En esta tierra gris siempre se acostumbró a agradecer la estadía del alma, tras un largo y duro día de rutina cambiante. Por eso, incluso a los desconocidos sin rostro, es bueno desearles la mejor de las suertes y que los Dioses sepan tenerlos en las palmas de sus manos.

Noche sin luna, pesadilla de sombras

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Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Ulthegor el Dom Mayo 13, 2012 6:15 pm

Las arenas del tiempo se consumían lentamente a medida que el plazo se consumía de la misma forma que una vela encendida, apremiando el despertar que permitiría un nuevo caminar por la tierra. Una condena tal vez merecida, que sin embargo no resultaba más que un nuevo entretenimiento para quienes habían tomado la decisión del exilio, abrir nuevas posibilidades con las que mantener entretenida la mirada de los dioses. Encerrado por propia necesidad en aquella jaula de hueso y músculo y alimentado por una sed de poder, había tiempo más que suficiente para meditar a conciencia el próximo paso a dar una vez despierto. De momento la única y triste realidad con la que contentarse estaba en la mente propia, donde conseguir cierta abstracción del mundo exterior, aunque solamente resultase una burda y efímera imitación del verdadero hogar de quien podía imaginarlas o soñarlas. Todo aquello era falso y sin consistencia alguna, pero no quedaba alternativa o solución secundaria que permitiese mantener intacta la cordura, evitando que se torciese y quebrase presa en cierta medida por la nostalgia y en términos más prácticos, de la energía de la magia. Habiendo sido forjado y tomando conciencia en las fraguas de toda magia, allí done las mentes y sus sentimientos generan un convulso reflejo en las mareas etéreas, congregándose, mezclándose y tomando forma y conciencia propias para dar nacimiento a una pesadilla hecha realidad; aquel mundo al que de forma forzosa debía darle el nombre de morada, resultaba efímero, yermo e insuficiente. No había en él más que restos residuales de la energía que se filtraba del Otro Lado, un pobre sustituto para conseguir mantenerme en mínimas condiciones e impedir que me diluyese en la nada más absoluta. Suerte había resultado que la ingenuidad siempre sobrevive a pesar de lo cruel que pueda resultar todo a su alrededor, de forma que pueda cosecharse como un fruto maduro, un oasis en medio del desierto del cual tomar hasta saciarse sin importar dejarlo seco. Gracias a ello podía mantener mi santuario interior intacto, una realidad propia generada por mi propia mente, un fragmento del hogar perdido a la par que un pequeño paraíso donde retraerme a lo largo del descanso, en una aberrante parodia semejante a al sueño para los mortales.

Aquella pequeña planicie, de suelo pedregoso y seco, daba poco o ningún cobijo a las simulaciones de la naturaleza que en ella se encontraban, no era más que una inmensa llanura infinita, sin una sola brizna de hierba donde posar los piel o conseguir una cierta comodidad donde poder reposar del infatigable viaje, salpicada en la distancia por esporádicas y retorcidas siluetas. El paraje resultaba siniestro y perturbador para cualquier observador ajeno, que no lograse comprender no solo la complejidad de la mente si no de algún modo el laberinto tortuoso en el que se convierten sentimientos y emociones, inconexos entre sí multitud de veces a causa de la inevitable confrontación entre corazón y cerebro, destinados de forma inevitable a no entenderse. Desolada visión donde el rencor modelaba la tierra y toda vida ficticia que allí había, dejando a su paso arboles retorcidos, de nudosos troncos moribundos donde la agonía dejaba su rastro en forma de antinatural liquen que hacía de aquellos troncos maltratados y ancestrales, su huésped y parasitario hogar, creciendo de forma insana a medida que drenaban fuerzas de sus leñosos compañeros. Un burbujeante río del color de las esmeraldas más puras, fluía en direcciones extrañas e incluso subrealistas a lparecer exento de cualquier tipo de ley física a medida que se deslizaba en contra de cualquier pensamiento lógico hacia arríba, con su curso perdiendose en la lejanía del firmamento. El cielo, si es que aquella aberración podía llegar a compararse con la bóbeda celeste del mundo, resultaba un tormentoso mar de color zafiro, plagado de nubes oscuras donde se dibujaban retorcidos rostros humanos, congelados en muecas de extremo dolor mientras rayos de pura hechicería multicolor golpeaban incesantes el imposible horizonte como puños de un dios furioso. Y sin embargo, a pesar del desconcertante paisaje fruto tal vez de la locura de una mente inestable o por el contrario, una ilusión conformada a raíz de distintos sueños arrebatados y esperanzas rotas, aquello que destacaba en toda la llanura informe resultaba ser un edificio, alzado en la más negra obsidiana, de aspecto regio y resistente, mientras se alzaba como amo y señor del páramo. Resultaba ser un pequeño templo, totalmente inmaculado a pesar del aullante viento, la poderosa tormenta que rugía muy por encima de la cúpula que lo coronaba. Monumento a los seres de más allá de la realidad, del mismo modo que resultaba una prision para las almas torturadas que habían sellado un trato lleno de sombras, totalmente vacio donde la única recompensa posible para quien trata con sombras es terminar atado parmamentemente a ellas.

Aquel paisaje fuera de la realidad conformaba parte de mi propio ser, tan necesario para mantener siempre en el punto de mira el objetivo final, como un monumento al fracaso y un lamentable recordatorio del vacio existencial. Un profundo rincón donde parmanecer libre de leyes y normas de todo tipo y recordar lo que soy y el inamovible objetivo que llevar a cabo. Representaba el plácido sueño donde solamente existía un Señor, que regír sobre todo hasta más allá de donde alcanza la vista, a la vez que la más cruel y terrorífica de las pesadillas, que en realidad no existía nada que verdaderamente necesitase dominio o control alguno. Una pesada carga entregada por el Señor del Infinito donde hacer recordar el fracaso y el precio que debía pagarse por ello. Y allí, dentro del templo, en completo silencio, justamente bajo el centro de aquella bóbeda, que recogía la luz relampagueante del exterior se alzaba un asiento, tal vez un trono en un pasado muy lejano, que sin embargo había perdido ya cualquier rastro de gloria o realeza para reemplazarlos por óxido y polvo, más fieles compañeros que nunca habrían de abandonarlo hasta que las estrellas terminasen apagandose. Sobre aquel lugar, en un posición regia y augusta, como los grandes reyes de la antigüedad de los que se cantan todavía romances y leyendas, había una presencia, una sombría aunque no por ello amargada, que contemplaba absorto el progundo pozo que se abría casi bajo sus pies. Una oscuridad profunda y vacia, enemigo de la luz y que sin embargo se ocultaba tras destelleantes colores, único habitante verdadero de aquel sueño, salvo las criaturas despojadas de toda carne y voluntad subyugada que se deslizaban a su alrededor del mismo modo que el viento, como serpientes insustanciales temerosas de su amo, dispuestas a servirlo a pesar del odio almacenado en su interior, pues los actos por los que deberían pagar habían sido conmutados mientras continuasen a su servicio. El maestro, volvía a recordar un nombre, el que había adoptado hacia tiempo, recordaba mi nombre, a pesar de no ser más que otra tela de araña, otro engaño carente de sentido y sin necesidad alguna de existir, a pesar de lo cual, tenía un propósito... Ulthegor.
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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Lun Mayo 14, 2012 2:48 am

Una vez al mes, Ishaá se agota de buscar a su hija, iluminando. Una vez al mes, Ishaá decide tomarse un descanso para así, recuperar energías y pasárselas luego a través de su pura y blanca luz a su pequeña, que por este mundo deambula, sin rumbo fijo. Normalmente, esa noche, se la conoce como noche de luna nueva, en donde las sombras embriagan completamente la noche, y las estrellas, se convierten de manera impune en las reinas del firmamento nocturno. Reinas un poco egoístas, pues ellas brillan en lo alto, mas nada en el suelo donde, sin embargo, siguen adorándolas a pesar de que son demasiadas y pequeñas. Los Heres muchas veces aprecian más la posible originalidad de las estrellas que son tantas, pero es que simplemente las desconocen. Si fueran como ella, si hubieran vivido su vida en el momento adecuado, podrían saber: que la mayoría de las estrellas son igual, que nacen, crecen y mueren. Que muchas pecan de vanidad y otras simplemente se limitan a tener una personalidad plagiada a la estrella que más próxima estén, porque entre su multitud, deben de llevarse bien para encajar. Y que intentan ser tan impecables siempre, resaltar con más brillo en lo alto que las demás, porque saben, y saben mejor que nadie, que el día que finalmente desaparezcan, nadie notara su ausencia. Por eso quizás ella toleraba que en esa noche las estrellas relucieran su verdadera naturaleza vanidosa, imponiéndose como diosas de la noche. Y quizás por eso también, decidía que esos días no despertaría del sueño que conscientemente se sumía, no hasta que su cuerpo supiera con certeza que la su madre de nuevo en el cielo estaba. Cerridwen no adoraría ni admiraría a las estrellas, mas que en la medida justa que el resto del mes lo hacia, porque simplemente su insuperable devoción era su madre. Su luna era la única que tenia el derecho de poseer el titulo de “Diosa del firmamento nocturno”, “Reina de la noche”, “Señora de Plata”. Sin mencionar, claro esta que la pequeña albina, no tenia razones para permanecer despierta durante ese día. Una celosa empedernida de lo que eran sus “energías”, energías que esa noche era incapaz de recibir. ¿Qué hacer mejor que dormir durante todo el día? No habría enfermo, herido o necesitado que la hicieran despertar del letargo que mágicamente se ponía. Comer era innecesario durante esa jornada, aunque la siguiente comería el doble. Sin mencionar, que era durante sueños, donde una vez al mes, se daba el gusto de poder revivir esas memorias que tanta paz, melancolía y añoro traían a su ser. Era un sueño repetitivo cada mes, pero muy necesario para seguirse manteniendo dentro de sus cabales. Recordar su pasado no solo era una tortura psicológica que su subconsciente traía hasta si, sino un muy eficaz modo de recordarle quien era en realidad. Porque hay que entender, después de que los cumpleaños dejan de ser contados, y contestar “una eternidad” cuando recuerdas tu edad, siempre algo se tiende a olvidar.

Era un ritual la preparación de ese día. Quitarse la armadura, guardarla bajo un sello que la hacia desaparecer al igual que la hoz Áaireán, hechas del mismo material. Dejar sus usuales prendas violetas colgando, limpias para dentro de dos días, y finalmente, ponerse sus ropas de dormir, y acomodarse en la cama en la cual reposaría durante todo un día. Quienes tenían contacto con ella, sabia que no debían interrumpirla, y que de despertarla de su sueño, se encontrarían con una de las criaturas mas violentas que ni siquiera las pesadillas podían mostrar. ¿Despertarla del sueño más importante de todo el mes? Realmente el enojo que le producía era tan indisimulable, que su mirada podría fácilmente convertir a alguien en piedra de lo petrificado que quedaría del miedo. Pero no era algo que esperara que sucediera esa noche. Cerridwen se encontraba calma en su cama, mientras sus parpados caían sin problema alguno listos para descansar. Y de pronto, soñar….

Todo era un blanco absoluto, propiamente de una visión, únicamente descriptible como “de ensueño”. Un débil, pero dulce y melodioso sonido de unos cascabeles golpeados llenaban el ambiente del lugar. Eran sus manos, que perdidas entre las blancas vestimentas que llevaba ahora, movían unos cascabeles, dándole sonido al calmo lugar que se encontraba. Suelo blanco, cielo blanco, árboles cuyos troncos eran casi transparentes y copas que parecían nevadas. Y ella ahí, la princesa del reino lunar, calma mirando a la nada. Bella, como solo ella podía lucir con su mirada de plata, sus cabellos albinos y su piel de porcelana que querían fundirse entre el blanco encaje que cubría la tela principal del vestido que puesto llevaba. Una pequeña diosa, no solo por lo esplendido de sus adornos, que en realidad eran bastante sencillos para alguien tan cerca de la realeza divina, sino porque ella misma era bonita sin necesitar nada mas. Y no solo era hermosa en ese lugar, sino que también era feliz. Una tímida y ligera sonrisa se visualizaba en su rostro, mientras que juguetonamente movía sus piernas dándose impulso en aquella hamaca pérdida en medio de un albino bosque estaba. No había otro sonido más que el de sus amados cascabeles sonando, y un dulce tarareo que desde su pecho nacía. La única hija de la Luna era feliz en ese mundo, en los dominios de su madre, era feliz de rememorar esas épocas donde el pesar no ahogaba su corazón, ni tampoco era consciente de la maldad que la tierra de los Heres podía llegar a producir. Solo era ella, sus cascabeles, su dulce hamaca, una canción, y su madre que la esperaba cuando terminara de jugar, para arrullarla en sus brazos. Y esos eran sus días, eso era el recuerdo que cuando ya despierta, la atormentarían llenándola de culpa y quizás un poco de arrepentimiento. Era ese recuerdo que en las peores épocas, la harían derramar lágrimas a sabiendas de que jamás volvería a sentir las dulces y suaves caricias de su madre sobre su cabeza. Y sin dudar, era ese el recuerdo que la llenaría de molestia, de envidia y celos, de saber que muchas almas de niños jugaban ahora con su madre, mas ella nunca mas lo haría, aunque siempre volvería a su templada paz, y pensaría que lo que hizo, fue lo mejor en su momento. No se culpaba de haber pecado de inocente, y muy probablemente, de soñadora. Su madre jamás le había advertido de lo corrupto que era el mundo, ni los seres que la habitaban. Jamás supo tampoco, hasta que muy tarde fue, que existían dioses muy poderosos y cuyo rostro desconocía. Dioses que eran completamente impiadosos y no conocían el significado del amor o el perdón. Dioses que habían mandado a su verdugo, de algún modo decirlo, quien la encadeno por siempre a ese mundo cruel e injusto. Cerrando por unos segundos sus ojos, a través del recuerdo en medio de la memoria, aun podía verlo. Aun podía observar aquellos penetrantes ojos color esmeralda sin brillo, ni alma que le corto las alas que le permitirían volver con su madre.

Un temblor recorrió toda su espalda cuando decidió de mover sus cascabeles, y sus orbes observaron de nuevo a la nada. Pero su nada había cambiado, y allí había algo que jamás encontró en su sueño. Un fondo negro, que se fundía con su universo perlado. Una ligera sorpresa tomo su rostro, haciéndola levantar de su hamaca como si estuviera en un trance, mientras se dirigía hacia ese lugar, a un paso calmo pero firme.

-¿Desde cuando mis sueños han sido perturbados por algo oscuro? En mi corazón no existe tal oscuridad… Esta oscuridad no me pertenece… - Pensó, mientras su rostro dejaba ese temple sereno y casi feliz, para transformarse de nuevo en aquella muñeca inexpresiva, y muy seria. No le causaba nada de gracia, ni mucho menos desinterés esa invasión a sus recuerdos, a su mundo, a sus sueños. Era una violación a su espacio personal, algo que resguardaba con extremo cuidado. Nadie debía saber quien era en realidad, o se vería en una situación vulnerable. No podía dudar, ni mucho menos pretender que lo que seguía mas allá de esas tierras donde se empezaban a poner gris, fuera algo bueno. Fue así como empezó a liberar un hermoso resplandor, resplandor plateado que recorría su piel, dándole una imagen muchísimo mas angelada en conjunción a su vestido blanco cuya falda ondeaba en contra de su cuerpo al caminar. Piso la primera porción de suelo gris con delicadeza, con esos pies que calzaban simples sandalias de color blanco, creando un efecto inmediato a este. A cada paso que daba, todo se teñía, o mejor dicho, se desteñía regresándolo a su original tono inmaculado. Y así seguiría caminando, con el sonido de los cascabeles que producía su marchar, volviendo a blanco lo negro, y purificando lo impuro. Su presencia misma, su luz, su pureza era lo suficientemente fuerte para ir transformando ese lugar, que mientras mas se adentraba, menos dejaba de parecer su feliz recuerdo, y mas se parecía a otra cosa que le punzaba con intranquilidad su alma.

-Telfesú…- Pensó, mientras detenía su caminar unos segundos, y observaba el lugar. Todo lo que detrás de ella estaba, permanecía puro. Pero… ¿Sería seguro seguir mas adelante? Nunca antes tuvo una invasión a sus sueños de ese modo. En realidad, no sabía si seguía dormida o despierta. ¿Podría haber sido abducida mientras dormía, hacia ese lugar? Pero si era así… ¿Cómo supo recrear todo lo que su recuerdo tenia a la perfección? La duda se planteo en su mente, mientras movía sus cascabeles intentando calmar su ansiedad. Definitivamente no era muy seguro seguir avanzando, pero tampoco quedaría totalmente desinteresada y volvería hacia atrás como si nada. ¿Un punto medio quizás?

-Combatir criaturas extrañas no esta en mis planes, destino…. Como si eso fuera lo único que le faltara, gastar energías aun dormida. ¿Acaso no puedo estar a salvo siquiera en mis sueños? Por todas las estrellas, que mundo problemático en el que me han venido a condenar…- Se dijo para sus adentros, con fastidio mientras volvía hacia atrás, pero no hacia su hamaca. Sentándose bajo el tronco de un árbol, lo suficientemente cercano para observar que sucedía en ese paisaje de penumbras. Movía sus cascabeles como para matar el silencio, pero nunca despegando la mirada del bosque se que volvía negro. Si algo la había convocado a ese lugar, ese algo pronto debería de aparecer por allí.

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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 14, 2012 4:36 pm

Una noche más, tan solo una más de las millones de noches que el oscuro ser había vivido en su vida. Algunas monótonas, otras aburridas, algunas, ciertamente divertidas, y otras en las que aprendió más en una sola que en mil de ellas. Tras pasar tanto tiempo, cualquiera pensaría que el cielo nocturno aburriría al extraño personaje, pero no era así. Su mente siempre estaba maquinando, siempre estaba probando cosas nuevas que hacer, y hasta hacía poco, había estado aprendiendo intensamente. ¿No era hora de tomarse un lúdico descanso? Además, se trataba de una noche "especial para él". Una vez al mes, cuando la tediosa y molesta diosa Ishaá se agotaba de su trabajo y corría a descansar, dejaba de verter su brillante luz sobre el mundo, dejando que en la tierra reinase la oscuridad y en los cielos las estrellas. Y ambas cosas le agradaban. Él, un ser que desde tan joven había decidido recorrer los senderos de la penumbra, se encontraba mucho más a gusto en su terreno. Al fin y al cabo, las tinieblas eran su medio natural, y en ellas, su ser se podía relajar. Además, sin la molesta luz de la diosa lunar brillando en el cielo, Faust se podía permitir observar más allá, a lo más profundo del cielo, donde su padre aguardaba en su sello. A decir verdad, aquello alegraba el oscuro corazón del semidiós. ¿A qué se debería eso? ¿Sería cariño hacia su progenitor, a aquel que le había dado un propósito en la vida? Él, una criatura que se regocijaba con el odio y el sufrimiento... ¿Acaso tenía derecho a "amar" a alguien, por muy oscura que fuese la naturaleza de ambos? Sin duda no conocía la respuesta de aquellas preguntas, pero tan solo le importaban a medias, y por mera curiosidad.

Pestañeó levemente, cansado. Por lo general, no necesitaba dormir con mucha frecuencia, y tampoco le gustaba hacerlo. Al sumergirse en el mundo onírico, muchos recuerdos afloraban en su mente, recuerdos de su triste niñez, recuerdos de su conversión a lo que era ahora, y recuerdos del poco tiempo que pudo pasar con su padre. Cierto era que algunos de sus recuerdos resultaban muy placenteros, pero aquellos que le causaban satisfacción no se podían comparar con aquellos que afligían su mente, los que le recordaban que una vez había sido un humano normal y corriente que había sufrido el miedo de sus semejantes, y que por ello había pasado una vida desdichada. Eran los que más odiaba, sin lugar a dudas.

Aunque hubiese preferido no hacerlo, en aquella ocasión necesitaba un sueño reparador, pues, a pesar de que su mente se encontraba limpia y despejada como siempre, su cuerpo no decía lo mismo, y amenazaba con quebrarse si no recibía los cuidados necesarios. Además, aquella podía ser una buena noche para dormirse, al fin y al cabo, en esas condiciones la influencia de "La noche de Jubileo" era más grande, y quizás arropase a su criatura con los escasos vestigios de voluntad que le quedaban en ese mundo. Cerró los ojos, resignado a su destino, aunque con la vana esperanza de que en esa ocasión la rueda del destino le deparase otra cosa distinta a los desagradables recuerdos que solía tener...

Abrió sus orbes lentamente, con una extrema pereza. Todo a su alrededor había desaparecido, tan solo había una densa oscuridad a su alrededor que indicaba la ausencia absoluta de todo. Y él se encontraba flotando en medio de aquel monótono y tenebroso mar de negrura. A pensar de la ausencia absoluta de luz, él podía ver perfectamente todo lo que había a su alrededor. Cerró los ojos de nuevo. Sabía lo que iba a venir a continuación, y se estaba preparando mentalmente para afrontarlo. Y así, paciente, esperó durante lo que en su mundo interno eran horas a que ocurriese. De pronto, cientos de pequeños espejos se formaron frente al collluvio, formándose una imagen distinta en cada uno de ellos, invitándole a acercarse a mirar, y él aceptando la invitación, se acercó al primero de estos. Pudo ver la imagen de un niño, un joven delgado y maltrecho de cabellos morenos, muy sucios y poco cuidados. Se encontraba tumbado en el suelo, sollozando con las manos en la cabeza, de la cual se escapaba un pequeño hilo de sangre. A su alrededor, rodeando a la desdichada figura, decenas de niños se reían de él y, de vez en cuando, en puros arrebatos de crueldad, golpeaban al del centro sin piedad, que sollozaba aún más fuerte. La cara de Faust mostró desagrado, y con un moviendo de brazo, corrió el espejo hacia un lado, haciendo que el siguiente ocupase su lugar. Esta vez, el joven se encontraba sentado en una humilde butaca de madera, aún sollozando. Sin embargo, esta vez no estaba rodeado de niños, sino acompañado de dos personas adultas que, con todo el cariño del que les era posible echar mano, consolaban al joven y trataban sus heridas. En esta ocasión, la cara de Faust reflejó claro desprecio ante aquella vista, y de nuevo, con un movimiento más violento que el anterior, corrió hacia un lado el espejo, para ser sustituido por uno nuevo. Repitió esta secuencia durante un rato, y cada imagen le ponía más furioso que la anterior. Sin embargo, llegado a un punto, el peliverde sonrío por primera vez, y la sonrisa que esbozó fue una de afecto, aunque bastante sombría. Había llegado al espejo que mostraba su encuentro con Ouroboros. Pasó a la siguiente, esta vez con más delicadeza, y así sucesivamente, cada vez con más deleite, mientras que su sonrisa se iba transformando a una cruel y de pura diversión. Finalmente, llegó a su espejo favorito, a aquel que al menos, hacía soportable aquella maldita tortura, puesto que los espejos que le desagradaban abundaban más que aquellos que le resultaban placenteros. Se trataba del mismo joven que antes, pero ahora más crecido y con un aire diferente. Ahora su pelo era verde, y ya no parecía tan sumiso y asustadizo como al principio. De hecho, ahora era mucho más inquietante, y por la situación, cualquiera diría que estaba loco. Estaba subido en un montón de escombros llameantes de lo que parecían los restos de una casa, riéndose de puro placer, pero de una forma muy escandalosa. Ante él, se hallaban los mutilados restos de dos cuerpos humanos, claramente torturados.

Y entonces, algo interrumpió el disfrute del hijo de la calamidad. Notó como su mundo infinito comenzaba a cambiar, como moldeándose. Al principio, aquel inusual hecho llamó a la desconfianza de Faust. No sabía qué podía ser aquello, ni si iba a ser bueno para él. Volvió su cuerpo hacia la zona que se estaba transformando, a la espera de ver qué era aquello que invadía su sueño. Tamaña fue su sorpresa al ver que se trataba de una esencia tan oscura como la suya la que se estaba mezclando con su propia realidad. ¿De qué se trataría aquella extraña entidad? ¿Qué sería? Sin duda, la curiosidad pudo al oscuro ser, el cual no lo dudó mucho a la hora de acercarse a la esencia invasora. Una pequeña y divertida sonrisa brotó de su rostro al ver el lugar al cual había ido a parar, un lugar igual de oscuro que su naturaleza. Se encontraba en uno de sus ambientes predilectos, aquellos lugares cuya presencia agradaban al joven. Con una expresión tranquila, aunque sonriente, comenzó a caminar lentamente, adentrándose en el tenebroso bosque sin ningún cuidado.

Así que se trata de Telfesú... -Dijo para sí mismo con un cierto agrado en su voz. Aquel lugar siempre le había gustado bastante, a pesar de las múltiples y peligrosas criaturas que lo poblaban. Al fin y al cabo, él era un ser maldito, ¿acaso no se iba a encontrar a gusto en un terreno de su misma calaña? Y entonces algo llamó su atención.

En los bordes del bosque, donde el follaje comenzaba a volverse espeso, pero sin ser todavía una parte importante del propio bosque, se podía escuchar un sonido, pero no el sonido que podría producir cualquier bestia que habitase los alrededores, sino un sonido más rítmico, más... puro. Por supuesto, ningún ser autóctono podría producir un sonido de ese tipo, y era eso lo que precisamente lo hacía raro e interesante para el peliverde. ¿Se trataría de un ser extranjero? Sin embargo, si él había accedido a aquel espacio por medio del mundo onírico, quizás era alguna especie de anomalía. Tranquilamente, comenzó a caminar hacia aquel sonido que no cesaba, a la espera de ver de qué se trataba.


OFF: No me gusta mucho cómo ha quedado, pero bueno... XD

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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Ulthegor el Jue Mayo 17, 2012 8:16 pm

Calma espectral, tranquilidad retorcida y paz corrupta era todo lo que podía respirarse en aquel lugar maldito, dejado de la mano de los dioses pero sin duda alguna se encontraban atentos a los hechos que pudieran desarrollarse allí como niños a la espera de que algo importante y que sea digno de recibir su atención, suceda en el hormiguero que tienen cerca del hogar. Todas aquellas emociones daban forma a quel pequeño retiro, que sin embargo no era más que la triste sombra de un recuerdo y por ello valía menos que nada, a la par que resultaba un monumento insustancial a las redes de engaño, las mentiras e ilusiones para inflamar corazones rotos y almas quebrantadas más allá de toda posible esperanza o espejismo de felicidad. Sumido en vacios pensamientos mientras dejaba posibles futuros tomasen forma ante mis ojos, indefinidos y carentes de cualquier pretensión de realidad pues no eran más que simples imaginaciones subyugadas por la mente, y totalmente inciertos lo que las convertía en poco más que fragmentos indefinidos y sesgados por los puntos de vista y las expectativas. Y a pesar de todo, una sombra parecía acechar en los límites de aquella quebradiza realidad energética y tenazar toda acción tanto dentro como fuera de aquella construcción azabache, una sombra que irónicamente era su contrario absoluto, ya que en realidad lo que parecía sentir era era la cálida y sutil caricia de la luz en el confin de aquellos dominios. Aquello paralizó cualquier otro pensamiento o accionar que no fuese un primer instante de terror, un miedo primordial a la causa que podía asignarse a la filtración indeseada de aquella energía que desestabilizaba el fragil y corrupto equilibrio de todo. La posibilidad de que fuese algún enviado desde el otro Lado, provocaba punzadas de dolor a lo largo de toda la espalda por el simple hecho de que pudiese ser un cazador destinado a recuperar lo robado y hacer pagar al ladrón osado que se creyó con capacidad para desafiar a los dioses.

No había alternativa, no podía hacer otra cosa más que salir y comprovar con ojos propios a que se debía aquella intrusión. No podía huir ni lugar seguro donde esconderse ya que fuese del gusto o or el contrario no, estaba atrapado allí, en mi refugio y por mucho que aberrase la idea, también mi propia jaula. Con paso firme había de alzarse del corroido asiento en medio del silencio absoluto, quebrado de forma esporádica por el rugir del trueno cuando todo quedaba iluminado en multitud de tonalidades por el destello del relámpago arcano. A cada paso, el polvo levantaba su tupido manto del suelo, para permitir que las huellas quedasen marcadas como registro silencioso del caminar en aquel recinto. A un solo gesto de la diestra las puertas jamás abiertas en toda una era comenzaron a desplazarse de forma perezosa, gimiendo como súplica para que se mantuviesen como hasta entonces, añorando la cercanía de su compañera complementaria y deseando que aquella separación no fuese más que un mal sueño. Había resistencia, tal vez fruto del propio subconsciente que de cierta forma buscaba su autoconservación junto al resto de mi pero sin embargo la voluntad debía imponerse, abrirse camino para alcanzar el saber, encontrar el conocimiento de los aconteciminetos que se estaban desarrollando más allá de cualquier posible supuesto. Todo estaba tal y como debía permanecer al menos en las inmediaciones, ya que dirigiendo la vista más allá de unos escasos metros, podía divisarse algo inconcedible, una blancura extensa, una pureza que quemaba bajo la piel y castigaba los músculos. Y sin embargo la curiosidad ganaba terreno a la precaución de forma que empujaba a avanzar y observar que podía general aquel hecho tan insólito como para perturbar un sueño de casi dos siglos. En cualquier caso la priera acción resulaba clara, debía eliminar a mi etérea compañía, guardar aquellas teblorosas mascotas que hacía tiempo habían perdido su orgullo y poder para terminar arrastrandose de forma lastimosa alrededor de su nuevo amo. Aunque no viniese por mi, tema que arrojaba muchas dudas y sombras, cuantos menos supiesen de la labor que llevaba a cabo mucho más facil resultaría y menos cuchillos acecharían bajo cada ropa intentando seguirme el rastro en aquella realidad.

Finalmente el camino terminó por conducirme casi al linde donde ambas realidades confrontaban y se debatían por conseguir la hegemoia sobre su opuesto; suelo ceniciento y decadente ante terreno perlado y resplandeciente, hermosos arboles de tronco orgulloso que parecían tratar de alcanzar el cielo en contra de los cascarones decrépitos que habían visto pasar eternidades de castigo visible en sus derrotados restos a medio consumir. Todo resultabaun combate de espejo donde cada parte buscaba mostrar las cualidades propias a la par que ridiculizar y demigrar la magestuosidad oculta del otro. Mas aquello carecía de sentido hasta converitrse en algo menos que vacio a causa de la que podía ser la fuente de todo aquel desequilibrio antinatural. Una joven, criatura albina donde cada fibra parecía destellear con propia luz , coronada con cabellos de plata, una cascada pura que se vertía más allá de los hombros, buscando incansable el fundirse con la tierra a su alrededor. Orbes de cierlo tormentoso que dejaban perderse en la profundidad que parecía ocultarse tras ellos, una profundidad limpia y segura, incapaz de generar el miedo produce lo desconocido, no solo las zonas más esquivas del mundo si no también las del alma. no era un Heres, no podia ni tenía derecho a serlo para mancillar de forma tan flagrante mi retiro, debía ser algo más no solo para soportar la oscuridad inherente de tdo el paisaje, si no para hacerle frente y convertirla de forma radical, modelandola segun sus propios y egoistas deseos. La prudencia volvvía a llamar en lo profundo de la conciencia reforzada por aquella visión de plena tranquilidad hasta el punto de sentir como el ambiente dejaba un respiro para la alegría y la esperanza por mucho mal que haya podido sufrir el espíritu. Observarla sin acercarse más era la respuesta elegida, concediendo una pausa para que continuase con su melodía mientras trataba de retirar el velo que había ante aquella joven dado que todo a su alrededor resultaba un misterio que emitía un canto de sirena, rogando ser levantado.
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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Vie Mayo 18, 2012 11:25 am

Un débil sonido se hacia presente. Un sonido de un metal chocando a otro, pero no por eso era algo molesto. Era un sonido inocente, y casi angelical. Un golpeo de cascabeles que inundaban en un dulce eco a todo el bosque blanco, replica exacta de su reino lunar. Un eco que llegaba más allá de donde lo blanco fácilmente se extendía, y atravesaba el bosque maldito de Telfesú, matando ese silencio de muerte que siempre lo supo caracterizar. Y era el momento en que el sonido se volvía absolutamente nada, cuando el eco de las pequeñas campanillas moría, volvían a ser sacudidas con afán y dedicación. Cascabeles que envolvían con tierna cinta de color rojo los finos y delicados dedos de la hija de la luna. Cascabeles que siempre supieron ser objeto de adoración y juguete por excelencia de la pequeña no tan niña que ahora reposaba bajo un árbol. Un sonido entrañable a su memoria, y algo que siempre le traería paz a su adolorida alma casi inmortal. Recordar como de más pequeña, tan pequeña que lucia como aquellos infantes que intento salvar de la corrupción del mundo que ahora era su cárcel, jugaba con ellos. Saltando, sonriendo, riendo con toda la inocencia que un ser podía concebir mas esta era completamente iluminada por la luz pura y divina de su madre. Si, no podían evitar pensar como esas memorias se hacían tan lejanas que parecían una mentira. Una hermosa mentira, que mas para su pesar fue cierta. ¿Cómo volver a ignorar el hecho de que lo había perdido todo? Ya no era una niña que jugaba con los cascabeles y bailaba con alguna pandereta y flautas mágicas que por espíritus de luz eran ejecutadas. No había caso pensar de que ya no era la única hija de la luna, pues era mas que seguro que las almas de aquellos niños que envío con su madre, ahora eran otros hijos mas de su madre, hermanastros de ella. Y esa era la cruda realidad, una realidad que maquino tras tantos y tantos años en los que la soledad se encargo de envolverla con una manta fría y que jamás era capaz de darle calor durante las heladas noches en las que ella se movía. Ya no era la misma chiquilla que miraba a Tzion tan lejano y distante, observando con mucha curiosidad cada hogar y a cada persona, y a cada viajante. No, ahora era una habitante más, si es que podía darse esa calificación por su lamentable estado de condenada. Una condenada, que aun cuando escapaba en sus sueños, en su lugar mas intimo como lo era ese mundo irreal, utópico e imperturbable como lo era su subconsciente, se veía aprisionada bajo un recuerdo que no quería tener. Y mas que recuerdo una invasión de un lugar que hacia ya tantísimo tiempo que recorrió. Fuera ese instante, que un dolor en su pecho se hizo presente. Pero no de esos dolores físicos que aquejan a los vivos cuando la enfermedad o la vejez los atacan, sino de esas punzadas dolorosas que sufre el alma y pocas maneras de reconfortar hay.

-¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué no te dijeron nada? ¿Es acaso este un castigo digno? No, es injusto… Yo solo quería ayudar, mas en mi ignorancia, creo que he cometido el error más grande de mi vida… Peque de inocente... ¿Cuánto tiempo ha pasado ya Cerridwen…? No… ¿No seria simplemente mejor rendirse al fin?... No, no permitiría que me lastimen de nuevo… Mi mejor opción es intentar sobrellevarlo, impasible a este dolor… Pero cuesta tanto… - Pensó mientras su mirada era desparramada hacia donde sus pies estaban, y mantenía inalterable el ritmo que con sus cascabeles marco para romper el silencio. Si, ahora que lo recordaba, en el reino lunar también había muchísimo silencio, por eso se habría vuelto una amante empedernida de la música. Flautas, cascabeles y panderetas eran sus sonidos favoritos, eran los sonidos que la podrían atraer hacia donde sea y la hechizarían sin objeción alguna. ¿No había cosa más hermosa que el sonido de una flauta con cascabeles y una oportuna pandereta? Definitivamente la belleza del sonido de estas, era la droga de la dama albina que ahora jugaba con uno de estos instrumentos. Era su droga, como su voz lo fue en su momento para muchos que, con buenas intenciones, como siempre, intento ayudar a superar su dolor, a curarlos, a darles un alivio en ese momento en que las lagrimas empiezan a ahogar y quitan la respiración. No por nada se decía que el camino al infierno estaba plagado de buenas intenciones.

Era así como el tintineo era persistente en el lugar, y cada de tanto en tanto, estos se volvían un poco mas violentos, y luego mas cansados. Nada que no reflejara el ánimo de quien los movía, calma por unos segundos, molesta por otros. Aunque, no quería realmente pensar demasiado en ese lugar, siendo sincera consigo misma. Ella debería de estar soñando con un interminable bosque blanco, nevado, puro y solemne; no con ese bosque que se iba manchando para convertirse en un lienzo sucio, lleno de negro y aura maquiavélica que inspiraba lo peor de uno. Si tan solo por un momento, fuera ella misma capaz de poder traerse paz a si misma, no habría tardado demasiado en haberse cantado, a si misma, a los troncos de los árboles, a sus cascabeles, un mínimo verso para reconfortarse. Un verso, una estrofa de alguna canción perdida en el tiempo, capaz de otorgarle un poco de alegría, de paz, de olvido quizás a su situación. Pero eso seria tan fútil sabiendo que su música nada servia en ella mas que para quitarse a si misma el aire, y para terminar cansando a sus rosáceos y pálidos labios. Aun así, había tanto silencio en aquel lugar, y tras un tiempo incontable, su cascabel no le era suficiente. De todos modos en su mente no pasaba la consideración de abrir su boca y cantar, porque tampoco quería llamar la atención de lo que fuera que la hubiera convocado ahí. No era la primera vez que era abducida en un sueño, aunque si era una ocasión por demás especial. El nombre de Golajab por suerte jamás había estado entre uno de sus raptores, mas no pretendía tampoco recordar a los de algunos hechiceros, que falazmente creyeron que podría manipularla para que fuera por siempre su canario cantor. ¿Podrían creer eso? ¡Ellos realmente creyeron que podían capturar a la hija de la Luna bajo un simple hechizo, y mejor aun, realmente creían que ella era la clave de la felicidad en sus vidas! Recordar eso, solo le traía una mezcla de sentimientos que iban desde la pena, la gracia y la molestia. Pena porque mas equivocados no podían estar, gracia porque realmente la felicidad que podía otorgarles solo era un camino inminente a la desesperación cuando su magia desapareciera y notaran de nuevo lo miserable de sus existencias; y finalmente molestia porque solo la querían por eso. Para usarla, como todo el mundo, porque no es que realmente la apreciaran o guardaran un afecto verdadero hacia su alma. Solo la querían cerca de si porque ellos podrían sentirse bien de ese modo, con su voz encantada, no con su presencia.

Suspiro entonces, con pesar indisimulable. Su mirada yacía ahora cansada, y por primera vez desde que estaba en su fantasía, dejo de mover los cascabeles que entrelazados por cintas de seda entre sus dedos estaban. El silencio se apodero nuevamente del paisaje, siendo la quietud una pesada cruz que caía sobre todo lo que integridad física tuviera. Un silencio de muerte, que de no ser por su propia consciencia, se hubiera arriesgado a decir que en ese paraje de contrastes todo estaba absolutamente muerto, incluso sus árboles de cristal, ya que siendo sinceros, solo era una proyección de lo que en sus recuerdos atesoraba. Pero, ya que tanto pensaba, recordó también que se había posicionado en ese lugar a la espera de algo, o de alguien. Con algo de desinterés capaz, levanto su cabeza y comenzó a mirar un poco mas allá de donde la nieve se volvía graba negruzca, y donde todo se perdía fácil en penumbras. Miro, miro como si tratara de encontrar alguna estrella en particular en el firmamento nocturno, cuando logro visualizarlo. ¿Un heres? No, no al menos uno en el que pudiera confiar, aunque nada se prestaba a eso en ese lugar. Debería de tratarse de alguna otra criatura que se parecía demasiado a un heres. Piel pálida como un enfermo agónico, ojos de onyx que lograban llamar la atención y que se realzan en su rostro que se veía, aun de lejos, muy bonito. Quizás su cabello es igual de negro y brillante, pero no podía decirlo, ya que este se perdía entre sus vestimentas gastadas. Una capa negra que intenta esconderlo entre tantas sombras, mas sin embargo, no han sido suficientes para escapar de la brillante mirada de la doncella albina. El, porque un hombre ha de ser por su altura, es realmente grande, cosa que se nota aun mas desde su posición en el piso, y aun de pie, seguiría siendo muy alto a comparación suya. Pero, a pesar de verse tan imponente, no se acerca.

-¿Acaso tu me has llamado, y ahora tienes miedo de acercarte…? Hum, quizás estoy siendo vanidosa. Quizás yo debería temerte… Extraño encapuchado….- Se dijo para sus adentros, mientras que calma volvía a retomar el ritmo con sus cascabeles. No se pararía, ni se inmutaría a hablarle. Tampoco se acercaría de ser el caso, porque simplemente su actitud desinteresada pudo mas que su curiosidad. Si esa criatura debía de contactarla, que fuera esa criatura la valiente de adentrarse a su inmaculado territorio.

Mientras, los cascabeles sonaban, con paz.

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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Ulthegor el Mar Jun 12, 2012 1:51 pm

¿Cual podía ser el significado de aquella calma, de aquel refugio inmaculado y pulcro que se alzaba como una roca contra las olas de desesperanza, un muro regio contra el batir de las crueles mareas de vacio, soledad y tristeza que arrastraban los vientos de aquel paraiso retorcido y cargado de sueños rotos y esperanzas frustradas? El dulce y sutil sonido de cascabeles enfrentaba el arido y descarnado silencio que barría el lugar bajo aquellos cielos carmesí, construyendo una música suave destinada a apaciguar el alma y borrar las penas del corazón, buscando sustituirlas por una pequeña chispa de esperanza que tan solo aguardaba para conseguir inflamar el espíritu con una promesa de felicidad. Un gasto inutil, ya que el el público en el que me había convertido de forma imprevista no iba a enardecerse por aquel sonido. no tenía penas que borrar, al igual que tampoco espíritu que animar. Tras aquel rostro solo existia el vacio, la nada más absoluta donde lo único que conseguía prosperar era una telaraña de mentiras y falsas acciones como de nuevo se volvería a demostrar, sin embargo aquella música, aquel escenario de tonalidades níveas y aquella mujer recostada en un arbol de aspecto cristalino, absolutamente todo aquello destilaba una energía pura y melancólicael opuesto a todo lo que no solo albergaba en ni interior, si no que formaba parte sustancial de mi propia existencia, que me mantenía en pie a pesar del lamentable estado al que tenía que acomodarme por ferrea necesidad. Ni una sola palabra brotó de sus labios, no cuestionó o exigió información alguna sobre mi estancia allí o la razón de observarla con detenimiento y porqué ocultarlo, con interés y tal vez hasta cierta curiosidad. Tampocó se levantó de aquel tronco que había convertido en improvidado asiento, presa de la sorpresa o el temor presentandose esquiva o defensiva ante una presencia ajena; nada parecía enturbiar lo que a ojos extraños podía definirse como un momento de relajación y meditación. De alguna forma se había producido el encuentro y al menos estaba seguro que este no se debía a obra mía, que había intentado pasar desapercibido, invisible a los sentidos para la mayoría de habitantes de aquellos parajes. Dudaba sinceramente que con un hecho semejante entre manos, aquella joven pudiese tratarse de alguien mundano. No podía tratarse de una simple posadera o inocente esposa de granjero, no, había más tras ella de lo que pudiera adivinarse a simple vista y casi podía vislumbrarlo en sus ojos, un conocimiento tan cercano que poder rozar con los dedos tan solo acercandome unos pasos y que sin embargo presentía se encontraba fuera de alcance aunque hubiese caminado hasta el confín del mundo. Aquella sensación que surcaba la mente como una gracil mariposa, de vuelo lento y armonioso que sin embargo, resultaba un movimiento complejo si se intentaba capturar, me daba aviso y señal de precaución para tratar con ella, teniendo en cuenta la seguridad que parecía mostrar a pesar de la cercanía.

¿A caso, mi pequeña albina tenías tanta seguridad en las habilidades propias que nada has de temer del encapuchado que observa desde el páramo con el que linda tu pequeño remanso de tranquilidad? ¿O tal vez por el contrario, resultarías ser una ingenua que no ve nada de temer hasta que el lobo muestra sus desnudos dientes, dispuesto a conseguir su presa? La segunda premisa no parecía encajar con ella, ya para ello debería carecer de la inteligencia suficiente como para desconfiar de todo en un paisaje tan antinatural como aquel. Por el momento no descartaría ninguna de las opciones, ya que dar por sentada una idea guiada por una primera impresión podía desembocar en un error catastrófico. Así pues, mantendría una línea de actuación neutra para ambos casos donde la prudencia sería la dirección a seguir. Sin duda existían opciones más directas y por extensión más violentas, pero no estaba dispuesto a arriesgarlo tod en un escenario de combate donde la fuerza contraria resultaba ser un misterio absoluto, dando lugar a decenas de desenlaces distintos en los que cualquiera podía ser vencedor y vencido. No tenía ventajas salvo tal vez la del primer golpe, que a pesar de todo era una apuesta ciega y arriesgada donde muchos factores podían tornarla en un último fallo. había que comportarse civilizadamente, como un caballero que trata con una dama de su agrado: educado, amable, atento... Comportamientos largo tiempo observados, estudiados al detalle para lograr alcanzar la perfección a la hora de la interpretación, de forma que verdad y mentira se fusionen en una sola y así resulte imposible discernir donde empieza una y donde termina la otra. Sin embargo quedaba el detalle de acercarse a ella, empujar mi plano, mi entorno para atravesar su paisaje resultaba la opción más sencilla y segura, sin embargo también podría interpretarse como cierta reticencia a aventurarme en territorio desconocido, lo que podía implicar cierta inseguridad. Así pues, aunque solo se tratase por propia arrogancia o por mantener las apariencias de seguridad y confianza en que tenía poder suficiente como para saber defenderme, di un paso al frente, uno al que no seguiría un intento por cambiar el terreno. Dejaría que todo a mi alrededor permaneciese como había sido diseñado originalmente, permitiendo que continuase aquel aspecto tan fragil y delicado.

Con paso firme y seguró había llegado el momento de adentrarse en ambiente desconocido, donde bajo mis pies y rodeando mi encapuchada figura podía sentir cierta pureza, que ardía sin llama bajo la piel y azotaba mi esencia sin con cada inspiración.Sin embargo no permitiría que aquellas molestias hiciesen flaquear mi figura o mis intenciones. Solamente unos pocos pasos nos separaban a ambos, suficientes para no estar demasiado cerca y que pudiese sentirse acosasa pero tampoco a una distancia donde aparentar gelidez y mal disimulado desinterés por su presencia. Todo debía ser minuciosamente orquestado para asemejarse a la realidad más allá de cualquier posible discernimiento entre ambas. Solamente quedaba empezar aquella partida con un movimiento de apertura clásico y sencillo; una profunda reverencia aún con el resguardo que me ofrecía la capa para señalar un gesto de paz y una cierta pizca de misterio al no revelar del todo los rasgos de quien se ocultaba tras ella.- Mis respetos y mejores saludos para la dama.- Una sonrisa, que buscaba ser amable y cercana a pesar de ser un gesto vacio y carente de verdadero significado, se dibujó en el rostro y así resultar todavía más cordial.- He de decir que resulta una verdadera sorpresa encontrar a alguien como vos en un lugar así, donde su belleza y la de lo que os rodea brilla en medio de este arido paraje como si un faro para navegantes se tratase, llevandome a buen puerto, sin duda...- Era su turno y esperaba que entrase a participar de aquella obra teatral donde esperaba haber encontrado algo de verdadero interés en aquellos orbes medianoche, confiado en no quedar defraudado por lo que esperaba del futuro.
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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Mar Jun 19, 2012 9:04 pm

No es nada novedoso que la belleza invite de manera tentadora al pecado. Quizás sea una de las razones por las cuales muchos seres caen en la tentación. La presencia seductora de algo que es bello y hermoso siempre invita, de manera inocente y hasta hipnotizante, a dar más pasos, alejando al desafortunado individuo que la vislumbro de su camino. Y no siempre, ese camino a donde se lo guiaba, era un sendero ameno de transitar. Espinas, golpes, piedras y tempestades, podrían hacer que su intento por ver mas de cerca aquello que desprende tanta divinidad, sea solamente una sufrida ruta hacia la perdición. ¿Pero quien es capaz de desconfiar de tan angelado ambiente, y de tan divina muchacha que en paz imperturbable descansa? No seria para nada estúpido considerar, que muchos no desconfiarían, sino más bien, sentirían terror de tal postal de ensueño. Existen por estas tierras y en otras lejanas, demasiadas criaturas que sienten repulsión por lo puro, y el solo verlo hace que su piel se empiece a enrojecer en un sarpullido casi maldito, como si fuera el mismo fuego del infierno quien los estuviera tocando. Y aun así, este ser que viene de las penumbras de Telfesú, valiente se anima a caminar sobre el suelo blanquecino, dirigiéndose de frente a la impasible hija de la luna. ¿Acaso el níveo suelo quema sus pies? ¿El aroma de rocío nocturno que se levanta al caminar y se hace más penetrante por cada paso, le causara nauseas? No, no es capaz de decirlo, porque a pesar de que se acerca, su rostro dentro de todo sigue siendo un misterio. Un misterio como lo es ella, y seguramente el intenta develar. Yace ahora, su invasor, o visitante, dependiendo como se den las cosas de ahora en más, frente a ella. Pausando un poco el movimiento de sus cascabeles, alza un poco su mirada, y busca entre las sombras sus ojos. ¿Es acaso capaz de mirar mas allá, atravesando de manera impune las sombras que esa tela negra y gastada crea sobre la pálida piel de su invitado? Iluso seria pensar, que ella, única heredera de Ishaá, y que con exclusividad se mueve de noche, no seria capaz de ver. Lo observa, con detenimiento, pero su propio rostro sigue duro, como si fuera una mascara de porcelana. Ni siquiera una mascara, sino el rostro de una muñeca que fue creado exclusivamente para cautivar.

-Visitante, que valiente resultaste… ¿Te atreves a pisar mi impenetrable bosque de cristal? Admiro, realmente admiro tu valentía. Que te valga la curiosidad mientras toques este suelo… Un ser como tu debe de estar quemándose en mi presencia…. –
Piensa, mientras parpadea con calma. ¿Pero como llega a una conclusión así? Ni siquiera tendría ella que pensar demasiado. Esta criatura que tiene apariencia humana, pero se niega a creer que es un simple Heres. Definitivamente no puede ser algo realmente de lo cual pueda fiarse, o siquiera confiar. No discrimina a quien se viste de negro, no cae en banalidades como negro malo o blanco bueno. Pero es imposible negar el hecho de que este “visitante” como ha decidido llamarle provisoriamente, ha salido de un lugar en donde los dioses de Tzion dejan de tener dominio. Esa criatura no puede ser nada bueno. ¿Aunque es acertado arriesgarse a tomar tales disposiciones, considerando que ella esta en un sueño o algo así…? No, no esta mal someterse a ese riesgo. Es consciente de que si esta en un sueño, es un territorio de cuidado y sentir miedo no es nada idiota. El nombre de Golajab retumba por las esquinas más oscuras de su mente, y eso simplemente, seria catastrófico. No es terreno propicio para encontrarse atrapado, menos aun en esas épocas donde ella sabe que no despertara pronto. Y aun así, si se encontrara por obra de magia en Telfesú, no sabría explicarse como ese lugar ha sido moldeado de acuerdo a sus más íntimos recuerdos. Sea como sea el caso, es sucia la jugada de toquetear su mente de manera impune. No esta portando su armadura de momento, ni tampoco esta blandiendo la hoz que más de una vez su integridad le ha asegurado y salvado. Es una desventaja, considerando si debiera en el peor de los casos, enfrentarse a alguien. Y aunque conjurar su armadura sobre su cuerpo y traer su arma hasta sus manos, poco tiempo le puede tomar, es tiempo perdido, y posiblemente, el extravío sin retorno de su propia vida.

Pero las dudas se despejan por un momento, y una engalanada voz masculina se deja escuchar. El se presenta, de la manera mas cortes y caballerosa que desde hace mucho no aprecia. Una pequeña reverencia, mientras se refiere a ella como una dama. Bien, si a algo que le gusta a Cerridwen, es que la traten como es. No es pretenciosa, pero un mínimo de respeto para su persona, siempre es agradecido, por vestigios quizás, de su vida como princesa hija de Ishaá. Ahora el le habla, de manera fluida, pero sin embargo, lo escucha tan falso que no puede evitar sacar su mirada de su figura por precaución. Es peligroso, o quizás no. Con solo hablarle, podría con suerte, tirarlo al piso mientras ella huye. Pero mientras su mente divaga entre posibilidades dentro del instantáneo futuro, el “visitante” sigue hablando, hablando como esas criaturas que intentan buscar benevolencia bajo su santa y pura imagen. ¿Tan acostumbrada estaba, que el resto la viera como una salvadora? Si tan solo supieran ellos, que ni siquiera podía salvarse a si misma de la miseria de vivir atrapada en una cárcel casi sin fin. Aunque, el extraño logra decir algo que la sacude interiormente y la deja meditando…

-¿Faro dices, buen puerto?... ¿A quien tratas de engañar…? El que busca la luz no se esconde entre capas de sombras, y el que quiere ser rescatado, no permanece anónimo ante su salvador… Extraño visitante sin nombre, te tengo lastima… Estas mas perdido que yo, y ni siquiera puedes disimularlo….- Pensó, mientras su mirada se vuelve un poco mas dura, sin llegar a ser severa. En realidad su mirada se mantiene desinteresada como siempre, pero es casi imposible percibir ese leve cambio de ánimos que la rodea. Ella se controla, se controla siempre y de un modo casi perfecto que asusta. Encerrando a todos sus sentimientos en lo más profundo de su pecho, no importa si no esta portando su peto. Su cuerpo sigue siendo una armadura, blanca como la porcelana, pero más dura que el diamante cuando se refiere al escudo que crea entre su corazón y el resto del mundo. Ni el ni nadie será capaz de descubrir la marea y los revoltijos de emociones que en su interior existe. Aunque no hay caso de seguir hablando de esto, puesto que es necesario una respuesta. El se ha presentado, y tiene la posibilidad de contestarle. ¿Qué podría decirle entonces? ¿Preguntar quien es y que hace allí, cuando ella no esta dispuesta a darle su nombre y ni tampoco sabe el porque de su estar? ¿Podría levantarse e huir, mientras le arroja los cascabeles como una tierna y casi inútil distracción? Correr con un vestido como el que lleva es algo difícil, pero es más cansador que nada. Tener que moverse, aun en sus “sueños” le resulta una exigencia física que no tiene muchos deseos de realizar. En su interior suspira, mientras mira con inocencia al extraño. ¿Pretende algo en particular con su respuesta? Si fuera por ella, le diría que no le convence en lo absoluto su fachada, pero no, es mejor reservarse a sus juicios. Deja entonces de mover sus cascabeles, esperando a que el último eco que se reprodujo, muera inexorable al destino.

-Hola.- Dijo, sin mas, casi susurrando y suprimiendo totalmente cualquier rastro de magia que hubiera en su voz. Lo miro, como si fuera una niña, niña que no es puesto que luce como una joven en su plenitud. ¿Es suficiente eso para saber que esta jugando? Cualquiera lo hubiera tomado a mal, pero no estaba dispuesta a hablar con el visitante, no mucho. Es quizás, de una manera rebuscada, un modo de hacerle saber que ella no cree realmente en lo que dice. No va a perder tiempo respondiendo adulaciones que pueden no ser mas que simples palabras adornadas, para ocultar la repulsión que siente por la blancura de su ser. Puede tratar de pasar desapercibida, pero nadie puede negar que la pureza que desprende, no pertenece a este mundo.

Y luego de eso, movió sus cascabeles otra vez.
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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Ulthegor el Mar Jun 26, 2012 8:06 am

Toda esa pulcritud ardía tras aquella mirada celeste que parecía escrutar los rincones más oscuros de la mente, verdaderamente como la luz de un faro con fuerza suficiente como para conseguir que las sombras más oscuras se encojan y escondan buscando un refugio donde lograr mantenerse a salvo de aquella claridad intimidante. Sin embargo no podía, no debía ser capaz de atravesar toda la red de engaño, mentira y artificio que había tejido como afanosa araña a mi alrededor, ocultando lo que verdaderamente se escondía tras aquel rostro de aspecto elegante y tal vez incluso hermoso para más de una mujer, un nido de maldad y corrupción, un cáncer durmiente en el seno de la realidad acechando como un depredador a la espera de una oportunidad para saltar sobre el cuello desprotegido de su víctima. Pero aquella dama no era una víctima, no al menos de momento, ya que el rompecabezas que suponía en sí misma y el aura de misterio que parecía rodearla, poseían mayor fuerza que el interés por un combate de conclusión incierta y tal vez incluso fatídica cuando el despertar y alzamiento se encontraba casi al alcance de la mano. Lo que la lógica dictaba en aquellos momentos no era otra acción que aguardar con paciencia, investigando y recabando información a cerca de aquel rostro de porcelana y ojos del color del firmamento. Y todo ello debía hacerlo manteniendo mi propia máscara de inescrutable caballerosidad y modales a pesar de desconfiar por completo que estuviese surtiendo efecto en ella. La posibilidad de que supusiera que su interlocutor no fuese un verdadero Heres aumentaba al mismo ritmo con que yo que yo sospechaba algo similar con respecto a ella. No era posible que ningún Heres pudiese generar una radiante claridad como la que se desprendía de aquel paisaje que podía haber nacido perfectamente de la imaginación de una niña, un paraje de cuento de hadas idílico.

¿Esas serían todas las palabras que ibas a dirigir a quien tan sutilmente lanza palabras de respeto y adulación, a pesar de no ser más que palabras realmente envenenadas? Que poca consideración por tu parte albina, después de haberte denominado faro para guiar a buen puerto, de haber alabado tu radiante energía por mucho que en realidad provocase poco más que agotamiento mental y rechazo físico a aquel cuerpo en el que me veía obligado a habitar. Decepción podía ser la palabra que buscaba apra describir aquel pobre saludo recibido, esperaba más acción que el encuentro entre ambos comenzase de una froma más amena, un juego divertido con el que distraer la mente y ejercitarme un poco. Confiaba en que tal vez te creyeses este juego banal de falsas impresiones y saludos, que llevarías a cabo un papel más activo y entretenido a pesar de que tal vez no creyeses una sola de las palabras escogidas con sumo cuidado que había conseguido escupir con habilidad a pesar del amargo sabor que se aposentaba en mi boca a causa del ambiente que casi resultaba caustico. De hecho hasta hubiese sido casi igual de bueno que en cierto modo resultase recelosa de mi acercamiento hasta el punto de la agresividad, de forma que hubiésemos podido llevar a un nuevo nivel toda aquella actuación y farsa. Pero no, aquella actitud tan fría y distante resultaba aburrida, resultaba como una daga clavada en el corazón; dolorosa y gélida a medida que arrebata el calor del cuerpo. Al menos hubiese sido así si realmente poseyese corazón que apuñalar o sentimientos que quebrar por tal indiferencia en vez de poseer simplemente un tenebroso vacío de corrupción, falsas promesas y esperanzas quebradas. Pero bueno, como otras veces, la sorpresa podía abrir camino a nuevas opciones, aunque la falta de interés o tan solo de ganas para parlamentar tal vez supusiese un problema o un desafió según las ganas que tuviese más adelante.-Con permiso, creo que me presentaré adecuadamente. Podéis llamarme Ulthegor...- ¿Importaba realmente darle aquel nombre que tan solo era uno más en la larga lista que tenía a disposición, para darme a conocer a alguien, según lo considerase oportuno? Realmente no lo creía así, poca relevancia tenía que conociese aquel sustantivo ya que resultaba igual de válido que uno que desease imaginar en aquel momento. Simplemente coincidía que resultaba ser la identidad del Heres que poseía anteriormente aquellos ojos de obsidiana, aquella cabellera azabache y aquel rostro tallado en marfil. Debía concederle cierta seguridad para intentar disminuir aquellas defensas que parecían alzarse contra mí como los muros de una fortaleza, por lo que decidí concederle una clara vista de quien se ocultaba tras la capa a pesar de tener la sensación de que realmente aquel gesto era innecesario y que ya sabía con antelación como era la cara de su interlocutor. Una vez descubierto y con una leve inclinación de cabeza proseguí con lo que hasta aquel momento podía considerar casi por completo un monólogo.- No es necesario que me deis el vuestro, o al menos no os lo pediré pues sería una falta de cortesía de un caballero hacia una dama.- Aparentaba al menos ser una doncella refinada por lo que esperaba descubrir algo más al adentrarme en el protocolo de la caballerosidad y que ne cierta forma se viese empujada por la misma a tratar en igualdad de condiciones al menos en apariencia.
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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Sáb Jun 30, 2012 3:16 am

-Muchas gracias, Ulthegor…- Respondió, en primera instancia ahora, sin vacilaciones previas ni nada que pudiera hacer creer que ella desconfiara del extraño visitante que ahora tenía en frente. Es mas, hasta ahora su voz sonaba muchísimo más dulce que lo que había sido hacia unos minutos. Dulce, tan dulce como las caricias de la seda, como el abrazo lleno de ternura. Y es que en parte, realmente le agradecía que no le exigiera revelar su nombre. Es decir… ¿No resulta raro presentarse en un sueño, que supuestamente es de ella? En todo caso si había sido abducida hacia un sueño ajeno o dimensión desconocida, seria lo suficientemente cauta para no terminar de revelar su identidad. Dar un dato tan valioso como su nombre era apostarlo todo o nada. Bien podría ser ella a quien estaban buscando de tan enmarañosa situación para quien sabe que cosa o bien… O bien era una equivocación, y solo estaba ahí por… ¿Cosa del destino? El destino siempre había sido algo inentendible para la joven albina, que ahora miraba de manera fija a su interlocutor. Observaba con mejor claridad y detalle su rostro, su piel pálida y su cabello negro. Tan negro como el suelo de Telfesú y sus ojos que parecían piedras sacadas de allí mismo. Su mirada era un poco dura, muy masculina, pero a pesar de todo eso, podía notarlo sin demasiado esfuerzo. La mirada de su visitante no tenia brillo. Era como si estuviera muerto, y no podía descartar tal cuestión. ¿Es por eso mismo que el se ha presentado ante ella, entregándole en teoría su nombre sin ningún complicación alguna? No era estúpido llegar a suponer que su extraño joven había estado mintiendo. Si, era tan factible por solo considerar desde donde había venido. En todo caso, si aun así se arriesgaba a presentarte… ¿Tan pocas cosas tenia por las cuales preocuparse de su vida, que poco le importaba el riesgo que estaba asumiendo? Eso seria capaz de llegar a explicar su mirada sin brillo, y el aura penumbra y casi lastimera en lo que lo percibía envuelto. De todos modos, este visitante, que se hace llamar Ulthegor, sigue impasible ante su decisión. Le sigue hablando, con las mejores y más finas palabras que parece encontrar en su memoria. Parecía inclusive, que hasta se ha dado cuenta de que a la doncella albina le agrada que la traten así. Si se guía de ese razonamiento, llega a la conclusión de que su visitante de cabellos azabaches es muy inteligente, o se escuda de manera perfecta y elocuente bajo una etiqueta envidiable para la mayoría de los Heres que ha llegado a conocer en su larga larga vida.

-Ciertamente estamos en un juego de ver quien consigue más información…. Bien, no he de quejarme… Creo que debes de estar tan o mas perdido que yo… Ulthegor… Es mejor que nos llevemos de momento bien, para estar seguros de la aterradora nada que nos acosa....- Pensó mientras que de manera calma dejaba de mover sus cascabeles, y los acomodaba ahora con bastante dedicación de nuevo entre sus dedos. Quizás era la cinta roja que unía a todos los cascabeles el único hilo que de color había en toda en su imagen, descartando quizás, y tan solo un poco el hermoso brillo perla que a veces se volvía como el cielo despejado de cualquier nube. Serena, tranquila, iba acomodándolos de nuevo en sus manos, produciendo a su vez un poco de ese eco angelical. Una vez concluido, su mirada se volvió casi a la nada, mientras que con elegancia de ponía de pie, acomodándose en su parar ese vestido blanco que con orgullo y distinción lucia. Fue en su parar también, cuando sus cabellos se acomodaron cayendo livianos como seda, y terminando de darle así su imagen tan divina y pura. Seria en ese momento en donde ambos, tanto princesa albina como el visitante extraño podrían verse bien. Ambos de pie, de frente, entrecruzando miradas que competían de algún modo, para ver quien era el que mejor para resguardar secretos. Aunque en ese punto, Cerridwen tenía muchísima ventaja. A diferencia de su muchacho de cabellos azabaches, ella directamente no mostraba siquiera sentimiento alguno, por mas cordial y gentil que pudiera ser en su trato. Definitivamente, no se la podía juzgar y ni siquiera hacer un esbozo de lo que realmente era. ¿Cómo puedes analizar a alguien que pareciera ser realmente una muñeca? Moviéndose mecánicamente, resguardándose opiniones, inclusive las palabras. No había palabras de mas que pudieran escapar de su boca. Estaba aislada de una manera increíblemente hermética. Inclusive quizás, de ella misma también. ¿Seria consciente la hija de Isháa sobre lo que realmente ella quería…? Era un poco apresurado a responderse, pero en ese instante, estaba segura. No moviéndose desde donde sus pies la habían posicionado al pararse, con delicadeza pregunto.

-Uhm… ¿Sabrías donde estamos en realidad…?- Dijo, con esa voz realmente de ensueño y mortalmente encantadora para la gran mayoría de los heres. Y es que no tenia realmente que fingir nada en esas palabras. La pregunta era sincera, por mas desinteresada que su rostro llegara a mostrarse. Y seguramente esa también era la interrogación que Ulthegor hubiera querido lanzar en su primer momento a la pequeña de nívea presencia. Pero poco importaba ya a esa altura divagar respecto a esas cosas. Si Cerridwen no había respondido a esas halagadoras palabras que al presentarse frente a ella le dirigió, era por esa misma razón. A pesar de que no hubiera creído ninguna de todas esas rosas que le dedico, ella no era ningún faro, porque no podía guiarlo de ningún modo en ese lugar. Estaba perdida, desorientada y algo fastidiada inclusive de que su reparador sueño y su íntimo encuentro con sus memorias, fueran violados de ese modo. Miro entonces hacia un lado, hacia donde las penumbras envolvían al paisaje y lo hacían turbio y algo tenebroso. ¿Debería aventurarse estúpidamente hasta allí, o quedarse en la parte del panorama donde era su revivido reino lunar el que se erguía? Había demasiados cuestionamientos dentro de su cabeza para realmente tomar una decisión, aunque algo seguro, tan seguro como puede ser la certeza de una duda sin respuestas….

-¿Qué esta sucediendo en este lugar, que me parece que tarde o temprano, será el hogar del caos…?- Pensaría, intentando mantenerse calma ante el mal presentimiento que la invadía tras cada segundo que pasaba.
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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Ulthegor el Jue Jul 26, 2012 5:32 pm

Cuan irónico resultaba todo aquel conjunto de acontecimientos, tanto hasta el punto de provocar casi una sonrisa en aquel rostro augusto y marmóreo que se encontraba observando y examinando con detenimiento a aquella albina, de la cual no había conseguido nada a pesar de todo intento hasta el momento. Que me diera las gracias por aquella supuesta caballerosidad cuando en realidad podía casi apostar que retiraría su gratitud y como mínimo trataría de alejarse tanto como le fuese posible de mi presencia, aunque estando en el mundo de los sueños y pesadillas podía resultar algo complejo o por el contrario tal vez el hecho más sencillo del mundo debido a que todo en un lugar semejante era cuanto menos relativo y fluctuante en la mayoría de casos. Aunque con aquella pureza que irradiaba su figura y todo el paraje al que había dado forma y modelado su subconsciente, del mismo modo que un experto y curtido alfarero, no dudaba que tal vez su intención tras descubrir la verdad fuese un combate, hecho que quería evitar a toda costa. No había llegado tan lejos como para arriesgarme a un combate donde existía la posibilidad de salir derrotado y quien sabía el destino que podía acechar tras aquella oscura posibilidad, así que lo mejor sería mantenerse firme en aquel trato cordial al menos hasta una evaluación más exhaustiva de forma que los vientos del azar, la suerte y las probabilidades soplasen a favor. No era tarea sencilla en absoluto mantenerse impasible rodeado de aquella dama de cabellos argénteos, cuya voz tranquila y hasta dulce hurgaba en lo recóndito de mente y cuerpo como acero recién salido de la forja y aún sin templar, un cuchillo ígneo ante el que debía mantenerme al igual que los acantilados del mar siendo azotados por las olas y las corrientes.- No es necesario agradecimiento alguno, solo es mi forma habitual de actuar...- Mentira tras mentira, era lo único que iba a recibir la muchacha y casi hasta me daba pena por ella, porque realmente no iba a conocer absolutamente nada por mucho que llegase a contar y que tal vez terminase creyendo como cierto, pero así resultaba la vida a la que debía someterme igual que ella, donde los opuestos se encuentran en multitud de ocasiones.- Sin embargo, creo que no sería malo alguna forma para hacerte referencia, puesto que llamarte muchacha, chica o cualquier otro otro epíteto semejante me resultaría como mínimo falto de cuidado y respeto. Por ello confío en al menos me se me conceda la gracia de un apodo con el que denominar a mi agradable interlocutora.- Si aquello fracasaba de la misma forma que el intento por conocer su nombre, me acercaba un paso más al borde para que mi paciencia se disipase como el humo. No era complejo, ella me daba lo que buscaba y renovaría el interés que me despertaba, como el enigma que irremediablemente veía en ella.

Sus propios gestos parecían exudar energía y poder en su hipnótico proceder y no podía evitar fijar la mirada en ella por mucho que pudiese doler. Mucho tiempo había permanecido apartado, ajeno a todo acontecimiento que pudiese desarrollarse mientras permanecía aletargado, sumido en profundo sueño a la espera del momento marcado y allí la había encontrado a ella, un brillante fuego que me hacía encoger en lo profundo de mi prisión y que sin embargo me impelía a acercarme, como la polilla a la llama a pesar del riesgo mortal que suponía algo semejante. Mataba mi aburrimiento, desterraba aquel vacío de soledad en el que me había sumergido y lo sustituía por intriga y curiosidad hasta cierto modo desmedida como un niño que descubre ese lugar que cree mágico y especial en lo profundo del bosque donde crear tal vez su pequeño refugio. Contemplarla en pie junto a aquella elegancia tan natural y ese porte tal como el de una princesa hacia temblar el pequeño séquito y torturado séquito que viajaba conmigo y formaban mi sustento, almas subyugadas que se arrepentían de sus pecados y arremolinaban inquietas por la música ya cesada de los cascabeles y la suavidad de su voz. A todo ello debía hacer frente mientras aguardaba en pie, para terminar dando un único paso en su dirección por la inquietud de que tal vez una cercanía todavía mayor fuese demasiado castigo. Tal vez la misma estrella con la que esperaba no quemarme en tu presencia, sonría tu porvenir mi querida joven de porcelana, haciendo que me vea obligado por mis propios intereses y actuación, a darte alguna explicación por exigua que resultase por desconocimiento propio aún cuando fuese una situación irritante en extremo. Claro estaba que aquel encuentro no se correspondía a una casualidad destilada por el azar. Aquel lugar era un sueño donde ambos nos habíamos visto arrastrados de tal forma que se propiciase tal encuentro, una personificación de las fuerzas fundamentales que rigen el mundo, dos contrarios que se ven impelidos a la cercanía, a pesar de desconocer el motivo por el que habíamos sido llevados a presencia del otro. Algo había interferido entre nosotros, una conexión alejada del conocimiento propio, del mismo modo que podía observar la ignorancia por tu cuestión.- Bueno, yo sé donde me encuentro y creo asegurar que no hay paisaje semejante a donde nos encontramos en estos momentos... A eso hay que añadir que estaba descansando hasta que escuché tu sinfónica melodía, por lo que he de aventurar que estamos en un sueño o tal vez una mezcla entre los de ambos.- Lo que convertía aquella posible realidad en un aviso a tener en cuenta dado que aquellos eran los dominios del dios loco, un campo donde poder dar total libertad a su enajenada voluntad.- Siento no poder responder mejor a una cuestión tan importante como la que planteas, solo me queda decir que es necesario extremar la precaución... El subconsciente y los sueños son terreno de actuación de Golajab.- Encontrarnos dudaba que fuese una casualidad y por lo que debía mantenerme alerta ante posibles peligros por muy imaginarios que pudiesen resultar.

Bastante resultaba encontrarse con una doncella durante aquella hibernación, hecho insólito por si mismo y que en cierta forma empujaba a extremar precauciones a pesar de que las descuidase en parte a causa de la curiosidad, a pesar de lo cual no implicaba que estuviese desatento a cualquier indicio de peligro. Si algo había aprendido y desarrollado en el exilio era el instinto de auto-conservación y no tenía intención alguna de navegar en sentido contrario a aquella dirección que hasta el momento me había llevado por un camino que si bien podía ser desagradable, también me permitía observar una salida, un rayo de luz que me guiaba como un faro en la oscuridad de la noche, Había sobrevivido a demasiadas cosas como para sopesar siquiera otro final que no fuese el que había decidido como mi propio destino. Pero por el momento solo había algo que pudiese decir en aquellos momentos y que dispersase en cierta medida las dudas: que continúe el juego.
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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Fatus el Dom Jul 29, 2012 2:55 am

Spoiler:
-Nombre:Goith'mo [El ambiguo Risueño]
-Tipo: Externo - Aberración
-Nivel: 1
-Elemento: Absoluto
-Particularidad: Velocidad frenética [La habilidad de ser rápido en todo terreno, llegando incluso a poder escalar y desafiar el sentido de la gravedad ] Deformación [ La habilidad de transformar su cuerpo de forma excesiva]
-Ataque físico: Estrangulamiento - Fauces - Fuerza bruta
-Ataque proyectil: -
-Talento mágico o psicológico: Horror Psíquico
-Dieta: Desconocida
-Hábitat: Desconocida
-Terreno: Desconocida
-Organización: Grupos, se desconoce el número
-Ciclo activo: Desconocida
-Valor: 19 Piedras
-Amo: Golajab

El mundo de los sueños se puede resumir fácilmente como una habitación perdida en el infinito. Aislada de toda esperanza y piedad que pudiera de tener el mundo, no existía Isháa ni consciencia propia de la tierra que pudiera siquiera salvarlos, nadie se acordaría de ellos porque simplemente ese mundo níveo y oscuro son menos que sombras y niebla difusa. Quien pudiera realmente tocar con la fragilidad de sus manos notaría que era irreal lo que los ojos muestran, las fragancias se vuelven nulas y lo sonidos sufren de una monstruosa distorsión. La verdad y la falsedad se fusionan de forma violenta a la vez que ellos creen hablar cara a cara, descubriendo en un pantano muerto que existe vida debajo de la tierra erosionada y tóxica. ¿Realmente se conocerán aquí? ¿Tendrán verdadera consciencia de lo que hacen? ¿Existirá luego de la pesadilla alguna fuente en los registros de la eternidad que dos seres casi inocentes se confrontaron y unieron sus almas en medio de este embudo alegórico? De alguna forma u otra todos están conectado, todo tienen derecho a sobrevivir en las memorias ajenas y volverse inmortales de alguna u otra forma, aunque eso no es algo que se encuentre dentro de las preocupaciones de aquel par demasiados opuestos como para no complementarse. Ella que es pura , blanca como el más hermoso paisaje nívea, y callada como el ser más perfectamente sincronizado. El por su parte resulta oscuro, a tal punto que la densidad a su alrededor es innegable. Farsante y con una lengua tan agitada que parece ilógico intentar pasar de largo el contenido hipócrita de su dialecto. Nada comportan, excepto su posición y la inevitable interrupción de un ambiente que se oscurecería de manera tan repentina...Tal y como si las estrellas hubiesen muerto, siendo devoradas por la ansiedad de los dioses desenfrenados.

Y es que inherente entre tanta penumbras que el silencio interno de ese mundo retorcido dejó de funcionar como podría haber funcionado de forma ideal para ellos. Y hasta una persona normal apostaría que todo ocurre de la nada misma, pero es falso, los ojos alocados de aquella criatura que los estaba siguiendo sin pudor habían visualizado el momento perfecto para atacar cual perfecto depredador demente, alimentándose de la esencia de aquellos que se atreven a cruzar el umbral prohibido del demente tirano de las quimeras, creador supremo del subconsciente que explota como lo hicieron las estrellas al dejar nacer a tan triste atrocidad que lo único que puede hacer es reír, chillar y retorcerse de forma tan alocada que será hasta en los confines del vacío que su quebrada voz alegre y eufórica sin coherencia en sus onomatopeyas resuene como el eco fantasmal de los que mueren dementes y en soledad. Porque es menos que una figura difusa, negra como el abismo que se arrastra por el suelo, y literalmente lo hace ya que solo posee dos extremidades largas y ensangrentadas volviéndose sobre la altura de sus antebrazos negras, para dar paso a unos finos y esqueléticos dedos repletos de un fresco elixir carmín que no se desprende de esta abominación que era rápida, como una serpiente de tamaños desproporcionados, y que justamente a pesar de estar mutilado de forma cruel aquella criatura con solo su torso llevaba ya un metro cincuenta de tamaño, dejando una incierta medida con sus brazos ya que se camuflan y se mueven sin descanso. Aunque su parte más aterradora resulta ser su cabeza y su muy exagerado cuello de color negro que le ayuda a llegar al metro setenta y cinco (1,75 m en total). Todo su cuerpo parece en realidad formar a una suerte de figura herasica envuelta en un traje perfectamente negro que solo deja al descubierto parte de sus brazos, sus dedos y un rostro fraccionado a la mitad, que no posee mandíbula ni orejas. Como todo resulta pálido, deteriorado y aterrador ya que sus ojos no parpadean y fijamente parecen estar penetrando en uno. Esta apariencia, combinada con los gritos y llantos eufóricos y agudos que emite y la forma extremadamente veloz y caótica que posee al moverse lo vuelven en un ser...¿Lastimero? Si, seguramente, pero también lo suficientemente peligroso como para no conocer piedad de esta criatura que emergería desde uno de los tantos árboles que nacen en telsefú, y que saltaría directamente contra la princesa de cabellos argénteos.

La criatura habría de emerger de entre las raíces del ancestral centinela, dando advertencia con su constante griterío escandaloso de que se presentaría como un atacante en potencia. Finalmente antes de dar su alocado salto con ambas manos extendidas para intentar "estrangular" a la princesa lunar aquella criatura se arrastraría unos segundos para así poder hacer alarde de la explosión de fuerza que posee, a pesar de ser un torso fraccionado a la mitad de un espantoso sentir que dejaría grabada su voz en el eterno subconsciente.

Resulta así un objetivo "fácil"...¿Pero será también un error subestimar un ataque tan simple de una criatura que no es precisamente fuerte?


Última edición por Fatus el Mar Sep 11, 2012 4:42 pm, editado 1 vez
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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Mar Jul 31, 2012 12:40 am

Palabras van, palabras vienen, como tantas cosas que en frente de sus ojos han logrado pasar como si se trataran de un cuento ilustrado. Nacimientos, guerras, muertes, juramentos de eterna e incondicional lealtad, traición, amor y amistad, odio y tristeza. Considerar todas esas cosas al darse cuenta en tan solo unos ínfimos segundos de silencio de todo el polvo de la experiencia que llevaba acumulado, y que sin embargo, tan poco podía servirle a veces. Ella, una soñadora que se atrevió a bajar de la luna para actuar activamente en ese cuento que muchas veces observo como cualquier otro dios desinteresado observa a la obra creadora. Ella, la joven de cabellos albinos y de mirada cautivante, que hacia muchísimo tiempo se atrevió a soñar con ser una heroína para los mas desafortunados, y que sin embargo, a fuerza de decepción y dolor, se entero que no todas las historias eran romances. Las historias, también pueden ser tragedias, tal como en su caso termino su aventura. Castigada, herida, decepcionada y desencantada totalmente con esa tierra que en su momento llego a parecer la tierra prometida. Un lugar donde el blanco existía en eso que se llamaba nieve, y había praderas verdes, amarillas, y en primavera de tonos violáceos por las flores que brotaban. ¿Pero realmente a que viene recordar tantas cosas sobre esta caminante del mundo y sin rumbo? Simplemente el hecho de que a pesar de que en su corazón sigue bombeando la sangre de los vivos, en estos rojizos y sagrados ríos no corre ni siquiera una minima pizca de emoción. El hecho de terminar de confirmar que se encuentra en el territorio del Dios Demente, no es algo que realmente le alerte. Un día, un desafortunado día tenía que pisar ese lugar tan propio y a la vez tan corrompido por un extraño, considerando tan solo el tiempo que llevaba sobre la Tzion. Solo podía dolerle el hecho de que en realidad, lo corrompido era la imagen de ese hogar que todos los días, a cada segundo y que mientras lo recordaba, extrañaba. Reino lunar, casa de Isháa, el eternamente calido y conformable cuerpo de la Diosa Luna, su madre, su adoración y devoción. No le importa realmente donde ha de estar en ese momento, solo es su deber demostrar que la hija de Isháa ha de permanecer estoica ante ese desafío. Si debía divertir por un rato a los dioses, lo haría. Además… ¿Con que propósito le habrían enviado a un “acompañante” de no ser otro el caso?

Bien, su atención habría de caer de nuevo en el acompañante que se había presentado como Ulthegor. Realmente le agradaba de cierto modo su presencia, pero mas que presencia, los modales con los que se dirigía a ella. Rescatando así sus palabras, su confirmación de que seguramente y de manera prácticamente indudable se encontraban en territorio inestable y peligroso, como así también de que realmente el preferiría saber su nombre. Es ese momento en donde la concentración que abarrota la cabeza y los pensamientos de la doncella albina, se revuelven por la ironía. Su vida era una tragedia, mas sin embargo, no es que no dejara pequeñísimos espacios a momentos jocosos como ella podría encontrar a esa petición de algún “mote”. ¿No era que el mismo joven de azabaches cabellos había declarado que no era necesario decirle su nombre si es que ella no quería? Aunque considerando, tenia algo de razón en la “desesperación” a la que apelaba. No tener realmente una manera con cual llamarle simplemente podía ser algo no solo falto de cuidado en el trato personal, sin mencionar que no era una criatura a la cual le gustara mucho que se refirieran como “chica” o “muchacha”. Si pudiera, Cerridwen se les reiría en la cara a todos los que alguna vez se atrevieron llamarle así, solo por el hecho de que seguramente cuando ellos muriesen, Cerridwen seguiría impecable en su aspecto, como si nunca la eternidad hubiera pasado su cuerpo.

-Tendré que despertarme…- Logro musitar, haciendo una confesión con la cual explicaba que ella era consciente de que, al menos por su parte, todo era un sueño. Un sueño bizarro que lograba entremezclar el material onírico con la realidad, porque como conocedora de tantas cosas, no reconocer que estaba en Telfesú seria solo un propio fallo a sus tantísimos años de vida. Inspiro profundo, mientras seguía fijando su mirada atenta y vigilante hacia lo lejos, en el bosque de donde su misterioso compañero supo emerger.

-¿Un apodo que darte? Realmente me has atrapado sin mucha inspiración como para inventarme uno… Quizás “Doncella” que al fin y al cabo, a eso me parezco y eso en parte soy….- Pensaría, mientras que parte de sus pensamientos se dedicaban a hacer un alto a la primera declaración de Ulthegor. Y si, es que realmente le era difícil pensar algo que la describiera más que esa palabra, puesto que la mayor parte de su atención se fijaba cual profesional de vigilancia sobre aquel territorio del cual pocas cosas buenas podían salir, por no decir prácticamente ninguna. Inclusive considero decírselo, pero algo detuvo el pequeño movimiento de sus inamovibles labios…

Lo había logrado divisar con milisegundos de anticipación antes de que un horrible grito atravesara toda el área, poniendo en completa alarma a la argenta doncella de mirada fría. Un grito tan horrible que uno podría comparársele al llanto de una mujer desesperada, a un bebe siendo lastimado, a un centenar de animales siendo despellejados vivos, aunque sinceramente, ni siquiera la mezcla de todos estos sonidos podría asemejar a la intranquilidad, y terror que seria capaz de infundir a la mayoría de los corazones mortales que tuvieran la desgracia de escucharlo. Era un grito casi maldito, como la voz de la misma hija de la Luna, pero a diferencia de esta, la deformidad era un aviso indisimulable de la maldad pura que poseía. Definitivamente, cualquier criatura que pudiera producir tal cosa, jamás seria algo que pudiera ser por lo menos, inofensiva o buena. Ahora, apenas de mostró al mundo, fue mas que obvio. Una horrible criatura que se arrastraba con dos brazos que parecían casi unidos por cartílagos sanguinolentos y un poco coagulados por la tonalidad oscura que tenían. Una criatura con mitad de torso, sin piernas ni cuello. Solo una especie de halo de sangre de consistencia bastante fuerte como para sostener lo que alguna vez uno podría pensar fue una suerte de cabeza humana. Ojos ciegos, sin mandíbula y un sonido que entremezclaba los gritos con una especie de lunática risa. Grabación del demonio, que solo produciría muy en lo profundo de la Hija de la Luna, asco. ¿¡Como era posible que semejante aberración, tan asquerosa e inmunda se atreviera a presentarse ante ella, ser divino que intentaba permanecer puro en ese podrido mundo!? ¡Su presencia había ensuciado sus sueños, y era algo que no estaba realmente dispuesta a pasar por alto!

Sencillamente no permitiría que esta aberración se saliera con la suya, si esta era intentar hacerle mal en su propio mundo. Cerridwen Moonlight había logrado hacer en su llegada a Tzion, aunque no intencionalmente o con deseo de mal alguno, un registro de muertes que fácilmente habría dejado en ridículo a cualquier pandemia que uno pudiera decir. Su nombre se había visto desde entonces juzgado, mas como un mito con algo de verdad, de un monstruo capaz de arrancar la vida de un durmiente de un solo movimiento.

Pensar en frío era algo que ella hacia simplemente a la perfección. Una mujer no desalmada, pero definitivamente con nervios de acero era la mejor descripción cuando ella se encontraba en una situación limite, como esta lo era. Sin siquiera dudarlo mas, desde el mismismo momento que oyó el grito y percibió la extraña presencia de aquel monstruo, levanto su diestra con fuerza y decisión a la altura de su pecho. Un pensamiento valiente y firme seria suficiente para que la daga absoluta de la noche fuera invocada en esos terrenos donde normalmente un arma cualquiera no surtiría efecto alguno. La luz penetrante de la gran Áireán, arma de la Diosa Isháa que fue entregada a su hija cuando descendió de los cielos para traer salvación y muerte empieza a dibujarse con velocidad en sus manos. Una hoz capaz de cortar más allá de lo que los ojos son capaz de ver, y que su imagen simplemente hace temblar a las criaturas cuya existencia solo es gracias al caos y la oscuridad. Arma que no vendría completamente sola, pues su sola presencia es suficiente para demandar a su lado, aquel material tan exclusivo con el que fue forjado. Son elementos distintos, pero que comparten la misma unión mental que los une con solo aquellos que en su sangre la estirpe de Isháa porta. Arma y armadura de una diosa, que son lucidos por su hija.

Aunque ahora parte del primer movimiento estaba hecho, Cerridwen no podía arriesgarse al hecho de que este monstruo lograra llegar primero a ella, que su arma y su necesaria vestimenta. No importaba, puesto que confiaba en pleno sus capacidades. Si bien una muy fuerte luz albina se dibujaba en sus manos, que ya se mostraban en una posición ofensiva hacia lo que se le acercaba, algo mas sucedió. La hermosa doncella fue envuelta por un pequeño resplandor en todo su cuerpo, como si ella misma fuera capaz de producir esa luz que solo evoca a la mente a la luna en su noche más esplendorosa. La luz que la envuelve es rápida como lo es la velocidad del elemento en si. Pero no solo es rápida, sino que también logra ser muy fuerte. La joven de mirada plateada parece levitar o volar, pues sus pies y sus piernas no se mueven en lo absoluto, para el momento en que ella simplemente opta por hacer un retroceso que uno puede comparar a un haz de luz que sorprende y deja anonadado. De todos modos, la distancia a la cual decide tomar no es mucha a pesar de que el ataque es obvio hacia ella, pues prefiere no perder contacto con su compañero. Cualquier sea el caso, confía, quizás de manera ilusa o muy idealista, que Ulthegor si sabe hacer algo, lo hará. No esta excepto de aquel ataque, puesto que en su momento ha pronunciado el nombre de Golajab con un dejo de preocupación.

Es así como comenzarían el combate. Cerridwen se muestra imperturbable en sus facciones, pues caer en la desesperación no es nunca lo mas inteligente o lo mejor que puede alguien como ella hacer. Sabe que si sus cálculos han de salir bien, la caída de esta criatura que intenta hacerle mal, será una trampa que la llevara a la misma a conocer de primera mano el filo de la hoz de la guardia nocturna.

Ulthegor, si querías un apodo para Cerridwen Moonlight, posiblemente estas pronto a encontrarlo. “La doncella de hierro” quizás es algo apresurado de decir, pero que seguramente ha de demostrar que merece ser llamada así.

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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Ulthegor el Vie Ago 31, 2012 7:45 pm

Spoiler:
Siento muchísimo mi tardanza al contestarte y aseguro que no volverá a suceder nada así, al menos sin avisar de ello por alguna urgencia. Espero que sea de tu gusto y que disfrutes leyéndolo tanto o mas que yo al escribirlo~~

¿Podía significar todo aquello algo más que un simple entretenimiento a ojos de los grandes dioses, tiranos desalmados que consideraban toda la creación, desde el lejano horizonte donde el ardiente y cálido sol se alza para dar la bienvenida a un nuevo día, hasta las lejanas estrellas colgadas en el firmamento nocturno, pequeñas acompañantes con las que poblar el cielo en un intento por entregar un sentimiento supremacía a las dos reinas nocturnas, entregándoles un séquito? La respuesta aparentaba ser clara a aquel respecto, ya que escasas o nulas incluso eran las otras alternativas para que dos personas o entidades coincidieran en un reino tan idílico que sin embargo estaba sustentando sobre la sangre de los inocentes como sacrificio al dios loco. Aquello no era más que un tablero nuevo donde poner a prueba sus juegos, maquinaciones y en definitiva, un coliseo donde entretenerse mientras entregan carne fresca a sus fieras. Desde luego aquel escenario no era del agradado propio y suponía que tampoco del de mi "compañera", no entraba en los planes formar parte del macabro espectáculo de las deidades, no al menos en el escenario principal, pero poco o nada podía hacer para solucionarlo al menos en solitario así que la única salida era mantenerme con la albina a la espera del siguiente acto de aquella representación teatral. Despertar era una idea suculenta, un manjar que se depositaba fuera del alcance y sin embargo mantenía una cruel cercanía dejando que los labios probasen la dulce ambrosía. No eras la única que busca eso mi querida compañera de infortunio, pero creer que esa posibilidad estaba al alcance de nuestras posibilidades no resultaría más que en una amarga decepción. Sin embargo el papel representado exigía prácticamente todo lo contrario, alimentar la esperanza e irradiar confianza.- En ese caso me apenaría tan pronta marcha, aunque dejaría un agradable recuerdo en mi memoria al menos al haber encontrado a tan grácil y agradable dama y compañía en medio de este descanso. Sin embargo sospecho que eso no será posible al menos de momento... Hay alguna razón por la que hemos coincidido en este lugar y creo que hasta que no se cumpla lo que el destino tiene decidido para nosotros, no podremos separarnos.- Otro paso más hacia ella, acompañado de una afable sonrisa con la que enmascarar la desconfianza y en cierta forma el temor. En otras circunstancias podría tal vez haber acompañado el gesto con una caricia, un roce en el hombro con el que transmitir ese calor del cuerpo para acrecentar con ello la seguridad y la confianza en que era posible un final de cuento aunque la duda de ello abarcase toda mi mente. Pero no en aquella ocasión, temía que aquella claridad pudiese quemarme del mismo modo que el niño curioso acerca la mano a la hoguera porque le resulta agradable y termina quemado por las llamas. Tenía miedo de que me quemase si resultaba demasiado curioso o descuidado...

Un aullido desgarró el momento cual cuchillo de carnicero que se alza unos instantes en silencio antes del cruento final donde se abalanza de golpe para quebrar huesos y desgarrar la carne del pobre cordero que ha sido conducido ciegamente hasta el matadero. Un viento dolorido que arrastraba el lamento de las almas castigadas por toda la eternidad a manos de la demente voluntad regente de los sueños fue el preludio de la peor de las posibilidades que cabía esperarse. Una aberración mutilada, una parodia grotesca con forma de torso humano con brazos sustentada por sangrientos brazos cubiertos de aquel elixir vital que corre por las venas de seres y criaturas semejantes, bombeado por sus corazones. Frenética y desgarbada era la carrera que lo condujo hacia ambos, con aquella suerte de cabeza que se erguía muy por encima de aquel incompleto cuerpo gracias al cual conseguía aquel potente impulso mientras no dejaba de alzar su canto demente en medio de la desolación para alabar las obras del gran constructor y destructor del subconsciente. Por fin había llegado la parte que hubiese deseado poder evitar y que sin embargo había llegado inexorablemente dejando una única alternativa, el combate. Con la atención puesta sobre la albina, no tardó en lanzarse a por ella de forma temeraria y sin sutileza alguna, dejando ver la arriesgada carga de un depredador demencial incapaz de analizar antes o durante un combate estrategia y siendo totalmente ajeno a los engaños que no implicasen alcanzar de forma más rápida a su presa con tal de deleitarse no solo con su carne si no con sus emociones y su alma. Podría dejarla enfrentar sola a la criatura, abandonarla a su suerte y aprovechar para marcharme, pero no había donde huir, donde esconderse de la criatura en su propio terreno de caza, contando con el hecho de que si la muchacha sobrevivía, se habría desecho cualquier pequeño grano de confianza que pudiese haber florecido en ella. Debía apoyarla y mantener la postura que había adoptado desde un principio. me coloqué en una posición de combate con la pierna izquierda adelantada y ambas manos alzadas a la altura del pecho. La creía desprotegida, indefensa ante aquella amenaza de forma que una parte esperaba verla gritar ante el súbito asalto, correr llevada por el miedo y no conservar aquella calma como si aún estuviese charlando conmigo y no enfrentando a una pesadilla hecha carne. Un escalofrío como un latigazo recorrió la espalda al verla llamar no solo una armadura si no también una guadaña de aspecto impresionante y que en algún lugar de mis pensamientos se activó una alarma inconsciente que avisaba sobre el potencial de aquel arma, me decía que escondía más de lo que podría observarse a simple vista.

Se había terminado el tiempo de las palabras y había llegado el momento de pasar a la acción, una acción que sin duda pondría en duda todo lo tratado con anterioridad, hasta el punto de hacerla recelar totalmente de sus palabras, pero resultaba la única solución enfrentar a la criatura entre ambos y aumentar las posibilidades de supervivencia. Observo a la doncella enfundada en su armadura moverse con una ligereza como si todo aquel metal no pesase más que la liviana ropa que había llevado hasta aquel desafortunado momento. No tardó demasiado en mostrarse el momento propicio para atacar cuando aquel ser brincó en un intento por alcanzar a quien había designado como primer objetivo de su arremetida. Aprovechando aquellos instantes en los que se mantenía lejos del suelo y por tanto no debía ser capaz de rectificar el rumbo, era el momento idóneo. Con paso seguro la seguí a la zaga, echando atrás el brazo de la diestra mientras esta, continuaba apuntando hacia el monstruo, totalmente extendida. Los dedos crujieron mientras todo el organismo se reorganizaba siguiendo pautas estrictas. La carne fluctuó y se movió como se tratase de agua mientras los restos óseos que quedaban a la vista adquirían una nueva posición, soldándose y torneándose a velocidad acelerada para dejar a la vista una macabra arma que asemejaba la silueta de una lanza, una púa de unos 35 centímetros a partir de la muñeca donde segundos antes se encontraba unida una mano corriente. La fuerza de la carrera acompañada del impulso total de la diestra en dirección a la criatura, esperaba que fuese empuje suficiente como para apuñalarla con aquel instrumento improvisado por la prisa y que no distaba demasiado del aspecto del ser al que tenía previsto apuñalar con ella. Las cartas estaban ya sobre la mesa y no quedaban ases escondidos o jugadas sorpresa enmascaradas por sutiles palabras.
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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Fatus el Sáb Sep 15, 2012 7:17 pm

Tan aberrante y retorcido es el poder de los Dioses, tan luminoso es este mundo que resulta puro como para dañar la ceguera de aquella criatura chillona que pertenece a lo más bajo de las escorias que habitan en el subconsciente, siendo solo una idea perdida en medio de un mar Egeo de los sueños repleto de olas rompientes y caóticas...Y como se habrá atrevido aquel que es considerado como una escoria que levanta su inusual forma perfecto contra uno de los Hijos de Golajab, emperador supremo de la mente de todo lo que está vivo. ¡Son blasfemias las que grita ese aberrante torso fragmentado que se revuelca al ser empalado por el ataque feroz y certero que parece ser un poco más rápido que el Destino que predestinó la doncella Luna que cura al enfermo y purifica al malévolo, si se hubiese tratado de un monstruo que trepa solo los árboles el conflicto hubiese terminado, aunque dicho servidor del otro lado hubiese demostrado que carecía de miedo y humanidad como quiso aparentar...Pero debía de tener en cuenta, justamente él que es conocedor de las artimañas del mundo de los sueños qué no es tan fácil salir como uno creer y que solo es voluntad de un milagro o de una impensable interrupción del mundo material el despertar, y ni siquiera hablar de poder vencer en medio de la fosas infernales disfrazadas de árboles y penumbras, todo lo que podía estar viendo puede ser una compleja ilusión que rompe las barreras de la mente y a su vez una realidad que se transforma a voluntad de quien es omnipresente y omnipotente, cuyo emperador que se alza entre la maldad para darle una forma definitiva y abrumadora...Debes saber embaucador que hasta los hijos más poderosos del Infinito evitan a toda costa caer en un mundo tan impredecible e interminable como es el mundo de los sueños, ese es tu error, querer salvar a quien no podrá ser salvado, siendo tachado como un enemigo más...Como alimento de los ambiguos risueños que sintieron tus intenciones y que esperan aparearse con tu propia carne putrefacta y mutilada.

Ciertamente, muy notablemente los gritos, llantos y risas habían desaparecido, solo el cuerpo luminoso de Cerridwen servía como faro a los inocentes, ella y su sagrada armadura lunar. Pero la muerte no es algo que corresponda a los anfitriones, y aunque si pudieron detener a esta inmundicia esto no significaba el final, un paso, que puede contar como una victoria, era un paso más a la desesperante guerra que los mártires pierden. Dicha criatura bajó su cuello, sus brazos colgaban y su herida simplemente era un agujero en medio de un ser sin órganos que solo estaba bañado de sangre ajena, pero él quien había extendido parte de su cuerpo de forma tan abrupta habrá de sentir que no es normal eso, que en medio de la oscuridad una negrura reinante opaca el abismo para...¿Apoderarse de la carne latente y variada que se expande de él? Si, es la terrible particular de aquellos que solo viven para reír y llorar, su cuerpo con sutileza al ser herido se había aferrado a dicha extensión, su cráneo que estaba bajo no responde pero y es que en medio de tanta euforia ellos no habrán notado que justamente por debajo de su mandíbula hay una pequeña boca sin dientes y lengua, un orificio que tiene la finalidad de devorar lo existente, el punto clave donde la energía pura conforma esta particular criatura, este monstruo está ciertamente vivo y está contaminando dicha extremidad para volver a reencarnar en algo más horrible que lo anterior, arteria por arteria el dolor superaría a la luminiscencia sagrada de la hija de Isháa, cada tendón se desgarraría, cada gota de sangre se contaminaría de negro para poder encontrar el camino de la reencarnación a través del cuerpo de aquel que transforma la carne y sirve a los que escapan de lo inevitable...Quien osa mirar con atención notará la herencia del Tirano del os Sueños apoderarse lentamente de la propia arma carnal que él embaucador Ulthegor utilizó para apoyar a su compañera...¿Que piensas hacer? Sabes que no puedes eliminar dicha corrupción sin dolor, sin salir herido de forma seria...Sin conocer el sacrificio que todos los mortales deben hacer para existir a los ojos de los Dioses, que pisotean cada segundo la debilidad de la mentirá más infame que es llamada Vida.

Pero esto no es todo, ya que dicho ataque jamás estuvo forjado en solitario. Los frondosos árboles de la falsa Telsefú se eclipsan cada segundo más, siendo engullidos por la verdadera oscuridad, gritos, terrible gritos de agonía y demencial felicidad comienzan a escucharse ahí en el horizonte, donde la imparcialidad existencia lejano a los ojos de aquellos que creen conocer la verdadera inmortalidad. Es más de uno, es lejano aún, pero los perseguirán a menos que encuentren la clave de la supervivencia en un mundo donde no hay vida, solo una inevitable muerte. Y seguro lo sentirán, el suelo comienza a formarse más complejo con ramificaciones que no tienen sentido, como si las raíces de los ancestrales árboles se lincearan para confabular en contra de ellos, los están observando, ojos disimulados nacen de entre la corteza rugosa y vieja del bosque primordial. Vientos susurran insultos a todo lo que es bueno y justo, el aire se presume un poco más caluroso y hostigador, inevitablemente algo estará jugando con el cuerpo para imponer tensión obligada, siendo la misma consciencia del mundo de los sueños lo que despierta sentimientos primitivos. Paranoia, la sensación de ser perseguidos y observados por algo más allá del raciocinio, aullidos que penetran el alma y que enferman a aquellos que son sanos del corazón y los pulmones, se sienten pasos frenéticos, se sienten miles de figuras danzando eternamente alrededor de ellos, tragados no literalmente vivos pero si por la cantidad de sensaciones "corporales" que forman parte de la ilusión que los regentes de lo abstracto crean para ser atrapados y formar parte de Golajab para siempre....Esto, conjunto a lo difícil de tomar una decisión para poder ganarse el temor de los vagabundos chillones, el saber que vendrán más al ser manada y la esperanza que muere tras saber que escapar parece imposible...O que justamente la salida esté junto a ellos y se les niegue el don de la vista. Ellos deben de saber que el Ambiente tiene consciencia y que no desea que ellos escapen de esta pesadilla enferma y eterna.
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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Cerridwen Moonlight el Jue Oct 25, 2012 11:18 am

Las circunstancias, a pesar de tener el tinte más fatídico que una alma desprotegida es capaz de vislumbrar, puede llegar a ver algo que le da esperanza. A pesar de que esa misma esperanza conlleve una amenaza aun más grande. ¿Qué clase de desquiciado es capaz de convocar luz pura y de benigno poder incomparable, en aquel lugar en donde las tinieblas conducen bastante rápido a la desesperación y la demencia que ocasiona lo desconocido? Los más rezagados se habrían entregado en ese mismo instante a la muerte, los pocos habilidosos pero con corazón inquieto habrían intentado echar la carrera de sus vidas hacia una meta desconocida y que posiblemente no conocía. Sin embargo, ella, lo suficiente ha vivido como para saber que en esas situaciones, o que esa situación en particular, correr no es la mejor opción. ¿Peca de valiente la esplendidísima hija de la luna? En lo absoluto, pero tampoco piensa hacerlo de estúpida. Una sola vez en su vida ha suficiente castigo como para darse el lujo de cometer un error mas. La planificación con la que ha trazado su vida, ha llegado a proporciones casi de incredibilidad humana. Hasta uno podría considerar que ha sabido predecir su marchito y triste futuro, pero solo es el presentimiento que por desgracia, siempre ha sido acertado. Sin embargo, de manera aislada, sucedían cosas como las que en ese momento se desarrollan. Y mas allá de poder dar un salto de emoción a su angustiante y monótona vida, ella no es muy feliz. ¿Con que necesidad viene desgracia, tras tropiezo más tragedia una y una vez? La promesa que envuelve el karma, de que todo pronto mejorara, se va pintando como una mentira imposible de apaciguar. Su mente es distante a la mayoría de las emociones, de las pasiones que un ser vivo es capaz de sentir. Ella solamente esta viva, y si se mueve, si come, si duerme, si ha de batallar como lo esta por hacer, es porque sus pensamientos mas racionales le impulsan a tomar sus armas y blandirlas con ejecución perfecta. Si prima algo en ese momento, es el instinto de supervivencia que todos poseen…

Aunque ella no tenga algo concreto por lo que seguir viva.

La luz que la envuelve deja solo a su paso una armadura brillante, con un arma que la supera en porte y definitivamente contiene un aura de peligrosidad inusitada para cualquiera que pueda observarla. No es de menos que la misma provocara sobre el pellejo de aquellos que poseen el corazón impuro y su existencia misma es maligna, un escalofrío propio de condenado que sabe que la horca, o mejor dicho al caso, la guillotina lo espera con sed de sangre. Y aunque Cerridwen ha logrado pararse justo al momento de terminar su bélica invocación, sus planes han sido modificados de manera sorpresiva, grata inclusive. ¿Redada del destino para hacerle ilusionar con una compañía en la cual confiar en tan ultrajada realidad? Aunque la misma acción la deja perpleja por el segundo que logra visualizar con la hermosa orbe plateada que posee, lo que este ha realizado. Insultando toda estructura que la naturaleza puede tener al crear un cuerpo, este se ha deformado de una manera tan sorprendente que la deja casi anonadada. Claro, desconcierto que jamás mostraría de momento en su temple. El brazo de Ulthegor, desafiando toda ley de la lógica, de la naturaleza, insultando hasta su misma escencia destrozando su contenedor, le ha dado a su extremidad las mismas propiedades de una lanza. Larga, de punta afilada, punta que por muy increíblemente, aunque en apariencias sigue siendo carne, ha podido perforar como si fuera acero al esbirro que se ha atrevido atacarle a ella en primer lugar. ¿Muy confiada estaba tal monstruosidad de que su acompañante no iba a acudir en su ayuda? ¿Es que esta criatura sabe algo que ella no sabe pero que sospecha con insistencia? Habría sonreído con sorna, pero en su deber estaba otra prioridad al momento.

Si bien la ofensiva ejecutada había sido lograda con supervelocidad, no habia salido del todo bien. Ese adefesio, aunque destrozado, seguía vivo, y no era una buena señal para la princesa lunar. Su acompañante era rápido, incluso mortífero si se enfrentara a cualquier heres común, colluvio o natura, pero en esa ocasión sus habilidades parecían ser contrarestadas con bastante dureza. No se habría imaginado ni por la posibilidad más remota que ese monstruo escandaloso que los atacaría, podría en su insana existencia lograr deformarse como si fuera una masa que es incapaz de sangrar. ¿Es entonces, posible destrozar a esa criatura, si se puede reestructurar sin problema alguno? ¿O solamente los golpes físicos?

La desazón es algo difícilmente visible en el rostro de Cerridwen, pero suele ocurrir cada mucho tiempo. Y de todos modos, cuando esto ocurre, no es algo que simplemente perdura demasiado. No se permitiría ella entonces, quedar aturdida con la acción de su atacante, pues trucos como esos los ha visto más de una vez en lo que va de su casi inmortal existencia. Además, la razón la asalta tan pronto se encuentra frente a una adversidad. Absolutamente nada es perfecto, y como cosas imperfectas, todo tiene su punto débil, un punto que de encontrarlo, no significa otra cosa que la destrucción total. Cualquier cosa que pudiera moverse, podría destruirse, y ella confiaba ciegamente en que si esa monstruosidad solo tenía tal horrible capacidad de desafiar a la carne desnuda, nada podría hacer contra su bella Áiréan. Aunque dado el caso,no era precisamente que pensaba ser la salvadora y heroína de esa situación. En los sueños, se puede ser cualquier cosa, mas no en los sueños que han sido invadidos y compartidos por ajenos. Muy posiblemente, podría darse el lujo de desafiar la naturaleza con la que hubiera obrado de estar viva, y poner sobre su cabeza, una etiqueta que no fuera la correcta…

No pensó demasiado al reaccionar, puesto que su mente estaba completamente concentrada en el enfrenamiento, dándole más velocidad no solo mental, sino física, para realizar una defensa. O contraataque en el mejor de los caso. Girando rápidamente su hoz, bajándola de esa posición ofensiva, llevo el filo hacia ese suelo blanco de ensueño, golpeándolo con tal fuerza que las partículas albinas que lo conformaban salieron disparadas al aire, como si una tormenta hubiera pasado con muchísima furia destructora por el lugar. Era ese el momento, puesto que el primer golpe había salido bien. Las partículas que parecían solo una porción de una gran tormenta de nieve que se levantaron por el aire, cubriendo casi todo el lugar. Y eso incluía tanto a Ulthegor, como a él esbirro que los atacaba. Podrían respirar el polvo blanco que brilla, o no, pero lo cierto es que el polvillo que en un momento se esparció, volvió a contraerse en el aire. Con velocidad, y una que hubiera dejado demasiado atontado a cualquiera como para poder escapar del lugar. Tan solo fue una cuestión de segundos, cuando finalmente la tierra blanca, termino envolviendo a las dos criaturas oscuras, en una misma cárcel. Era una pequeña burbuja de luz que obligaría a que Ulthegor, no solo sintiera con la deformada carne de su brazo, la sensación de la piel pútrida del monstruo, sino también con todo su rostro. Luego de eso, en la conmoción de la libertad perdida, se escucho una pequeña canción, que quemaría el interior de esos seres, con alma corrupta y sucia…

~Vamos pequeños…Que yo os llevaré…Niños venid a mi lado…. Venid conmigo, y descubriréis…Un nuevo mundo encantado...~ Decía la voz, que solo por obvias razones se podía saber de quién era, de donde venia… Pero nadie podría explicar, porque tan dulce voz, quema a todo aquello que es oscuro y negro. Porque su melodía es como ácido, del cual no se puede escapar. Mas la tortura, está muy lejos de terminar. Cerridwen canta, tranquila, con ese rostro que refleja la dureza de un juez, pero a la vez refleja nada. Sus ojos son solo un espejo, en donde solamente se puede ver el reflejo de las almas que se encuentran… ¿Podría ver Ulthegor, toda la verdadera naturaleza de su ser? ¿El por qué en ese momento habría de sufrir y que en realidad esa muerte, no era nada más que lo correcto…? La dama albina blande su hoz, y no espera más. El brillo de Ishaá también se refleja en sus manos, que cubren su arma sin tapujo alguno. La vuelven un arma con luz propia, capaz de enceguecer a quien la mira de cerca, aunque la luz de luna jamás debería ni cegar ni quemar…

Dos segundos, y el filo del aire cortándose interrumpe la melodía… El silencio retorna al lugar… Y nuevamente se escucha…

~Brilla la luna… Que os ha de guiar, lejos de penas y llantos… No lloreis niños y venid a mi… Yo os calmaré, con mi canto…~ Retorna la melodía, mientras Cerridwen camina de nuevo hacia el sendero blanco. Su hoz va dejando su luz de lado, mientras unas gotas negras manchan el camino, como si fuera algo que pudiera guiar a las bestias que se encuentran en la frontera oscura. O quizás no… Ha dejado una advertencia demasiado ruda, para quien ose molestarla en la intimidad de su descanso. Una masa de carne mezclada, de dos criaturas distintas, pero a la vez muy similares, se encuentra apilada unos pasos atrás. Llevadas al límite por la cárcel que se volvía pequeña, y terminadas de explotar por el corte de un arma que habría de significar el juicio final para muchos…

Era la primera vez que tras muchísimos años sucedía tal explosión de poder en la albina. Primera vez que liberaba sus energías para intentar dañar o destruir. Y no es que simplemente lo hiciera porque quisiera demostrar su fuerza. Si no porque la amenaza de morir pesaba sobre su dormida alma. Por alguna razón, en ese momento, en esa condición, no deseaba encontrar su fin. Estaba dispuesta a ser feliz, antes de morir. Y si algo la vuelve feliz, es el cantar… Lo seguiría haciendo, con la certeza de que en ese lugar, nadie saldría perjudicado de oírla. Nadie que no fuera bueno.

~ Vuestra es la noche, de un reino feliz...Mi sueño se ha realizado… ~



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Re: Noche sin luna, pesadilla de sombras

Mensaje por Fatus el Mar Abr 16, 2013 8:12 pm

La dulce voz de Cerridwen se perdió entre los brillantes árboles de Telsefú, su delicada imagen inmaculada por siempre desaparecería en las tinieblas, tal cual ocurrió con el desgarrador grito que daría aquel que había sido exiliado de las profundidades del averno, fue un espectáculo tan refrescante, unos segundos que pudieron transformarse en una distante lujuria para la impura hija de Isháa, sus pasos deben dar a entender que se siente viva, en su interior debe existir la necesidad de titubear ante la emoción, tal cual ocurre con el monstruo que acaba de asesinar a todos sus seres queridos, sonríe ensangrentado, mero trozo de carne que se arrastra y retuerce entre el fuego ilusorio del purgatorio...Por siempre y para encerrado quedará en este mundo imaginado por quién sabe que artimaña, quién ahora escapa finalmente es digno de portar la marca de la incoherencia y la desesperación, silenciosa, eternamente callada es esa silueta que comenzaría a ser tragada por el negro que encarna el lado no visualizado de este ficticio criaderos de árboles que son azotados por una extraña ventisca fría, desamorada y retorcida que trae consigo los murmullos perseguidores de la falsedad y la ironía, explotan con fuertes tonos agudos en los oídos de aquella que muere junto a este sueño y a la presión que parece ser capaz de aplastar su voluntad homicida, gracias a esto pudo sobrevivir una noche más sin ella misma.

No debes temer al gélido abrazo de la vesania, el mismo se manifestará como un azote angelical capaz de tomar perfectamente tu somnoliento designio, el mismo acariciara con tanta dulzura los largos cabellos platinados que cuelgan de tu nuca, los intentará arrancar de raíz como lo haría con tu cabeza, similar ocurrirá con tus blancas uñas, con sus filosa dentadura partirá estas al medio mientras te dejas llevar plácidamente por esa corrientes impresionante, si miras atrás te encontrarás con tu obra desecha, la carne que por unos momentos fue calcinada comenzó a moverse y a desfigurar su propia esencia, que esos inmundos sonidos viscosos no te alarmen, están siendo consumidos ahora mismo por el olvido, jamás hospedaran un descanso tan aterrador, pero si te consuela no son los únicos, cientos en cada minuto descienden luego de tener el segundo contacto con quién gobierna de forma invisible este mundo distorsión, un tirano tan generoso con aquellos que arrastran sus desproporcionados cuerpos que los vierte en un eterno baño de descortés adulterio, su origen cambia de forma tan radical que nunca más conocerán el despiadado sufrimiento al que ellos están destinados, nadie será testigo de su verdadera esencia, no tendrán salvación por la cual luchar ni muchos pensamientos vanos que interrumpan su principal vehemencia, ímpetu perfecto para comenzar a esparcir esta hermosa locura por todos los rincones de este condenado mundo que será finalmente cubierto por aquel hedor que toma aquella mencionada forma, delicada, negra, compuesta de infinitas lineas negras que borran y perdonan absolutamente cualquier pecado concluido en ese sitio...Al menos así será para los que dejaron de existir en esa supuesta noche, completamente tragada por la negativa imagen que se tiene de la misma existencia, sin astros que guíen a los excomulgados del obrar de los sacrificados, sin esos enormes cuerpos que lleguen a inspirar a los escritores de las replicas de la perdición...Esos murmullos son los que se escuchan a medida que la tierra manchada con sangre negra comienza a fusionarse con la indispensable marca de esta relegación engullidos todos serán por aquella bestia sin ojos y sin fauces, tragados finalmente por este agujero silencioso...Esto solo puede significar que todo el verde deprimente de los robles muertos, el mismo sabor del sudor resultado de un impagable sueño, las risueñas carcajadas de la asquerosa abominación que se columpia en su inocencia y el sonido metálico de los pasos de una desterrada ahora serán consumidos por la brisa abatimiento, irónicamente nacida en la mas maravillosa de las ilusiones.

Ulthegor supo fallarle al impiadoso Golajab; La princesa de la luna sería finalmente tragada por esos cintas que trasportan la carga insoportable de la perpetuidad...Ahora ya no le quedará más que despertar donde sea que se encuentre aquella figura sombría y a su vez refulgente, Cegadora y hacedora de caminos que ni siquiera ella misma puede transitar...No obstante, pequeña princesa del Reino Lunar, no debes olvidar que la misma marca que desaparece con ese paraíso albino te perseguirá hasta que parte de tu inconsciencia vuelva a ser estable, por que ahora mismo cargarás con una muerte más, y aquel que fue exiliado de su propio encierro te perseguirá eternamente junto a este escenario que desaparecería tras un fuerte grito agudo que espanta a las almas curiosas...Tus ojos se abrirán, tus hermosas orbes nocturnas perplejas observarán lo mismo que tu haz hecho.
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