
Nivel: 3
Elemento: Absoluto - Sombra
Particularidad: Mensajero [La capacidad de aparecer en cualquier lugar y en cualquier momento, incluso en múltiples puntos]
Ataque físico: Extremidades - Fuerza Brutal
Ataque proyectil: Descarga psíquica - Golpe Psíquico - Movimiento instantáneo
Talento mágico o psicológico: Lectura de Mente
Dieta: Desconocida
Hábitat: Desconocido
Terreno: Desconocido
Organización: Solitario
Ciclo activo: Desconocido
Valor: 220 Piedras
Amo: Golajab

Tanto lápidas como platas conmemorativas estaban cubiertas de esa extraña humedad que ahoga el ambiente oscuro y completamente irreal. Las penumbras son dueñas de la terrible atmósfera que amenazaba la estabilidad de todo Nuhl, algo extremadamente poderoso había puesto su atención allí, y era nada más y nada menos que aquel que gobierna el mundo de los sueños. Desde lo más lejano del inconsciente sus pasos fueron guiados hasta el Necritum de Nuhl, aquel pueblo campestre donde cada mil años ocurren desgracias, donde Ishaa tiene que brillar fuerte, junto a los infinitos astros bajo los nocturnos cielos cielos del Valle Esmeralda. Pero lo que muchos no saben es que ese año donde justamente las cosas ocurrían era el que los mortales ahora transitan y que según los retorcidos archivos todo seguía su curso natural, el caos impensado se había desatado desde el momento que la tragedia del Bosque de Tamsus ocurrió, la muerte de la última Centinela del mencionado bosque.
Era verdadera tarea, que a aquella criatura que reposaba sobre una piedra aislada pertenecía, pero que Golajab terminó por entender que no sería realmente conveniente situar a su "pequeña" cuando el odio injustificado del Oscuro fue la excusa correcta para romper todo tipo de reglas, induciendo a esa pequeña criatura alada a su reino, junto con la guardiana del templo esmeralda para que sea su testigo. Todo a través de la frágil cabeza de una niña que ni siquiera había desarrollado su cuerpo, una flor marchita en medio de lúgubre pantano; Aquellos que escriben la historia la utilizaban como su entretenimiento y fuente efímera de sufrimiento constante, alterada, desfigurado su espíritu por la maldición de la soledad y él desprecio, compañera inseparable de las peores virtudes de la muerte.

Pero la última puerta se abrió...

El constante viento que había a los alrededores incorporó una sobrenatural humedad, a su vez trayendo consigo un clima tan helado que muchas de los insectos que andaban husmeando por los suelos morirían inexplicablemente, explotando frente a la corriente cargada de terrorífica energía que susurra ciento de voces proveniente de terrenos obtusos y abismales, sin dudas retorcidos y lejanos. El cuerpo puede pesar, sentirse incómodo y lo suficientemente alterado como para indicar algo bueno. No obstante el cambio de ambiente no afectaría a la pequeña y dulce desquiciada de cabellos dorados y prendas carmín, adorable y única con preciosas alas muertas. Su nuevo y horrendo padre la había habituado levemente a aquella sensación que constantemente sufre en sus sueños, pero que finalmente, tras recorrer con sus pequeños pies miles de pesadillas se volvía parte inevitable de la realidad. Esa enferma corriente que aprisiona al alma sin piedad poco a poco se transformaría en una inusual oscuridad que eclipsa toda fuente de luz, nada que no fuera la incertidumbre de no poder mirar uno lo que hay debajo comenzaba a surgir en medio de un silbido recurrente y constante, además de las distorsionadas voces que tomaban una forma más concentrada, donde las piedras que sacuden los cadáveres durmientes se forman en largas hileras, todas con identidad, con honores y desgracias a lo largo de las noches que necesitaron vivir para reencarnar en algo mucho peor, quizás polvo o tal vez los últimos llantos de la desesperación de las raíces de la demencia senil.
Las estructuras artificiales crujirían ante la aparición de la niebla sobrenatural, de colores brillantes, aunque principalmente gris es el polvo que comienza a formarse en ese punto donde ella, al poder levantar la cabeza, observaría que la única fuente de luz opaca existente es esa danza de sombras y esencias condenadas, originadas de lo que alguna vez fue la ilusión de un Heres.
La ilusión del mensaje maldito y la promesa que solo se cumplirá cuando ella vuelva a morir.

¿Pero que es lo que esa luz dejó pasar tras un poderoso vendaval de pura psicosis materializada en el más desolador vacío helado? Tanta cantidad de oscuridad y a su vez niebla colorida solamente permitían visualizar una suerte de figura esférica que su radio muy fácilmente podía triplicar el tamaño de un Heres masculino y desarrollado. De sus laterales se observaban dos gigantescas cuchillas curvas que se chocaron en silencio entre si, lo más cercano a extremidades que existía en esa aberrante forma hecha de carne gris, vida, que se movía como millones de gusanos en la tierra más muerta, produciendo pequeñas explosiones de grasas y materia líquida que desbordaba de la muy mal tejida carne de extraña procedencia, remachada con hilos y partes metálicas incrustadas con muy largos clavos de madera podrida. Proveniente de ese bizarro cuerpo, que a muchos produciría nauseas, nacería un gigantesco cuello, más grueso que largo, atada con trapos azotados por la mano de un artesano, carne y sobretodo muchas placas metálicas que se funden constantemente para formar un rostro inexpresivo y muerto, seguramente porque se tratara solamente de una máscara sin verdadera cara, plateada , sin nariz y con grandes huecos para unos diminutos ojos de color tan negro que apenas se podían notar entremedio de la constante descomposición de la grisácea carne falsa que compone dicha aberración. Su esquelética faz parecía flotar en medio de tanta incertidumbre que ni siquiera necesitaba mencionar palabras para saber que se había manifestado, es tan poderosa su presencia que todo el pueblo de Nuhl, y sus alrededores, la podrían sentir sin problemas. Las violentas corrientes de las pesadillas corrían a su alrededor, imponiendo la gigantesca fuerza que poseía, lo suficiente como para poder aniquilar el Valle Esmeralda y Nuhl si realmente fuera su misión. Pero ese ser defectuoso, que poseía una extraña capa azulada tras sus espaldas, es un simple Mensajero de los Sueños. Ser dedicado exclusivamente a este tipo de situaciones...Donde los Hijos del Tirano de los Sueños necesitan conocer sus pasos, primordiales, para que su señor se haga dueño de cientos y cientos de inocentes almas cuerdas.

¿Acaso no sentirás en estos momentos la demencia susurrar cientos de frases paganas en idiomas retorcidos y dañinos para tus oídos? Acércate al mensajero que tu señor envió a través de los planos, cruzando tu subconsciente para manifestar el mismo como una realidad, una verdadera idea que se materializa en el mundo real, una pesadilla que dejó de ser tal para convertirse en un heraldo de la muerte y la perdición.
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Re: Sí Señor.

Mensaje por Liz el Jue Jun 21, 2012 7:46 pm

Y la energía poderosa se hizo presente. Casi podía sentirlo acercarse a ella, creando aquella intimidad que tanto había deseado tener, y que no había podido obtener en sueños. Ya iban años desde que servía a Golajab, y aunque cada día se sentía más cercana a el, sentía que no era suficiente, y que era el momento de que se lo encontrase en persona, y pudiese adorarlo con toda la magnificiencia que era requerida. El "mundo" o más bien la "realidad"comenzó a desvirtuarse, a sentirse más lejana, a desaparecer entre la niebla de los sueños que comenzaba a empaparlo todo. La roca en la que yacía des
la realidad, cuando esta hubiese bastado para volver demente al más cuerdo de los heres.

Sabía las cosas sin saberlo; sabía que la energía de Golajab se hacía más fuerte en este territorio, por lo que suponía que el habitaba en aquél valle, aunque no se le había informado, y sabía que una misión grande se venía, o que algo ya había ocurrido, porque no parecía normal, por muy su territorio que esto fuese, que pudiese mover su esencia tan libremente por el pueblo, y afectar a todos los habitantes practicamente, sin que algo o alguien se interpusiese. De todos modos, no se lo cuestionaba mucho, se limitaba a sonreir con los ojos cerrados mientras las supuestas ramas de árboles que se encontraban atascadas en sus alas, comenzaron a desintegrarse, a podrirse y a caerse a pedazos, conforme la esencia de Golajab se iba haciendo presente en el cementerio.

Y el milagro ocurrió.

El clima cambió de golpe, y las ramas terminaron de pudrirse bajo el golpe de humedad que recibieron. Las voces fueron como música para sus oídos, más aún no abría los ojos. Quería saborear el momento por completo, el pasar de su pequeño retazo de cordura, que le propiciaba la seguridad de su mente no influenciada por lo visual, para recibir a Golajab en todo su esplendor, siendo lo más grotesco y deforme que Liz jamás hubiese podido soñar.

Una luz. No, varias luces se hicieron presentes en el lugar, y cuando Liz alzó el rostro, y abrió los ojos, la niebla ya lo empapaba todo. Podía saborear, deleitarse con el sufrimiento que recibirían todos aquellos que tuviesen la desgracia de habitar en los alrededores y fuesen atacados en el lugar que pareciese más seguro: en sus sueños. Que ahora, se habrían vuelto en solo pesadillas.

Una luz zurcó el aire, y los ojos de la pequeña se desorbitaron con excitación. Sus pupilas se expandieron, grandes, mientras imágenes de dolor y muerte cruzaban por su retina. Una mueca siniestra, casi deforme se dibujó en sus labios, dejando entrever aquellos blancos dientecitos, que rápidamente se iban transformando en sierras de marfil. Al tiempo que el ambiente cambiaba, así lo hacía el cuerpo de la pequeña, oscureciéndose sus cabellos para tomar el color ocre de la carne muerta. Sus alas parecían caerse a pedazos, pero no estaban más que botando el capullo para dejar ver la monstruosa realidad de su cuerpo.

Observaba asombrada el cuerpo que se encontraba frente a ella. No le duplicaba, no le triplicaba, podía fácilmente cuatripliarle en tamaño a la pequeña Liz. Su respiración se agitó, y su corazón muerto practicamente deseaba salir de su pecho para ser ofrendido a su Dios. Abrió sus alas y flotó en el aire, solo rozando la roca con la punta de sus pies, como si sus alas la quisiesen llevar más alto de lo que podía llegar. No fue falta de respeto que clavase sus ojos en las pupilas negras de su señor; simplemente no podía dejar de hacerlo. La sonrisa se ensanchaba más y más, mientras pasaba el tiempo en el que probablemente debería estar reverenciándose.

Tan solo se quebró el hechizo cuando una voz irrumpió en su cabeza. Más bien, muchas voces. Cuando logró descifrar el mensaje, su sonrisa se borró lentamente de su rostro, y sus alas la llevaron nuevamente a tierra.

Un mensajero. Eso era todo.
No era Golajab en persona.

Miró a su alrededor. ¿Eso era su subconciente? Ciertamente estaba irritada y confundida. No es que un mensajero no fuese suficiente, pero... no era lo que esperaba.

Dejó que las ideas enfriasen un poco dentro de su cabeza. Y bajó de la roca, dando un paso adelante, obedeciendo la orden.

Sonrió de medio labio. Puede que hablar no fuese necesario, pero no había ser viviente capaz de escuchar esa conversación en las cercanías.

- Un.. Mensajero - Repitió ahora en voz alta.

- He viajado continentes, he sufrido mil penurias, he asesinado, torturado, maltratado, violado, saqueado, espantado e extinto una raza entera. - Hizo una pausa y dio un paso más. Ciertamente su actitud no era agresiva fuera de los estatutos entre los de su clase se trataban, más si este era muy ¿Sensible?, podría tomarlo como ofensa.

- MI raza - Agitó la cabeza, apartándose el pelo de la vista.

- Por él. Y me envía un mensajero. - Suspiró y se dejó caer en la roca nuevamente, ciertamente decepcionada. - ¿Para qué me necesita, cuales son las órdenes? - Era como si quisiese acabar con aquello lo más pronto posible. O quizá, solo había que darle tiempo.

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Re: Sí Señor.

Mensaje por Fatus el Sáb Jun 23, 2012 6:54 am

Es un mero mensajero lo que interrumpe la paz en el pueblo porque simplemente ella no merece todavía encontrarse en el eterno mundo de los sueños, donde su adorado señor poseía millones de formas distintas, cada una de ellas más trastornada que la anterior. Pero lo que si es falso es el hecho de que el Tirano de los Sueños jamás se había encontrado con ella en realidad, estaba ahora mismo en el aire, en la tierra, en la mente de aquellos que alguna vez desearon un sueño sosegado. ¿Como concluir con esta historia cuando una criatura de tales dimensiones se manifiesta en un pueblucho cualquiera? Su mirada impactante contra la emoción ajena, apagada por la certera realidad de las voces invitadas que le advertían que aquello era un mísero mensajero, aún así ella afrontaba con sabiduría aquel maremoto de desilusión que aquella bizarra criatura entendió al instante de haberse generado en el constante correr de sus vacías venas corruptas. Imaginar que ella se atrevía a atacar al mensajero exclusivo que su señor había creado para su adorada y frágil imagen ¿No sería como atacarlo a él mismo? Para ella si, sabía aquel mensajero que su poder, y el de la gran mayoría de esa región, era insignificante a su comparación. Ya la mínima presencia de esta criatura viajante puede distorsionar la realidad habitual, pero de ahí a manifestar verdaderamente su poder...Era una lejanía bastante improbable e innecesaria. Ella simplemente moriría con el deseo inexistente de esa criatura, y para peor, podría morir sin siquiera recibir las deseadas ordenes que ella estaba apresurando.

Aquella criatura, al verla tan relajada, decidió mantenerse en sel mismo lugar donde había sido invocado por la desgracia e infortunio de su señor. Las desordenadas y quebradas voces del abismo comprenderían una suerte de patrón en común al cual podría decirse que era la muy extraña voz de aquel ser de apariencia redonda y de poder mágico insuperable. Voces agudas y graves bailan una danza mortífera mientras que los niños fallecidos de la inocencia se dejaban seducir por las orgías que los adultos dirigen y maquinan en casi cualquier instancia, aquella aberrante e inmunda mezcla producida por la desesperación de los justos al morir dentro de sus sueños crea un eco infernal y desentendido que resonaría por mucho tiempo en pequeña y débil cabeza de aquella que no es más que una baja hija del Gran Golajab, señor del subconsciente y herrero de todos los sueños rotos. Y aunque sus reclamos fueran un gigantesco insulto al juicio de su amo el mismo haría oídos sordos, como bien se pudo notar. Todo para enseñarle el verdadero camino que en conjunto de sus "hermanos" había trazado para poder desatar tarde o temprano el inevitable Qlifot, claramente aquellas voces solo reproducirían murmullos inconfesable e incomprensibles, pasando como parte de una brisa pasajera que servía de fondo para una voz dominante, aparentemente masculina, pero que por sus distorsiones podía fácilmente engañar los sentidos menos desarrollados.

- "La indiscutida voluntad de Golajab muestra satisfacción consigo mismo, aunque esta bastante desilusionado por la falta de participación en el principal objetivo en esta región, cumplida hace menos de unas horas. La aniquilación de la Centinela de Tamsus conocida simplemente como "Brisa" , siendo imperdonable su castigo tras intentar frustrar los condecorados y complejos planes del Gran Tirano" -
Las caóticas voces dispersaron la principal invocación de su existencia a un terreno aparentemente agradable como lo puede ser el Necritum, irónicamente, donde seres desterrados al olvido atraviesan la descomposición natural. ¿Acaso no había mencionado ella también la muerte de toda aquella raza con la cual ahora tiene que cargar? Eso al Terrible Golajan no le satisfacía ¿Que es la muerte de cientos de inocentes para una entidad tan rencorosa con todo lo que existe y esta vivo? - "Los terribles presagios provenientes de los sueños incitaron al Grandioso a decaer tu existencia, Asesina. Agradecida deberías estar al arrastrar el enorme peso de la deserción, el cual abre las puertas a los Jardines Eternos. Sin saber apreciar su infinita bendición ; El Eterno busca equilibrar su juicio frente a este retorcido sueño realista." Palabras, más palabras que hacían de eje a aquella pequeña queja que la rubia había manifestado con el capricho típico de una niña, a la cual se le podía cargar con miles de palabras sin efecto, pero que a su vez eran como al Talmud impecable, las verdaderas tabla de los mandamientos forjada por la consciencia inexplicable del Señor de los Sueños, el cual a continuación daría introducción a su verdadero diálogo, pasando muy por encima cualquier actitud de ella, quien sumisa deberá permanecer para no ser ella quien desaparezca luego.

-" Como así fue prevista tu más grandioso sacrificio , será también anunciada la llegada de terribles presagios a estas tierras forjadas en los sueños rotos de quienes descansan bajo tus pies, Verber.
La tierra abre paso a una nueva Centinela, mucho más poderosa y rigurosa que su antecesor. Terribles estragos en este asentamiento que debes presenciar; muchas criaturas que están en contra del infinito régimen del Gran Golajab ; la inesperada aparición de una esclava prófuga de sus irrompibles cadenas ardientes."
- Los terribles profecías que jamás se equivocan son las que recaen ahora a manos de la niña de vestido rojo. La responsabilidad de conocer uno de los futuros más probables. Porque inevitable es su marcha y su desenlace.
- "De las esencias de los hijos del Alocado ente de las estrellas debes alimentare, como también de los que creen que existe la retribución y la Nobleza. Los seres vivientes intentarán desterrar la amenaza de Tamsus de una vez por todas, al Norte seguramente se dirigirán, donde las murallas son impenetrables ; donde su dictador es capaz de vencer a un ejército entero. Pero toda tu atención debe postrarse en este lugar, Verber. Se acerca el día donde la Hija de Ishaa conozca a la Asesina de la Hija de la Gran Bestia, a la primera debes de amenazarla con el resurgir de la Noche de Jubileo." - Detrás de ella a varias entidades que de alguna forma deberá ella encontrar para el total beneficio del Inmenso arquitecto de las fantasías. Si esa era su palabra ella debía de cumplirla sin rechistar. - " No estarás sola, interesados existen en cada rincón, pero nada debe desviarte de las infernales garras del Aislado Señor de las Quimeras, o serás tu la única que desaparecerá, como el resto de tus pares, en el eterno olvido y en las peores penumbras donde el placer se vuelve dolor y el dolor la verdadera retribución eterna a tu desgraciada naturaleza Traidora, Verber." -

Era duro el mensajero que recién terminada su última palabra quebraría en el silencio más profundo existente. Golajab no era del todo claro, ya que la forma de mencionar a los distintos sujetos sin nombres era una suerte de rompecabezas a armar. Para peor, más de seis personas se involucran unas con otras. Caballeros, avatares, esclavos y cazadores...Una enredadera de identidad que forjan muy extraños intereses entre los Tiranos del Abismo. ¿Que planean? Nadie lo sabe, pero ella había recibido la orden más clara posible...Asesinar, matar y crecer de la forma más directa posible para así transformarse en la verdadera voz de su Señor, aunque el mismo por mero morbo llegue a ocultar información a su agente de rasgos dulces y actitudes tétricas. Será que todo lo que ella tuvo que sufrir, para encontrarse con un simple mensajero, es una suerte burla. No sería fantasioso pensarlo así...Pero es más lógico obedecer a alguien que puede devorarte mientras duermes o caminar en una supuesta realidad en común...Un engaño colectivo.

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Re: Sí Señor.

Mensaje por Liz el Sáb Jun 23, 2012 6:36 pm

Continuó jugando caprichosamente con sus ropajes, haciendo berrinche como niña pequeña. Estaba decepcionadísima, y ciertamente un poco frustrada con ella misma ¿Acaso que estaba pensando?, era muy poco probable que Golajab se le presentase en cuerpo y poder, menos en un lugar como ese. Tendría que contentarse con verlo en sueños... literalmente. Alzó la vista escudriñando el extraño ente que tenía al frente. Buscó su cabeza, al final de aquél largo cuello, y se topó con sus negruzcos ojos. Al fin allí pudo sonreir; esa mirada, esa distorsión y ese poder no podían pertenecer a nadie más que no fuese Golajab. Se acomodó en la roca dejando colgar sus piernecitas, con ternura, mientras le indicaba fielmente con la mirada y pensamientos que era completamente suya, y que escucharía lo que tuviese que decirle.

Observó que este mantuvo su distancia, y con agilidad casi felina, se bajó de la roca para acercarse un poco más a aquella aura tóxica que emanaba. Sintió el casi inevitable deseo de acurrucarse a sus pies y desfallecer en locura, mas se contuvo. Se conformó con acercarse paso a paso, con lentitud, mientras estiraba la mano, como deseando acariciarle aquella máscara que hacía de rostro. Meció el rostro hacia un lado, emitiendo un suave ronroneo al ser cobijada por aquellas voces que resonaban con más y más disonancia cada vez, entrecerrando los ojos como gata en celo.

Y allí fue cuando la voz irrumpió en su subconciente, que era prácticamente más propio de Golajab que de ella misma, y continuó con aquello a lo que había venido.

La primera frase bastó para que Liz dejase su mano a escasos centímetros de tocar al mensajero, quedándose practicamente petrificada, por unos segundos que se le hicieron eternos. Liz apenas había llegado al jodido puebl, y se había perdido toda la acción. Le había fallado, e indiscutiblemente había sido su culpa. Se había entretenido en el camino, haciando calar la primera pieza de su tablero de peones. Mas no se arrepentía, aunque le hubiese gustado estar presente más que nada en aquella matanza, más aún si Golajab mismo estuvo presente, estaba segura de que el nuevo "aliado" que había conseguido le sería de muchísima utilidad. Lo presentía.

Apartó el rostro hacia un lado, entre avergonzada y frustrada.

{Le he fallado a Golajab. Pero todo tiene su explicación, quizá mi emífera ayuda no fue necesaria, para que se me fuese encomendada esta misión mayor. Además, he conseguido una ofrenda que de seguro nos será útil a ambos en la recta final que nos depara...} Pensó mientras se castigaba a si misma en pensamientos.

Liz le encaró, humillada y ciertamente alterada.

{¡Eso lo se!... } No tenía palabras, mas bien pensamientos para explicarle lo que sentía. De todos modos, era innecesario. Lo mejor en ese momento era guardar silencio.

De todos modos, la chispa de esperanza, de recuperar aquél fallo y transformarlo en un indiscutible triunfo se había abierto ante ella. Habría una nueva centinela, y ella sería la llave que abriría paso a volver a obtener la confianza de Golajab. La excitación hirvió en su sangre nuevamente y las ansias de ser ella quien le colocase las cadenas nuevamente a la prófuga le hacían perder la calma nuevamente, dejando que sus rasgos más bestiales volviesen a resaltar dentro de su cuerpo de hada.

La amenaza no hizo mas que la excitación en su cuerpo aumentase mas, de una manera bizarra. Era añadirle dificultad al asunto, y ahora que tenía por fin un nuevo objetivo, preciso, en su mira, las cosas cambiarían. Además, con sus palabras, confirmó que su nueva adquisición le sería de utilidad. Los aliados nunca estaban de más, siempre y cuando supiesen quien estaba al mando... y se los recordasen de vez en cuando.

Al parecer la amenaza fue su última sentencia. Liz aprovechó el silencio para acercarse nuevamente. Volvió a flotar en el aire, esta vez decidida. Acercó su rostro al de la criatura, que aunque no fuese Golajab, era su mensajero, para besarle con la suavidad de una amante la "mejilla", dejándose devorar por la corrupción.

{Eso es para él...} Dijo sonriendo.

Ahora solo le quedaba volverse fuerte. Muy fuerte para poder cumplir los deseos de su señor.
¿Qué pasaría después? No lo sabía, pero tal como lo hizo en ese beso, estaría entregada en cuerpo y alma a Golajab hasta que el hechizo se rompiese.
Era una vil niña enamorada de su señor. Del señor que le había enseñado la belleza de la manera más bizarra.

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Re: Sí Señor.

Mensaje por Fatus el Sáb Jun 23, 2012 7:25 pm

Los seres vivientes corresponden con mucha alegría al horrendo régimen que los Dioses le proponen. En vida, como en muerte, pertenecen a su voluntad...Aunque aceptar este destino ya es un paso muy distinto al solo hecho de existir dicha ley inquebrantable. Es por eso que Golajab seguramente no hubiese devorado a aquella infante de cabellos Rubios la cual había sacrificado su tiempo y su alma a la horrenda presencia del Tirano del inconsciente, sabía que ella ea lo suficientemente leal y entregada como para ser llamada una digna esclava que tiene que ser ejemplo para el resto del terrible culto de la Terrible Entidad. Ese pequeño beso, que era como saborear el más dulce y adictivo néctar; aunque su sola sensación es capaz de helar la poca sangre que podría correr por su cabeza en esos momentos, distorsionando en un fuerte impacto demente toda la realidad que a medida que iba a pasando el tiempo se terminaría poco a poco borrándose, dejando finalmente en paz los inocentes que no pudiendo contener sus lágrimas ahora irritados mueren en la profundidad de sus quimeras. Excitados, ahogados en sus asquerosos y cálidos flujos corporales.

Ciertamente la niña tendría a sus espaldas una cantidad impresionante de responsabilidad y nombres que poco a poco resonarían en la cabeza de las tenebrosas sombras que desequilibran la luz de las estrellas. Maquiavelicos pensamientos terminan creando esta historia donde la sangre pretende correr en todo momento, donde el vino de los mortales es la tinta que quedará plasmada en la eternidad en los gigantescos papiros del Tiempo. Ella era una maquina que parecía solo servir para empalar las cabezas de los enemigos de los Dioses, aquellos quienes contradicen su palabras y deseos para este mundo olvidado conocido como Tzión.

Su estado de locura debería de ser reservado para la situación, la emoción de ya saborear la fresca sangre de los rebeldes debe ser el estímulo erótico cuando los cuerpos se encuentren ya disecados por la dorada guadaña del olvido. Esa caricia sobre su rostro, invisible, producto de los torrenciales vientos de voces que susurran una prometedora recompensa en su pensamientos. Esas fantasías no son más que letales inyecciones de esperanza retorcida. La búsqueda de ser uno con la Eternidad, de arrancar las entrañas de los soñadores; transformar la infelicidad en una gigantesca pesadilla. La muerte y la violencia debe ser la lujuria a profetizar.

Ella sabría como realmente moverse, sus datos habían sido entregados pero al verdadero Tirano le interesa realmente ver desarrollar, y quizás también contemplar el fracaso y la frustración, que definitivamente genera más y más horrores que pueden manifestarse en el mundo real, así tal cual había hecho ese mensajero que se había quedado totalmente inmóvil ante el sucio contando del ser viviente que parecía reír detrás de las sonrisas más espiritualmente oscuras.
Y con este instinto ambos deben de partir a cumplir con sus obligaciones, porque existen muchas criaturas que deben de caer en las ruinas de esos ojos negros que se mimetizan con aquella masa distorsionada, viva y que convulsiona con el roce del aire, que poco a poco terminaría de sofocarse, aliviando con sensibilidad el oxígeno y los miles de gases aún ocultos en la inteligencia de los creadores. Por su parte aquellas criaturas diminutas que se escondieron debajo de la tierra volverían a emerger, volando entre placa y placa con sus diminutos zumbidos que eran realmente un detalle demasiado común en un ambiente lisiado, aunque esto es bueno para los seres cuerdos, la luna de Ishaa volvería a brillar con fuerza, los celestiales astros consolaban su ausencia, la niebla y los alocados colores se habían borrado nuevamente de la superficie de la existencia...Todo estaría en clama una vez más, y quizás por última vez.

Pero ella no saldría ilesa en aquella repentina desaparición. La esencia de Golajab se purificaría en su cuerpo, dándole un pequeño empujón para que la gloria estuviera al alcance de sus manos. Podría ser que su locura haya ablandado a Golajab...O que realmente esté empecinado con su esperanza.

¿Serás realmente digna de esto Verber?

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